Los tendederos, de Adrián Gastón por Javier Burdalo.

Aquí los comentarios más que interesantes de otro escritor y guionista, Javier Búrdalo, sobre mi libro de cuentos Los tendederos.

Leánlo en su blog:

https://vencidosvencejos.wordpress.com/2019/07/09/los-tendederos-de-adrian-gaston/

Javier Burdalo:

Muy recomendable lectura,  gratuita y de la mano de su autor, LOS TENDEDEROS, libro de cuentos de Adrián Gastón inspirados por el terror, la ciencia ficción y lo extraño. Que exploran los dos lados de la moneda de los vínculos familiares y amorosos desde la literatura fantástica: escalofriantes, diabólicos, surrealistas, pánicos, siniestros, espeluznantes… Aquí pueden descargar LOS TENDEDEROS.

Una breve reseña de los primeros 9 relatos :

LAS HERMANAS (Page 8):  erotizante, las tres gracias de las hermanas nacen del sentimiento unitario de una Muerte que ronda a una señora anciana, y el protagonista mezcla sexo, sudor e imaginación para hacerlas presente. Más que perturbador parece vampirizante, pero su erotismo es muy sensual. Decir que los poemas de Adrián Gastón siempre tienen un trasfondo perturbador, quizás por eso me gustan, porque es una poética de aristas.

LOS TENDEDEROS (Page 11): como la camiseta del jardinero de Las Hermanas, el relato anterior, el viento vuelve a hacer de las suyas dando animosidad a la escena, es inquietante si te paras a pensar el miedo que pueden causar unas simples prendas tendidas al aire. Muy visual.

REUNIÓN (Page 16): el amor como el monstruo con el que hay que luchar para la propia supervivencia. El amor de dos suicidas que “quieren más al otro” que a sí mismos, ¿o es el amor de 2 que son 1?

LA EDAD DE ROBERTO  (Page 19): me ha recordado a la película El curioso caso de Benjamín Button (2008), pero en vez de rejuvenecer y morir, solamente mantenerse. La parte mas terrorífica, la del encierro, está en elipsis, pero es donde reside lo más cruel, violento y horrible del relato.

UN CONTRATO CONMIGO MISMO  (Page 24): en este el tiempo también es la materia de la que están hechos los temores; el paso del tiempo y el volver a ser un ”yo renovado, entusiasta…”, alguien más acorde con lo que queremos siempre de nosotros mismos, pero que es tan difícil de conseguir o al menos no sin un esfuerzo ímprobo. Ciencia ficción o/y ciencia reflexión.

LO QUE ALGUNOS NO QUIEREN CONTAR  (Page 28): otro personaje solitario que, huyendo de sus propios infiernos, se aleja del mundo, y sus fantasmas le persiguen una vez más, esta vez en forma de casa que gira (como su cabeza) y de viejo suicida (que le recuerda que vivir es difícil si conlleva tanta inquietud).

BUENOS DÍAS, SR. PRESIDENTE  (Page 32): podría ser el argumento central de cualquier serie de televisión de la actualidad. En un mundo juego, que recuerda al universo de Tron (1983/2010), la realidad y la ficción se mezclan no casualmente sino para un fin importante: ser el nuevo presidente. Sólo la suerte del jugador, y en este caso la ficción, pueden hacer posible que un “cualquiera” alcance la Presidencia. Ciencia ficción thriller.

EL PERCHERO AUSENTE  (Page 37): como una minúscula falla en nuestra rutina puede desencadenar el terror absoluto dentro de los pensamientos-recuerdos, o el sentirse descolocado dentro de un espacio en principio amigo. Y de cómo la brevedad no es ápice para transmitir la inquietud.

LOS ARTISTAS  (Page 39): el universo inquietante del Arte y la Muerte, en una sociedad plagada de odio o confusión mental o locura (la distopía se inicia sin información para el lector). Con aires a The House that Jack Built, el último film de LVTrier y los desquiciantes personajes de Fantasmas, una novela de Chuck Palahniuk.

por Javier Burdalo.

https://vencidosvencejos.wordpress.com

Web: https://burdalo-guiones.eu

Nota: Recuerden que pueden descargar y leer Los tendederos aquí:

https://mega.nz/#!x9wHFQIS

Vencidos Vencejos

Muy recomendable lectura,  gratuita y de la mano de su autor, LOS TENDEDEROS, libro de cuentos de Adrián Gastón inspirados por el terror, la ciencia ficción y lo extraño. Que exploran los dos lados de la moneda de los vínculos familiares y amorosos desde la literatura fantástica: escalofriantes, diabólicos, surrealistas, pánicos, siniestros, espeluznantes… Aquí pueden descargar LOS TENDEDEROS.

