Mr. Time

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Bueno, aquí presento Mr. Time. Es otra de las películas que se vienen y que voy a dirigir. Digo que se viene porque ya hay interesados en producirla.

Una vez terminado el guión cinematográfico que escribí, como el de Gualicho, por decisión propia (¿existirá algún productor argentino que encargue una historia?) luego trabajé con Santiago Caruso con el boceto de caracterización de personajes que desarrollé en mis anotadores.

También Sebastián Asato hizo otras ilustraciones (diseño de personajes) que son geniales y que ya se verán.

Para este diseño, diariamente intercambiamos mensajes de audio con Santiago Caruso para llegar a reflejar el universo del largometraje. Mr. Time es otra aventura en el género fantástico como Gualicho (no me quedó otra que traducirla al inglés como Walichu). Pero distinta.

¿Qué puedo decir de una historia que me mueve tanto? Que hable el afiche, que hablen los personajes, que empiece a hablar la historia, que los personajes golpeen las puertas, como hicieron conmigo, para expresar lo que quieren contar.

Más información:

El tagline se le ocurrió a mi hermana (You can´t get away from the hand of), Romina Fares. El diseño gráfico corrió por cuenta de Geiko Paol.

El ilustrador de Gualicho, Sebastián Cabrol, me comentó que no se dedicó al diseño gráfico porque podía estar una vida eligiendo una tipografía. Yo lo mismo.

Primera nota accesoria:

También quería contarles que hay posibilidades de que tanto Mr. Time como Gualicho se conviertan en novelas gráficas además de ser películas. Tal vez esté haciendo ciencia ficción adelantando esta noticia, lo que le va a más a  Kong que a mí. Pero no tanto, digo lo que oí. Aunque no soy bueno oyendo.

Segunda nota accesoria:

Para llegar a hacer cine y a escribir, primero tuve que tener en claro lo que era el cine y lo que era la literatura para mí, y cuando escribo, digamos, trato de que el lenguaje sea lo que demanda ese soporte, ese arte, por más que mi narrativa siempre va a tener una impronta fuerte en lo visual y en los incidentes (Aristóteles lo recomienda en su Poética, qué le vamos a hacer).

El cine lo pienso como cine, es otra cosa, no podría escribir por ejemplo la novela de Gualicho, está pensada para cine. El ritmo, la estructura, las líneas visuales (como las que vio en el guión el único director de arte que lo leyó hasta el momento, el talentoso Sebastián Sabas)

Otra cosa es la novela gráfica.

Mr. Time, en cambio, tal vez sí pueda reescribirla como novela. Me pregunto. ¿Por qué? ¿Me dejé enviciar o algo así?

Y me doy cuenta que tal vez sea porque uno de los temas es el tiempo, pero también es una historia de terror dura, sin dejar de lado el humor, que lo hay y mucho. Y también tiene un universo (en inglés le dicen furnished world, es una frase buena para vender, parece) y un universo da para todo, como habrán notado en el transcurso de sus vidas en este que estamos compartiendo.

Pero bueno, Mr. Time y Gualicho (Walichu) coinciden solamente en el género. Que no tengo prejuicios en declarar: terror, drama, suspenso (thriller)

Nos vemos en el 2018. O antes!

Saludos!

Adrián Gastón Fares

 

Stevenson y las imágenes

Stevenson y las imágenes (2001)

“This, then, is the plastic part of literature: to embody caracter, thought, or emotion in some act or attitude that shall be striking to the mind’s eye. This is the highest and hardest thing to do in words (…)”

En su ensayo A Gossip on Romance (Memories and portraits), Stevenson nos comparte su reto: la parte plástica de la literatura, lo más difícil de lograr, es encarnar en un acto una emoción. Fácil, y necesario creo, es tomar el concepto desde un punto de vista cinematográfico y tratar de analizar cuáles son los films que cumplen esta indispensable propuesta. Digo indispensable, ya que uno comprueba que los únicos films que valen la pena (los que, luego de llevarlo de la mano, dejan al espectador frente al precipicio de la catarsis) son aquellos que en algún momento condensan la historia en una imagen o acto. Stevenson da el ejemplo literario, entre otros, de Crusoe siguiendo las pisadas. Me gustaría agregar éstos: Aquiles llevando el cuerpo de Héctor a Príamo, Pilatos lavándose las manos, la institutriz que encuentra a Miles mirando la torre a mitad de la noche en Otra vuelta de Tuerca, el pescador que arrastra a tierra los restos del animal gigante que mató en El viejo y el mar, el príncipe Mychkin, en el piso, otra vez idiota (El Idiota), el “preferiría no hacerlo” de Bartleby (Bartleby, el escribiente) y todo el barco en Benito Cereno. En Rayuela, Horacio buscando al azar a la Maga por las calles de París. Los ejemplos rebalsarían la hoja.

