La suerte familiar

1 de Julio de 2019 (con correcciones del 19 de agosto de 2019)

La suerte familiar (o El descargo)

Ayer mi hermana dijo enfrente de mi madre que, para no enfrentar mi discapacidad, pensé, quería llevarse a mi padre a otro país y abandonar a mi madre.

Hoy descubro que mi hermana tiene intenciones de internar sin su consentimiento a su madre porque ella reconoce mi discapacidad y mi hermana ayer me dijo que yo era un pelotudo, no un sordo. Un pelotudo que anda diciendo que tiene sordera. Lo que molesta muchísimo a este grupo familiar.

La negación que lleva adelante mi padre y mi hermana contra mi situación siempre me afligió.

No sentirse comprendido ni sentir ningún cariño a uno lo desarma y destruye psicológicamente.

Hace un año pedí ayuda a mi madre por la situación que estoy viviendo (perdí a una pareja por no tener dinero por dedicarme a trabajar para un premio que gané en el Instituto de Cine Argentino (INCAA) para filmar la película que escribí Gualicho, y tenía problemas serios con una psicópata ejemplar (¿será mejor decir esto que especuladora, negligente -no leyó nunca el guión de Gualicho según les dijo sin ningún reparo a los del propio INCAA y presentó un presupuesto falso, menospreciadora de directores y directoras, en fin: la productora presentante de mi película ante el Instituto de Cine Argentino)

Mis progenitores son buenos para ir a manosantas y curas barbudos, incluso traerme un vendehumo violador a la casa, pero no para ayudar porque no entienden que el contexto es algo que uno forma no algo que lo regala dios, la fuerza de la atracción o lo que fuera en que cada vez cree más esta sociedad que también en su conjunto mayor se dirige al oscurantismo (como ya lo expliqué bien en otro posteo)

Tampoco me conviene ir a visitarlos porque la negación que llevan a adelante hace tiempo ya es insalvable. No quieren ser tratados por psicólogos ni psiquiatras, no quieren acercarse a grupos de apoyo para entender; en fin, es una mala familia como hay tantas, pero como ya han dicho, cada mala familia es diferente.

Mi única hermana y mi padre, niegan mi discapacidad y niegan cómo nací (el otro día mi padre me dijo que cómo iba a tener sordera yo, si a pesar de no saber afinar un instrumento, en la adolescencia yo tocaba la guitarra eléctrica con amplificador)

Nací con hipoxia perinatal y tengo certificado de discapacidad por investigar por mi cuenta mi problema que no fue tratado hasta que yo fui grande.

Mi familia se desentendió del problema y ahora que lo hago visible pretenden que nunca pasó.

Especialmente mi hermana y mi padre que son causantes de que yo esté así, de que la tristeza y la desolación me haya cercado sin ningún tipo de miramiento familiar. Mi tratamiento llegó tarde por esta negación compulsiva marca Mi Familia Querida.

La actitud discriminatoria duele más en los familiares que en los demás.

Mi hermana, como otras veces, pretende internarme en un psiquiátrico si persisto en mi expresar mi identidad (acá había puesto tristeza, pero no es eso; yo para ellos no puedo haber nacido y vivido con sordera) y hacer lo mismo con mi madre, porque mi madre reconoce mi condición y es la única de la familia que sabe como nací (y ciertas cosas de cuando yo era chico que han ocultado)

Han ocultado como nací toda la vida, y ha sido un proceso de identidad descubrir mi condición y tratarla.

He luchado por mi cuenta por tener los audífonos porque nadie de mi familia me ayudó en eso. Es más, hubieran preferido que nunca los tuviera. Ahora, como pasó en las últimas fiestas, si los audífonos me acoplan, se entrecruzan miradas furtivas, que justamente por mi visión periférica adiestrada de sordera puedo ver, y son incapaces de decirme a mí que me están silbando los audífonos.

Vivo solo, con una gata, veo a algunos amigos, hablo con amigas, a veces veo a mi madre. No he podido reanudar conversaciones ni con mi padre (al que considero un psicópata moderado, casi como el Baldomero Ortiz de mi novela Intransparente; de hecho fue una gran inspiración para los costados más familiares de ese personaje) ni con mi hermana (que se ve que aprendió bien de él; nuestra relación es intermitente porque con ella yo tengo que ser alguien que no soy) Si no hay terceros presentes se me hace muy difícil hablar con ellos porque su verdadera personalidad sale a flote (especialmente la de mi padre)

Sé que esa relación a mí no me conviene porque tarde o temprano clavan el aguijón. Eso no quiere decir que no tenga deseos de estar con ellos, de hacer un asado, de que las cosas vayan bien (cosas tal vez imposibles)

Perdí a la gente que quería porque mi padre me ha hecho pasar por quien no soy, terceros llegaron a decir que estaba matando a mis progenitores (por dedicarme al cine, estudiar, no darles problemas con los estudios ni nada de eso; en fin, los sociópatas son hábiles en manipular en el entorno para quedar siempre ellos como víctimas), y siempre mis progenitores se hicieron la víctima para no aceptar mi situación. Siempre hubo alguna excusa.

Yo así como estaba y todo, siempre fui una especie de victimario y la razón no la puedo comprender. No lo fui para mis abuelas, no para mis tías (que veían con extraños ojos a mi padre) pero sí para mis progenitores, a los que nunca les traje ningún disgusto resonante (incluso mi padre, cuando yo estaba entre antropología y cine, me comentó que existía una carrera llamada Diseño de Imagen y Sonido, tampoco se opusieron a que estudiara eso ni a que yo terminara la carrera lo más rápido que pude como alguno de mis amigos y amigas para persistir en mi decisión de hacer cine, escribir y contar historias)

Todo indica que la negación es una defensa instintiva contra algo que debían aceptar y no podía ser aceptado.

Sin audífonos y gracias a la colaboración de mi abuela materna puede irme de mi casa a los veinticinco años. Viví con una sensación de que debía descubrir algo y enfrentarlo desde entonces. ¿Han tenido sueños de que siguen en la secundaria o en la universidad?No creo en casi nada, pero sí creo en los sueños.

En las reuniones sociales me iba a la cama temprano muchas veces (en la costa recuerdo, a los veinte, en la casa de un amigo, mientras los demás se quedaban jugando a las cartas, yo no podía, estaba exhausto, ya había hecho mucho esfuerzo durante el día para estar a la par de las voces)

Ahora a veces me voy a la cama esperando soñar, es una de las formas de la aventura o de la felicidad. La realidad es dura y la noche trae sueños en los que uno puede hamacarse hasta las estrellas o quitarse el pañuelo de seda de un traje que nunca compró para enjugarlo en inexistentes pero sentidas lágrimas.