Una breve reseña de los primeros 9 relatos :

LAS HERMANAS (Page 8):  erotizante, las tres gracias de las hermanas nacen del sentimiento unitario de una Muerte que ronda a una señora anciana, y el protagonista mezcla sexo, sudor e imaginación para hacerlas presente. Más que perturbador parece vampirizante, pero su erotismo es muy sensual. Decir que los poemas de Adrián Gastón siempre tienen un trasfondo perturbador, quizás por eso me gustan, porque es una poética de aristas.

LOS TENDEDEROS (Page 11): como la camiseta del jardinero…

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Intransparente, Los tendederos y El nombre del pueblo en formato eBook, para libro electrónico.

Pueden adquirir y leer mis dos novelas en Amazon para leer en Kindle y otros dispositivos para leer libros electrónicos.

Intransparente

Sinopsis

Una veinteañera pasa en limpio sus conversaciones en el mensajero con un hombre maduro, Elortis, el hijo del psicólogo Baldomero Ortiz. El hombre destapa la crisis que atraviesa, alimentada por la ruptura con su expareja y las dudas sobre la verdadera ocupación de su padre, pero también iluminada por revelaciones importantes sobre su vida y el mundo que lo rodea. La novela comienza cuando Elortis y su exsocio Sabatini vuelven de Mar del Plata, donde participaron en el programa televisivo de Mirtha Legrand.

 

El nombre del pueblo

Sinopsis

En un pueblo sin nombre, el hermano del candidato a gobernador espera desde hace años en la playa el arribo de una embarcación que le traerá a una misteriosa mujer. La embarcación llega y también una serie de asesinatos cometidos a sangre fría. Una por una las mujeres que conoce Miguel son borradas de la tierra. Un policía despistado y el mismo Miguel siguen las pistas que conducen al hall de una casa antigua del barrio residencial de este pueblo innombrable.

 

Por otro lado, aquí pueden leer mi recolección de cuentos llamada Los tendederos

Los tendederos

Sinopsis

Este libro de cuentos de Adrián Gastón Fares está fomentado por el terror, la ciencia ficción y lo extraño. Explora los dos lados de la moneda de los vínculos familiares y amorosos desde la literatura fantástica. Estos relatos han sido ponderados como escalofriantes, diabólicos, surrealistas, pánicos, siniestros, espeluznantes. Los neófitos encontrarán nuevas experiencias para exorcizar sus miedos más profundos, para arrumarlos; también, disfrutarlos. Los seres y las tramas que pueblan este libro viven en las aguas profundas de un terror todavía más hondo, ese que tiene que ver con lo que somos, con lo que hemos sido y lo que podríamos llegar a ser. Lo cotidiano visto a través de una nueva lente perturbadora, futuros sospechados y sentidos, tramas policiales, el desamor, supersticiones rurales, familias peligrosas, edificios abandonados, fantasmas, nuevos monstruos, todo esto y más puede encontrarse en estos cuentos poblados de imágenes únicas y sorprendentes.

Los links son para Amazon españa pero están disponibles también para las demás países y sus respectivas monedas.

Saludos

Adrián Gastón Fares

Alimenta tu Zombi con cerebros. II. Libros de Estrategia.

Los libros de estrategia tienen algo único. Confluyen en ese río tan grande que es El arte de la guerra de Sun Tzu y por eso recomiendan el no actuar, incluso los más inmorales.

También suelen ser menos útiles de lo que parecen ser. Por ejemplo, supongamos que luego de leer el libro del difuminado señor Tzu (o sus compiladores) tenemos que enfrentar a los humanos siendo zombis. Estamos en un aprieto. El zombi teóricamente no piensa. Los zombis que yo propongo en Alimenta tu Zombi con Cerebros sí piensan, pero usan el cerebro de otra manera, son una máquina de procesar información; desechar la irrelevante y aprovechar la buena es el objetivo. De eso se trata Alimenta tu Zombi con Cerebros.

Como la pregunta de cómo siendo zombis enfrentar a los humanos con El arte de la Guerra no tiene sentido, mejor concentrarnos en cómo enfrentar a los zombis siendo humanos. Tal vez a alguno le sirva.

Tzu dice que la mejor victoria es vencer sin combatir. Si nos van a atacar una horda de zombis, no combatir no tienen ningún sentido, pero sí podemos evitarlos lo más que se pueda, hasta que uno entra a un lugar donde no debería haber ningún muerto viviente pero bueno, está. Las casas abandonadas, los cementerios, los supermercados y los centros comerciales deben ser evitados.

En realidad, los que vencen con aparente psicología al enemigo, sin combatir demasiado, avanzando en grupos numerosos y arrojándose con alma y vida contra el enemigo son los muertos vivientes, por lo tanto, los que vencen sin combatir, ni saber que combaten, son ellos, solo quieren comer algunos, y ni siquiera saben por qué.

