Intransparente. Tercera Parte. Capítulo 1.

1.

Una semana sin hablar, y a la otra me salió con el rollo de Mar del Plata. Nunca me lo había contado del todo. Sentía la falta de Sabatini, sin lugar a dudas. Estaba demasiado encerrado, recordando. Salía a comprar cosas que no necesitaba para intercambiar algunas palabras con los empleados del supermercado, que como eran chinos no pasaban del chau, muchas gracias, amigo eso le alcanzaba, y a la vuelta podía encerrarse otra vez porque se sentía renovado. Igual, la mayor parte del tiempo, salvo cuando escribía en su cuaderno, leía o hacía ejercicio —se había comprado un sillón de pesas para evitar el gimnasio—, no se sentía cómodo en su departamento.

Cuando sonaba el teléfono lo atendía frente al espejo del baño o en los lugares cercanos a la pared de la medianera; si no tenía la sensación que los vecinos escuchaban lo que hablaba. Iba y venía con el teléfono mientras hablaba con el padre de Jorguito, que era el único que lo llamaba. Ahora estaba más de su lado que del de Miranda, su amigo era muy machista y descubrir que su ex lo engañaba con el tío Oscar, al que conocía por los relatos que su esposa le contaba, no le había causado gracia. Así son los hombres.

Claramente, Elortis tampoco era un santo…

El que desconfió siempre de Miranda era Sabatini; en la costa le había dado a entender que ella no le caía bien. Eso lo había hecho apreciar más la intuición de su amigo, y empezó a recordar los detalles del viaje a Mar del Plata. Aunque parezca mentira, Elortis no conocía esta ciudad cuando lo invitaron al programa de Mirtha Legrand. También pensaba que el programa no existía más; si hasta lo miraba su abuela mientras de chico él esperaba los dibujitos.

Pero llegó el llamado de la producción y tuvieron que decidir si viajaban o no al almuerzo de la señora. Lo pensaron bien y, aunque aterrados, aceptaron porque convendría para promocionar el libro. Pero días después, Sabatini le informó vía e-mail que no estaba seguro de ir al almuerzo de la diva y tampoco de participar de la charla literaria en Villa Victoria. En el próximo e-mail, sin explicaciones, le confirmaba que no iría. Elortis le pidió a Miranda que lo acompañara, en ese momento estaban separados, pero se veían, claro; y todo estaba arreglado hasta que a último momento Sabatini volvió a prenderse en el viaje. A Miranda no le cayó muy bien la noticia, porque le hubiera gustado acompañarlo en ese momento importante, y de paso, seguirle los pasos para evitar que conociera a otra mujer. Al final, los ex socios pasarían en la ciudad veraniega cuatro días, darían entrevistas en algunas radios, el segundo día estarían en el almuerzo de Mirtha Legrand y el cuarto día darían una charla sobre el proceso de escritura de Los árboles transparentes en Villa Victoria.

Aunque estaban distanciados, y los dos tenían pensamientos poco claros sobre el otro que le daban un aire difuso a la amistad, desde que salieron de Retiro hasta que bajaron en la terminal estuvieron charlando, contándose historias de sus respectivos amigos y recordando algunas anécdotas de la escritura del libro. No estaban muy nerviosos por lo de la entrevista en el programa. Elortis no estaba seguro de poder masticar bien en la tevé —me aclara que después del programa tuvo algunos problemas digestivos.

Bajaron distendidos del bus y haciéndose bromas mutuamente, como si empezara una aventura, y Elortis caminó descalzo por las calles de Mar del Plata, el aire fresco en los pies lo amigó al instante con la ciudad; pocos días tan claros en su memoria como aquel día.

Observaron la estatua de Florentino Ameghino y después se sentaron frente a la playa, a desayunar unos tragos del licor de anís casero que Sabatini tenía en la mochila, mientras veían a unos skaters rondar la estatua ecuestre de San Martín.

Tomaron la habitación compartida del hotel de cuatro estrellas, ubicado a una cuadra de la playa, y se pusieron a mirar videos viejos de los ochenta en el televisor; se quedaron dormidos y fueron despertados por la llamada de una periodista cordobesa que los esperaba para entrevistarlos en el comedor del hotel.

Ya abajo hicieron una simulación del almuerzo televisivo con la periodista de La Voz del Interior, que mientras no paraba de comer, les preguntó muchas cosas, sobre todo sobre la ladrona compulsiva. En ese momento los llamaron de la Rock and Pop marplatense porque querían entrevistarlos a la tarde en la emisora. Era final de temporada y, aunque a la mañana había sol, al mediodía se largó a llover. Por suerte, la chica de la Rock and Pop que los llamó quedó en pasarlos a buscar. Cuando llegaron,  la chica, una flacucha con flequillo, se desentendió de ellos y los dejó parados en la recepción del piso en que estaba la radio, avisándoles antes que irían después de la tanda.

Ahí parado con ellos, entre cuadros de rockeros y tapas de discos, estaba un tipo que se presento como Alexander. Saldría al aire después de ellos y lo entrevistarían durante el resto de la emisión. Apenas entraron, intercambió algunas palabras con Sabatini en castellano correcto, aunque por la pronunciación se notaba que era extranjero.

Era un productor de discos estadounidense que estaba de casualidad en Mar del Plata; en la radio se habían enterado, y lo invitaron a ese programa.

Alexander había producido a varias bandas de rock independientes del oeste norteamericano. Conocía poco rock argentino. Nombró a  Sumo, Soda Stereo y Los Fabulosos Cadillacs. El productor que lo había traído, un rubio que estaba por ahí dando vueltas abriendo y cerrando la tapita de un celular, entusiasmado, les explicó que Alexander Ponen había descubierto a Nirvana antes que nadie.

Por mí, Elortis, todo bien porque de Nirvana no sé nada; Augustiniano era fanático pero esa música ruidosa y negativa no la soporto. Elortis me comentó que la cultura oriental había entrado de forma masiva en la occidental a través de la distorsión repetitiva del grunge y el rock alternativo, por eso le pareció interesante la figura de Ponen, venido de la costa oeste norteamericana.

Una vez le dije a Elortis que el rock te llevaba a hacer locuras, para escandalizarlo. A él le gustaban muchas bandas de las ruidosas y oscuras, escuchaba todo tipo de música. El rock cuando era bueno lo hacía entrar en trance. Que no le criticaran a Genesis, a los Rolling Stones, a Jimi Hendrix más que nada, oh padre Hendrix, decía Elortis, que por otro lado Alexander Ponen reconocía como guía espiritual de la música que él había producido. Ponen insinuó que estaba solo esa noche, no sabía qué hacer, y a Elortis se le ocurrió invitarlo a que fuera a cenar con ellos.

Después, en la entrevista radial estuvieron algo nerviosos. Elortis rara vez contestaba lo que le preguntaban. Sabatini empezaba bien, para terminar incoherente y empantanado. Cuando salieron, aliviados del peso de hablar frente al micrófono, Ponen estaba de pie todavía —no tenían sillones en la recepción—, aunque con los ojos cerrados: parecía dormido, o en trance.  No los saludó, pero ya habían intercambiado sus teléfonos. Pero esa noche estaban cansados del viaje y nerviosos, y pasaron la salida para el día después de la entrevista en lo de Mirtha Legrand.

Era una mesa heterogénea con gente de diversas profesiones que habían escrito libros más o menos exitosos. Al lado de Elortis sentaron a un morocha muy linda, una modelo conocida que Elortis no recordaba cómo se llamaba, después estaba un periodista deportivo, un cura, un humorista y un crítico de cine. A Elortis lo ponían nerviosos las sirvientas que iban y venían en las pausas. La vieja las trataba muy bien, todo lo contrario a lo que había visto una vez en la televisión. A esta gente le gusta exagerar en cámara, decía Elortis. Sin embargo, le tenía miedo a la diva de los almuerzos; ¿y si algún televidente le enviaba una pregunta relacionada con su vida privada y la anfitriona lo obligaba a responderla? Pero anduvo todo bien.

Con Sabatini la hicieron reír muchas veces a Mirtha, y la modelo hasta lo codeó a Elortis mientras se reía de los chistes más picantes del humorista. ¿Cómo era que no se le había ocurrido pedirle el mail?, me decía Elortis. Esas oportunidades no se pierden, después uno termina hablando con una pendeja todas las noches. Qué gracioso, Elortis.

¿Por qué dejaba todo para después en su vida? Si no siempre sabía adónde iba… Romualdo le hubiera dicho que no se dejaban pasar oportunidades como esas. Sabatini también quedó como loco con la modelo, y decía que se había fijado en él.

