Corredores

poemas

Soy el fantasma de un niño que deambula en un castillo
A veces lo asusto en los pasillos
Y el cararota
En vez de,
aterrado,
gritar…
Me traspasa
Para seguir adelante en su camino
Y, con el tiempo, convertirse,
en el fantasma de otro niño valiente,
ad infinitum.

Por Adrián Gastón Fares.

La habitación de las estrellas.

poemas

En esta habitación
Donde el viento apenas asoma su cabeza de polvo grisáceo
Pensé dos historias
Y viví una tercera
Hay estrellas
De mentira
En el techo que brillan
En la oscuridad
Es una habitación de niña
Pero soy un niño
Que camina
Entre las estrellas
Al que nunca se le hubiera ocurrido algo tan bello
Cómo pegar la escurridiza luna arriba de la cama
Ahora busco el camino en el cielo raso
Evito las aspas del ventilador si está encendido
Dicen
Que de un laberinto se sale por arriba
Pero no sé qué dicen
Sobre escapar de un nudo de estrellas dónde los hilos no se ven y tal vez sean la materia oscura que apaga la bombita incandescente
Todo lo que podía salvar
Al niño cielo raso
De estrellas artificiales y cajitas musicales nunca usadas
Está escondido
Entre dos o tres palabras de distancia
Ocultas en las historias pensadas en esta habitación.
Pero que en la oscuridad, a diferencia de las pléyades adherentes y fosforescentes,
no pueden verse hasta que el niño cierre los ojos y sus neuronas bostezen e iluminen el amplio y verde sendero dónde a los costados, entre los pastizales, se esconden de la lumbre de otras estrellas de ignoto y desinteresado brillo.

Por Adrián Gastón Fares.

Confiesa.

poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza, poemas

Confiesa! Vos, primera.
Confiesen!
Es el momento de que caigan las máscaras
Es el momento del climax
Donde todos los datos se cruzan en la mente del detective
Donde todos están reunidos en la casa para escuchar el misterio revelado
Las pesquisas
Las conclusiones
Que llevaron a descubrir
Por eso hace rato que
Le pedi a los míos que confiesen
Lo que hicieron conmigo desde que tengo 34 años
Y certificado de discapacidad por sordera
Persona sorda
Les pedí que reparen el mal que me hicieron
Por como actuaron ante un diagnóstico
Que querían ocultar toda la vida
Estos años
Desde 2012
Fin del mundo
En adelante
Desde los dos audífonos
Y mi redoblar fuerzas para seguir
En la sociedad digamos:

(I was born but not in 1977

Not in 2012, I was born but not;

Two times)

Que uno puede elegir no sufrir
Con audífonos y no escuchar
Porque amplifican todo
Y duelen como algo que te clavan en el cuerpo
En este caso en los oídos
Se te clavan en los sueños
Estos años fueron los peores
De mi vida
Los de ver la indiferencia
Los de malos consejos
Los de caer en malas personas porque uno en el estrato de la soledad injusta trata con almas en pena
Estos años fueron impunes
Los sigo sufriendo y ninguno
De los involucrados en lo que paso desde 2012 (peor en 2014) hasta ahora
Se preocuparon por mi jamás
Confiesen
Padres
Hermanas
Madres
Ex cuñados
Ex parejas
Lo que han hecho con un sordo
Lo que han dejado que le suceda
Sin responsabilidad alguna
No tienen perdón.
Es el momento de prender un puro.

De exhalar verdad y obnubilarlo todo para volverlo primero.

Por Adrián Gastón Fares.

El monstruo. Poema.

poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza, poemas

Dejar este mundo porque ya nada vale la pena.

Extrañar los atardeceres promisorios,

las comidas imperiales,

el sol fuerte,

las copas de los árboles,

pero más que nada el trabajo como un fin y no como un medio.

El crepitar de las hojas bajo cuatro pies.

La comprensión,

las miradas ardientes,

las lenguas entrelazadas que al soltarse charlan de cosas triviales y necesarias.

Lo que parecía natural y ahora es

como la carcasa de un robot destruido en una ciudad de lata.

Incomparables las órdenes de las esperanzas y los desórdenes del cuerpo.

Dejar este mundo de una vez por todas cuando falta lo elemental y lo natural se hizo mecánica y palabra.

Yo no soy este monstruo que decidieron soñar una tarde en familia.

Mis pies están desnudos en la playa.

por Adrián Gastón Fares.

 

Donde el silencio no reina. Poema.

poemas

Por que yo no olvido
A los que quiero
Por más mal que me hicieron
Porque recuerdo a la Lavoza
La del afluente canto y torrente
Señor Tiempo, presente.

Distraigo a las amapolas
De los gigantes melódicos
Donde el silencio no reina.

Ancianas del tiempo
Perdido
Las llevo conmigo

En el el altar de los cuentos
Arranco las hojas de los libros
Las profano en sus honores
Las arrugo y machaco
Hasta formar una cara de papel
Y pegamento

El busto de los callados
Arrastra la sombra de un barco de piedra

En el altar te rezo
Debajo de tu falda de vuelo y delantal

Todos se huelen la mano
En los viajes primeros
Donde se descubre el sexo y su caudal.

A mí mismo me recuerdo que
No he de perdonar
Que nos separaron a todos
Y nos hicieran llorar

En estos ritos que llaman
Querida Sociedad
En lo mejor de la fiesta
Te vienen a buscar.

Arreglate un poco
Te vamos a llevar
a Sorpresas-Festejar
Que bueno ese lugar
En la pena caerás
Cuando la luz se prenda y no estemos nomás

Somos lo que soy
Mientras me derramaba al mundo
Con la ayuda de un atrapa almas cucharón
Escucharon
Esos son los salmos que rezamos en su altar

La anciana que convida
Serenidad Sirena
Lavoza primera
Mucho gusto,
Doña Sincera.

Por ti no nos perdonamos
Por ti nos matamos
Por ti clavamos las uñas en la pizarra.

La idea era conservar el verano, el zumbido de las chicharras
Esas frecuencias agudas
Que se clavan como la punta de De la Torre de Interama
En el reflejo pútrido
Del riachuelo
Donde los colectivos afluyen
Y el agua traspasa las napas
del sur profundo en los fondos del reino Chorizo

Sociedad querida degollarte quisiera y que cruzar el rio turbio fuera un delito
De esos que encarcelan
para que sea difícil llegar al templo tuyo, Sirenidad sincera.

por Adrián Gastón Fares.