Conocer al enemigo es un poco difícil con los zombis tradicionales (no el excelso zombi  que come cerebros de papel al que me refiero en esta columna) No piensan; por lo tanto no hay manera de conocerlos. Podemos saber que en los ochenta avanzaban a paso de tortuga pero hoy en día son cada vez más rápidos. Eso es clave, saber la velocidad de un zombi.

De cualquier manera, la regla clave de Tzu es que un ejército debe primero haber ganado la batalla en su mente, con su estrategia o como sea, antes de librarla. Esto es útil contra los zombis, se puede tratar de contenerlos con artimañas prácticas como unos lanzafuegos, ametralladores, o lo que fuera que pueda desintegrarlos en masa. Incluso tener la bomba atómica es útil en el caso de que los zombis  tomen la tierra. Dios no lo permita, pero más de uno se verá tentado a tocar el botón rojo.  Como verán, eso también es ganar la batalla antes de librarla. Y de la manera más burda.

En fin, El arte de la guerra es un texto bastante bello, pero no tanto como Los Cinco Anillos del Poder de Musashi, o más todavía, un texto muy difícil de conseguir, que ha caído en mis manos en una edición que no se consigue en nuestro país: El amo (o el maestro) del valle del demonio. Es un libro de estrategia china posterior, por no mucho, a El arte de la guerra. Es elusivo. A los monjes oscuros que lo compilaron les gustaba al juego de arrojar la moneda blanca y negra del yin y el yang. De los libros de estrategia el que más recomiendo es la traducción de Thomas Cleary de El maestro del valle del demonio (que viene con otro texto que se llama El amo de la fuente oculta) La belleza de la estrategia en su máxima expresión. La incomprensión que hace pensar lo que a uno más le conviene. Lo oculto visible. Las frases son una especie de ko-an oriental cuyo aplauso desorienta y despierta.

Pasaremos a Robert Greene, ese tipo que escribe libros sobre el poder, las estrategias, la seducción (escribió uno con el rapero 50 Cent; una paradoja: un libro de poder con un rapero) En fin, Green cuenta en uno de sus libros tan largos que se hacen pesados, que el jefe de un ejército chino ganó la guerra de una manera muy clara, más o menos como hacen los zombis (que asustamos a los seres humanos sólo con nuestra presencia), primero se labró una reputación de loco, peligroso e imbatible. Su reputación le sirvió porque cuando un ejército que lo triplicaba en número marchaba hacia su fortaleza ya diezmada para destruirlo y asesinarlo, lo que hizo es sentarse a meditar con unos sahumerios a los costados. Cuando el jefe del ejército contrario lo vio, la pensó dos veces, dijo este tipo no es tan boludo como para estar haciéndose el que medita; es una trampa, debe tener cientos de soldados ocultos: retrocedamos. De esta manera, el sabio y tremebundo guerrero chino superó al ejército contrario con sólo prender un sahumerio y sirviéndose de su temeridad previamente cultivada. El problema con los libros de Greene es que es más fácil ir a la guerra contra los humanos que leerlos; se hacen largos, Green parece ser un erudito bastante increíble, en el sentido en que usamos la palabra en la calle, pero tienen la virtud que cumplen con lo que prometen; al terminar de leer uno de esos libros es posible que ya la guerra haya pasado y uno la haya evitado bebiendo cerveza desde la cómoda reposera de su porche estadounidense.

Los libros de Robert Greene son un poco inmorales, pero eso no basta para que no lo nombre en esta columna de zombi. Después de todo, siempre ponderan la no acción, bebiendo en las fuente de Sun Tzu.

El libro de estrategia más interesante quizá para quienes escribimos o hacemos ficción es el de John Lewis Gaddis. Este estadounidense repite varias veces en su texto, On Grand Strategy, que la ficción es el mejor campo de experimentación para las situaciones que luego tenemos que enfrentar, más o menos duplicadas en el tiempo, por esa especie de entropía fácil que todos miman tratando de señalar lo que tal vez vuelva a ocurrir en la rueda del tiempo pero con ligeras alteraciones.

Lo que dice Gaddis es que la ficción es como un experimento para la vida y se sirve de La guerra y la paz del eminente ruso, y escritor ya sabrán, Tolstoi para dar un ejemplo de cómo se puede recrear una guerra y vivirla para aprender a través de los mecanismos hiperrealistas de la ficción. Hasta ahora no leí a ningún ensayista que piense que la ficción es tan útil como Gaddis; la sensación es que cree que la ficción es tan viva como la realidad. Shakespeare y Tolstoi son los maestros de la estrategia para Gaddis y leer ficción sería más efectivo que leer no ficción: más pragmático. El libro de Gaddis es largo, por momentos tedioso, pero vale la pena leerlo para encontrar este paralelo entre ficción y realidad. Es un libro más fresco que otros porque introduce ideas un poco más originales.

Entonces, recomendando que elijan el libro de estrategia que más le guste y lo lean como literatura más que como una  regla para la vida: la vida no es guerra, aunque a veces se parece, y la gente, tanto en la soledad como cuando se unen para formar ejércitos, como bien lo sabemos los zombis, no reacciona siempre igual.