Sabrán qué molesto puede llegar a ser explicar la razón de estas imágenes o la parte que juegan en el todo; esperando que identifiquen las demás me ahorro el sufrimiento y clarifico uno de los ejemplos; en general, lo que causa catarsis en la “escena” mencionada de El Idiota es la súbita comprensión de que su trato con la sociedad lo perjudicó.

Pasemos a las películas. La más obvia: en El ciudadano, el trineo con la inscripción Rosebud quemándose en la hoguera es la imagen a la que se refiere Stevenson en su ensayo; “la pasión vestida de situación”. La pasión significa el elemento de contenido de una obra, el tema llevado a la perfección y a su clímax en una imagen.

La madre enternecida frente al bebé (que nunca vemos) en El bebé de Rosemary es otro ejemplo. En Psicosis, la casa gótica es el elemento alrededor del cual ronda todo el misterio y desesperación de la cinta. La computadora muriendo en 2001, Odisea del Espacio y el astronauta anciano frente al objeto del espacio que une las secuencias, son temas interesantes llevados a imágenes-síntesis, como el encuentro de una oreja entre los yuyos en Terciopelo azul. Estropearemos esta última imagen, explicándola; como sugiere Stevenson, Lynch encarna en la situación de la oreja un carácter; de ahí en más, sabemos que el protagonista es curioso y ama los misterios, que es suficientemente valeroso como para enredarse en uno (no se limita a mirar a la oreja, sino que la levanta). Por otro lado, un pueblo donde se encuentra una oreja es mucho más macabro que uno donde tropezamos con un cuerpo; ni hablar de la persona que anda cortando orejas por ahí. De esta forma, una imagen nos describe el carácter del protagonista y su entorno.

En El Exorcista, la imagen del cura frente al ídolo africano que concluye la introducción es quizá demasiado simple y maniqueísta como para tener en cuenta, pero anticipa y completa el tema del film; la dilatada lucha entre un cura y un demonio (la posesión de Megan es la estrategia del demonio para volver a encontrarse con el padre Merrin).

En El Banquete de Boda, Ang Lee termina esta comedia dramática con la imagen del padre del homosexual levantando las manos, en cámara lenta, para que lo revisen al pasar la aduana; ¿cómo trasladar en palabras la manera simple y a la vez maravillosa con que la imagen completa el film?

Por último, permítanme señalar el final de Dioses y Monstruos; si bien la película utiliza de manera exagerada el flash-back, la idea de unidad que enlaza la trama desequilibra cualquier crítica; cómo no sentirse gratificado ante la imagen final del protagonista bajo la lluvia imitando a Frankestein (recordamos que en el film nos sugirieron la inquietante relación padre-criatura entre James Whale y su jardinero).

No hay duda de que las películas más interesantes, como los mejores libros (Stevenson creía que ninguna floritura de estilo podía reemplazar una buena historia, una idea bien desarrollada), tienen una o varias de estas imágenes poseídas (de la trama, del personaje, etc.), “significativas para el ojo de la mente”. Comprobamos, en esta insignificante enumeración, que la ubicación de las mismas en la trama suele ser el desenlace, aunque no siempre es así, y en algunos casos cierran la introducción. También que no abundan los ejemplos; esto puede ser resultado de la dificultad: encarnar un complejo carácter o un pensamiento en una situación o un acto simple no es nada fácil. Y si seguimos con la metáfora de la posesión, y la trasladamos a medias, convenientemente, a la creación; sabemos que el demonio no elige a cualquiera.

Por Adrián Gastón Fares

Nota: En nuestras librerías no será fácil encontrar los ensayos de R. L. Stevenson; los interesados pueden dirigirse al sitio http://www.gutenberg.net, la mejor librería virtual gratuita (en inglés) de la web. Estos libros son un poco incómodos; por lo menos no tienen pulgas.

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