La abandonada.

poemas

Dejada.
Separada,

Por un varón al que quería como a nadie.
Verde ágape en una casa chica y austera pero luminosa
Decidí vivir sola en la mansión López
La que embrujada
La que gritos sin gargantas
La que sombras sin cuerpos
Que corrían por las paredes
La que los pomos de las puertas giraban sin que hubiera nadie detrás
Enseguida los conocí
Eran cinco
O más bien una sola presencia
Dividida en varias
Y encontré otra vez la esperanza
entre cuadros que se desplomaban
Entre hábitos blancos que solo el viento inflaba en los corredores
Entre cadenas que rodeaban mi cama
Y me alegraban
Con sus fríos sonidos
Pero un sábado, justo, vino rosado descorchado,
para otra noche de difusa compañía
Para bañarme en los orbes brillantes en la penumbra
Ver levantarse sin motivo el polvo del suelo y hasta pegarse al techo.
Iba a recibir nuevos mensajes
Escritos en las paredes por esa entidad de manos virtuales
No importa que;
eran a mí las palabras.
Mi solitaria aventura desconocida.
Otro ágape peculiar.
Yo también era lo que no es
percibido.
Pero llegó el atardecer y el fulgor naranja despintó las paredes empapelando negro
Y en mi querida mansión
Nada crujió
Nada aulló
Las incoherentes palabras no escritas.
Las invisibles manos, desaparecidas.
Ni las cortinas se mecian abrazando a la forma que una vez quise acariciar como si pudiera.
Ni las luces se apagaban y prendían sin razón.
Ellos
también,
se habían ido.

Y entonces,
junte fuerzas.

Grité,
hasta que mi voz también se fue.

Por Adrián Gastón Fares, 17 de diciembre de 2019.

El colmillo de la noche. Poema.

poemas

En una cripta a ras del piso
Restaba mi pasado
Los que conocí y los que no
También
(Más que nada los que no)
Todo era gris
El cemento reluciente y frío
Me asomé a la cripta
Y a través del vidrio y de los herrajes
Ví la melena roja del león
Aunque en la cementeriosa penumbra
El felino y sus fauces apenas reflejaban su temible custodia de la cripta.

Huido,
luego conocí una máquina de decir la verdad
Era como la de un parque de diversiones
Esas máquinas que el abismo dispone
Algunos sacaban un papelito con una pregunta
Pero no sabían la respuesta
Era fácil
Y además estaba escrita del otro lado
Soñar;

Vicio interminable y no empezado,
dicha de los reclusos
El oro de los tontos
La vedette de los viejos
La pradera azul de tus ojos
Lo perdido por no luchado no es peor que lo perdido por demasiado
Pedido como la burocracia del caparazón de la tortuga
Que no se formó de una,
Que como un querer creció con el tiempo
Como crece
La oscura trama de la noche bajo mis párpados
En el templo de los sueños
En el baile nocturno de las neuronas muertas
Que también sueñan

En revivir
En pasarse de las rayas ausentes
De mi entrecejo aplanado
Esa llanura o cielo que les regalo por las noches;
Porque en los sueños nunca hizo falta esforzarse
Para entender nada
Y las arrugas olvidan la piel
Y todo es permeable, transparente;
Contado sin ser.

Noble cielo chispeante. Ojalá se hubieran conocido antes.

Por Adrián Gastón Fares.

Veníamos a buscarte.

poemas

Nunca olvides nuestra intención.

Si no pasa, debería haber pasado.

Conocemos las maneras de tirar del hilo

que deshilacha la realidad.

De acceder a las cañerías del gigante dormido en una terraza.

Tal vez caminar tanto nos cansó.

No era nuestra idea.

Por eso volamos.

Recuerda que en los pastos negros de la ciudad una noche:

Una mujer espera afuera de un casorio porque no aguanta la iglesia y no aguanta lo que dicta el amor. Mira un destino más allá de la oscuridad y un joven, un conocido, pasa de los brazos de otra que lo iba a llevar

¿Adónde?

Pero las miradas se cruzan.

Y todas van más allá.

Allí estamos.

Alineadas.

Si tu vida es vieja
Pero no tanto
Y la zozobra y el llanto
Te enseñaron el canto.

Calla.

Porque es hora de retroceder en el tiempo para esculpir un grito.

Nuestro trabajo,

La puerta entornada.

Él y ella sueñan despiertos.

No podemos.

No usarlos.

El tren de la oportunidad

Pasa infinitas veces.

Nosotras no.

Nunca hubo escrituras que nos descansaran.

Las tres les diremos:

De aquí en más,
jamas nos separaremos.

Nada era auténtico.

Nunca escriban en las vísperas cartas de amor.

Antes borramos los libros de
literatura comparada y maniobramos por la ciudad
hacia la bruma que no alcanza para bañarnos.

Las pantallas bajan solas su nivel de brillo.

Justo a tiempo.

A cosechar pasillos.

A traspasar muros.

Mientras, sostenemos la repisa donde descansan las biografías de los abecedarios.

Es que nuestra empresa es la más grande proveedora

de lo que flota

entre letras y murmullos.

Silencio.

Juntos.

No paramos hasta el barrio de las intuiciones.

Falta poco.

Nuestras manos tiemblan.

 

Por Adrian Gastón Fares.

El hombre sin tacto.

poemas

Algunos dicen que no se puede cambiar,

que hay cosas que nunca van a pasar,

pero las cosas que

auguran

que nunca van a pasar

pasan seguido

y los que decían eso no saben ya

qué decir.

No es imposible.

Uno se puede ir y puede

volver

esto es posible

En el mundo.

Hoy.

Siempre pasó,

pero hay pocos testimonios

porque lo que cambia se va,

se ausenta de un día para el otro,

como aquel hombre del que Josep Pla escribió

que dejó su pueblo,

solo,

con los reveses en su espalda,

pesando toneladas,

con la gente murmurando,

pero aquel hombre

simple

dejó su pueblo

no tan simple como él

pasó por la fuente del pueblo

bebió el agua por última vez

y partió

para nunca volver.

Esto es sobre el chico,

el muchacho

cambiador

No podía sentir

El sentido del tacto lo tenía muerto

como otras ilusiones

Pero un día descubrieron como hacérselo funcionar

Un científico lo hizo

Un científico loco quizás

No lo sabemos

Pero logró que el chico sintiera

Y entonces el chico rozó las palmeras con las manos

Frotó naranjas contra su piel

Sintió su propio cuerpo y el de los demás

El respirar de su perro en su cara

Lo despertó

Y la felicidad que sentía era tan grande que el chico

Que en realidad no era tan chico

Se sintió joven otra vez

Se descontó años

Multiplicó los suyos por

Cero

Coma

Siete

Y pensó

Que ahora que sentía al pasto doblarse cuando se recostaba sobre él

con la espalda

desnuda

A sus propias lágrimas derramarse sobre su cara hasta llegar

a su nariz

Pensó que si alguien podía devolverle el tacto,

entonces el podía pensar hasta llegar a lo impensado

y lo hizo.

Llegó.

Y me dijo

Que había cosas que ya no podía volver a sentir

Porque ya no estaban

Las que sólo sentía en los sueños

Y esto lo enfrentó con una pared

Una pared de sentimientos hechos con ladrillos

como las que levantaba su abuelo

cuando era chico y la vida parecía

larga

insensible

y había otras paredes

de colores de luces de ciudades ya descubiertas pero desaparecidas de bichos bolitas y de animales que corrían en el claroscuro de algún bosque que no era bosque pero que para él lo había sido

Ojo con los bosques que no son bosques pero que para uno lo son

porque cuando desaparecen y sus árboles se secan

uno cree haber estado ahí

en lo imposible

Punto.