No hay ningún libro de estrategia más eficaz y menos bello que el de mandar a todos a la mierda. Para eso la canción God, de John Lennon es ideal. Es un gran libro de estrategia, una declaración de principios, una negación de todo. Después de todo si la realidad no es más que apariencia; no creyendo en nada se llega muy lejos. Es la canción favorita de algun@s zombis que conozco.

Aquí tienen el link a los dos libros de estrategia que más me gustaron (aprecien el primero; es casi un secreto)

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Thunder in the Sky donde encontrarán la versión de Thomas Cleary de El maestro del valle del demonio, ese texto de la ancestral tradición china, de una secta budista que parece perdida en el tiempo, que es mejor que El arte de la guerra, y el más comprensible; El amo de la fuente oculta.

Aquí pueden conseguir La adquisición y el ejercicio del poder (perdonen a Thomas, este libro no tiene que ver mucho con la adquisición del poder, es más rico de lo que aparenta ese ingenuo nombre; La adquisición y el ejercicio del poder es El maestro del valle del demonio y El amo de la fuente oculta) Lo editó Editorial Estaciones. Creo que está tristemente fuera de catalogo. Pero circulan ediciones usadas por lugares insospechados.

Link para conseguir El Trueno en el Cielo en español (Editorial Estaciones)

Otro Link en Español:

Conseguir El Trueno en el Cielo en Casa del Libro.

Una de las maneras de conseguir Thunder in the Sky, de Thomas Cleary

Dato que podemos olvidar, salvo que Sun Bin se queje desde los tiempos ancestrales.

Entonces diremos que Sun Bin, descendiente de Sun Tzu, discípulo del estratega Wang Li, conocido como El maestro del valle del demonio (estrategas tan apreciados como von Clausewitz y Napoleón no fueron recordados con un apodo tan resonante como con el que llamaban al señor Wang Li) fue el que escribió el primer texto de El Trueno en el cielo, traducido por Thomas Cleary.

Y acá el libro de Gaddis, On Grand Strategy (tampoco en castellano, pero búsquenlo, debería estar…)

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Una de las maneras de conseguir On Grand Strategy, de John Lewis Gaddis

En la próxima entrega viajaremos al mundo de los libros de marketing, start-up y todas esas cosas tan poco interesantes y profusas que existen en el mundo literario y que así y todo pueden ser provechosas para alimentar nuestro cerebro zombi.

Un zombi debe estar dispuesto a todo hoy en día, incluso a leer cosas que escriben, o escribieron, los que sí mueren y no resucitan.

por Adrián Gastón Fares

 

Alimenta tu Zombi con Cerebros

Estreno nueva sección en este blog.

 

Alimenta su Zombi (interior) con Cerebros

Todos tenemos un zombi (o zombie como gusten) que está dentro nuestro. Diversos estudios científicos muy difusos sugieren que la meditación lo que en realidad hace es enviar sangre a otras partes del cuerpo que no sean el cerebro, por lo tanto, lo que estaría haciendo es ahogar un poco al cerebro para que no piense tanto. Eso me suena matar el cerebro. Me suena a zombi. Pero la idea aquí no es matar al cerebro si no alimentarlo para después usarlo como ustedes más quieran. Es lo que me resulta a mí por lo menos. Y lo que me ha hecho superar muchas situaciones difíciles, momentos tristes, melancólicos, aburridos, traumas, encrucijadas, desamores, senderismo de lo llano y lo alto, entre otras aventuras que viví.

No voy a citar estudios científicos como hacen los millones de libros que pueden encontrar en la web. Si leen mucho van a reconocer lo que digo pronto.

Esto que comienza aquí es un poco experiencia y mucha lectura. Iré directo al grano para ir sugiriéndoles qué libros para mí tienen valor de lo nuevo, sea ficción, divulgación, ensayo, autoayuda (tuve una columna hace años en una revista digital llamada Autoayuda para el suicidado; no seré irónico esta vez; esta es una columna práctica) lo que sea que esté bien escrito y sirva.

Tampoco seré tan meticuloso ni exigente conmigo mismo en la escritura como intentó ser en mis cuentos. Y mucho menos que en mis guiones y novelas. Estoy un poco cansado de eso. Quiero ser practico aquí y contribuir a organizar un poco los pensamientos y lecturas tanto para ustedes como para mí.

Así que así comienza Alimenta tu Zombi con Cerebros. Señalaré algunas lecturas. Libros. Trataré de citar libros nuevos (los más nuevos posibles) El único objetivo, siguiendo a la regla moral de Kant, es que estos libros no sean un medio, que sean un fin en sí mismos. Que la lectura de estos libros no sea un medio, si no que sea un fin en sí misma.