Pero en la realidad, en el pasado, cuando llegó la verdad, un certificado de lo que ya venía diciendo, llegó también la incomprensión y los maltratos recrudecieron, incluso el hacerme pasar por otro que no soy delante del círculo afectivo que me sostenía.

Esta vez no quiero que me pase lo mismo.

Hace un tiempo a raíz de la situación que estaba ocurriendo con la productora presentante de mi película (que tiene de abogados a los mismos de la película La Odisea de Los Giles, para dar un ejemplo de la desigualdad social entre ella y yo), el INCAA con su negligencia y una pareja que como no pude filmar me abandonó porque esta vez decidí no seguir repartiendo empanadas en una Obra Social y aceptar un futuro porque la otra persona me pareció que me bancó cuando fui exitoso (daba resultados; ajenos a mí, un premio no es algo que uno pueda controlar) y después te da una patada en el culo (no das resultados, cuando otra cosa que sí no puedo controlar para nada como es el hecho de que una productora no acepte firmar un contrato o una institución te haga trabajar para un fraude; ahí se acaban los festejos de aniversarios en Million o las visitas a la falsa panadería francesa; no todas las mujeres lo aguantan), pedí ayuda a mi madre para que intervenga la familia (en vez de terminar solo encerrado en una habitación de una Obra Social oscura como me pasó en 2015 al pasar más o menos lo mismo pero mucho peor en esa ocasión, soledad y tristeza, sin trabajar de lo que me gusta, y recién con audífonos luego de no tenerlos nunca) prefería sentirme acompañado aunque sea los fines de semana para que me ayuden a filmar, aunque sea de manera independiente, lo que sea, algo que ellos supieran que podría hacerme feliz. Pero me equivoqué porque ellos no tienen ni idea ni nunca la tuvieron de que me puede gustar. Siempre fui yo el que piensa qué le puede gustar al otro y no ellos.

Puntualmente, le pedí a mi madre que armara una especie de red de ayuda para que yo no cayera en el desamparo y la desesperanza otra vez.

Porque ya me había caído una vez (con caer no estoy hablando de las adversidades comunes; hablo de la destrucción total de un ser humano) y me había levantado solo, pero dos veces ya es pedir demasiado. Más con lo dura (durísima) que fue la primera (la destrucción total de un ser humano)

No creo en la resiliencia eterna. No creo que nos haga mejores personas. La adversidad no siempre es buena. Un poco sí, mucho, no sabemos en qué puede terminar. Yo ya era sensible desde antes de los golpes más duros, no sé si recibirlos me ha hecho mejor. Hay que dar y no esperar nada a cambio, dicen. Tal vez sea así. Es una de las formas de ser dichoso algunos días y desdichado en otros. Pero uno no puede dar nada cuando siente opresión, no se siente útil, o está ovillado en el piso, como termina el protagonista de mi guión de largometraje Las órdenes.

Entonces, sigo, mi hermana contesta a mi pedido de ayuda diciendo que yo soy pelotudo, no sordo, que es lo mismo otra contingencia como no haber tenido hijos con su ex pareja en su caso, como dijo, que ser sordo o tener discapacidad, que yo no debería apoyarme en lo más mínimo en la familia a nivel afectivo. Que para eso están los psicólogos. Que yo ya soy un adulto con cuarenta años cumplidos y por lo tanto ahora que siga sonriendo en la estampita familiar. Esa donde uno tiene que ser quien no es, por conveniencia, pero que todos saben que es más divertido cuando uno era quien era (uno es o no es, lo feo es que no te dejen ser).

No se puede jugar con la identidad que no está formada sólo por las faltas si no también por los excesos. Con excesos me refiero que a no escuchar sigue el mirar mucho, leer mucho, curiosear mucho, pensar quizás, planear, jugar con la seriedad de cuando era niño. Uno se aleja de algunas costas y pedir que uno vuelva sin algas colgando es un poco difícil.

Mi hermana debería tener conciencia de la discriminación y el dolor que me está causando (como también debería haberla tenido mi padre)

Pero a la vez estoy luchando contra otro efecto colateral, estaba vez estatal. Mis intentos por integrarme en mi labor tienen que ver con mi objetivo final de no depender para nada de mi familia. Estos intentos han sido hasta el momento malogrados por razones ajenas a mí.

Cuando me pidieron el CUD (Certificado Único de Discapacidad por Hipoacusia Neurosensorial Bilateral), en 2012, solamente estaba mi madre el día que fui al Otorrino; no así el día que fui a las cinco de la mañana al Hospital a tramitarlo, ahí fui con un libro, solo, pero antes ese día que me lo pidieron tramitar a mi madre le dijeron que yo no podía hacer cualquier trabajo porque estaba sin tratar (sin audífonos adecuados; y podía meter preso a un inocente si era abogado; cosa que no soy, claro, por lo tanto no había problemas de ese nivel, digamos) lo que vino después fue increíble, no citaron a mi entorno (los médicos y/o terapeutas) para ponerlos al tanto de lo que yo iba a vivir, lo tuve que explicar yo, todo esto resulta en que hasta el día de hoy sigo tratando de explicarle a mi hermana, y ni hablar a mi padre, mi discapacidad (una hermana que en vez de al otorrino me había mandado en 2014 a un homeópata que me terminó diciendo que yo tenía Meniere, algo que no tengo), y tengo que aguantar que me diga que soy un pelotudo, uno que no se puede adaptar a la sociedad porque le gusta el cine, escribir y pretender haber sido sordo (yo estoy seguro de estar sobreadaptado; de haber hecho un sobreesfuerzo y que ese mismo sofreesfuerzo hizo que cosas que contentan a otros a mí no me despiertan la curiosidad ni me dan alegría para nada; a pesar de que me gustan las cosas simples como caminar y plantar un árbol, también me gusta esa palabra tan desusada llamada arte o creación artística) Dice que soy un pelotudo porque un día no oí que el agua en mi departamento fluía; pero que soy más pelotudo, me dijo ella, por haberlo publicado en mi Facebook y en este Blog (o sea, no quiere que se sepa que tengo estas dificultades; que tengo sordera y eso me afecta; porque escribir eso me hace quedar como un idiota)

Lo mismo ocurre con mi padre que me ha maltratado verbalmente (dice hasta el día de hoy que estoy poseído y me pone estampitas de santos; todo esto empezó cuando empecé decirle que era sordo, digamos, y un poco antes también; cualquier persistencia y expresión de descontento para él parece ser posesión, más cuando uno le falta el respeto que nunca se ganó o que hace mucho tiempo perdió significación para mí, el respeto familiar no significa nada para mí, el cariño, la comprensión, sí) y físicamente (golpes, los aguanté porque siempre fui de poner la otra mejilla, o porque tal vez esté acostumbrado a creer que en el fondo, los merezco; no hay otra manera de entender como he sido tan vulnerable a los demás en mi vida)

Mi hermana afirma que todos se ríen de mí porque puse en Internet que el agua caía en mi casa y yo no la escucho. No coincido con eso. A mí no me causa gracia. Y me molesta muchísimo.