Lindo tipo de hombre Sabatini, por lo que pude ver en Internet, y según Elortis tenía un encanto particular. Él había notado que algunas mujeres se dedicaban a perseguir a su amigo. Elortis era más inseguro en esas cosas y como Sabatini era el mayor, respetaba sus iniciativas; por eso parecía todavía más indeciso cuando estaba con él. Igual, después del champán cada invitado se fue por su lado, y a la modelo no la volvieron a ver.

El que llamó por la noche fue Alexander Ponen; lo citaron en el hotel, y después tomaron un taxi hasta un bar donde les habían dicho que hacían mojitos, aunque a Ponen no lo convencía mucho tomar alcohol. De cualquier manera, enseguida los tres se pusieron muy locuaces. Sabatini le dejó en claro al norteamericano lo mucho que habían disfrutado escribiendo el libro a dos manos y que sólo empezaron a tener roces por el tema económico.

Elortis confesó que sin el entusiasmo y el empuje de Sabatini, Los árboles transparentes no existiría. Estaban emocionados y, mientras hablaban, chocaban cada tanto las copas verdosas. Al norteamericano le gustó esa súbita efusión de sincera amistad. Él también se había separado de sus socios en la discográfica, cada uno había tomado su camino, incluso uno se había quedado con algunas de las bandas que él había seleccionado y las manejaba muy bien decía, pero a él no le interesaba esa variante del trabajo de oficina; él buscaba en el arte lo novedoso, lo incierto, lo eminente, lo trascendental —algunos adjetivos los decía en inglés pero se manejaba bien con el español, decía Elortis—, por eso le gustaba  viajar y conocer otras culturas.

En realidad, se había desilusionado de la industria de la música, viendo como los músicos más talentosos se censuraban y etiquetaban a sí mismos para vender; finalmente, decidió renunciar a la exitosa discográfica que había fundado. Ahora había abandonado la tarea de promocionar bandas de rock. La mitad del año la pasaba con su mujer y su nena de dos años en una comunidad ecológica en la isla de San Juan.

También le encantaba Sudamérica y ahora se sentía más conectado que nunca con nosotros gracias a un chaman del Amazonas Peruano, que lo había terminado de introducir en el mundo de la ayahuasca. Lo asombró que a dos horas de Iquitos estuviera lleno de chicos con remeras Nike y que en los negocios pasaran hip-hop. Pero en Yushintaita, el campamento donde lo esperaba el chamán don Sebastián, te olvidabas de todo.

Ya había probado la ayahuasca en su país pero hacía rato que tenía ganas de experimentar en su lugar de origen. Don Sebastián era un hombre con una personalidad magnética, un curador, un mago. Cada tanto, Sabatini, entusiasmado, golpeaba por debajo de la mesa la rodilla de Elortis con la suya, como avisándole que habían encontrado un gran personaje.

Para don Sebastián, primero había que liberarse de las toxinas acumuladas en nuestro cuerpo; así que antes que nada los futuros iniciados pasaban por un proceso de reflexión y purificación que duraba cinco días. Si no las toxinas podían arruinar el viaje. En el segundo día unos ayudantes les pasaban por el cuerpo una mezcla llamada huito, que en realidad es la mezcla de la fruta de ese árbol con arcilla; la usaban también para teñirse los pelos, por eso no veías nativos canosos en la selva, y también como repelente de mosquitos. El huito, que según Ponen te dejaba de color azulado, servía para matar a los ácaros y otros parásitos externos que vivían en la piel.

Ahí Sabatini había dicho que era como un spa selvático. Ponen no le prestó atención a la interrupción y agregó que el proceso debía acompañarse con una dieta saludable, vegetariana y rica en fibras. Y que, aunque les pareciera mentira, los chamanes llevaban una dieta mucho más rigurosa de yuca y arroz. Elortis había pensado en las yucas pinchudas que su padre tenía en el fondo de la casa de la costa y se le revolvió el estómago. Más cuando recordó a los bichitos de un anaranjado fluorescente que atacaban las flores blancas en algunas temporadas. Había que tener espíritu para sacarle el jugo a un vegetal tan desagradable, sin lugar a dudas los chamanes escondían alguna  verdad, no andaban tomando vino y repartiendo circulitos de harina como los curas; primero se tragaban unos cuantos pedazos de yucas antes de pedirte que te ensuciaras con el huito. Se parecían más a los curas medievales que se quedaban jorobados y ciegos leyendo.

Elortis quiso saber cómo era físicamente don Sebastián. Ponen le contó que era un morocho arrugado con anteojos, túnica blanca y bigote oscuro; imposible deducir cuántos años tenía. El problema, pensaba Elortis, es que un tipo así a él le hubiera parecido un cómico; estas contradicciones son insalvables. Lo que sí hubiera hecho con gusto era comer mucha fruta —Elortis se la pasaba comiendo frutas, parece, más que nada uvas, kinotos, mandarinas y bananas.

Después de eso, Ponen contó que don Sebastián les hacía tragar una leche caliente, la savia del árbol Ojé, un látex blanquecino que depuraba la sangre y los intestinos. Los nativos usaban este líquido para curar la uta, la enfermedad de la selva. Los frutos son un buen mnemónico, estimulan la memoria, decía Elortis, que ya en Buenos Aires trató, sin éxito, de conseguir Ojé en gotitas en la dietética china. Ponen les aclaró que todo esto evitaba que te encontraran las chirinkas, unas moscas verdes que según los nativos vivían en los cuerpos de los muertos, y les gustaba enturbiar las visiones de los vivos. Pero ese líquido viscoso más que nada atraía a los parásitos internos, que después eran evacuados hasta que el intestino quedaba completamente limpio. Mientras tanto, don Sebastián les hacía tomar litros de agua caliente. Cuando terminaba este proceso, el chamán analizaba con un microscopio los excrementos, y separaba a los parásitos para mostrárselos a los principiantes. Sabatini estaba cada vez más interesado en el tema, ya había dejado de golpearlo con su rodilla a Elortis.

Las sesiones había que hacerlas en la noche para apreciar mejor las visiones. El chaman los llevaba a un templo con bancos enfrentados y los hacía sentar, aunque era mejor ponerse de pie una vez que comenzaba la sesión, sabía que algunos no lo lograban. Entonces se ponía a cantar los ícaros, ya que don Sebastián decía que era un terapista musical antes que nada, y con esas canciones llenas de amor y compasión lograba el efecto catártico necesario para que la ayahuasca prendiera en la conciencia. Ponen decía que lo más importante de todo era la preparación —el proceso de purificación— y el contexto; era preferible que la sesión se hiciera de noche y en la naturaleza. Lo demás dependía de eso porque lo que para él hacía la ayahuasca era conectarte con el entorno.

Por eso era necesario estar en un lugar natural como ese campamento en la selva, con aire puro, nada de smog, aunque los ayudantes de Don Sebastián purificaban el aire con humo de tabaco, y sin electricidad, porque usarían la energía de las presencias de la selva y la que ellos mismos generaban, y cualquier otro tipo de energía distinta podría interferir. La dieta sana y la música delicada hacían que la información fluyera sin ninguna traba y, si se respetaban las reglas, el flujo de visiones nítidas comenzaba a llegar.

Los cánticos, que también eran para comunicarse verbalmente con los espíritus de la selva, se intensificaban, y Don Sebastián empezaba a repartir la comunión. Entonces, silencio, y al rato se apagaban las velas, y una música suave empezaba a hacer que te subiera la pócima a la cabeza.

Ponen había visto la imagen, muy nítida, de una fábrica con personas moviendo pesados mecanismos; mientras recorría la fábrica, no precisó si volando o caminando, apreciaba el empeño y la fuerza con que los hombres agotados accionaban las máquinas, y sintió una compasión profunda por cada una de esas personas. Después encontró a los capataces, y también a los jefes sentados en sus gruesos sillones de cuero, y siguió a una secretaria por un pasillo angosto que desembocó en una inmensa sala repleta de impecables colchones con sus respectivos almohadones. ¡Una fábrica de colchones!, todavía se asombraba Ponen.