Entonces yo le dije

Que era como un Úlises

Un Úlises que volvía a Ítaca

Sin una Penélope que lo esperara

Y eso le dolió

le dolió como las cosas que son simples y reales

Como un Quijote sin caballo

Como un río sin cauce

Y se calmó y sonrió

Nunca entendí por qué

El chico ahora sensible se calmó

Cuando le dije algunas cosas terribles.

Y se lo dije.

Te dije cosas terribles para que entendieras

Que yo siempre sentí todo pero que era y soy como vos.

Lo que te pasa.

Lo sé.

Lo sé muy bien.

Lo que te pasa, querido.

Y me contestó que él quería ser terrible también.

Que era su derecho

Y que lo ejercería a gusto.

Y jamás lo volví a ver

pero en la noches que no llueve

pero que debería llover

a veces creo que el chico está cerca

bañándose en la agua

que debería caer.

por Adrián Gastón Fares

La forma de la memoria.

poemas

Los santos sobre mi cara para alejar el silencio.
Y digo lindo, con ironía.
Cómo diciéndo qué horrible.
Cómo si ya no hubiera explicado que eso me duele.
Pero no porque odiara santos
Si no porque reconozco la falta de sensibilidad
De las estatuas…
vivientes.

Cómo si quisieran enterrar árboles presionando desde la copa,
los gigantes del ritmo
repetido a propósito
en un bosque que no es mío
y no existe pero cuido.

La forma de la memoria es la rima,
y como nunca debió haber ocurrido afrentar mi inocencia
paciencia y comprensión.
Porque de estúpido no tengo nada
lo feo de tan desagradable lo rimo
para recordar y que no se ensañen conmigo,
los errores del olvido.

Por Adrián Gastón Fares.

Corte.

Cuentos, poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza, poemas

Ruido sordo
Corte magro.
No completo.

Succionado.
En la mitad.

Para que sea antes:

Tiene que existir y oírse.

Como entender mal y decirlo bien.

O engañar
O mentir
O el potenciar, para expresar.

Lo verdadero.

Un grito callado
Como el llorar hasta:

Reír.

En silencio.

Imágenes.

Noches de palabras.

Mar y arena.

Retro avance.

Sosiego.

Vértigos.

Recursos estéticos,

del cine.

Desamplificarse.

Y mostrar.

Sin soñar.

Sin sonar.

Por Adrián Gastón Fares (Diciembre 2019)

Credos

poemas

Somos todos grandes
Monstruos terribles.
Monstruos
Planetas descolocados
Tratando de ponerle sentido
Al viento
El viento lo tiene
Causa y efecto
Nuestros cuerpos también
Pero nuestras mentes
No son humanas
Creemos ser humanos
Pero es un cuento viejo ese
Más vale reconocer
Que si uno se atreve a serlo
La soledad será eterna
Y eso no es nada raro
Los árboles aprendieron a vivir más
Que los seres humanos
Porque saben lo que somos
Todos los embustes
Todos los inventos
Hacemos lo posible por matarnos los unos a otros
Somos una sanguijuela pensante
Y la capacidad de producir y difundir
La destrucción del la mente humana
No tiene parangón en el universo
Tanta evolución para leer el diario
Tanto arte para un vacío que nunca se llena
Más vale perder toda esperanza
Endurecerse como una piedra
Ser artista de una mente que aún no existe
Reescribir Frankestein desde la perspectiva de la nena ahogada bajo el agua que ya no puede llorar
Destruir nuestro cuerpo
Para que la conciencia ya no exista
Porque nuestro cerebro no es más bello que el colmillo de un león
Es más afilado
Y más certero
La vida para los humanos es un egoísmo creciente y justificable
Escondido incluso con las mejores artimañas
Destruir nuestra falsa humanidad
Separarnos definitivamente unos de otros
De esos inventos para utilizar al otro
Para sobrevivir
Mujeres de hombres y todas las variantes posibles incluso la de la mentirosa amistad
Debería ser el objetivo de cualquiera
Que se quiera un poco
Y el cinismo es la única opción adaptativa
Nunca ponerse en el lugar del otro
Porque ese lugar
No existe
No somos padres
No somos hermanos
No somos esposas
No somos hijos
No somos hijas
No somos amantes
Ni madres
Somos el escupitajo de unos órganos
Que no sabían lo que iban a terminar produciendo
Pero qué tal vez algún día lo puedan reconocer
Y este cuento de la falsa evolución
Se termine de una vez por todas
No hay que creerle a nadie
Ni a ninguno que justamente cuente historias de superación personal
Menos
Huir
Correr con pies de niños hacia la nada de los ojos muertos de las estrellas
A nadie
Etiquetar a todos
Menos a uno mismo
He ahí la salvación
Y la única forma de amor que no miente
Tal vez así pueda algún día yo solo
Destruir todas las adaptaciones programadas
Para ser libre otra vez
Para escapar de los ojos raros que me leen o que podrían llegar a leerme en un mañana que en este momento
No existe.

Por Adrián Gastón Fares

Los tendederos, reseña de Javier Burdalo.

Cuentos, intransparente,novela, adriangastonfares, adrian gaston fares, suspenso, drama, romance, narrativa, latinoamericana, epistolar

 

Cuenta Javier Burdalo, sobre mi libro de cuentos Los tendederos. Es la segunda parte de su lectura y reseña sobre Los tendederos.

Pueden bajar y leer mi libro de cuentos Los tendederos en libro electrónico de manera gratuita (PC, Kindle, teléfono -smartphone) desde aquí):

Los tendederos, Adrián Gastón Fares (descargar)

Una amable lectura y reseña como verán:

Según Javier:

Si aún no lo han hecho, intérnense en el universo paraficticio, fantástico y espeluznante de LOS TENDEDEROS, libro de cuentos del argentino Adrián Gastón, que nos ofrece gratuitamente pinchando aquí.

No se arrepentirán, es más, como sangre para vampiro, pedirán otros…

Una breve reseña de los relatos del 10 al 18:

MADRASTRA  (Page 43): repetido como un mantra “Si uno llega, el otro parte“, relata la angustiosa felicidad que trae el nacimiento, junto a la tristeza natural de la muerte, procesos rodeados en este caso por animalidad sanguínea y brutal, y un ambiente de educación y profesorado… Desestabilizador.  

EL ANIMAL SUMERGIDO  (Page 46): cuando se juntan divorcio, custodia compartida, orcas asesinas y sacrificio de animales, nada puede ser dulce, ni etéreo; en todo caso la nada, pero una nada con pesadumbre y dolor.

NO TE DEMORES  (Page 49): una madre intenta salvar a su hija de una horda de seres extraños, que quieren a la niña con intenciones entre místicas y perversas, no del todo claras, pero parece que las prisas añaden la tensión necesaria para que todo sea una huida desesperada. “Donde no puedan amar, no se demoren“. Nervioso frenesí.

LA MUJER QUE CONOCIMOS  (Page 52): brujería y sexualidad pegajosa en una historia donde el tabú y el engaño juegan su papel, y también el incesto, y los deseos ocultos de jornadas de trabajo físico y mental, con toques caribeños y animalidad femenina por doquier.