Con el beneplácito de un psicólogo mi familia me ha hecho quitar una entrada de mi novela corta online Kong donde contaba mi historia familiar paterna (mi madre me mandó un mensaje diciendo que me iban a asesinar; que si los habían matado en vez de suicidio a los familiares de mi padre -sigue la mentira- el posible asesino me buscaría para acabar conmigo también; me sorprende que así y todo no me haya vuelto nunca loco, ser demasiado cuerdo es quizá mi falta)

Entonces, mi hermana no entiende mi condición y me critica impunemente de la peor manera posible para mantener un lugar en la familia (una familia que casi no existe ya, somos cuatro) de privilegio.

Me gustaría que los manden a hacer tareas comunitarias en centros de discapacidad para que se empapen de las problemáticas que tenemos, y tuvimos, los que sobrellevamos alguna discapacidad. Hay unos cuantos y cuantas que deberían ir.

No hay manera de explicar el tinnitus a 7000hz o más. No hay manera de explicar que uno empezó la carrera dos cuadras atrás, si la vida fuera una carrera. Todo el trabajo hecho, de entes internacionales incluso, para neutralizar los efectos negativos de una discapacidad cae por el piso en tu familia primero y después a nivel institucional y social. Las dos cosas juntas es demasiado.

Es pedir que una persona aguante más de lo que debería aguantar (y aquí hago un punto y aparte, hablando sobre los derechos de las personas con discapacidad, una feminista me contestó por chat; y bueno salgan a la calle a lucharlos como nosotras; yo no estaba poniendo en tela de juicio los logros de las mujeres, pero le tuve que explicar que los discapacitados a veces no pueden salir a la calle tan fácilmente como otros; yo mismo no puedo estar en una manifestación con bombos, porque el ruido me molestaría tanto que no aguantaría; debería ir con tapones, que tengo, y sin los audífonos porque si los pierdo para ponerme los tapones estoy listo; además hay muchas diferencias entre esas luchas)

Volviendo a mi hermana tanto ella como mi padre tienen esa facilidad psicopática para mentir y decir que han hablado con personas, de manera amenazante, con las que nunca han hablado, para que uno crea que el problema es uno y no ellos. Cuando uno contacta a esas personas descubre que es mentira.

En 2014 tomé las riendas, llamé a mi primera ex novia, con la que salí ocho años y conviví para opine sobre cómo era yo y cómo era mi entorno. Me contó que estaba embarazada de su actual pareja, algo que me alegró, en cierta forma, y lo referente a mí dijo que mi sordera era muy notoria (la conocí cuando yo tenía 23 y nos separamos cuando tenía treinta años) que me cansaba muchísimo de escuchar y ya no lo hacía luego de un rato (en esa época no tenía audífonos pero sí había ya audiometrías desde los dieciocho; por qué no me dieron audífonos, y bueno; no hay que negar el poder de la negación de un entorno y de unos médicos que parecen estar demasiado ocupados con tantos otros pacientes) y me alertó que mi gran problema era mi padre que era muy cabezadura, duro, por decirlo de alguna manera.

Su viveza no la tuvo otra ex novia que creyó más a mi padre que a mí. Tal vez por tener otra sensibilidad (tal vez más aún; yo también fui sensible a mi padre; tal vez por algo fue una de las que más quise) Yo estaba débil y no debí exponerme de lleno a lo que iba a ocurrir una vez que me quedara solo y sin nada (más o menos como ahora, pero como dije en otro posteo, ahora me tengo a mí, en ese momento no estaba yo; me habían destruido totalmente)

Escribo esto porque de cualquier manera me siento en peligro.

Mi familia sigue negando mi pasado, negar lo que ha ocurrido. No quiere brindar ayuda de comprensión ni resarcir con actos lo mal que han actuado.

La verdad de mi familia, la que quiere sostener mi hermana y mi padre, quienes me han maltratado y abandonado repetidas veces, incluso en los peores momentos, yéndose de vacaciones meses y dejándome aquí solo, sin nadie, apenas me habían dado audífonos, no tiene ningún resultado más que el de haberme maltratado desde su conducta psicopática sin haber sido nunca puestos en su lugar por nadie (para eso está el INADI pero estoy cansado ya con el otro tema de justicia que estoy luchando)

Que esta carta sirva para ponerlos en su lugar (incluso a cualquiera que se comporte de esta manera)

Debemos ser cada día más explícitos. Nunca comulgué con lo elusivo. Una cosa es ser grotesco y otra ser explícito. Una cosa es la brutalidad escondida y otra la honestidad.

Repito, en casos de discapacidad acreditada de mayor debe hacerse un esfuerzo para citar a la familia y  al círculo afectivo y ponerlos en su lugar. Médicos y terapeutas, especialistas en el tema, o gente sabia, lo que sea. 

Especialmente, cuando a uno mismo se lo hace saber que tuvo mala praxis o descuidado de los médicos anteriores.

Para colmo, ellos, mi familia, están en un entorno, en el que crecí, donde no se comprenden las cosas que me están pasando, bastante carenciado, en Lanús Oeste, con gente con poca o nula educación y un gusto por el oscurantismo y las creencias peligrosas muy marcado.

Mi familia es de ahí, los vecinos cada vez que se acercan a ayudar es para peor (por ejemplo, me mandan una fotografía de San Cayetano, y esas cosas; hasta me trajeron a una persona peligrosa a mi departamento como ya conté)

Mi hermana dice que no puede ayudar.

Esa carta de Change (sobre mi situación con la película y mi falta de inclusión) tuve que escribirla con ella, y estuve un año pidiendo que interceda porque yo veía brutal lo que me estaba haciendo la productora presentante y el INCAA, algo más que cualquier familiar normal sale con tapones de punta para defender (no hace falta que explique como mi familia nunca me ha defendido, lo saben bien varios conocidos, que han visto como me maltrataban en una Obra Social, y que yo se los contara a ellos, a mi familia, sin que la misma reaccione en lo más mínimo; no tienen empatía)

Cuando uno siente electricidad, emoción, porque otra persona le da una palmada en el hombro se da cuenta de qué es la comprensión y a compasión. Y tal vez incluso empiece a ser compasivo con uno mismo. Primera defensa contra la negación y contra la negligencia de los que deberían querer lo mejor para uno.

Todo esto lo único que puede causar es que yo caiga en la tristeza y desesperanza total, que tenga que exponer mi vida porque no soy un monje zen, que tenga que aguantar que los míos, digamos, me estigmaticen como “poseído”, como sigue diciendo mi padre, cualquier tipo de excusa para no hacerse cargo y aceptar que no tuve el tratamiento adecuado, y que la familia ha actuado de manera descuidada conmigo. Podría agregar que ya no puedo ver El exorcista, que es una película que detesto ahora; creo que, moralmente, nunca podría filmar algo así. Es más, El exorcista, me parece una película amoral.