Entonces esa hermosa secretaria de los cincuenta, se fijó bien que nadie la siguiera —aunque Ponen estaba detrás de ella, no estaba realmente ahí— , y atravesó la sala, haciendo retumbar sus tacos, por uno de los pasillos que formaban las filas de colchones, hasta el final, donde se tiró a dormir en uno. Ponen se acercó, vio que dormía plácidamente, e intentó hacer lo mismo en otro colchón; pero en cuanto hundió la cabeza en la almohada suave, notó que una pluma se escapaba de la costura, y al tirar de ésta descubrió que en realidad era una pluma bastante grande verde, como la de un papagayo. Entonces se levantó, y empezó a sacudir la almohada hasta que su colchón se llenó de plumas verdes, rojas y azuladas, y pensaba qué hermoso sería que los tipos del taller también vieran esa lluvia de plumas coloridas, y también intentaba que la secretaria despertara y lo viera darle belleza a ese lugar gris, pero entonces apareció un tipo fornido en la punta de la sala y enfiló directo hasta la cama que ocupaba la secretaria para despertarla con un beso, y acostarse con ella, y Ponen se desconectó de esas imágenes, que, sin embargo, recordaba con alegría.

En esta sesión se vio inundado por una sensación de amor verdadero, calidez y aceptación. Sabía que otras personas habían tenido experiencias negativas; un amigo suyo sintió que lo tiraban escaleras abajo en la oscuridad como al padre Merrin de El Exorcista, pero era porque se le había ocurrido probar la ayahuasca en el garage de su casa a las tres de la tarde;  había que tener en cuenta el entorno porque existía algo llamado campo morfogenético.

Ponen ya les explicaría de qué se trataba. Yo no sabía adónde me quería llevar Elortis con todo este cuento. Augustiniano tenía amigos que habían probado hongos en un viaje en subte en España, y tuvieron la sensación de que el recorrido era vertical en vez de horizontal.

A mí no me interesan esas cosas, Elortis.

En esa época le daba, y todavía le sigo dando, a la música y al fernet-cola para alcanzar algunos estados alterados, de intachable felicidad.

por Adrián Gastón Fares.

Lo poco que queda de nosotros. VII.

La niña calva se adelantó con el arma que le había quitado al hombre de bata y le apuntó directamente a su padre. Su boca temblaba pero su mano estaba firme. El hombre gordo se interpuso entre la niña calva y su padre. Tenía las palmas de las manos extendidas en una señal de contención.

Hijo de puta, me abandonaste, le gritó a su padre.

Nadie contestó.

Pensá, primero, pero haz tu voluntad, le dijo el hombre gordo.

El hombre de bata estaba congelado. La niña calva apretó el gatillo. Silencio. Su padre seguía sentado dándole la espalda al escritorio. La niña calva se volteó y miró al hombre de bata, que no sabía qué decir. Entonces, asombrada, apuntó al hombre gordo.

Dale, apretá. Date el gusto. En la vida hay que darse los gustos.

El hombre gordo esperó el disparo. La niña calva temblaba tanto que la pistola se le escurrió de sus manos.

No hay que llorar. Llorar un poco está bien pero un día hay que parar. Les traje esto, les pertenece.

Eran dos anteojos con marcos circulares de cristal amarillo.

Mientras la niña calva seguía llorando el hombre de bata se puso los anteojos. Salió de la habitación. Encontró una ventana en el pasillo y se asomó a mirar. Negaba con la cabeza. La niña calva detuvo su llanto y observó la situación. Se ubicó los anteojos, temblando, y miró hacia donde había estado su padre.

¿Donde está?, pregunto al hombre gordo.

Tu padre nunca estuvo aquí.

Pero recién estaba.

No está.

¿Dónde está?

De vacaciones. En el Caribe..

La niña calva intento recoger la pistola. No estaba en el piso. Ahora estaba en las manos del hombre de bata. Que apuntaba hacia el hombre gordo.

¿Qué es lo que pasa? ¿Usted quién es?, preguntó el hombre de bata.

Soy el Dr. Herzium. No se acuerdan de mí, calculo.

No, dijo la niña calva.

¿Por qué si me saco los anteojos esta mi papá y si no… no?

Tiene razón ahora no está el viejo ese.. digo tu padre.

Lo que ocurre es que ustedes iban a morir.

Estábamos al tanto de eso, dijo el hombre de bata.

Pero sus familiares han firmado un permiso para hacer un pequeño experimento científico para salvarlos. Tuvimos algunos problemas de presupuesto. Hicimos lo que pudimos. Justo al final los problemas. Pero los salvamos, como verán.

¿Y en qué consistió el experimento?

¿Probaron en ratas antes? Sinverguenzas, maltratadores de animales, gritó la niña calva.

No. Probamos con ustedes. Esas pruebas las hicieron otros antes.

¿Qué me hicieron?, preguntó el hombre calvo.

Les hicimos. No deje a la nena afuera.  Lo que hicimos fue desconectar sus cerebros de sus cuerpos. Operar directamente sobre la materia gris. Reemplazarla por un receptor de señales bluetooth conectado a su columna vertebral. Básicamente.

¿Y el resultado?

Sobrevivieron. Sus cuerpos conservaron las funciones motoras. Pero sus mentes ven la realidad de una manera distinta a los demáss. Es como una alucinación compartida.

¿Cómo?

Ustedes no se conocían. Nunca se habían visto ni habían hablado. Pero al despertar empezaron a ver como dice esa película… Gente muerta.

Zombis que no se alimentan, no comen, que están como estúpidos hasta que mueren, dijo la niña calva, Es terrible.

Claro, es terrible, pero no existe, sentenció el hombre de bata. No existe para otras personas que no sean ustedes dos.

¿Como empezó eso?, preguntó el hombre de bata.

No empezó. Eso que ven. El futuro postapocaliptico, digamos, está en sus mentes. En la de los dos. No existe, acabo de decir.

No entiendo, contestó el hombre de bata.

Sáquese los anteojos, señorita.

La niña calva, confundida, obedeció.

Papá. Soy yo. No quería hacerte mal…

No va a contestar. No está. Está en su mente. No pudimos completar esa fase de la experimentación por falta de fondos, pero tengo planes con ustedes, saben, yo empecé como psicólogo, luego psiquiatría, luego neurobiología. Me gusta tanto. Es mi pasión, sonrío el hombre gordo.

Ya vemos que le gusta, dijo el hombre de bata.

Pero al no tener fondos mi investigación quedó por la mitad. Es terrible, ¿no? Cosas de política y eso… Ya saben donde vivimos. El país…

Está destruido hace bastante, ciertamente, dijo el hombre de bata. Pero usted está mas resentido que mi amiguita con su papá.

Perdone a la niña, siempre digo que el mundo es injusto, muy injusto. Y además. No se haga el que no está resentido con su novia.

¿Donde está esa mujer?, preguntó el hombre de bata.

Se fugó con su amigo apenas entró usted a la clínica. Bueno, no sé si es su amigo. Sé poco de fútbol pero era su principal oponente futbolístico, tengo entendido. Equipos contrarios.

Ese tarado. Sí, es mi amigo. ¿Y quién acepto que experimentaran conmigo? La firma digo:  ¿quién la puso?

Su madre.

Mi madre. Está muy ida. A veces se pierde.

Claro.

¿Y en mi caso?, quiso saber la niña calva.

El hombre que usted ve pero que no está.

Qué hijo de puta.

Pero tengo buenas noticias, siguió el hombre gordo:

Como este experimento sigue en pie. Necesitamos estudiar cómo reaccionan sus cerebros a sus miedos primordiales. Necesitamos que se conecten del todo, que vean la misma realidad que todos los demás.

¿O sea que existen los demás?, dudó la niña calva.

Claramente, señorita. Describa el mundo que vio afuera.

Muertos, moscas, gente sin comer, desnutrida.

Eso está en su mente. Los demás, ciertamente, existen, pero no así. El mundo sigue normal. Bueno, como antes digamos… esa normalidad.

Qué cagada, dijo la niña calva.

Por eso como científico tengo la manera, y el deber antes que nada, de que arreglen su visión del mundo. Lo que deben tratar es un viejo truco del psiconálisis: enfrentar sus miedos.

¿Miedos?, preguntaron al unísono.

Hay un cuarto en una casa de Banfield donde usted cree que existe un ser que controla el agua.

Barleta.

Eso, busque a su novia. Busque a ese tal Berreta.

Barleta, el fantasma de Barleta.

Bueno, a Berleta (sic), búsquelo. Ya veremos qué ocurre.

Yo no tengo miedos, levantó la frente la niña calva.

¿Usted? Tiene que ir a su casa. Entrar a ese departamento oscuro y acercarse a un cuarto, un cuarto donde se escuchan ruidos que usted no soporta ni comprende.

La niña calva estaba con lágrimas en los ojos como cuando sostenía el arma contra su padre.

¿Quién se quedó a cuidarlo?, preguntó

¿A su hermanastro? Nadie. Por eso.