LA ZOMBIADA  (Page 55): en tono de comedia Gastón describe un mundo donde el zombi es normalizado, y en su crítica, a un mundo cada vez mas zombi, se auto parodia incluyéndose en el relato para “culparse” a uno mismo de lo “muerto-en-vida” que podemos llegar a estar. A la par, se adelanta en el tiempo al último film de Jim Jarmusch, The dead don’t die (2019).

LA NENA DE LOS VELORIOS  (Page 60): unas sencillas lentillas, en apariencia para solucionar problemas de visión y adaptación al medio en que vivimos, pueden convertirse en el terror cotidiano de la No Inclusión, desvirtuar el día a día y hacernos sufrir más de la cuenta, tanto por lo que, en este caso, vemos, como por lo que ya no veremos más.

MUERTOS QUE GRITAN  (Page 65): impregnado del universo de Tim Burton en Bitelchus (1988), la vida ordinaria de unos No Muertos se desarrolla como la de los vivos, con sus apreciaciones y rituales en la rutina diaria: “La verdad es rápida. Transitarla, no. Ni siquiera para un fantasma“, humor negro elevado a varias potencias.

LA MÁS BUENA   (Page 72): en este relato lo que provoca desconcierto es no saber, no saber aún, o saber que no se va a saber nunca, la identidad sexual de alguien. En tiempos de abuso de las llamadas “normalizaciones” el autor opta por el desconcierto, no exento de misterio y encanto.

DE HOTELES BARATOS (Page 76): aquí el autor, no se oculta de sus lectores, desnuda parte de su biografía para mostrar como el imaginario cinematográfico le salva del “silencio”, y del pánico mental que esa ausencia puede llegar a provocarle y provocarnos. Gracias Gastón por incluirte e informarnos de nuestros miedos desde dentro. Pero no todo es negativo, el personaje-autor llega en ese buceo a los símbolos, y reflexiona para nosotros: “Lo único que equilibra nuestras intenciones con la fuerza de la naturaleza son los símbolos. Eso es hermoso, pensaba Gastón” . Una de las muchas reflexiones profundas y de interés que tiene la escritura de Adrián Gastón.

Continuará… ¡Disfruten si pueden!

por Javier Burdalo.

 

Enlace al blog de Javier Burdalo sobre Los tendederos

Por otro lado, estuve haciendo una recopilación, un Índice de mis Poemas publicados en este blog.

Pueden seguir este enlace para leerlos en órden descronológico:

Poemas de Adrián Gastón Fares

Saludos,

Adrián Gastón Fares

adriangastonfares.com

corsofilms.com/press

 

El colmillo de la noche

poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

En una cripta a ras del piso
Restaba mi pasado
Los que conocí y los que no
También
(Más que nada los que no)
Todo era gris
El cemento reluciente y frío
Me asomé a la cripta
Y a través del vidrio y de los herrajes
Ví la melena roja del león
Aunque en la cementeriosa penumbra
El felino y sus fauces apenas reflejaban su temible custodia de la cripta.

Huido,
luego conocí una máquina de decir la verdad
Era como la de un parque de diversiones
Esas máquinas que el abismo dispone
Algunos sacaban un papelito con una pregunta
Pero no sabían la respuesta
Era fácil
Y además estaba escrita del otro lado
Soñar;

Vicio interminable y no empezado,
dicha de los reclusos
El oro de los tontos
La vedette de los viejos
La pradera azul de tus ojos
Lo perdido por no luchado no es peor que lo perdido por demasiado
Pedido como la burocracia del caparazón de la tortuga
Que no se formó de una,
Que como un querer creció con el tiempo
Como crece
La oscura trama de la noche bajo mis párpados
En el templo de los sueños
En el baile nocturno de las neuronas muertas
Que también sueñan

En revivir
En pasarse de las rayas ausentes
De mi entrecejo aplanado
Esa llanura o cielo que les regalo por las noches;
Porque en los sueños nunca hizo falta esforzarse
Para entender nada
Y las arrugas olvidan la piel
Y todo es permeable, transparente;
Contado sin ser.

Noble cielo chispeante. Ojalá se hubieran conocido antes.

Por Adrián Gastón Fares, 8 de julio de 2019

La ciencia del mañana

ehh, poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

Tirar una piedra al río
Los círculos
Tienen una causa y un efecto
Me gustan las palabras
Causa y efecto
Cómo también
Naranja y limón
Los antiguos, los chinos,
Entendieron mal,
Creyeron que las vivencias se repiten en otra vida
Pero está esta nada mas
Nadie vio otra
En esta se repiten
Los malos momentos
Pero también los buenos
Lo que nosotros creemos que es malo para nosotros y lo que
Creemos que es bueno
Pero otra cosa no hay
La expansión de los acontecimientos es así
Cómo un acantilado que se forma
Para que algo se desmorone desde la cima
Y forma otro acantilado bajo el agua
Una roca que rodean los peces
Pero la noticia es
que lo bueno también se repite
Lo bueno vuelve
Y es ciencia no es mentira ni creer en cosas raras
Es la ciencia del buen vivir y del buen pensar
Esa sociedad secreta en la que fui iniciado
Con vos

Por Adrián Gastón Fares

El libro sumergido

poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

De nuestra especie es
unir ciertas estrellas con la vista en la mente
Y llamarlas centaurides
Pero no podemos espolearlas para que nos galopen el universo
Sin embargo
Los ojos rastreros de las Lavozas no podían
Mirar tan lejos
Y descubrieron esas blancas pupilas
En el agua calma del río
Así llegaron a la luna
Antes que nuestras naves
Así se convirtieron en nadadoras
Y tocaron lo más hondo
Dónde reina lo que no vemos
Y no existen las interpretaciones
Ni los juicios
Así saben que no sirve pensar cuando
No se Escucha
Ni se puede Mirar
En lo recóndito de lo negro
No existe la culpa
Ni la angustia
Que arruinan a los que quisieron ser humanos
Saben que solo hay que mantener la horizontalidad heredada
Las que no repiten palabras
Las que evitan las variedades
Buscan el tiempo
Mudan nuestros caminos
Aplastadas como una hoja de papel
Dejan que la gravedad escriba sobre ellas
Solo cuando un maremoto
Admite una bocanada de luz
Se curvan
Y leen los signos en su cuerpo
Luego esperan
Siguen aplastadas hasta que
Otro milagro llega
Y un astro de los que perseguían
Hace millones de años cuando se
Lanzaron a lo ignoto
Cae con tanta fuerza
Que roza lo profundo
Recuperan su volumen
Parten en dos a las mares costeros
Respiran hondo en el suelo que queda más allá de lo profundo y estiran sus piernas, sus espaldas, sus brazos
Lejos de donde ellas eran tan singulares
Que hasta se daban el lujo de repetirse
Dóciles, dejaron que les escriban todas las aventuras que vivimos
En vano si no nos animamos
a dar el segundo paso
A seguir su plateado guion
Cuando ahora miramos a los cielos
Con nuestra vista tan entrenada
No son las estrellas lo que vemos
Son las tachuelas de plata
Tras las que ellas se zambulleron
Lavozas
De canto aguado
Sus pies de barros y algas
Son a veces cercenados por los hombres
Luego besados y orados en secretos altares
En Julio y otros meses he escrito sobre lo que una Lavoza
Es capaz de hacer despegada del fondo del mar
Para cambiar lo malo
Por lo que piensa bueno
Dejo a ustedes la decisión
De recibir o no la historia
Antes de que ellas mojen mis papeles
Con sus uñas húmedas
Y los lancen al cercano río
Para que el menos abisal de los peces abisales deje el testimonio de las victorias de sus madres en el libro sumergido que van compilando sus repetidas hijas.