Hablamos de discapacidad, hablamos de sobreadaptación, de invisibilización de una identidad y de un entorno familiar (falso self, dirían algunos psicólogos) totalmente peligroso y preocupante cuando uno no sabe cómo su vida va a seguir cuando tiene demasiadas cosas que resolver.

Siento que cualquier persona como yo debería estar preocupada en sobrellevar su sordera, su discapacidad, e incluso concentrada en otras cosas, pero dejar pasar esto otra vez no me parece una buena decisión. Documentarlo me parece la correcta.

No debería seguir sobre adaptándome toda la vida a los demás, especialmente cuando son gente insensible y peligrosa para la integridad moral de uno. Es muy importante saber quiénes son los otros para que uno pueda cuidarse. No saberlo antes es un acto de irresponsabilidad del que debo hacerme cargo.

La sobreadaptación lleva a la exhaustación, tanto física como mental.

Soy una persona con sordera, no un boludo ni un idiota. Lo siento mucho si los demás o las demás les molesta y les pesa.

He bajado mi propio cuadro de mi casa paterna, he hecho un esfuerzo por ser cada vez más comprensivo, me he enfrentado a mí mismo también, y espero lo mismo, o aunque sea un poco de eso, de los demás.

por Adrián Gastón Fares

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Carta sobre la tremenda negligencia con un premio que he ganado.

Como sigo viviendo este agravio institucional y total negligencia de autoridades, quería publicar esto que he adjuntado al expediente de Gualicho para hacerlo publico. A la vez, como si este blog fuera un experimento, y ante el total desconocimiento de la ley de Cine y de los derechos de las personas con discapacidad que estoy padeciendo (que tiene un alcance internacional, según entiendo, adjunto aquí mi Certificado Único de Discapacidad) No puedo tolerar más los maltratos, las incomprensiones y la negligencia absoluta de las personas y las instituciones públicas argentinas. Y me parece un buen ejemplo para la o el que esté viviendo algo parecido, porque cuesta hacer valer estos razonamientos en cualquier país (y más en este) A estas alturas parezco el personaje Herzog, de la novela homónima de Saul Bellow, con estas cartas nefastas. Sepan disculpar, pero es ciertamente necesario.

14 de Agosto de 2019, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Gualicho Ganador Opera Prima Largometraje de Ficción

Expediente 8471/17

Estimados,

INCAA (Instituto de Cine Argentino y Artes Audiovisuales)

Presente

Gerencia Jurídicos y Presidencia INCAA

Dejo constancia, adjuntando mi Certificado de Discapacidad Único (CUD) de que consideramos un agravante que Gualicho, todo mi trabajo como Autor, Director y Guión para Gualicho (incluso el de desarrollador inicial y, por lo tanto, productor también) no llegue a buen fin con el descargo que presenté el 1 de abril de 2019 (Pedido de buen fin, cuanto antes, por mi falta de inclusión)

La manera en que fue tratado este premio Ópera Prima está en contra  de la ley 22.431    de Discapacidad, así como los artículos de la Ley 26.378 de la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos de las personas con Discapacidad y su protección, inclusión, no discriminación e inclusión social. Lo que viví hasta el momento, con las dilaciones que el mismo INCAA puso en el camino, es totalmente negligente, por lo que considero las mismas, y a dilación aún corriente, como un grave perjuicio y daño moral y psicológico a través de los derechos nacionales e internacionales que me defienden.

Repito, es un daño y perjuicio tanto moral  como psicológico a mi persona lo que he vivido con INCAA hasta el momento (y las consecuencias que tuvo para mí, un ganador de un premio Opera Prima como Director; fui en que contestó al llamado que ustedes hicieron, por lo que considero como Fraude el accionar de los funcionarios involucrados en el mismo, más la actitud de no lograr un buen fin en trámites en que hemos sido asesorados por los mismos empleados del INCAA desde que salió el premio en 2017; incluso he expuesto a transparencia mi Discapacidad Auditiva solucionada con audífonos y también se la he explicado a la productora presentante, Pamela Livia Delgado, de que era delicado el tema de quitarme un premio y no dejarme crecer ni profesionalmente, laboralmente y creativamente, luego del gran esfuerzo que significó para mí escribir, desarrollar enteramente y trabajar en Gualicho)

Vuelvo a pedir con valor de URGENCIA que cuanto antes pueda seguir con la preproducción y producción de mi proyecto Ganador de Opera Prima Largometraje de Ficción BW INCAA.

Y si no se hará público el accionar, además de iniciar las acciones legales nacionales e internacionales, que se prestan a estos casos de mal asesoramiento, falta de transparencia, falta de decisión moral y ética en una institución pública como la que ustedes presiden.

Pido continuación URGENTE de la preproducción aún iniciada de mi película Gualicho, puesta en valor del premio como Autor, Guionista y Director, y el traspaso, según los ajustes necesarios más la actualización a mi persona, a Leo Rosales o productor responsable para la finalización del largometraje premiado. De otra manera, deberé iniciar las acciones requeridas para denunciar el delito que este expediente testifica.

Saludos cordiales,

Adrián Gastón Fares

Diseñador de Imagen y Sonido (UBA)

Autor, Guionista, Director y productor de Mundo tributo (con Leo Rosales) , Gualicho (Ganador como Guionista y Director Opera Prima Largometraje de Ficción) y Mr. Time

Certificado de Discapacidad Director de Cine Ganador Premio INCAA
CUD Certificado Único de Discapacidad Adrián Gastón Fares

 

Cine. Short Film by Adrian Gaston Fares / Cine Sordo – YouTube

Comparto un cortometraje que realice en 2013, si mal no recuerdo.

Tal vez lo hayan visto.

Varios amigos me dicen que grabe algo al respecto. Incluso que toque el tema de lleno de manera audiovisual o 360 (VR) Sería muy fácil para mí y por eso por ahora no hice una serie o una película sobre el tema.

Hay muchas cosas. Me aburre un poco algo que conozco tanto.

Sin embargo en ese momento sentí la necesidad de abordar mi sordera así. En realidad el principio y el final eran la idea de una película. El intermedio es lo que pude hacer en ese momento de manera independiente.

Puedo decir que a veces cuando no sabía era más fácil también. Cuando no entendía. Cuando pensaba que todos eran así. Cuando los audífonos no amplificaban todo sin discriminar.

También hice elecciones estúpidas. Esas elecciones son un agujero negro. La gente en la que confíe, incluso ayudé. Mi humanidad me engañó.

Ya no seré así.

Nunca olvidaré la prueba de audífonos. Ir a un bar con mis amigos y no animarme a acercarme a nadie.