Lleven los anteojos para guiarse en el mundo y por favor no tomen comida sin pagarla. Tuvimos que seguirlos para que los comerciantes no los denunciaran. El arma era una pistola de carnaval, igual no les servía de mucho. Acá tienen lo necesario.

El hombre gordo le pasó una mochila roja al hombre de bata y otra azul a la niña calva.

Es el momento de la verdad, agregó.

por Adrián Gastón Fares

Nota 1: Tal vez continúe Lo poco que queda de nosotros; es una novela, por ahora, no puedo asergurarlo, sé para donde va, pero hay otras cosas para hacer.

Nota 2:

Agradezco si pueden difundir y firmar esta petición que hicieron por lo que estoy viviendo con el premio de mi película Gualicho y el INCAA (Instituto de Cine Argentino)

No hace falta que la firmen si no pueden entrar a la página de Change.org (tal vez sea molesto) pero sí que difundan lo que dice en el cuerpo de ella. Creo que es importante, tanto como lo que he contado en otras entradas en este blog sobre la situación negligente institucional de mi película Gualicho, INCAA y la productora presentante de la misma, y que también pueden leer en mi Facebook. Difundir es importante.

Saludos. A. G. F.

Link a la petición de comprensión:

http://chng.it/GrXc4CLV

 

Alimenta tu Zombi con cerebros. II. Libros de Estrategia.

Los libros de estrategia tienen algo único. Confluyen en ese río tan grande que es El arte de la guerra de Sun Tzu y por eso recomiendan el no actuar, incluso los más inmorales.

También suelen ser menos útiles de lo que parecen ser. Por ejemplo, supongamos que luego de leer el libro del difuminado señor Tzu (o sus compiladores) tenemos que enfrentar a los humanos siendo zombis. Estamos en un aprieto. El zombi teóricamente no piensa. Los zombis que yo propongo en Alimenta tu Zombi con Cerebros sí piensan, pero usan el cerebro de otra manera, son una máquina de procesar información; desechar la irrelevante y aprovechar la buena es el objetivo. De eso se trata Alimenta tu Zombi con Cerebros.

Como la pregunta de cómo siendo zombis enfrentar a los humanos con El arte de la Guerra no tiene sentido, mejor concentrarnos en cómo enfrentar a los zombis siendo humanos. Tal vez a alguno le sirva.

Tzu dice que la mejor victoria es vencer sin combatir. Si nos van a atacar una horda de zombis, no combatir no tienen ningún sentido, pero sí podemos evitarlos lo más que se pueda, hasta que uno entra a un lugar donde no debería haber ningún muerto viviente pero bueno, está. Las casas abandonadas, los cementerios, los supermercados y los centros comerciales deben ser evitados.

En realidad, los que vencen con aparente psicología al enemigo, sin combatir demasiado, avanzando en grupos numerosos y arrojándose con alma y vida contra el enemigo son los muertos vivientes, por lo tanto, los que vencen sin combatir, ni saber que combaten, son ellos, solo quieren comer algunos, y ni siquiera saben por qué.

Conocer al enemigo es un poco difícil con los zombis tradicionales (no el excelso zombi  que come cerebros de papel al que me refiero en esta columna) No piensan; por lo tanto no hay manera de conocerlos. Podemos saber que en los ochenta avanzaban a paso de tortuga pero hoy en día son cada vez más rápidos. Eso es clave, saber la velocidad de un zombi.

De cualquier manera, la regla clave de Tzu es que un ejército debe primero haber ganado la batalla en su mente, con su estrategia o como sea, antes de librarla. Esto es útil contra los zombis, se puede tratar de contenerlos con artimañas prácticas como unos lanzafuegos, ametralladores, o lo que fuera que pueda desintegrarlos en masa. Incluso tener la bomba atómica es útil en el caso de que los zombis  tomen la tierra. Dios no lo permita, pero más de uno se verá tentado a tocar el botón rojo.  Como verán, eso también es ganar la batalla antes de librarla. Y de la manera más burda.

En fin, El arte de la guerra es un texto bastante bello, pero no tanto como Los Cinco Anillos del Poder de Musashi, o más todavía, un texto muy difícil de conseguir, que ha caído en mis manos en una edición que no se consigue en nuestro país: El amo (o el maestro) del valle del demonio. Es un libro de estrategia china posterior, por no mucho, a El arte de la guerra. Es elusivo. A los monjes oscuros que lo compilaron les gustaba al juego de arrojar la moneda blanca y negra del yin y el yang. De los libros de estrategia el que más recomiendo es la traducción de Thomas Cleary de El maestro del valle del demonio (que viene con otro texto que se llama El amo de la fuente oculta) La belleza de la estrategia en su máxima expresión. La incomprensión que hace pensar lo que a uno más le conviene. Lo oculto visible. Las frases son una especie de ko-an oriental cuyo aplauso desorienta y despierta.

Pasaremos a Robert Greene, ese tipo que escribe libros sobre el poder, las estrategias, la seducción (escribió uno con el rapero 50 Cent; una paradoja: un libro de poder con un rapero) En fin, Green cuenta en uno de sus libros tan largos que se hacen pesados, que el jefe de un ejército chino ganó la guerra de una manera muy clara, más o menos como hacen los zombis (que asustamos a los seres humanos sólo con nuestra presencia), primero se labró una reputación de loco, peligroso e imbatible. Su reputación le sirvió porque cuando un ejército que lo triplicaba en número marchaba hacia su fortaleza ya diezmada para destruirlo y asesinarlo, lo que hizo es sentarse a meditar con unos sahumerios a los costados. Cuando el jefe del ejército contrario lo vio, la pensó dos veces, dijo este tipo no es tan boludo como para estar haciéndose el que medita; es una trampa, debe tener cientos de soldados ocultos: retrocedamos. De esta manera, el sabio y tremebundo guerrero chino superó al ejército contrario con sólo prender un sahumerio y sirviéndose de su temeridad previamente cultivada. El problema con los libros de Greene es que es más fácil ir a la guerra contra los humanos que leerlos; se hacen largos, Green parece ser un erudito bastante increíble, en el sentido en que usamos la palabra en la calle, pero tienen la virtud que cumplen con lo que prometen; al terminar de leer uno de esos libros es posible que ya la guerra haya pasado y uno la haya evitado bebiendo cerveza desde la cómoda reposera de su porche estadounidense.

Los libros de Robert Greene son un poco inmorales, pero eso no basta para que no lo nombre en esta columna de zombi. Después de todo, siempre ponderan la no acción, bebiendo en las fuente de Sun Tzu.

El libro de estrategia más interesante quizá para quienes escribimos o hacemos ficción es el de John Lewis Gaddis. Este estadounidense repite varias veces en su texto, On Grand Strategy, que la ficción es el mejor campo de experimentación para las situaciones que luego tenemos que enfrentar, más o menos duplicadas en el tiempo, por esa especie de entropía fácil que todos miman tratando de señalar lo que tal vez vuelva a ocurrir en la rueda del tiempo pero con ligeras alteraciones.

Lo que dice Gaddis es que la ficción es como un experimento para la vida y se sirve de La guerra y la paz del eminente ruso, y escritor ya sabrán, Tolstoi para dar un ejemplo de cómo se puede recrear una guerra y vivirla para aprender a través de los mecanismos hiperrealistas de la ficción. Hasta ahora no leí a ningún ensayista que piense que la ficción es tan útil como Gaddis; la sensación es que cree que la ficción es tan viva como la realidad. Shakespeare y Tolstoi son los maestros de la estrategia para Gaddis y leer ficción sería más efectivo que leer no ficción: más pragmático. El libro de Gaddis es largo, por momentos tedioso, pero vale la pena leerlo para encontrar este paralelo entre ficción y realidad. Es un libro más fresco que otros porque introduce ideas un poco más originales.

Entonces, recomendando que elijan el libro de estrategia que más le guste y lo lean como literatura más que como una  regla para la vida: la vida no es guerra, aunque a veces se parece, y la gente, tanto en la soledad como cuando se unen para formar ejércitos, como bien lo sabemos los zombis, no reacciona siempre igual.

No hay ningún libro de estrategia más eficaz y menos bello que el de mandar a todos a la mierda. Para eso la canción God, de John Lennon es ideal. Es un gran libro de estrategia, una declaración de principios, una negación de todo. Después de todo si la realidad no es más que apariencia; no creyendo en nada se llega muy lejos. Es la canción favorita de algun@s zombis que conozco.