Por lo tanto, empecemos sin dar muchas más vueltas (otra estrategia para escribir libros de Cómo hacer esto y lo otro, es dar mi vueltas, como si se tratara de una película de suspenso, dosificando la información, para decir por ejemplo que comer palta hace bien; todos sabemos que comer aguacate o palta hace bien; no se necesitan cinco capítulos para llegar a eso)

De mis largas lecturas puedo decir que hay libros que están repitiendo (casi copiando y pegando) lo que escriben otros. Por ejemplo, el libro Alimenta tu cerebro de un tal Dr. Perlmutter, dice lo mismo que otro libro que se consigue en la web que escribió el hijo de una mujer con Alzheimer. Los dos libros recomiendan comer lo mismo, los dos textos tienen casi la misma información; dejo a ustedes la tarea de decidir si la repetición tiene que ver con la verdad o con la comodidad o el provecho)

Estos libros como los de Alimenta tu cerebro (o tu pene o vagina; hay de todo) parecen ser recopilaciones de otros libros y a la vez lo que hacen es citar cada dos por tres, repito, perdón, embolantes como decimos en Argentina, estudios científicos. Gran pecado de un texto de divulgación: en la era que estamos seguros que lo estudiado científicamente cambia al ser observado (soy más amigo de la ciencia que de la seudociencia, ya lo sabrán no niego la ciencia, sino que digo que obviamente no es bueno citar solamente un estudio científico que uno leyó en la web para escribir un libro)

Así nace este texto. Por eso Alimenta su Zombi con Cerebros. Somos todos zombis. Todos queremos nutrir lo que tenemos entre las dos cejas, todos queremos alimentarnos metafóricamente de lo que otros saben, en mi caso con el objetivo del placer de conocer, cotejar, pensar. Vivir así es hermoso y si siguiéramos la regla de Bertrand Russell que decía que el ser humano debía trabajar cuatro horas para servir a la comunidad y el resto tenía que ser ocio provechoso, seríamos todos (o todes) felices.

Así que empecemos con los dos libros que voy a recomendar que se compren ya mismo (nunca vendí nada, así que dejen que recomiende lecturas por las que tienen que pagar si es necesario; no son caros) Algunos de los libros se pueden comprar en Internet, otros también (broma, también se pueden comprar en las Librerías, pero no todos)

El otro día estaba en la librería Cúspide del Village Recoleta. Como es mi costumbre tomé cinco libros para leer a la vez y ver cuál me interesaba más. Vino un empleado y me dijo: No se pueden anotar los libros, señor. Le dije, pero claro, cómo voy a subrayar los libros. Me dice: no entendiste, no podés tomar notas en tu cuaderno de los libros. Ah, bueno, le dije, no hay problema, y con el índice me golpeé la frente, respondiéndole en lenguaje de señas que me iba a memorizar todos los libros como venganza. O sea, el empleado se habrá creído que yo era un escriba medieval que iba a copiar el libro entero en mi libreta de 5×5. Mis vecinos de mesa se alarmaron y uno, que le explicaba a otro cómo montar un negocio agrícola, remató; si yo fuera el dueño de esta librería, dejaría que todos tomen notas de los libros. Así atraería más gente. En fin.

Así que creo que por ahora pondré links a libros virtuales (si pueden conseguirlos impresos, mejor; como gusten, yo leo en la Tablet, en el Kindle, en el celular, en el Noblex Ebook -barato y bueno-, y en papel; no le hago asco a nada) Cuando se consiga el libro en castellano lo pondré, cuando se consiga en otro idioma nada más; también (siempre y cuando conozca el idioma, sé español, inglés y un poco de japonés, muy poco; no se preocupen que no pondré libros escritos en japonés)

Empezaremos por recomendar uno de los mejores libros que leí en lo que va del año.

Es de Carlo Rovelli. Es un físico teórico italiano. No voy a copiar su biografía porque pueden encontrarla ya saben donde.

Rovelli trata de redefinir el tiempo. Explica que el tiempo no tiene la misma duración en la cima de una montaña que cerca del suelo. Una persona que vive en una montaña tiene menos tiempo que una que vive en la llanura de la pampa, por ejemplo. La culpable es la gravedad que curva el tiempo. Es un libro muy feliz.

Divulgación científica muy poética (literalmente, cita a las Elegías de Duino de Rainer Maria Rilke más de una vez, Rovelli). Rovelli también se mete con la entropía, una ley que a mí me gusta más que el helado. El resultado es una lectura imprescindible para cualquier zombi que quiera alimentarse de materia gris. Alguien como yo, por ejemplo (y espero que ustedes, este texto trata de enaltecer la figura del zombi que después de todo es alguien que no tiene mala intención, sólo quiere comer; además recordemos que la meditación es amiga del concepto de un zombi por lo expuesto más arriba, también me caen simpáticos los yoguis)

Los libros de Carlo Rovelli que recomiendo son:

El orden del tiempo (2017)

Pueden comprarlo aquí en español (Kindle)

Link para comprarlo en Amazon

Y aquí en inglés:

https://www.amazon.es/Order-Time-Rovelli-Carlo/dp/0241292522

Y pueden también conseguirlo en librerías argentinas y españolas (es de Anagrama)

El segundo libro de Rovelli que recomiendo es:

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Link para comprarlo en Amazon

Se llama La realidad no es lo que parece (es mi traducción de Reality is not what it seems) No lo conseguí en castellano, por lo que pongo el link para obtenerlo en inglés. Traten de encontrarlo, en especial los que saben inglés.