La vida a veces es horrible. Tan fea que no vale la pena vivirla. Muchas veces pensé, más ahora con los inexplicables traspieses que tuve con mi trabajo audiovisual en este país, en la eutanasia. No creo que deba ser un tema tabú.

Pasa que soy demasiado curioso.

Y la balsa sigue navegando.

Por Adrián Gastón Fares

El costado familiar

Escribo echándole un vistazo cada tanto a un cementerio que tengo frente a mí. Uno que está lejos de los que conozco, los que más conocí. Está lejos de Lanús, donde crecí, de la zona donde fui al colegio, cuyos cementerios más cercanos son los de Avellaneda y el de Lomás de Zamora.

El de Lomás apenas lo entreví en una noche luego de un velatorio del padre de una compañera de colegio. Pero no estoy seguro si ese fue un sueño o fuimos en grupo con mis compañeros de colegio a ese cementerio a la noche. Sé que es uno de los cementerios más lóbregos que hay.

El de Avellaneda fue mi campo de juegos de chico. Mi padre me llevaba los fines de semana para visitar a su madre que había muerto cuando yo tenía un año de edad.

Así que nunca conocí a mi abuela materna, y si lo hice fue descansando en su regazo como pude ver en una fotografía.

Mi abuela paterna murió de un ataque (¿ACV?) a la mitad de sus cincuenta años. Supongo que fue la cantidad de cigarrillos que fumaba, pero otra manera de verlo es que se la llevaron la calidad y cantidad de los sufrimientos que tuvo. Era una persona alegre (me contó mi tía María, la enanita de Intransparente, donde ella es la única verdad; o la única no tergiversada) a la que nada le importaba, desinteresada.

Gran persona la enanita. No existen ya así; no había estudiado ella pero leía todos los libros de Agatha Christie que les llevaba. Hasta los de Stephen King. Ella se iba al final, los ojeaba ahí y los leía de atrás para adelante. Tenía creo que setenta años o más. Para ese entonces (los ochenta) era grande. Josefa Alvarez, agradezco tu presencia y tus cuentos (o tus historias)

En fin.

Mi abuela paterna había tomado mates con mi tía María (que no era María, ni tía; se llamaba Josefa Alvarez, como dije, y llegó a mi vida más o menos de casualidad, y fue una de las que alegró mi infancia; tenía una discapacidad, digamos, su mano estaba recluida, doblada; tenía una mano inutilizable; había sido fosforera de una fábrica)

En la época de las bombas, de la Revolución Libertadora, el esposo de mi abuela materna, A., mi abuelo, que es difícil imaginarlo abuelo porque tenía veintiséis años, apareció muerto en un apartamento. Suicidio. Dejó una carta escrita a máquina. Supongo que habrán encontrado el revólver. No lo sé. Un momento: apareció muerto en su apartamento es totalmente ficción. Yo siempre pienso, mi abuelo que se mató, que se disparó, que se suicidó.

A. era maestro de obras y trabajaba en un estudio de arquitectura.

Así, a los veintiséis años, alejándose de dos niños, mi padre y su hermana, mi tía paterna V., mi abuelo desapareció del mundo, antes de que yo naciera. Los Fares eran muchos hermanos que deben saber más que yo sobre lo que estoy escribiendo. Pero la verdad es que la vida se ha llevado a unos cuantos. Y otra es que nunca los conocí. O los conocí muy poco.

Acá hago un paréntesis porque la historia se bifurca.

Hay algunas dudas y se cree que a mi abuelo lo han asesinado (la carta está escrita a máquina) y por lo tanto que la muerte que sucede a la de mi abuelo es una consecuencia más o menos tangible, más o menos, dudosa; tal vez otro asesinato. La ficción que puede tener la realidad me supera, si es así, yo no sé cómo contar esto, no creo en tantas casualidades, y uno sabe que la vida es tan dura como el más entrenado de los asesinos. Así que sigamos sin más alteraciones. Los inventos paternos son más que sospechosos y no parecen coincidir con la realidad.

A los pocos años, V., la hermana de mi padre y la que hubiera sido mi tía, o es mi tía, porque la he hecho mi tía, decidió quitarse la vida. Desconozco las causas. En mi familia las dos muertes están rodeadas de esos secretos que forma el dolor, el miedo, y el utilitarismo.

Los médicos, siempre tan doctos y tan errados, recomendaron a mis padres que no me contaran nada hasta que fuera adulto. Así que siempre creí que mi tía se había muerto en un accidente (que es lo que los médicos recomendaron que me contaran) y mucho no sabía del destino de mi abuelo, al que, como dije, hasta decían que habían asesinado. Más o menos a los dieciocho años yo me enteré. No me quedaron muchas dudas. Leí cuentos de detectives desde chico.

Una día, un día gris, observé una urna en el cementerio de Avellaneda que contenía los huesos de mi tía. Eso causa una especie de mareo muy extraño.

Ahora sus restos están próximos a los cajones donde descansan los cuerpos de los italianos por los que fui querido y, que quise, y que ya no están. A veces las familias terminan de unirse en la madera y la piedra, como todo.

Mi familia tal vez hubiera sido distinta con mi abuela materna, con mi abuelo, con mi tía. Pero el destino no puede cambiarse.

Mi padre jamás quiso hablar del tema; él dice que es un extraterrestre si le pregunto y niega más o menos los hechos, o se pone a hablar de otras familias y sus faltas.

Mi familia se fundó sobre ese duelo, ese suelo mejor dicho, nunca aceptado. Por lo menos la parte paterna. La materna es otra historia. Italianos.

Y tal vez por esa historia estoy aquí. Tal vez también mi padre se pudo escapar de la suya también por lo mismo.

Son dos cosas distintas igual.

Mi hermana, la actual, no quiere saber nada con el tema, prefiere ocultarlo también. ¿Qué puedo decir sobre eso? Es bastante perturbador todo.

Mi padre nunca quiso hablar del tema, pero es la víctima eterna en mi familia.

Será por ese secreto tan nocivo que me molestan los secretos. Y que los creo tan peligrosos.

Los muertos de una familia son más duros, compactos, pesados, y sostenidos, y más inenarrables, que los de un estado o de una nación. Cuando no hay un instigador claro, o un asesino, uno puede imaginar a miles. La víctima se multiplica y las causas victimarias también. Siempre es peor no saber que saber.

Volemos un poco en el tiempo.

La noche en que me avisaron que el proyecto de mi película Gualicho había obtenido un premio yo venía caminando por la calle Paraná con esa alegría que uno tiene cuando no sabe lo que ganó.

Crucé Lavalle, caminando por Paraná, donde había trabajado tres años en una Obra Social, justo en diagonal al apartamento donde mi abuelo paterno se había quitado la vida, donde también pensé en quitarme la mía o por lo menos en que tenía que escapar de manera urgente, y escapar ya, no había otra, y luego crucé la avenida Córdoba para acercarme más al edificio donde vivo.