Aquí tienen el link a los dos libros de estrategia que más me gustaron (aprecien el primero; es casi un secreto)

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Thunder in the Sky donde encontrarán la versión de Thomas Cleary de El maestro del valle del demonio, ese texto de la ancestral tradición china, de una secta budista que parece perdida en el tiempo, que es mejor que El arte de la guerra, y el más comprensible; El amo de la fuente oculta.

Aquí pueden conseguir La adquisición y el ejercicio del poder (perdonen a Thomas, este libro no tiene que ver mucho con la adquisición del poder, es más rico de lo que aparenta ese ingenuo nombre; La adquisición y el ejercicio del poder es El maestro del valle del demonio y El amo de la fuente oculta) Lo editó Editorial Estaciones. Creo que está tristemente fuera de catalogo. Pero circulan ediciones usadas por lugares insospechados.

Link para conseguir El Trueno en el Cielo en español (Editorial Estaciones)

Otro Link en Español:

Conseguir El Trueno en el Cielo en Casa del Libro.

Una de las maneras de conseguir Thunder in the Sky, de Thomas Cleary

Dato que podemos olvidar, salvo que Sun Bin se queje desde los tiempos ancestrales.

Entonces diremos que Sun Bin, descendiente de Sun Tzu, discípulo del estratega Wang Li, conocido como El maestro del valle del demonio (estrategas tan apreciados como von Clausewitz y Napoleón no fueron recordados con un apodo tan resonante como con el que llamaban al señor Wang Li) fue el que escribió el primer texto de El Trueno en el cielo, traducido por Thomas Cleary.

Y acá el libro de Gaddis, On Grand Strategy (tampoco en castellano, pero búsquenlo, debería estar…)

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Una de las maneras de conseguir On Grand Strategy, de John Lewis Gaddis

En la próxima entrega viajaremos al mundo de los libros de marketing, start-up y todas esas cosas tan poco interesantes y profusas que existen en el mundo literario y que así y todo pueden ser provechosas para alimentar nuestro cerebro zombi.

Un zombi debe estar dispuesto a todo hoy en día, incluso a leer cosas que escriben, o escribieron, los que sí mueren y no resucitan.

por Adrián Gastón Fares

 

Motorhome Versión original y extra Paragüería Victor

Motorhome, Versión Original y contenido extra (Paraguería Víctor)

https://youtu.be/Qtmhv_nkFmA

 

Esta es mi versión preferida de Motorhome a la fecha, un cortometraje que escribí y dirigí en 2011. Creo que deben verlo, porque al principio sostiene el suspenso, a diferencia de la otra (que edité luego) que es más directa y va al tema.

De yapa, publico algo que filmé el día anterior al rodaje de este cortometraje largo (casi mediometraje), ParagueríaVictor.

Cerca de la casa donde rodamos Motorhome existe una de las paraguerías con más historia de Buenos Aires. Nos metímos ahí, y con la misma cámara de Mundo tributo (operada por Marcelo Enríquez en este caso) grabamos un mini documental.

PD: “Posdoc Paraguería Víctor

https://youtu.be/VJqoaCviBNo

Extras Motorhome.
Cuando ibamos a hacer el casting a Pablito para Motorhome descubrimos en el camino la Paragueria Víctor. Grabamos imágenes que sirvieron para armar este pequeño documental sobre ese día lluvioso y la antigua tienda de paraguas.

Sinopsis Español:
Un actor de películas de zombis abandona el set. Encerrado en su casa, tratará de encarar un film más “importante”, pero sus compañeros de trabajo no lo dejarán en paz. Los actores de la película, e incluso el director (interpretado por JonatanJairo Nugnes) irán a buscar al cazazombis arrepentido.

El título, Motorhome, homenajea al vehículo donde StephenKing comenzó a escribir y hace juego con el backstage, o las bambalinas, del cine.

 

Motorhome is a satirical, dark comedy, suspense, short film that takes you into the life of a zombie movie actor (CLASE B movie actor) that leaves the set of the trilogy of zombie´s movies he´s working to develop a bigger, more “important”, social issues, project. So, the other zombies actors, will try to convince him to go back and finish his bloody performance in the zombie trilogy.

 

Also, in a motorhome, Stephen King, the master of horror tales, began writing, so the title is an homage to motorhomeand horror writers.  

 

Here is the interview to the director, Adrian Fares, in Suplemento , Clarín Newspaper for this premiere (the short film premiered with this link you are watching in 2011): http://www.si.clarin.com/si/Tristeza-zombies_0_SkOQTafTvXg.html

 

Written and directed by Adrián Fares (Mundo tributo`srockumentary co director) Produced with Bombay Films.

 

 

El nombre del pueblo. Novela.

El nombre del pueblo - Novela - Adrián Gastón Fares 2018.jpg

Llegó la hora!

La hora de compartir El nombre del pueblo (110 páginas, Adrián Gastón Fares, 2018), una novela que he escrito a través de los años (como se escriben las cosas, ¿no?)

Comencé a escribirla antes de Intransparente y luego se fue reescribiendo hasta ahora que la comparto en exclusiva con ustedes en este espacio.

¿Qué van a encontrar?

Hay dos Sinopsis.

Copiaré aquí una:

En un pueblo sin nombre, el hermano del candidato a gobernador espera desde hace años en la playa el arribo de una embarcación que le traerá a una misteriosa mujer. La embarcación llega y también una serie de asesinatos cometidos a sangre fría. Una por una las mujeres que conoce Miguel son borradas de la tierra. Un policía despistado y el mismo Miguel siguen las pistas que conducen al hall de una casa antigua del barrio residencial de este pueblo innombrable.

La otra está dentro del libro.

La novela tiene unas 110 páginas, así que es mucho más corta que Intransparente.

Se despacha en una noche o dos, según el ritmo de lectura, porque la trama es intensa.

Me hice un botón de pago por si alguno le gusta la novela y quiere colaborar conmigo.

Estoy muy atribulado con otras narrativas como la de Mr. Time, en cuya carpeta de presentación trabajo a tiempo completo (más las vicisitudes del quehacer de Gualicho, que darían para otra novela de, por lo menos, 200 páginas…)

Así que disfruten esta novela, que nació como un guión hace muchos años, y que fui reescribiendo a través del tiempo.

Ya me dirán qué les parece.

El nombre del pueblo, por Adrián Gastón Fares.

Género: Novela, Ficción, Intriga, Policial (y unas gotas de fantasía)

Con los links que siguen pueden leerlo online grátis (PDF)

El archivo AZW3, EPUB (que es el formato original y recomendado, junto con el PDF) o el MOBI se descargan de manera automática y así pueden transferirlo a su lector de libros electrónicos favorito (eBook), según el formato que más les convenga o guste (incluyo la conversión para el Kindle) Sólo tienen que cliquear los Links.

Descargar Gratis / Free Download:

El nombre del pueblo, Adrian Gaston Fares PDF

El nombre del pueblo, Adrián Gastón Fares AZW3

El nombre del pueblo, Adrián Gastón Fares EPUB

El nombre del pueblo, Adrián Gastón Fares Mobi (Kindle)

La ilustración que utilice para la portada es un boceto del inmenso dibujante Sebastián Cabrol, que me pareció que iba perfecto para los vaivenes de esta trama macabra.

Saludos!

Adrián Gastón Fares

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sobre Intransparente (Novela)

 

Resalto otra vez esta novela que creo que merece una leída de los que siguen este sitio (y de los que no también) Pueden comentar lo que gusten.

Intransparente. Novela. (Ficción, Narrativa Argentina) Escrita y publicada por Adrián Gastón Fares. Géneros: Intriga, psicológico. 180 páginas aprox.

Bajar / Download Intransparente Automáticamente a tu PC / Móvil / Dispositivo:

Bajar Epub Novela Intransparente

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Leer PDF Novela Intransparente

PREFACIO

Aquí publico gratuitamente mi última novela ahora llamada Intransparente.

Con los Links que están arriba pueden descargarla  en versión .mobi (Kindle), .epub (FBReader otros dispositivos para leer libros electrónicos), y leerla directamente en el explorador en PDF.  Son links seguros. Además, tuve que aprender maquetación de libros electronicos para llegar a esto, así que bajen con confianza.

PD: Dado a las complicaciones y placeres de mis problemas de audición, solucionado sí con audífonos, pero viejos (no desesperen ya me darán los nuevos, supongo, y sino los compraré afuera porque las Instituciones en este país no existen; hace 5 años que los pedí a la Obra Social (OSPESA) y ni la Obra Social ni la Superintendencia de Salud dieron un paso, a pesar de la cantidad de trámites que hice, para que los tuviera) y a un Premio por el que todavía no vi un centavo a los que le guste mi novela y quieran ayudar para que me compre unas pilas para los audífonos o sumar algún centavo para que siga comprando anotadores para escribir pueden donar aquí:  PayPal.Me/adrianfares

Otra aclaración: La portada es de mi autoría, con la ayuda de Gabriel Quiroga (a quien le encargué la Ilustración) Este ente transparente se llama: Santiago Cooonde.