Por Adrián Gastón Fares, 2019.

El descubrimiento de la noche

poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

Esas alas de huesos con que descubrí el vuelo de la noche
El encanto que se haga de día
Solo y reunido
con ellas y ellos
Escribiendolos
Pensándolos
Escribiendo
sobre polillas
Y ellas acuden
Negras
Moteadas

Cómo ese remolino de hojas y basura
en un vértice del edificio de la estación Constitución
Cuando el viento sopla y paso con el 9
Cómo si rodearan algo que a la vez está
y no está

Juegan con la nada
Hasta la bolsa de plástico negra
Da vueltas
Agradecida
Porque nos gusta ser aceptados

Y ella también tiene su ego

Y ella también juega con esa sugerente nada
Que parece llena

Llena como esas noches descubiertas
En las que nos gusta saber

Para dónde navegan los botes
Porque hay fuego
Y la compañía
Necesita de hombres

Dice la canción

Me gustaría saber

Para dónde navegan los botes

Disfrutar
Con un grupo de personajes en la mano
Sacando la cabeza entre mis dedos escondo su cuerpo de palabras y espacios

Nunca me enamoré
Cómo de ese momento justo

Dónde se siente los cinco grados menos

Y las persianas dejan pasar el nuevo fresco

Porque los cuerpos están fríos en la cama

Y el viento sopla sus pesadillas
Y el frío de la soledad se calienta en la imaginación
Con ese hogar a leña que es
El Word
O la hoja de papel

De a poco me fui acercando a ese amanecer
Que no fue en la playa
Ni en la montaña
Si no en mi departamento
Con los bolsillos vacíos
Y la cabeza llena de posibles caminos
Que ni siquiera eran mios
Si no de lo que quiera que sea
Que mis pensamientos ronden
A través de unos nombres a las que no nos dejaban llamar porque había que dormirse temprano y a las doce

Los demonios aparecían de las manos de un santo atornillado para cantar los salmos que dejan sordos a los niños

De chicos no dormir es mala palabra
Esta prohibido
Y cruzar ese límite dónde clarea
El cristal de las ventanas
Cómo pupilas dilatadas
No fue tan fácil como parece

En esas horas donde no hay tantos pensamientos
Uno capta los sueños
Me gustaría saber dónde
Vivir
loco quiero
Cómo si fuera el primero
Que contó la historia
De la luna y el sol
De la tipa y el tipo
Que se calza las medias
Que se pone el sombrero
Del niño y la niña
De la chica y el chico
Y de todas las variaciones
Que salen y entran
De una cabeza
Que no sea la de un animal colgado
En una concesionaria de coches
Dónde cuidaba con mi tío abuelo
Cuando hacía esas changas el italiano
Y la noche tenía las horas contadas
Más de las doce no seguías
Llegabas a la playa
Pero no te metias
Porque es hora de tomar el sacramento de cerrar los ojos
Y los animales muertos necesitan
Que la luz de una linterna brille en sus ojos de vidrio
Pero una vez que de la mano de
Los pensamientos uno se mete en el mar
Y se deja ahogar
Descubre al fantasma de Alfonsina
Que en lo oscuro
Entre algas y caracolas
Burbujea cuentos
de miedo
Y los personajes
Todos acuden
Se sientan a compartir
Infusión
Juntos formamos una ronda
Dónde vuelan las polillas
Alrededor del río de las tramas
Encontrar el agujero
Dónde cabe tu voz
Encontrar esas voces
Que forman agujeros
Querida Elacion,
A ti me entrego

De aquí hasta que la muerte nos una y otra vez en el olvido

Nadie te espera en la noche primera
Dónde se llega tarde a la almohada
tarde a la mañana clareada
y se da la espalda al futuro de al lado
Con una sonrisa que podría ser más eterna
Que cualquier otra
Que logres dibujarte en la cara
En esa vida
Que no quisimos vivir

por Adrián Gastón Fares

El sueño de los conejos

Cuentos

Este japonés había construido

Como se esperaba

Un jardín japonés

(otro más)