Y ahí me quedé, a mitad de cuadra, sorprendido.

Un coche, un taxi, estaba cruzado en diagonal en la calle con las luces delanteras rotas y el capó hundido. Enfrente, con el torso en la vereda y la cabeza en la calle, yacía el cuerpo de una joven. Se había arrojado del sexto piso, decían. El taxista estaba en shock porque el cuerpo de la joven había caído sobre su vehículo. Un hombre culpaba a las publicidades , su “mundo perfecto”, y una psiquiatra, que justo pasaba por ahí también, murmuraba que ella trabajaba para que esas cosas no ocurrieran.

No supe qué decir.

Comenzaron a pelearse porque uno le echaba la culpa a la sociedad y la otra era la que se ocupaba de que la sociedad siguiera funcionando con reglas nefastas. Esto no quiere decir que yo esté a favor del hombre, del vecino, porque creo que los jóvenes no miran publicidades tan estúpidas como las que pasan en las salas de cine y en la televisión. Pero sí miran Facebook e Instagram lugares donde se cocinan mentiras muy hermosas y perniciosas y comparaciones ciertamente nefastas.

Reconocí algo de verdad en los dos. Pero más en el vecino porque fue el que se quedó.

No creo en las terapias porque no suelen hacer nada sobre el entorno. Por ejemplo, uno puedo contar que fue abusado y el psicoanalista decir que es uno el que tiene que cambiar. No da eso. No son curas, y los curas ya eran nefastos.

En fin, sigamos con ese día peculiar.

Hasta la dueña del supermercado, la china, había mandado señales a sus facciones: muévanse; formen una mueca de desconcierto. Había un cuerpo frente a ella. Su gesto impertérrito ya no parecía tan duro. Hay otras chinas  muy agradables, pero la china esta era incorrupta por la felicidad y por la amabilidad, se limitaba a ser con esa cara de piedra y de bronca, de estar atendiendo un supermercado a la que ella nunca perteneció ni debió pertenecer, aunque la mayor parte del tiempo sus ojos estaban clavados en un smartphone del que extraía pegajosas canciones. El chino, su pareja y padre de su hijo estaba visiblemente más consternado.

Prefería verlos a ellos, su reacción, que escuchar a la psicóloga de la calle (o la psiquiatra) compadecerse porque su profesión no servía para nada.

Yo le contestaría ahora que no pueden estar tratando los síntomas por siempre, que deben hacer algo por el contexto. Sus profesiones son muy cómodas. La agente de la salud mental es la primera que se fue, dejando al viejo todavía preocupado (ahora ya no está más la china, hay un chino que es mi gran amigo; hablo con él, no entiende mucho para hablar, pero habla igual de una manera muy graciosa y muy bondadosa también; el día del amigo le dije; feliz día, pero no le dio importancia, supongo)

Mi opinión con el tema de la terapia es que un poco de cabeza y bondad sirve en cualquier ámbito y en cualquier profesión. Pero nunca se sabe.

Caminé los metros que faltaban hasta mi apartamento, subí las escaleras o el ascensor, no recuerdo, y me largué a llorar en mi dormitorio.

Un poco por la chica tirada en la calle, otro por las vueltas de la vida que hacían posible que Gualicho tal vez se pudiera filmar después de haber perdido tanto por hacerla de manera independiente, de haber sacrificado tanto. No era que yo hubiera sacrificado tanto o supiera eso, pero los demás me lo habían hecho saber. Y además, sé de lo que es Gualicho, en parte, ¿cómo pasaba esa casualidad?

No conocía a la chica tirada en la calle, como tampoco llegué a conocer a mi tía, una belleza rubia, de ojos verdes. En la terraza de la casa de mis padres en Lanús, en un cuarto de la terraza, hay un cuadro en la que está pintada mi tía, V. Ya adolescente.

Parecía ser muy inteligente mi tía paterna, han caído en mis manos algunos cuadernos de cuando ella estudiaba.

¿De mi abuelo paterno? ¿Qué puedo decir?

Sólo vi una fotografía muy pequeña, en una ¿pileta?.

Me parezco tanto a él como a mi abuelo materno, ese que sí llegué a conocer, y que se fue del mundo por una enfermedad demasiado pronto, y que dijo a mi abuela materna cuando se lo llevaban en una ambulancia y se ve que sabía que no iba a retornar a su casa: cuiden a los nietos.

Así son los abuelos, o ¿no? Mi abuelo materno construía casas. Sin haber estudiado, la tenía muy clara con lo de levantar una casa o construir algo. Los dos estaban secretamente conectados.

Pero del lado de mi padre, mi tía V, y mi abuelo A, son dos agujeros en el tiempo. Las personas que entran y salen de nuestras vidas suelen marcar el tiempo; los muertos, y menos los que murieron antes de que naciéramos, no. No sé qué hacen; pero no lo marcan. No hay un antes y un después de ellos.

Son intemporales, reaparecen, se transforman, viven en el futuro, en el pasado, en el presente, en los sueños; nunca aparecen del todo. A veces creo que están más vivos que yo.

A mi tía y a mi abuelo, en general los imagino valientes y abnegados, otras veces trato de salvarlos aunque sé que imposible.

Son el símbolo perfecto y donde deposito todas mis ficciones, tal vez las que nunca escribo; esa donde salgo a la ciudad un determinado día a evitar, como en Volver al Futuro, que mi abuelo se lleve el arma en la cabeza, y para encontrar a mi tía adolescente antes de que sea demasiado tarde. Pero estas ficciones se desdibujan ante el peso de la realidad. Sus consecuencias en mi vida son mucho más nefastas de lo que aparentan (por mi entorno familiar)

Una familia siempre sufre con estos precedentes. En realidad las familias siempre sufren, lo importante es cómo sufren, ¿no?; ya lo dijeron de otra manera.

La trama que los alejó a los dos es desconocida para mí y sólo supuesta.

Somos y dejamos de ser. Y casi siempre hay una o dos razones y no mucho más.

Las novelas y las ficciones son un juego que muchos aman y pocos juegan. Nada tiene que ver una película con la realidad, como nada tiene que ver una montaña con una persona (salvo que las montañas están formadas por los sedimentos de humanos que han vivido y muerto antes, en parte). Arrastrando de los pelos este paréntesis: no vamos a pensar que las personas son sedimentos; no lo son. Sí sus restos, la mesa en la que estan leyendo esto puedo o no contener algún que otro resto de nuestros antepasados.

No es tan malo, ¿no?

Por lo tanto, los que se van como mi tía y mi abuelo siguen vivos en su época y todavía no han muerto.