Adrián Gastón Fares

Los tendederos. Cuento.

Vamos con Los tendederos. Para este Viernes 13. 

Ahora que estoy retocando el guión de Gualicho para el rodaje que se avecina (Shooting Script podríamos llamar a lo que estoy haciendo, aunque ya tenía hecho el guión técnico antes del literario; así es como nacen mis películas) recuerdo la atmósfera de este cuento con resonancias de un tema que comparte con mi largometraje: la familia (y sus desviaciones)

Estoy sorprendido con lo que intuyo que será Gualicho y muy ansioso por ponerme a trabajar luego en la dirección de Mr. Time, otra película que desarrollé desde cero y escribí cuya historia es: tre-men-da.

Tremendo viene del latín y significa lo que es digno de suscitar temblores. No solamente el miedo los suscita sino también embarcarse en una aventura, paladear el misterio. Son algunos ejemplos.

Gualicho y Mr. Time me emocionan, como esta historia corta, pensada para otro lenguaje, como es el literario, que se llama:

Los tendederos

Las luces de la casa se apagaron. Los cortinados se corrieron. La señora se vistió de negro. Maca, la señorita, también. Los rayos de sol a veces nos recordaban que había vida afuera y delataban el polvo que yo no podía sacar de la casa, ese polvo que entraba por más que lo barriera una y mil veces, como si proviniera de los huesos triturados de nuestros soldados o de la tierra removida por las bombas. El polvo que se posaba con insistencia en los muebles y que anticipaba el regaño de la señora. Con Maca a mis espaldas, llamándome por un nombre inventado, María, porque el mío Alejandrina nunca me agradó, yo movía las cortinas, tapaba toda la luz, para que la casa quedara en la penumbra que el señor ya nunca vería.

Sigue leyendo “Los tendederos. Cuento.”

Novela Intransparente

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Intransparente. Novela. (Ficción, Narrativa Argentina) Escrita y publicada por Adrián Gastón Fares. Géneros: Intriga, psicológico. 180 páginas aprox.

Bajar / Download Intransparente Automáticamente a tu PC / Móvil / Dispositivo:

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Leer PDF Novela Intransparente

PREFACIO

Aquí publico gratuitamente, en exclusiva en este blog, mi última novela ahora llamada Intransparente.

Con los Links que están arriba pueden descargarla  en versión .mobi (Kindle), .epub (FBReader otros dispositivos para leer libros electrónicos), y leerla directamente en el explorador en PDF.  Son links seguros. Además, tuve que aprender maquetación de libros electronicos para llegar a esto, así que bajen con confianza.

Como estuve abocado al trabajo arduo y tan gratificante de mi nueva creación, Mr. Time, (que a diferencia de esta novela, es guion, por lo menos por ahora, y es de género fantástico y terror) se me ocurrió publicar directamente en este blog la última COSA larga que escribí (después de Gualicho/Walichu, claro, que también es guion) Otro motivo es que el trabajo de Diseño de producción y Dirección que llevo adelante para Gualicho, no me deja mucho tiempo para seguir escribiendo los cuentos que luego transcribo en este blog.

Agrego que Intransparente es bastante virgen de lectores, dado que, por lo menos que yo sepa, pocas manos han rozado sus hojas virtuales.

Una de ellas fue la de Marcelo Guerrieri, escritor, antropólogo y profesor argentino al que agradezco el estímulo para que le buscara un editor, algo a lo que nunca me dediqué, y el de Lorena, una amiga de infancia, investigadora y profesora de Historia del Joaquín V. González, que insistió con que esta novela era buena e incluso vio en ella cosas que yo no había visto.

Supongo que Intransparente será un eufemismo para Opaco. Pero a mí no me suena lo mismo. La Intransparencia connota una intención que la opacidad no. Y es esa intención, y los hechos que vengo viviendo, y viendo, en este país, Argentina claro, hace años, que me llevaron a este nombre con el que espero que la novela se sienta más identificada.

Intransparente (la RAE prefiere transparente a trasparente, por lo menos hasta lo que sé) tiene dos o tres racimos del los que el lector puede -espero- disfrutar.

El primero es la trama principal. El hijo de Baldomero intentará saber la verdad sobre su padre, un psicólogo que los medios vinculan, luego de su muerte, con la última dictadura militar argentina. Como en el guión por el que fui seleccionado para un Laboratorio en Colombia, Intransparente trata el tema de la última dictadura militar argentina. Pero a diferencia de ese guión, en Intransparente, la dictadura militar no es el único tema.

Aclaro, por que me lo han preguntado en Colombia, que no soy hijo de desaparecidos, ni tengo en mi familia ningún pariente militar o relacionado con la última dictadura militar. Lo que pude investigar del tema me dejó una impresión muy dolorosa, donde los descendientes de ex militares procesados llevan una dura mochila. Lo mismo, ya sabemos, con las víctimas directas e indirectas. Es una herida abierta que Argentina no ha cerrado aún. Y que a mí personalmente, sin haberlo vivido directamente, me produce un profundo dolor.

Sigamos.

O sea, la historia es una invención mía a partir de la pregunta que uno se hace muchas veces: ¿de quiénes venimos? Ya que de dónde venimos me parece una pregunta que no tiene respuesta es mejor dilucidar la del párrafo anterior.

Lo mismo ocurre con los personajes, no hay ninguno basado en personas de la vida real (y las historias son todas distorsiones e invenciones mías) salvo la enanita con la que el protagonista pasaba sus tardes de infancia en Lanús. Diré sin rodeos que esa sí es mi Tía María, una mujer, una de las fosforeras de Avellaneda, con secuelas físicas tal vez de su trabajo, o no, que me ahorraré de describir, a la que yo visitaba diariamente de chico en una casa chorizo igual a la de la novela, y que me contaba historias de su Avellaneda de antaño, algunas de las cuales traspuse en esta novela. Así que las historias que cuenta esa mujer en su casucha, incluso las que parecen más fantásticas, son cuentos de sus cuentos, y hasta lo que yo sé, han ocurrido o han pertenecido a este mundo y no son enteramente invención mía, sino de esa mujer alegre a la que perdimos hace mucho tiempo, y a la que extraño cuando llueve y no hay otro lugar para ir a tomar mate ni otra persona que me cuente historias de la manera que ella contaba.

El segundo racimo pertenece a las noches que pasé investigando específicamente para escribir la novela, cuya manifestación más clara está en la Tercera Parte de la misma.

En la Tercera Parte se exponen una teorías que tienen que ver con los colores, la procedencia de las tinturas, y el poder. A modo de parodia de otros libros afines escribí sobre el anterior asunto y me quemé las pestañas leyendo textos sobre el poder de ciertos hongos, caracoles y pociones, releyendo La Odisea, Los Mitos Griegos y La Diosa Blanca de Robert Graves, más vaya uno a recordar qué otros textos más incorpóreos, para que el protagonista exponga una teoría del color púrpura, de los campos unificados, y de la posibilidad de que los grandes relatos fantásticos ancestrales no sean una mera invención sino una realidad sentida y contada.

Los comentarios sobre Intransparente, públicos o privados, serán más que bienvenidos.

PD: Dado a las complicaciones y placeres de mis problemas de audición, solucionado sí con audífonos, pero viejos (no desesperen ya me darán los nuevos, supongo) y a un Premio por el que todavía no vi un centavo, incluí en este blog como pude un botón para Donar (Al final del sitio dice Buy Now), pero si entran verán que es para donar a gusto. También hay un link a mi PayPal.me en esta entrada. Link PayPal.Me:  PayPal.Me/adrianfares

Otra aclaración: La portada es de mi autoría, con la ayuda de Gabriel Quiroga (a quien le encargué la Ilustración) Este ente transparente se llama: Santiago Cooonde.

Adrián Gastón Fares

Los endos.

A través de la ventana la nieve cae afuera de Los Galgos, decorado en su interior a tono con la cercanía de la Navidad. Manuel posa su mirada en la mujer que tiene enfrente, de belleza andrógina, alta, flaca, ancha espalda, con unos pechos apenas insinuados y apenas caídos debajo del vestido gris sin corpiño que la hacen más deseable. Una chica retira sus vasos.

–Hay mucho ruido en este lugar.

–Sí, es molesto.