Enfrente de su casa

Y cuentan que un amanecer lo encontraron

Durmiendo

abrazado

Al tronco de uno de sus árboles

Que estaba muriendo

No había ni una flor

En el fondo de su casa

Ni nada de lo que había en

Los parques que él diseñaba

Los japoneses usan lo bello como

Una espada que seda sentidos,

hipnotizados por pestilos

Y estambres

Te llevan de la mano a la laguna en la que se bañan las abejas

En el centro de las flores

Y entonces

es un poco tarde

para escapar

Uno quiere sacarse las sandalias Mojarse el dedo gordo del pie

Pero esta prohibido

Y solo los conejos sueñan con la laguna de las flores

Esa represa que solo se abre cuando marchitan

Sueños póstumos de carne de pescado cruda

Que se deshacen en tu boca

Como una geisha sashimizada

En un bosque donde suena una campana

No quedan ya flores por cortar

Ni arboles que defender

Las liebres corren libres en los

Campos del atardecer

Descanso paz y silencio

Espero no ser indiscreto

Ciertamente

No pueden reprimirse los aguaceros fríos

De las tardes de otoño

Por Adrían Gastón Fares

La hermandad de las estrellas fugaces

poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

Si denuncias

No vas a trabajar más

Vas a ser usada

Política

Mente

Si lo contas

El mar no se va a abrir en dos

La prostituta no te va a salvar

Las maderas de la cruz se pudrirán solas

No podrás menstruarla

Nadie recogerá tu sangre

El futuro que no fue

El pasado que es

El arte de la denuncia

Tiene una sola regla

Denunciar al poderoso

Y a la más poderosa

No atacar al de medio pelo

Ni a la que le cuida la barba

Embocarla donde es difícil

En el momento justo

Ahorra calvario

Si tu vida fue injusta

Si te menospreciaron

Anestesiaron

O abandonaron

en el peor momento

Yo conozco un lugar donde se cargan los cartuchos

de una pistola

Que se desliza por el suelo oscuro de una discoteca

Toca Damas gratis

Y pasan electrónica

Tu deber es tomarla cuando pase al lado tuyo

Tu pesada opaca pistola

Calibre no sé cuánto

Que podría terminar con todos los males

Pero nunca la usarás

Descargarás las balas

Dejaras que tus lágrimas las mojen

Y sentada en el vértigo sucio del baño

Leyendo malas palabras en las grasientas paredes

Juntaras fuerzas

Y te levantarás

Y le dirás a es@ otr@ que quiso

Despreciarte

Menospreciarte

Lastimarte

Destruirte

Yo soy tan ubicua

Como tu maldad

Y he retornado para

Que sufras lo que yo sufrí

Te vapulearé

Te arrastrare por el piso

Te haré arañar las paredes

Y mi venganza no estará terminado

Hasta que admitas que tu irresponsabilidad

Tu desidia

Tu indiferencia

Tu intransparencia

La falta de información

La desigualdad de oportunidades

Tu tráfico de

Influencias

El abuso de poder

Sean mitigados

Atenta contra la vida

De este universo que soy

De las que como yo

Venimos de otro planeta

Con una antena atrás

Y otra adelante

Y lo repetirás

Hasta que l@s directiv@s

Busquen sus anteojos caídos

A gachas

Por el piso

Se arrodillen

Y pidan perdón

He aquí el código de honor de la Hermandad de las Estrellas Fugaces

Aquellas que ya pasaron

Y nadie vio

Nacidas entre dos soles

Criadas en un campo

Quebradoras de cuellos de gansos

Encontradoras de

Instrucciones para llegar a la ciudad alta

Despertadoras de gigantes

Creemos mas en los hechos que en las palabras

(se las llevan las ráfagas de nuestras metralletas)

Si te han insultado

Agraviado

Si se han aprovechado de tu origen

Humilde

Somos para llevarte de la mano a al rancho

Desde donde ganaremos la contienda

En donde teñimos

De sangre los vestidos de las damas reales

Somos la vampira mayor

La despertada de noche

La iluminada de la sombra

Y declaramos la guerra por amor

La única que no termina

Porque no sabemos cuando

Ni donde

Como

Empezaron a doler nuestros

Pechos inflados

Por esas niñas que perseguían

A los pollos en el chiquero

Y que un dia

Entre faroles rojos

Tuvieron que soltar las armas

Y levantar las manos

En Villa Diamante

Entonces será

Sin alto el fuego

Sin bajar los brazos

Amor sin principio

Odio sin fin

En la comisura de mi sonrisa

Como en la tuya

Crecen pelos bien duros

Que aprendí a lamerme

Entre dos lunas

Durante la noche que antecede

A nuestra ácida batalla

Por Adrían Gastón Fares

El poema sin motivo.

poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

Caer linearmente hacia el centro

Como un meteorito.

Nada de orbitarte.

Querida estrella.

Rompamos los sistemas.

Planetarios.

Despidamos al universo.

Sería una ola de despidos.

En la playa del tiempo libre.

Basta de resistencia

Que vuelva el temblor

(danos la fuerza para mirarnos con fijeza)

Inventemos una mañana sin tarde

Una noche sin amanecer

Un día sin otro

Un futuro sin niños

Destruyamos al mundo.

Sin tocar ningún botón.

Rojo.

Dejemos vacía de incertidumbre la tierra de tus zapatos

Y repletos de misterios los mares de lágrimas

Nada es viejo,

todo es nuevo.

Y aquel Señor que dice que no tiene valor la escritura

Es porque no sabe

Que con el culo en el asiento

El cerebro permanece en su centro.

Las plazas están vacías.

Hasta que no descubramos

al último escondido.

El juego no termina.

Ya estoy grande para esto.

Dice el universo.

Y no paramos

de sonreír toda la noche.

Lástima.

En la oscuridad,

nuestras caras no se ven.

Por eso,

varios universos nos sueñan.

Mientras nos hacen crearlos.

Me acuerdo que

En tu cama me miré

Y en tu espejo me dormí.

Sonriendo.

Nunca.

Adrían Gastón Fares, 17 de Febrero de 2019

De otro mundo

Al Margen, ehh, poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

Tu mundo es viejo
Pero no demasiado

Por qué crees
Que nunca quisiste morir en
brazos de nadie
Te enseñaron que pasión
Es fuego
Pero el fuego se apaga bajo
el agua
Te dijeron que propósito
Y realidad
Son más necesarios
De lo que no se apaga bajo el agua

Nuestro mundo es demasiado nuevo

Sonríe y juega
Busca maneras de acceder
Al muñeco de piedra
Al que nada le importa
Tal vez tus plantas te entiendan
Pero los animales no
Tal vez el Río de la Plata sea
Una vena
De un gigante dormido
En la terraza
Mira la ciudad
Recuerda que en sus pastos
Encontraste el motivo
Si tu vida es vieja
Pero no tanto
Y la zozobra y el llanto
Te enseñaron el canto
Calla
Porque es hora de caminar hasta el aula
Donde nuestro amigo se encuentra

El viene con nosotros
Nuestro fantástico rescate
Sueña despierto
No podemos
No usarlo
El tren de la oportunidad
Pasa infinitas veces

Los tres diremos al unísono
Venimos a buscarte
Esta es la aventura
De aquí en más
Jamas nos separaremos
No creas que nada es auténtico
El destino te mima con la misma ironía
Es
En vos
Por única vez

Mientras quemamos los libros de
Literatura comparada
Corremos juntos por la ciudad
Hacia el inicio de nuestra historia
Que empieza aquí debajo
Fuera del sistema
Al margen de las pantallas
Justo a tiempo
para cosechar las moras
En grisáceos pasillos

Cantamos unidos
Y sostenemos la repisa
De los libros caídos
Donde descansan abusadas-palabras
Que tenso declive
Que suave tensión
Entreabrir la puerta

Hora de la función.

Somos la multinacional
De los escones
Gigantes
Rodeamos las tazas de té
La apagadora
de aparatos mecánicos
Los más grandes proveedores
De oscuridad

Quédate en silencio
Prepárate a correr
Ya salimos
Falta poco
No desistas
Nuestras manos tiemblan
Pero aguantarán

Por Adrian Gastón Fares, 04 de Febrero de 2019

La historia de mis oídos.

Al Margen, ehh, poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

A veces tomo la forma de una bola de cristal

que refleja el pasado.

Como si me agitaran

la nieve empieza a caer.

Lo bueno es que puedo lanzar la bola de cristal

tan lejos

como se me antoje.

He creído ser oyente

Uno más de la manada

Pero no lo era.

No del todo.

Nunca olvido

que en el año dos mil doce

me dieron el certificado

porque, paradoja para esta hoja,

nunca escuché bien;

seguía tocando el timbre de aquel edificio

cuando ya me habían abierto la puerta

desde arriba.

Entonces, recién en el año dos mil doce, con mis queridos

audífonos, esas joyas tan preciadas,

tuve que adaptarme al rugido de un mundo

del que muchos

no quieren saber nada.

Me daba vergüenza acercarme a las chicas en un bar. Nunca olvidaré la distancia autoimpuesta. Y la zozobra del ser o ya no ser.

Así y todo elegí usarlos.

Era eso o no entender.

El sol se pone,

pero el ruido se impone.

Los seres humanos cerramos los ojos,

nunca los oídos.

Tan vitales son que permanecen atentos

aún cuando la alarma resuena

y los tapamos con las manos.

Mis oídos eran como viejos caracoles

que retumbaban con el viento.

Antes de los audífonos,

para la risa ajena

subtítulos, por favor.