Luego seguiré con el próximo texto de Alimenta tu Zombi con Cerebros donde iremos al mundo de la ficción a través de los libros más pragmáticos de ensayos escritos en estos últimos años.

Saludos,

Adrián Gastón Fares, zombie

Intransparente. Novela. Extracto.

 

Ya en Buenos Aires, había buscado información sobre el Claviceps purpurea (con razón pasaba tanto tiempo encerrado, cuando no era el pasado de su padre se ponía a revolver asuntos más raros, le dije) el supuesto eslabón perdido de los misterios eleusinos, y se encontró con Albert Hoffmann y el LSD, pero después mientras se preparaba un café descafeinado en la cocina, se acordó del pasaje de la Odisea que había leído Sabatini en voz alta para la grabación del libro audible, donde Nausícaa, la hija de Alcinoo, le da instrucciones a Odiseo para que se le ofrezca el camino de vuelta a su casa; antes que nada tiene que ver a su madre sentada junto al hogar hilando copos de lana teñidos con púrpura marina. A ver, dice Elortis, y luego pega esta frase: Te mostraré la ciudad y te diré los nombres de sus gentes. Y sigue sin parar: era cuestión de cruzar rápidamente el megarón, esa sala enorme y fría, hasta encontrar a la madre de Nausícaa y había que mirarla, como embobado, hilar sus copos púrpureos cerca del trono donde su esposo se sentaba a beber vino como un dios inmortal. Ahí pasabas de largo el trono para agacharte y abrazar las rodillas de la madre de Nausícaa y si ella sonreía como en sueños quería decir que estabas preparado, podías volver a tu Ítaca querida sin que te sintieras un extranjero después de tantas vueltas. La clave era abrazar con las manos las rodillas de esta reina sabia que hilaba estos copos purpúreos que eran de ese color porque habían sido teñidos por la secreción de la glándula hipobranquial de un caracol de mar carnívoro de tamaño medio, un gastrópodo marino llamado Murex brandaris, que segregaba esta sustancia cuando estaba asustado o se sentía amenazado. En el actual Líbano, antes Tiro, por eso se lo llamaba púrpura de Tiro, los minoicos habían empezado a extraer este tinte y parece que había que arrancar del mar a nueve mil pobres caracoles para obtener un gramo de tintura. Aparentemente por eso era tan preciado, y se empezó a relacionar al púrpura con el mando, y con la legitimidad del poder. Ahora bien, gracias a Ponen, Elortis había leído que los olmecas también relacionaban al poder con la sabiduría, y la sabiduría la tenían los sacerdotes-chamanes que se rodeaban de los sapos bufo; por lo que podía ser que las túnicas, mantas para los lechos, la pelota del sabio Polibio, las olas y demás elementos púrpuras que aparecen en la Odisea y en los mitos griegos, todas relacionadas con el sueño, tuvieran que ver con las visiones que el tinte del caracol Murex producía al respirarlo o al rozar la piel; gracias a esas glándulas que, como las braquiocefálicas del sapo bufo, expelen un líquido cuando la catarsis de la amenaza la activan. Por eso la sonrisa visionaria de la reina era necesaria para Odiseo. Si hasta en un viaje anterior como el del vellocino de oro, parecía que en realidad —según Simónides, aclara Elortis— buscaban una primigenia piel de cordero granate teñida con la tintura del caracolcito. Claro que también Clitemenstra había distraído a Agamenón con una alfombra de tono escarlata antes de conducirlo al baño donde iba a ser presa fácil de Orestes. Y al lecho de Circe lo cubría una colcha rojiza. Igual, lo importante en aquella época lejana, agregaba Elortis, era estar atento al olivo de anchas hojas en el puerto de Forcis; por ahí estaba la gruta, el templo, esa cueva de dos bocas, (¿porque nunca volvías a ser el mismo una vez que entrabas?, se preguntaba mi amigo) consagrada a las ninfas con los telares de piedras que usaban para tejer sus túnicas de extracto de caracol y también era necesario, más que nada, saber dónde se ubicaba tu cama, la que habías construido sobre los restos del olivo con las correas de piel de buey que brillaban de púrpura, porque si no tu esposa a la vuelta no sabría quién eras, claro, si olvidabas lo único que tenías que acordarte una vez que lo habías aprendido. Ok, Elortis, a la cama, después me seguís contando; menos mal que yo escuchaba música mientras él me escribía estas locuras.