Tal vez es demasiado exigirlos, pedirles que hubieran pensado lo que estaban haciendo a los que quedaban en el futoro, porque seguramente algo o alguien les estaba haciendo mucho a ellos. Y el tiempo pasa y todos vamos a desaparecer, tarde o temprano. Y también los cuerpos se desarman de muchas formas.

Dicen que las almas existen, pero yo no estoy seguro. Es más fácil, y más inteligente, pellizcarse el cuerpo para despertar, que el alma. A veces creo que eso habrán pensado ellos.

También creo que hay un debate sobre la eutanasia que toda sociedad debe tener. Esa isla más o menos inefable no puede estar prohibida. Evitaría secretos; por lo menos serían menos. Un secreto es válido en la ficción; en la vida está de más.

por Adrián Gastón Fares

En la que vuelvo a contar mi historia de vida mejor para que se sepa

Mi historia de vida

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por fórceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias sino por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado, una identidad acorde a mi nacimiento y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (ténganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así. Y esta vez me di el lujo de nacer llorando mucho, primero de alegría, luego de bronca por lo que veía que me estaba pasando (y me había pasado)

Pero para entender mi historia hay que seguir en Lanús. Y ser un niño ahí en los ochenta. Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Por lo menos era un entorno donde se hablaba de hacer cine. Y ahí conocí a un gran amigo y compañero de trabajo, Leo Rosales.

También a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale). Lo dirigí con Leo Rosales, hice el diseño de producción y la fotografía.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación.

Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios y estímulos. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Ella también estaba buscando su camino y estudiando algo que no tenía nada que ver con el cine.

Me puse a trabajar con ella en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el ínterin, me entregaron el certificado de discapacidad (CUD) que ya había tramitado, por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. También sentí que estaba rodeado por primera vez por una familia comprensiva que no era la mía (que comprendían por lo menos al cineasta, no al sordo) El día que me entregaron el certificado de discapacidad estaba con mi pareja y jugué, creo que por primera o segunda vez a esas máquinas en las que se puede ganar un muñequito. Pude capturar a un martillo de pelucho con un mono dibujado en la parte de arriba de la T. Al golpearlo contra la cabeza de uno, el martillo de peluche reproducía el chillido de un mono. Todavía anda por algun lugar de mi departamento.

Pero esa persona con la que fui a sacar el certificado de discapacidad me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

Poco antes de que este cambio en las relaciones de mi vida ocurriera, había ido a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar.

Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Puede ser que hubiera sufrido menos luego también.

Ese tránsito a mi vida con audífonos y a ser persona con discapacidad (el certificado afecta) no fue supervisado por nadie. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caían: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo)

Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar, el maltrato y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Como dije, en el fondo estaba solo en mi identidad nueva, los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con esa novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo (cine) e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual, más cuando hay historial de duelos familiares mal llevados), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengo mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Poco antes, mi pareja apareció llorando para decirme que su padrastro se había enterado por mi padre que yo nunca había trabajado (?) y le dijo que me dejara.

Fui a trabajar de cualquier cosa con la esperanza de recuperar a una mujer. Ahí los que antes hablaban del trabajo formal me decían: los pelos de una concha (vagina, para ser más claros) tiran más que una yunta de bueyes. Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar. Además las vaginas a veces están rasuradas, para buena suerte de algunos y algunas y malas de otros. Son elecciones esas. En otras cosas es más difícil elegir.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo (bastante tiempo después se me ocurrió otra película), hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender) Cuando salía del trabajo, al atardecer, miraba el banco de cemento que había en la puerta. Por mucho tiempo pensé que alguien me iba estar esperando ahí.

Pero claro, no pasó eso. Y casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salías a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. No toleraba más la habitación oscura sin baño y la soledad de 9 AM a 18 PM. Y encima no había tareas para hacer. En fin, no aguanté más y se lo dije a mi psicólogo de ese entonces.

Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí. Un psiquiatra dijo depresión. Estrés postraumatico. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuánto tiempo. Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad de algunas) Fui muy detallista con mis aciertos pero más con mis errores.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a un especie de manosanta a mi casa. Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, con la que di en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2012 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible. Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba. Ese momento y no otro (2014) es el que recién me sentí mejorado auditivamente; podía escuchar mejor, los audífonos por primera vez bien, las puntas que me servían descubiertas. Cualquiera que use auriculares se puede dar cuenta de la diferencia entre usar un tapón u otro. Pero algunos fonoaudiólogos tienen tantos pacientes que se pierden con eso. Si te dan unas puntas aireadas y eso no te sirve, vas a sufrir más en vez de escuchar mejor tu voz y y a los demás.

Faltaba potencia. Con certificado de discapacidad pedí los audífonos con amplificadores intraauditivos a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrinolaringola del Sanatorio Guemes certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto. Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película (Gualicho) decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada. Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico.

Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad.

Quiero estar con la gente que elegí estar. Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así.

Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y ahora yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias, negligencias, agravios e incomprensiones a las personas con discapacidad no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la in-transparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo y que han sido terribles en mi vida) a veces duelen mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 7 de Agosto de 2019

 

La convicción de la Convención sobre los Derechos de Personas con discapacidad.

En 16 de Marzo de 1981 se promulgó la Ley 22.431 en Argentina. SANCIONA Y PROMULGA CON FUERZA DE LEY un Sistema de Protección Integral de los Discapacitados.

Entre otros puntos asegura la atención médica, la educación, la seguridad social. Así como sanciona franquicias y estímulos que permitan en lo posible neutralizar la desventaja que la discapacidad provoca y les den oportunidad, mediante su esfuerzo, de desempeñar un rol en la comunidad equivalente al de una persona normal.

Estoy parafraseando pero más o menos dice eso.

Para esta ley, un discapacitado, es una persona que padece una alteración funcional permanente o prolongada, física o mental, que en relación a su edad y medio social implique desventajas considerables en su integración familiar, social, educacional o laboral. Afirma servicios de rehabilitación integral, además, así como préstamos y subsidios destinados a facilitar su actividad laboral o intelectual. También propone la orientación o promoción familiar, social y e individual.

En el año 1981 yo era muy chico. No lo recuerdo a ese año. O recordaré un atardecer de ese año pero nunca sabré si ese recuerdo fue de ese año con certeza.

Pero ahora sé que estaban al mando de Argentina los militares y que la ley, aunque duela decirlo, o parezca raro, fue sancionada por Videla y el resto de su equipo.

Hay una historia de un hijo discapacitado del dictador argentino, pero aparentemente no fue bien tratado por nadie, ni por el mismo Videla, como cabría de esperar o no, pero la ley calculo tendrá su antecedente en la ley de Estados Unidos de 1973 (Ley de Rehabilitación de América Caduca) y las repercusiones del Fondo Voluntario de la ONU de los años ochenta.

En fin, una buena ley sancionada por una dictadura nefasta, y creo que la primera de ley de Discapacidad de Latinoamérica.