Ahora:

También ayudan.

Todavía no sé lenguaje de señas

pero conozco las marcas que deja la creciente

sensación de no comprender.

Aunque lo que no se dice a veces lo entiendo bien.

La mayoría desconoce

la balada del tinnitus constante.

Pagué el precio de la incomprensión y

de los que saben pero se hacen que no saben,

de los que querían que fuera otro que,

ah, montaña blanca,

no soy.

He sido abandonado:

En los peores momentos

Empujado al abismo:

En los peores momentos

Es un fundido lento como en las películas:

A otro ser,

devenir otro.

Entusiasmo.

Renovado.

Tirité descalzo

como más me gusta

en el vacío.

Y un día apareció la casa,

la rosa

y, ah,

la gran montaña blanca.

Yo que le temía a lo desproporcionado

a las imágenes grandes de animales,

a la boca abierta del elefante marino,

a la trompa de la orca encostrada en la diapositiva;

a los dinosaurios de museo

y a los restos flacos de las ballenas que ya no nadan

en pisos de madera

de esas feas instituciones.

Pero los dinosaurios fueron animales,

¿quién era yo?

El que seguía algunas reglas

escritas por seres que tenían un sentido

distinto al mío;

he sido ingenuo.

Y tan seguro

como mis orejas me han permitido ser.

Más allá de todo,

sé que no hay piedad en el mundo,

ni camino recorrido.

Para la historia de mis oídos.

por Adrián Gastón Fares, 22 enero de 2019.

El dragón

ehh, poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

Aprieto la boca como una chica;

nos mirábamos de lejos

cuando teníamos veinte años

Pero esa tensión no es mía

Sudo como mi tutor

Pero ese no es mi olor

Lloro como una que conocí

Que terminó riendo

Pero nunca pude reír Así

Ni Ahí

Me quejo casi como mi tía

Aunque mi dialecto es otro

La única relación en todos estos gestos y actos;

Es el dolor.

Lo reconozco

Se acerca como un gato

Lo acaricio como a un dragón

Mas allá:

No sé lo que es un cuerpo.

Una linea no tan horizontal al final,

una casi replegada al principio.

Por Adrián Gastón Fares

Polvo de estrellas, polvo de falanges. El joven pálido.

Cuentos, El joven pálido - Poemas de Cooonde, poema, relatos, adrian gaston fares, lavoza

Hálito vital,

qué maravilla.

De una bikini se lanza en picada

Y sube con el viento.

Se clava en el oído el sagaz

Cupido

De espaldas al mar

Charlando

De una mirada se desprende

Y tu estomago se convierte

En una pecera vacía,

Un acuario,

Al que le remueven las piedras

Y los adornos

Esa calavera que boquea burbujas

Cuando la tapa del barril de pirata

Se abre.

Ese precipicio

Donde tantos cayeron

Y jamás volvieron

Qué desconcierto.

Hálito vital.

Cordón umbilical.

Nací para encontrarte,

leyó en una pared.

Nenito,

hay gente que nace para encontrarse

Y otras para matarse.

Es la ley de la vida

La de los suicidas

La de los salvavidas

Vos flotabas en una panza de fuego.

Allá lejos ,

Hace tiempo.

Salud.

Por quien brinda?, pregunta el mozo.

Por mi hijo, está en la mochila, lo quiere ver?, contesta el Joven pálido.

Usted si que es ingenioso.

Y rasposo, agrega el mochilero;

El Joven pálido se miraba las falanges
a la luz de la luna,
el viento soplaba entre los huececitos,
se movían sin querer.

Reformulaba,

aunque no le importaba la cuenta:

La cerveza te hace entender
la falta de tu ayer.

Todas las cosas son por algo;
ahora caigo.

Así y todo,
hay que cacarear dos horas,
para poner un huevo.

El pez macho hace temblar el agua
como el viento las falanges
del Joven Pálido
para que la pececita suelte los óvulos
que se traga,
ahí en seguida busca los ocelos del pez macho
los círculos naranjas en la aleta anal
y el macho le suelta lo suyo en la boca,
y los pececitos se forman ahí
cabecitas del futuro
después a esconderse entre las piedras,
palabras del futuro,
¿son?

También el caballo se coge a la caballa
y nadie dice ni mu
cuando a la vaca el toro se la pone

Es un señuelo.

Para que pique la nada.

Nadie supo nunca
dónde empieza ese fuego
ni se acuerda siempre
cuál fue la primera llama que vio.

Hoy en día es
como la muesca que hacían los ancestros en un hueso
cuando la luna se llenaba;
pero ahora en cuanto se vacía,
borramos la marquita:
con nosotros no hubiera existido
la matemática

Y el frío,
o el calor,
la locura
o el amor
dirían las estaciones.

El Joven Pálido
se sopla el polvo de las falanges.

En un bar tipo irlandés
te digo todo al revés:
el poeta es un príncipe
no es un vampiro.

Chicas,
Bustrófedon potenciado:
oripmav nu se ateop le
no es un príncipe.

por Adrian Gaston Fares

El vengador

Al Margen, Cuentos, ehh

En la noche

en un banco de

zapatero

reposa mi mejilla

 

En la pantalla del teléfono

leo una novela

 

Y una cara me sorprende

Escupe orbes rojizas que vuelan

 

Los espíritus de los árboles

me visitan

en las noches de lectura

agradecidos son.

 

Porque le dije adiós,

al papel y a la madera

 

Yo vuelvo a la novela

a la pantalla negra

y a las letras blancas

que me separan de la oscuridad

como esta frágil tarea;

la de vengar las cosas buenas.

 

Flotan las flojas orbes fantasmeras

sobre el cajón ancho y largo

Para que pueda jugar a gusto

la envuelta

en este asunto.

 

Es la tumba un arbusto

menos en el bosque

 

A la dueña de la imprenta

¡Déjenla arañar la tapa!

Tal vez sus uñas pudieran

Destejer el hilo grueso

De esa tapa de madera

 

Y cuando la mano irrumpa

Y la garganta el viento fresco inhale

Yo dejo mi novela

 

La esperanza no se le niega a nadie.

 

Me sobran tapas de acero

Y tengo tornillos a montones.

 

Después me dispongo a la ciudad

A buscar otra condena

 

Si en tus manos las hojas de un libro tiemblan

Son las mías las que te esperan

 

No lo hago por las buenas

Lo mío es matar bien abajo

Para que griten alto

hasta la copa de los desaparecidos

árboles.

Y yo me vea

en ese espejo redondo

el acero

donde me descubrí la vez primera.

 

por Adrián Gastón Fares

 

 

Lo conocido

Al Margen, ehh

En los mares un hombre

buscaba agua salada.

Y como no sabía qué era

lloraba como si supiera

que el agua es otro abismo

un capricho en salmuera.

Dejen en paz

al hombre de los mares.

Ya no escucha la lluvia.

¡Perder la vida entera!

No es vicio de cualquiera.

Es el don de saber pensar.

El don de saber perder.

El don de vivir sin lo lindo.

Que conociste de primera.

No es un don para cualquiera.

Lo llaman la pena.