Por Adrián Gastón Fares

Novela Intransparente

PDF: Intransparente, leer online en PDF.

Las mil grullas

Prólogo

El cuento corto Las mil grullas tiene personajes ficticios. Pero el contexto y la historia son reales. los sobrevivientes de Hiroshima y Nagasaki que emigraron a Perú, Argentina y Brasil eran hasta hace poco visitados por médicos de Japón para seguir su evolución. Me han contado ciertas peripecias de estos médicos.

En el cuento aparece la niña Sadako Sasaki, cuya historia podrán encontrar en Wikipedia. Por ella viene a llamarse así el cuento.

Admito que la trama, distinta antes, la pensé para hacer un largometraje independiente. Tiene elementos que se prestan al cine, al largometraje….

En este link podrán informarse más sobre el contexto radiactivo de Las mil grullas:

https://www.clarin.com/mundo/hiroshima-70-anos-bomba-atomica-sobrevivientes-hibakusha_0_HJEglBtPXg.html

La imagen destacada la recorté del libro Monster Origami, de Duy Nguyen. Un libro que explica cómo hacer origamis de… monstruos. Este es el link para comprar el libro que me pareció divertido. Link:

http://a.co/1w7fbMp

Las mil grullas Photography Book Monster Origami Duy Nguyen

 

Lástima que no tengo tiempo ni paciencia para el arte del origami ahora.

Iré compartiendo ciertas rarezas editoriales que voy encontrando en mi camino de pulga de librerías reales y virtuales.

Con humildad, dedico este cuento a Isao Takahata.

LAS MIL GRULLAS

Los esperaba la guía turística, una nikkei, para escoltarlos a un coche que los llevaría a un hotel, ubicado en Recoleta. El doctor Nagao y el doctor Tanaka rayaban los cincuenta años. Era la primera vez que venían a Buenos Aires, de parte de la organización Nihon Hidankyo, para censar a una hibakushaHibakusha significa sobreviviente de las bombas de Hiroshima y Nagasaki.

Ni bien se subió al coche, Nagao, de anteojos y entrecano, le preguntó a la guía turística dónde podrían comer carne argentina. Tanaka, de pelo bien negro y aspecto mucho más juvenil que su compañero, miraba por la ventanilla del coche y callaba. Pensaba en su hermana que vivía en Buenos Aires. Debía visitarla y tenía miedo de verla después de tantos años. Apenas hablaban por teléfono. La esposa de Tanaka decía que su hermana, una mujer acerada, le iba a pedir la parte de la venta de la casa familiar que le correspondía.

Le dieron una propina a la guía y subieron a sus habitaciones. En el pasillo se saludaron con una inclinación de cabeza y se separaron. Al otro día se dirigieron, con la guía turística, al barrio de Olivos. La guía tocó el timbre. La mujer, Sadako, de 86 años, abrió la puerta y los dejó pasar. Caminó lentamente, encorvada, hasta un sillón al lado de una radio antigua, y se sentó. Tanaka rellenó unos formularios mientras le hacía preguntas a Sadako. Nagao, a su vez, le tomaba la presión. Era la única sobreviviente, reconocida oficialmente, que quedaba en la Argentina. La mitad de su cuerpo era una telaraña, surcado de cicatrices menos llamativas que las arrugas que tenía el resto. Su marido había muerto. Sadako les repitió varias veces eso a los médicos y les señaló la repisa, donde estaba el altar con la foto de un japonés sonriente, acompañada de una fruta, un mango, y una tacita de té. Ella también quería morir le dijo a Nagao. Ya había vivido demasiado. Sus amigos también habían muerto. Sadako bromeó sobre su nombre y el de su tocaya, otra sobreviviente de Hiroshima más famosa, la niña que había plegado mil grullas. Según una leyenda japonesa, plegar mil grullas concede a una persona cualquier deseo. Ella, a diferencia de la niña, había construido tres. Tanaka le extrajo sangre. Antes de dejarla hundida en el sillón, recibieron dos de las grullas, que según el deseo de Sadako, debían llevar a Japón y exhibirlas en sus casas. No quiso recordar el día de la explosión, porque decía que cada vez que pensaba en eso se volvía más ciega.

Trabajo hecho, le dijeron a la guía y le preguntaron otra vez dónde podrían comer carne argentina y ver algo de tango. Fueron a un restaurante los tres, comieron un poco de un bife duro. Nagao pidió un whisky para acompañarlo. Luego fueron a una milonga por San Telmo y Nagao dio unos pasos confusos de baile con una argentina de la que se enamoró al instante. Tanaka no quiso participar y escuchó y observó, sin dejar de tomar cerveza. La guía los dejó en el hotel y les advirtió que si salían al otro día tuvieran cuidado con sus pertenencias, que las dejaran en la caja fuerte del hotel.

