Amargos. Diccionario de la diferencia.

Al Margen

Amargo, Amarga: Persona que no está de acuerdo con el orden vigente y que lo pone a prueba, especialmente cuando propone alternativas, entra dentro de esta definición, con el objetivo de desarmarlo antes de que destruya nuestra frágil identidad (o que deje desnuda nuestra falta de pensamiento; y recuerden que la ignorancia no es problema pero sí lo es su acompañante habitual: LA MALICIA) Es Amargo porque señala el punto frágil en que se apoya la concepción del mundo de las personas Noamargas (díficiles de definir desde el punto de vista de un Amargo; porque el Amargo no puede definir tan rápidamente:  el Amargo suele detenerse a pensar).

La persona que por nacimiento o circunstancias posteriores es diferente también es un Amargo, indudablemente. No importa que esté claro que no tuvo opción o que su mundo es distinto por percepción, es un amargo también porque no es como yo, y yo no puedo entender eso fácilmente, ni tengo por qué hacerlo. Es más fácil que sea un: Amargo.

¿No te gustan los Simpsons? Pero cómo, si hasta grabó la voz Pynchon. Tal vez sea porque no tiene subtítulos y no escuchás, pero igual: SOS UN AMARGO. ¿No sabés si te gusta Regina Spektor? Mmm…

¿No te gusta lo que a mí me gusta?: Sos un amargo. ¿No te reís de las boludeces que a mí me gustan? Amargo. ¿No estás de acuerdo en que la carne argentina es la mejor? Qué amargo. ¿No te gusta ése video de YouTube? ¿Cómo, mezclás cosas raras en la comida? ¿Tomás mate con stevia? ¿Mate con chocolate? ¿Te parece atroz la inversión de dinero público en el fútbol, pero te gusta el deporte en general y el ejercicio físico? No importa: ya te saqué, lo que sos: sos un amargo.

¿Te parece que mi espectáculo, película, obra, novela, guión, es deficiente y que le falta trabajo? Amargo. Amargo. Amargo. Amargo.

El amargo es  un entusiasta que quiere llegar a algún resultado mediante algún método. Como no existen los métodos porque no se busca ningún resultado, el entusiasta pasa a ser un: amargo. No molestes más, sonreí, aceptá. Dalé para adelante, y que no se note.

El amargo es un colmo: un inconformista en un país donde no hay manera de conformar porque hacerlo es siempre un atentado contra la persona que no está conformando nada, y vive de eso, en desmedro de los que sí conforman, que habitualmente terminan con mucha angustia: amargados.

Yo suelo usar la palabra para pedir chocolate.

por Adrián Gastón Fares.

(Escrito originalmente en 2015)

El joven pálido dibujo del autor, Adrián Gastón Fares

Venimos a buscarte. El joven pálido 19

Cuentos

El joven pálido dibujo del autor, Adrián Gastón Fares

Ordenada comida en el pasto,
cariño y paciencia
ese te curo las heridas
sangría
transformación de la alfombra de faquires
de su hogar y su abolengo
en razonable felicidad
y el despeñadero ahí nomás,
esperándolo
libros y sueños
mentiras
sobre otras mentiras
¿para qué lo buscaron?
el camino angosto
el tren con la madre y la amada
el lenguaje de signos
la reiteración
las palomas cagadoras
como si algo se le hubiera caído en el camino
y vaya a encontrarlo, señor

venimos nosotros a buscarte
a guiarte
pero no podemos hacerlo todo
y el mundo está dado vuelta
desde el principio, Joven Pálido

un error

porque los errores suceden
y las personas son

nuestros planes no pudieron cumplirse,
y te caíste y te lastimaron,
y dejaron que te lastimen

y sólo tu fuerza evita la destrucción
las manos de los muertos
desanudándose
tu mirada libre
como la pantalla del cine que se expande en la oscuridad
y tus ficciones riéndose a carcajadas
charlando entre ellas
pasándose el mate
a qué conclusión llegarán?
te pensarán también como un indeseado?
esas historias jocosas
festín de socorros, imágenes y letras
para qué sirven?

la felicidad no se puede soñar.
es el triunfo inmerecido
y la mañana certera.

 

por Adrián Gastón Fares

Casi niño

Al Margen, ehh, El joven pálido - Poemas de Cooonde

 

El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares

El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares

Sigamos con uno más de El joven pálido. Soy culpable del dibujo que verán arriba y también de lo que leerán tras este prólogo.

No se imaginan en qué devino el Joven pálido.

Hay una razón por la que dejé el poemario inconcluso, por lo menos por ahora, y es que terminó siendo algo mucho más amplio y más palpable.

La historia de este poema narrativo era demasiado buena para dejarla ahí (y créanme que sé cuando tengo una historia que se porta bien, de la que puedo tirar de esos hilos translúcidos que tienen ellas)

El joven pálido, y en especial este pasaje en particular, vino al mundo antes como novela con el nombre de ¡Suerte al zombi! Un mamotreto de trescientas páginas, que es más una novela gráfica por su estilo que una novela y que comencé a escribir cuando tenía dieciocho años. La terminé y se la entregué en mano, no se con qué ilusiones, a un director de cine que ahora también es un periodista muy conocido, que suele entrevistar al mismo Thor, bueno, al que los dioses nórdicos eligieron para que en este universo lo personifique, o mejor dicho en el universo Marvel (y que habrá pensado, este pibe está totalmente loco; qué voy a hacer yo con eso, pero tuvo la deferencia de tomarlo en sus manos y esconderlo o guardarlo en algún cajón en el siglo pasado)

Luego ¡Suerte al Zombi!, cuyas imágenes todavía siguen entusiasmando a mi hermana, aunque le diga que esa novela inicial ya no me interesa, transmutó en el Joven Pálido. Y hace poco volvió a metamorfosear.

Esta reescritura que hice de este poema de los tantos del Joven Pálido fue publicada en el primer número de la revista Palabras y Barbas, del J. V. G, en Mayo, 2015.

El tono es un poco subido al principio (y estimo que por eso no desentonó con el resto de los relatos y poemas de otras escritoras y de otros escritores publicados en la revista creada por varios estudiantes de la institución)

 

El joven pálido, 16.

 

Casi niño,

escucha a esta ciudad.

 

De trabajos semiacabados

y de acabadas monumentales