La pena no es don para cualquiera.

Sin lo lindo.

De primera.

La pena no es un don cualquiera.

Con las manos la refriega.

Sin lo lindo,

lo conocido.

De primera.

 

por Adrián Gastón Fares

El silencio

Al Margen, ehh, Kong?

 

Estoy en el pasado por una noche, por unos minutos, por unos segundos. Retrocediendo a velocidad, pisando el acelerador a fondo. Luego volveré al presente, como si ya no fuera yo, y es que ya no lo soy, soy el que una vez quise ser. Paso a paso. Quitando las máscaras.

Máscara a máscara.

A. G. F.

 

Como las cosas que duelen cuando ni se saben,

para el que anduvo adivinando qué quieren decir toda su vida.

Como el silencio que ya no escucho.

Como las cosas que antes no eran y ahora son y serán.

Como tu mirada vacía y llena.

Recuerdo nuestro somos y estamos en la desesperanza,

y cómo se fue construyendo de la nada este todo tan a lo lejos

(Y te cuento, por acá, que sí, llegaron: hace mucho, una noche, en sueños,

unas manos invisibles apretaron fuerte las mías)

El tiempo que pasó me dice basta.

 

Pero mi esencia busca la tuya. No perderte la alimenta.

Luces brillantes y con alas oscuras que me vuelan y me hablan,

del nido bueno que teníamos.

 

El agua que baja desde la cima de la montaña para asentarse en lo profundo

y reflejar el cielo oscuro.

 

En ese charco, nuestras miradas, a la deriva.

Unos pies embarrados, chiquitos como los tuyos, lo pisan.

 

No vemos su cara, pero él nos reconoce, y se agacha para beber.

 

Adrián Gastón Fares

Aunque nadie se da cuenta. El joven pálido.

ehh, El joven pálido - Poemas de Cooonde

El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares

El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares

La arboleda y el camino de tierra
se hacían más reales,
gracias al peso de la mochila.

Peso suficiente,
inesperado
(nunca había pensado que iba a terminar llevando eso por los senderos rústicos de su país),
en la cabeza y en la espalda.
Vayamos de frente lo que el joven pálido iba a hacer,
era buscar a la madre de su hijo.

Hija de un estanciero.
Mientras el joven pálido bajaba de la camioneta que lo acercó al pueblo,
la chica arrancaba zanahorias de una huerta.

Racista y a la vez activista
de la ecología,
había donado a la ciencia
la flor de su descuido
el feto empedernido
que había intentado nacer.

El kilometro 112.
El joven pálido caminaba decidido hacia la casa de su ex
con la mitad de una sonrisa en la cara.
Escuchó una voz a su derecha que le gritó:
-¡Bobo!

Llegó a ver como el chistoso se escondía en el maizal,
los dientes desparejos, los anteojos negros embutidos en la cara;
¿de dónde había salido ése?

El joven pálido, exactamente una hora antes de que el padre de su ex disparara al aire
y lo amenazara de muerte si volvía a esa casa
a sacudir al feto en la cara de su hija,
escupió
y dijo

Nene, ahora vas a verle la cara a tu mamá.
Las entrañas ya las conocés.
Pero en este mundo, lo que importa es la apariencia.

El feto maloliente no contestó.

Le cayó otra piedra.
Se detuvo en seco.

Nene. Como éste hay unos cuantos. Siguen la luz o la oscuridad, son clase alta
o clase baja, limpios o sucios, inteligentes o estúpidos, pero están corroídos por dentro
y por fuera.
Ellos son lo que hacen nada más.
En un momento una cosa y en otro, otra.
Vos hacé la tuya, sin mirar a los costados.

Miró atrás
y arriba.

La segunda piedra no era una piedra
negros pájaros carroñeros
lo venían siguiendo
y se mandaban clavados en el aire
y sobrevolaban la mochila

El joven pálido se puso los auriculares
del walkman.
Estamos en los noventa,
aunque nadie se dé cuenta
Apretó el paso.
De vez en cuando,
tiraba manotasos
para alejar a los pajarracos.

 

por Adrián Gastón Fares

 

Palabras

Al Margen, Cuentos, ehh

Hoy escribí un cuento que quedó en mi cuaderno. Decidí reescribir este poema que tiene unos años y que no es un poema, por qué lo sería si nunca escribí más que el poemario del Joven Pálido, que más que un poema es prosa desarreglada e inconclusa.  Pero me gustó escribir lo que sigue abajo. Un día me apaciguó hacerlo. Puede ser un buen prólogo para mi novela Intransparente.

 

Estas son las palabras que nunca te enseñaron

las que nunca se ponen ni jamás se dicen.

 

En una ciudad antigua las gritaban.

 

En Lanús una viejita las repetía,

murmurando,

mientras encendía la hornalla para tejer un cuento.

Refugio

Al Margen, ehh

A veces pienso

en todas las cosas que perdí.

En algún momento

me fui por las ramas

y en una de ellas construí

un refugio pequeño y revestido

para vivir en paz.

Pero las ramas se quiebran

y todo se vino abajo.

Y ahora estoy aquí,

en el pastito,

con los restos de las cosas

que tenía en la casa que cayó.

Y el tiempo pasa.

Y es verdad que las vacas vuelan.

Y también que los gatos sueñan.

Pero es imposible volver el tiempo atrás.

Ésa será mi gesta.

La del valiente forjado en un barrio pobre,

lleno de canciones irregulares, que rebusca

en el baldío donde otros también enterraron sus sueños.

Será cuestión de volver a armar mi refugio

entre los árboles

sobre la rama más endeble

porque la fuerte no sirvió.

 

por A. G. F.

 

Las palabras

Al Margen, Cuentos, ehh

 

 

Estas son las palabras que nunca te enseñaron

las que nunca se ponen ni jamás se dicen.

 

En una ciudad antigua las gritaban.

 

En Lanús una viejita las repetía,

murmurando,

mientras encendía la hornalla para tejer un cuento.

 

Estas son las palabras con las que levantan el peso pesado los albañiles.

 

Son con las que escriben los escritores

cuando todavía jóvenes huyen de los llantos que traen las despedidas.

 

Las que usaban los soldados,

y las ratas.

 

¡Estas son las palabras que desprecian los músicos!

 

Las del árbol deshojado en la oscuridad

cuando la ciudad está silenciosa

y en la cama nos guarecemos y las sábanas parpadean.

 

No se prestan para un cuento,

las novelas las ignoran.

 

Las usaron los sumerios y arracimadas

en la túnica diáfana de la oscura Musa

las pisaban los griegos

para retenerla en su caminar al amplio balcón abierto

que caía al pesado mar.

 

Y con la arañada tela púrpura nos quedamos

donde nuestro gatos se ovillan

buscando lo que ellos no perdieron

y nosotros sí.

 

La risa en las comedias

la corrida y el beso final

y la inclinación de la muerte

en las butacas que tiemblan

porque están lejos de las estrellas.

 

Son las que a veces no escucho aunque

ya fueron derramadas.

 

Son el brazo que la niña extiende.

Lo que quiere,

Y no puede.

 

por Adrián Gastón Fares