–¿No te gustaría ir a mi casa? Es más tranquilo.

–Dale, sí.

Manuel apunta a la moza con su teléfono celular, paga la cuenta y elige, entre las opciones, la más generosa de las propinas. Salen. Es media tarde, hace mucho calor, está nublado, todo muy limpio, salvo algunas cagadas de palomas por aquí y por allá. Él odia esas láminas transparentes con una capa animada de nieve cayendo infinitamente que suelen pegar a los cristales de las ventanas de los bares.  Salir era un contraste molesto.

Caminan hasta su casa. Manuel ya está tranquilo, a punto de lograr su objetivo. Y si no lo logra… bueno, si no lo logra, no está tampoco desesperado. Sabe que su ego lo metió en esa situación y que no debería hacerle caso a su ego, pero por algo había ido al bar.

Ella camina rápido, tanto que él tiene que hacer un esfuerzo para ir a la par. Un drone atrapa a una paloma posada en uno de los hombros de la estatua de Cornelio Saavedra y empieza a descender para depositarla en una jaula gigante en una camioneta de la Ciudad.

El portero del edificio les abre la puerta. Manuel agradece con una sonrisa. Mudos en el ascensor, sólo miradas cómplices. Tiene una erección molesta. No sabe qué decir. Manuel era biólogo y sostuvo la charla en el bar con casi todo lo que había investigado en su área. Pero la pólvora ya se había inventado, le dijo a ella, con los ojos chispeantes y una sonrisa. Ahora abre la puerta de su departamento. El gato maúlla pegado a la puerta y cuando Manuel entra se frota contra su pierna y lo sigue. Él lo saluda. Qué hacés, Motor. Se dirige a ella.

–¿Agua?

–Sí, por favor.

–¡Qué lindo!

–Sí, se llama Motor, raro que no hayas dicho que es gata, todos se confunden.

Ella se queda mirando la pecera, que la supera en altura, su pelo castaño y su piel bañada por el azul de los tubos actínicos. Los peces azules y amarillos nadan de un costado a otro. Él vuelve con dos vasos, ya no tan molesto con la erección, y los deja sobre la mesa. Se acerca a ella, hace que mira los peces, que ahora se arriman cerca de la superficie, se da vuelta, la agarra por la cintura y la besa. Ella se deja besar y se pega a él. Su entrega dura la mitad de un minuto. Entonces se separa de Manuel y lo mira a los ojos. La mirada acerada de ella lo deja sin aliento.

–¿Qué pasa?

Manuel mira el acuario y los peces están doblados en la arenilla del fondo, unos muriendo, otros ya flotando con su dorso arqueado en la superficie.

–Perdoná. Hay algo que tengo que decirte.

Manuel, ya sin erección, pura adrenalina, siente que tiene ganas de correr, pero ¿adónde? Sabe que el estado de alerta era un resabio de los primeros humanos y que la energía que producía su cuerpo en ese momento, obsoleta para la vida en la Ciudad, como cuando se pelea con su jefe y tiene que enfrentarlo, se transforma en estrés. ¿Para dónde salir corriendo? El resultado es un psoas contraído y, tal vez, bruxismo. Si en la vida primitiva un animal depredador le aparecía a un hombre en el medio de una selva, su corazón latía más rápido, bombeaba sangre a las extremidades para que pudiera salir disparando. Y el hombre salvaje, si podía, salía disparando. Pero él no era un hombre salvaje. La vida le había dado unos cuantos golpes. Para que la sociedad lo acaricie y lo tranquilice como él hacía con su gato.

–¿Qué es?

–No soy lo que pensás.

–¿Qué?

Manuel la mira con suspicacia y se da cuenta. Lo sospechaba desde el principio pero el entusiasmo pudo más.

–No soy la mujer que pensás.

–¿Sos… un Endo… una Reencarnada?

–Sí, soy un Endo.

–Nunca entró un Endo acá.

Él se aparta un paso de ella. El gato la mira con los ojos bien redondos desde el piso. Ella, a su vez, gira la cabeza para fijar la mirada glacial en el felino.

–No se te ocurra.

–No te preocupes. Las torcazas de tu balcón están muertas, eso sí.

–Igual la Ciudad se las iba a llevar.

–Seguro.

La observa, un poco encorvado, había olvidado alinear sus hombros por un momento. Sabía más o menos lo que se venía, tenía imaginación, para su trabajo era necesaria.

–¿Podrías preparar unos mates?

–Claro.

La chica se sienta en el sillón.  El vuelve con el mate listo y el termo.  Sirve un mate y lo toma rápido.

–Entonces, ¿cuál es tu nombre real?… No serás Marcelina como dijiste…

–No. Me llamaba Laura antes. Nunca llegué a vieja.

Ceba y le pasa el mate. Ella succiona la bombilla y sostiene el mate entre sus dos manos, como calentándolas.

–¿Debés ser entonces un… ex familiar de Constantina?

–Sí, soy su tía… me visitaba seguido de chica, ¿por qué ibas a lastimarla?, nunca lo hiciste.

–No sé. No quería hacerlo. Quería probar otro cuerpo. ¿No es lo que hacen ustedes?  Ella está de viaje y me siento solo. Por favor, no le digas nada de esto, no lo voy a volver a hacer.

–No le voy a decir nada. Pero te pido una cosa.

–¿Qué cosa?– El gato se sube a las faldas de Laura, que lo acaricia.

–Dejala.

–¿Cómo?

–Dejala en paz.  Alejate.

Manuel no sabe qué contestar. Siente que la bronca lo invade. Laura lo mira llena de odio. Motor, desde el regazo de la chica, estira la cabeza para que su dueño la acaricie. Él pasa su mano por el pelo del animal, pensando, súbitamente se detiene.

–¿Y si no lo hago?–pregunta Manuel.

–Yo misma le voy a contar.

–No.

Ella empieza a levantar su brazo como para dejarlo caer con fuerza sobre la cara de Manuel.

Motor salta de las piernas de la chica y camina hasta la puerta, donde se detiene, alerta, como esperando que le abran para salir. Pero golpean. El brazo de Laura desciende.

–Si abrís, olvidate del gatito.

–¿Por qué?

Vuelven a golpear. La puerta se abre de una patada seca. Un hombre musculoso, alto, de unos veintitantos, entra y se dirige a la chica.

–Andate.

–¿Quién sos?– pregunta Laura.

–Orlando.

Laura lo mira al dueño del departamento.

–¿Quién es?

–Un amigo. Murió de una sobredosis hace dos años.

Laura se levanta y le pega una trompada en el estómago a Orlando. El joven sale disparado y derriba el televisor. Orlando logra levantarse y le propina una patada de taekwondo a Laura, que va a parar al otro lado de la habitación, cerca del balcón.

–Manuel es una mala persona.

–Es mi amigo. Constantina tampoco es una santa. Lo desprecia adelante de la gente.

–Eso no tiene nada que ver. Ella nunca lo engañó.

Laura salta y da una vuelta en el aire y le pega una patada en el abdomen a Orlando, que cae al suelo. Manuel toma al gato, lo levanta, lo protege con sus manos, y camina hacia la puerta. Orlando se levanta y se abalanza sobre Laura con toda su fuerza. Ella da contra la baranda del balcón y los dos caen al vacío. Manuel se detiene, vuelve sobre sus pasos, abrazando al gato, se acerca a la baranda y asoma la cabeza. Los dos están muertos, inutilizables, tirados en el piso del patio del edificio. Sus cuerpos casi se tocan, sus charcos de sangre se confunden. Manuel escucha un zumbido como de mosquito y ve a un drone cerca de su nariz. No se acostumbra a la carita humana metálica de los nuevos drones. Por un momento, el drone abre el párpado gris de su único ojo, que como un monje zen tenía cerrado, y lo observa. Luego el drone sigue su descenso para ir a juntarse con los otros dos que ya están en el patio, rodeando los cuerpos.

No sabía cómo actuar. Nunca había presenciado una pelea de Endos y no sabía a qué teléfono llamar para que retiren los cuerpos. Cerró los ojos. Había sido su culpa. Empieza a sonar su teléfono.

–Hola, mi amor, ¿todo bien?–  Manuel hace una pausa, se pasa la mano por el pelo.–  Me alegro mucho que estés disfrutando.

Sabía que tenía unos días antes de que Laura reencarnara otra vez y volviera a perseguirlo por lo que había intentado hacer. Baja la persiana de la ventana que da al balcón. Y se queda con Motor en brazos en la semioscuridad.