No esperarían al otro día. Apenas la guía se fue, Tanaka y Nagao se unieron en el pasillo del hotel y bajaron la escalera para escabullirse en la ciudad. Guiados por un taxista, fueron al Bajo, a un pub irlandés donde siguieron bebiendo whisky y cerveza, y observando a las mujeres argentinas. Apenas intercambiaron un par de palabras. Una escort que estaba en la barra se les acercó y les dijo en inglés lo que les ofrecía. Thank you, contestaron y nada más. Siguieron prendidos a sus copas, hasta que empezaron a sonreír solos, cada uno pensando en lo suyo, en recuerdos, en otros viajes.

Al otro día, Tanako fue acompañado con la guía hasta la casa de su hermana, en Burzaco. Se saludaron y se sentaron frente a frente en una mesa cuadrada de vidrio. La guía esperaba en el coche con el chofer. Yoko, la hermana del doctor Tanako, era algo más joven que él. Los ojos se le humedecieron al verlo pero pronto sintió que era un extraño. Tanako le entregó las semillas del mizuna que ella había pedido al saber de su visita. Un gato daba vueltas por la casa y se pegó a las piernas de Tanaka, que aguantó esa tortura, estoico. Odiaba a los gatos, les tenía alergia. La hermana de Tanaka no perdió la oportunidad de pedir su parte de la casa de Japón para sus nietos. Tanaka dejó en claro que no la habían vendido todavía porque su madre vivía en un geriátrico y se negaba a cualquier transacción con el inmueble. Era mejor escaparse de ahí cuanto antes.

Ya en el coche, la guía quiso saber cómo había encontrado a su hermana Tanaka. Le contestó que la persona que había visitado ya no era su hermana. A la vuelta, encontró a Nagao con su vaso de whisky, sentado en el restaurante del hotel. Al otro día volarían a Chile, a censar a otra hibakusha. Decidieron salir a caminar por Buenos Aires. Encararon la calle Corrientes. En una esquina una moto pasó rápido y el hombre que iba en el asiento trasero le arrebató el Rolex a Nagao. Apenas pudo reaccionar.

¡Eso debía notificarlo! Tenía que avisarle a la agencia de turismo que la guía no les había advertido sobre el robo de relojes. Pero lo haría cuando estuviera en Chile, o mejor en  Japón.

Encima había una marcha, la gente venía caminando por la calle con banderas. Era marzo, y la guía les había dicho que era el aniversario de un golpe de estado.

Nagao, tenía una antigua amante en Buenos Aires, una estudiante de medicina. Saludó a Tanaka, que se volvió al hotel y se dirigió a un departamento de la calle Callao. Habían mantenido una correspondencia vía email con Yoriko. Él averiguó su dirección, era traductora literaria, fácil de rastrear. Entró al edificio directamente porque la puerta estaba abierta, el portero en la vereda charlando con un vecino, y llegó al tercer piso donde tocó el timbre. Yoriko le abrió la puerta y se le escapó un grito. Con los ojos bien abiertos lo invitó a pasar a Nagao, pero le advirtió en japonés que en la pieza estaba su novio, un argentino. Tomaron el té y el novio no tardó en unírseles. Le preguntó a Nagao sobre su trabajo, cómo había encontrado a la viejita. Pero después de un rato, cuando reconoció el silencio y las miradas cómplices de Yoriko y su ex profesor, el novio apartó su vaso de té verde de un manotazo y lo acompañó hasta la puerta, donde le pegó un empujón que lo dejó en la mitad del pasillo. Nagao estaba furioso con Yoriko, para qué le había escrito todos estos años si tenía un novio.

Tomó un taxi hasta el hotel y se pidió un whisky en la barra. ¿Dónde estaría Tanaka? Se sentía solo y humillado. Volvió a su habitación y acomodó las camisas en el bolso. No sabía dónde guardar la grulla que le dio la viejita para que no se estropeara. Cortó una botella de agua por la mitad, la acomodó adentro del culo de la botella, y encastró la parte superior. Al bolso. A las tres de la tarde se encontró con Tanaka en el hall del hotel. Ahí estaba otra vez la guía, que los acompañó hasta un taxi. ¿Y les gustó la ciudad?

A la mitad del trayecto en taxi, Tanako se dio cuenta de que había olvidado su grulla en la mesa del televisor de la habitación del hotel. Mientras Nagao miraba por la ventanilla, Tanako arrancó una hoja de un cuaderno y comenzó a doblarla con mucha precisión para armar un ave de papel. Al terminarla, se la mostró a Nagao, que la tomó en sus manos, abrió la ventanilla de su lado, y la arrojó.

El doctor Tanako sonrió, arrancó otra hoja, y empezó a doblarla.

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por Adrián Gastón Fares

adrian@corsofilms.com