Los cuerpos que yacían en el patio no eran considerados humanos. De alguna manera, los clones habían empezado a ser poseídos. Si les pasaba algo o enloquecían,  la Ciudad los recogía y los incineraba. Cuando el cielo y el infierno descendieron a la tierra todo se complicó. Antes, los seres queridos muertos de dos personas luchaban en el aire, incognoscibles para los que estaban vivos, pura energía y conciencia, para protegerlos. La guerra era encubierta en ese entonces. Se creía en las casualidades… Pero, cuando empezaron a proliferar los clones, ocurrió algo único. Eran poseídos y utilizados por las almas de los muertos para llevar esa lucha desconocida por los humanos al mundo. Algo en la copia de un cuerpo hacía más fácil que entrara en ese cuerpo lo etéreo. Así podían actuar de manera más eficiente, usando muchas veces sus poderes preternaturales, para cuidar a un familiar o a las personas que habían decidido proteger.

Las teorías se habían renovado. En la antigüedad, los dioses eran los muertos, que luchaban para favorecer a uno u otro héroe. Ya no, habían encontrado la escalera de Jacob para descender a la tierra. Y la usaban tan seguido que los empezaron a llamar Ángeles. Y los Ángeles pelean igual que los humanos. Incluso más. También fueron llamados los Endos por un geek, en tributo a una banda de rock progresivo inglés del siglo XX, aunque la gente usaba la palabra sin saber su procedencia.

Los Endos entrenan mucho, suelen tonificar al máximo sus cuerpos y utilizan suplementos deportivos de todo tipo para incrementar la fuerza y la resistencia de sus músculos. Son cabrones. Están acostumbrados al triunfo y a la derrota.

La conciencia finalmente había evolucionado. Manuel atesoraba libros de biología, cuyo contenido era obsoleto como si fueran tratados del siglo XVI. Más que nunca un telescopio o un microscopio era mejor que un modelo matemático. Las leyendas se habían materializado.

Ahora, el cielo era una autopista. Los ángeles, soldados. Los Endos.

 

Por Adrián Gastón Fares.

En este cuento todo sobra

Rosmaría Jacinta Gómez apenas se despertó ese día miró a su novio, que seguía medio dormido a su lado y dijo: Soñé que una chica te miraba fijo.Con los ojos bien grandes. Juan Roberto Glande no supo qué decir, aunque el sueño le pareció promisorio.

Ya sentados a la mesa del casamiento al que concurrieron ese día, Juan Roberto Glande se da cuenta que entre las ocho personas que comparten esa mesa redonda grande se encuentra una chica. No puede dejar de fijarse en ella. Él, que hace poco arrastra una seguridad nueva, que todavía no sabe bien de dónde viene, de repente sabe que ella también lo mira. Compara esa situación con otras en su vida y trata de evitar dejarse llevar por su propia ficción. Se echa la culpa. Renueva sus votos de castidad mental. Piensa en elgénero humano, en viejas desconocidas que descansan en geriátricos, en donde termina todo, y en donde comienza.Otra vez sumido en su ficción. Y encima tomando vino. La música suena fuerte.Las conversaciones, siempre con Rosmaría Jacinta Gómez o con la pareja que ocupa el espacio inmediato, son entrecortadas, triviales, o no tanto. Siguen la lógica de los intervalos de la fiesta.

El momento de las fotos. El fotógrafo se acerca al primer grupo, amigos o familia que comparten el otro lado de la mesa.Glande aprovecha para mirar de lleno a la chica. Ahora le toca a su grupo, el fotógrafo se coloca enfrente, él trata de dar vida a sus ojos. Su grupo concentra la atención de la mirada de ella.

La música evita que los desconocidos crucen palabras. Juan Roberto Glande se siente culpable de dejarse llevar por sus propios instintos. Cada tanto, la gente baila. Por momentos, él también. Hasta que uno de los desconocidos se levanta y le anuncia que se dispone a partir con su pareja y su auto. Debido a que viven lejos y fueron a pie, Rosmaría Jacinta Gómez y Juan Roberto Glande tienen que aprovechar esa oportunidad.

Ya en el auto, Juan Roberto Glande piensa por qué elegimos el habla como primera forma de comunicarnos. Por eso permanece callado.

Adrián Fares

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Historias cruzadas

Expiación, deseo y pecado (Atonement):

No leí la novela de McEwan, pero el final de la película me parece un error. Hubiera estado bien si el guionista dejaba sutiles rastros que nos permitieran ir adivinando con cierta seguridad el desenlace. Los rasgos no están o son demasiado sutiles. El plano secuencia demasiado plano secuencia. Ya todos sabemos que algunas historias de amor viven en la imaginación. Qué aporta ese plano final al entendimiento humano sobre las pasiones. ¿Para qué escribió Chéjov? ¿Para qué filmó Bergman? Los temas y su desarrollo deberían abordar de lleno algunos asuntos, jugar alguna pulseada con la realidad y con las personas. Lo demás es entretenimiento para descansar al llegar del trabajo.

Igual que:

La joven vida de Juno (Juno)

La película está llena de estereotipos y tópicos transitados. Al principio rescato las ganas de convertir a la misma Juno en algo más que una adolescente tipo (las ganas de cargar en las espaldas de Juno algo más que su propia historia). Hace un tiempo pensé que el cine estilo hollywood podía seguir siendo interesante con las nuevas comedias. Ahora una comedia como ésta llega al Oscar (lo que podría ser una buena noticia, si no fuera el tipo de película que te pasan en la secundaria) ¡La madre suplente! ¡El esposo! La misma Juno es tan segura en su idiotez que da miedo. Me quedo con la otra -Supercool- donde también actuaba ese flaquito desgarbado y también me quedo con Knocked up) En el cine el humor satírico trabaja para que todo siga siendo como es. Cuando usan bien el humor los yanquis son iconoclastas, crueles, corrosivos, de Mark Twain a Philip Roth, la sátira yanqui es certera y está del lado de los personajes patéticos. En cambio, en el cine y en algunas series, se trata de personajes graciosos, que dicen o hacen (como en los Simpsons) muchas cosas ocurrentes y divertidas (más o menos lo que hacemos cuando estamos con amigos en una casa o en un bar, supongo que un poco gracias a estas películas y a esas series) Cabe aclarar que Jason Reitman es canadiense (hijo de Ivan Reitman, el director de Cazafantasmas) pero estudió y se formó en California.

Para no perder más tiempo con las novedades:

No vi Petróleo Sangriento pero esperemos que no sea una historia de vidas cruzadas porque:

Las historias de vidas cruzadas son redundantes (me pasé como cinco años tratando de encontrar Boogie Nights. Mejor hubiera sido no encontrarla) Desconfío de las historias corales en el cine (evitar Paul Haggis; y recordar la primera parte de Amores perros). Correctas para pasar el cepillo a pelo.

Sí me pareció una buena película Embriagado de amor.

Una suerte afín corren las historias cruzadas en los libros. No me parece interesante Manhattan Transfer y luché bastante con Vértice, de Gustavo Ferreyra. Aunque rescato las mañas de este escritor que hacen que sea más feliz leer esta novela. La mejor novela de Saer tiene que ser una historia coral (Cicatrices), hay dos personajes inolvidables, pero ¿de qué trata esta novela? ¿No pierde fuerza el tema con la multiplicación de protagonistas?

Lo mismo Short cuts de Robert Alman-Carver, también con personajes inolvidables.

Las formas vacías o las formas que se miran en el espejo de las formas son innecesarias. Lo peor de estas historias es que ejercen una intensidad desbocada, estéril. Los ejemplos lejanos. ¿No es mucho mejor El idiota que Los hermanos Karamasov?. Los ejemplos cercanos son más prácticos. Suburbia, dirigida por Richard Linklater y basada en el guión de la obra de Eric Bogosian, es mucho menos intensa que Magnolia y mucho más contundente. De a poco nos revela que en realidad el único protagonista es Jeff (Giovanni Ribisi) Suburbia, entre otras cosas, apunta a la influencia que tiene la ficción en las aspiraciones de las personas (en verdad, tema bastante universal)

También me quedo con Little Children, de Todd Field, aunque de entrada es más la historia de los amantes que del resto de los personajes (ese personaje que se queda mirando el partido en vez de escaparse con su amante: ¿no es la continuación del Jeff de Giovanni Ribisi? Ahora lo tiene todo, pero siempre hay algo que falta, porque desde el principio hubo algo que faltaba). La que también me gustó mucho es Nine Souls -excepción a la regla: es una historia coral algo alejada del realismo, que reanuda el tema del destino de unos presos que logran escapar de una prisión- del japonés Toshiaki Toyoda.

Adrián Fares