Ya en 2006, bajo otro gobierno, se aprueba y decreta la ley 26.378, con el Anexo de la Convención Internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad. Las Naciones Unidas crean un comité de dieciocho personas de distintas nacionalidades que se ocuparán del tema y de un ente regulador con sede en Suiza.

Aquí es mucho más alegre el asunto.

Por ejemplo, además de proteger la integridad psicológica del discapacitado, de acompañarlo desde el diagnóstico, tiene párrafos de este tenor. No ocultaré que copio los que más me interesan y que me llaman más la atención porque no se cumplen casi nunca.

Por ejemplo:

Promover el reconocimiento de las capacidades, los méritos y las habilidades de las personas con discapacidad y de sus aportaciones en relación con el lugar de trabajo y el mercado laboral;

Promover programas de formación sobre sensibilización que tengan en cuenta a las personas con discapacidad y los derechos de estas personas.

Los Estados Partes adoptarán todas las medidas de carácter legislativo, administrativo, social, educativo y de otra índole que sean pertinentes para proteger a las personas con discapacidad, tanto en el seno del hogar como fuera de él, contra todas las formas de explotación, violencia y abuso, incluidos los aspectos relacionados con el género.

Los Estados Partes tomarán todas las medidas pertinentes para promover la recuperación física, cognitiva y psicológica, la rehabilitación y la reintegración social de las personas con discapacidad que sean víctimas de cualquier forma de explotación, violencia o abuso, incluso mediante la prestación de servicios de protección. Dicha recuperación e integración tendrán lugar en un entorno que sea favorable para la salud, el bienestar, la autoestima, la dignidad y la autonomía de la persona y que tenga en cuenta las necesidades específicas del género y la edad.

Los Estados Partes adoptarán legislación y políticas efectivas, incluidas legislación y políticas centradas en la mujer y en la infancia, para asegurar que los casos de explotación, violencia y abuso contra personas con discapacidad sean detectados, investigados y, en su caso, juzgados.

Alentar las oportunidades de empleo y la promoción profesional de las personas con discapacidad en el mercado laboral, y apoyarlas para la búsqueda, obtención, mantenimiento del empleo y retorno al mismo. Promover oportunidades empresariales, de empleo por cuenta propia, de constitución de cooperativas y de inicio de empresas propias; Los Estados Partes adoptarán las medidas pertinentes para que las personas con discapacidad puedan desarrollar y utilizar su potencial creativo, artístico e intelectual, no sólo en su propio beneficio sino también para el enriquecimiento de la sociedad.

Pero no se puede promover nada si nadie se mueve y en Argentina, metafóricamente, nadie se mueve, las cosas no se mueven. Los expedientes no se mueven. La gente no coopera. Un abogado puede no estar al tanto de esta Convención por ejemplo que tal vez lo más importante que subraya es que una persona con discapacidad puede ejercer libremente su identidad.

Algo tan simple como eso.

Lo demás nos cambiaría la vida a unas cuantas y a unos cuantos y espero que pronto nuestros esfuerzos por adaptarnos a una sociedad las más de las veces hostil e indiferente e incluso enriquecer esa sociedad de alguna manera, como estipula la convención de 2006, incluso con nuestras más raras fantasías, nuestros mundos nuevos, nuestra visión, sea valorado de aquí en más.

por Adrián Gastón Fares

PD: Si no se cumplen estas cosas el comité evaluador de la Convención de los Estados Partes de las Naciones Unidas (donde se puede reportar los deslices en los derechos humanos de los discapacitados) está en Suiza. Y se puede escribir aquí, a la División de Procedimientos Especiales:

Postal address:
Special Procedures Division
c/o OHCHR-UNOG
8-14 Avenue de la Paix
1211 Geneva 10
Switzerland

O incluso mandar un Fax:

Fax : +41 22 917 90 08

PD 2: Anduve actualizando el Acerca de mí

Para el que quiera saber quién escribe:

Adrián Gastón Fares

Escritor, Director de Cine, Guionista, Productor de Cine.

Bio:

Fares, Adrián Gastón (28 de octubre de 1977, Buenos Aires, Argentina) Egresado de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. Creció en Lanús Oeste, Buenos Aires, donde escribió su primer novela influenciada por el cine y el terror fantástico: ¡Suerte al zombi!
Luego fue crítico de cine de la pionera revista online Cineismo y fue seleccionado para una Clínica de Obra literaria en la Universidad de Buenos Aires por su novela corta El sabañon. Esta novela inauguró un blog de cuentos, notas y poemas que lleva más de doce años en línea, primero llamado El sabanón y luego adriangastonfares.com
En 2016 fue seleccionado por su guión de película, Las órdenes, para el Laboratorio Internacional de Guión (Labguión, Programa Ibermedia)
Escribió Gualicho (Walichu), que ganó el concurso Internacional de Cine Fantástico Blood Window Película de Ficción INCAA, con un jurado conformado por los directores de los festivales de Sitges, San Sebastián y periodistas de medios como SeriesMania y Variety. Acaba de desarrollar su segundo guión de película de terror fantástico llamada El señor del tiempo (Mr. Time)

También es reconocido por crear y dirigir el cortometraje de terror Motorhome y ser el guionista, productor y director (junto a Leo Rosales) de la película rockumental argentina Mundo tributo. Este film fue programado en festivales de cine de todo el mundo y adquirido y exhibido por Cine.ar, Canal Encuentro, In Edit, Mtv Brasil, entre otros medios.

Por otro lado, Adrián tiene pérdida de audición, sordera de origen congénito. Fue diagnosticada tardíamente y tratada con audífonos recién a sus 34 años de edad; en el año 2012.

Más información sobre su actividad cinematográfica:

http://www.corsofilms.com/press

Publicaciones literarias:

Novelas:
Intransparente (2011)
El nombre del pueblo (2016)

Libro de Cuentos:
Los tendederos (2019)

Guiones de largometraje:

Mr. Time (nuevo)

Gualicho (premiado)

Las órdenes (premiado)

Embrión (título tentativo)

La venta (título tentativo)

Ojalá (título tentativo)

 

INCAA (Instituto de Cine y Artes Audiovisuales Argentino) Novedades

Sigo explicando lo que me están haciendo vivir unos irresponsables por un premio que gané.

Traté de suprimir lo innecesario y corregí algunas cosas para resaltar otras.

Aquí hay una petición que hicieron para el caso en Change:

Petición Justicia Change

¿Cómo puedo entender que habiendo hecho una película independiente con mi dinero y el de Leo Rosales, que conocen todos (los mismos empleados del INCAA, la aprecian; estuvo en BAFICI, en medio Latinoamérica, Europa, Estados Unidos) traté de regularizar mi trabajo en cine, presenté a un concurso, gané y no me dejen filmar por no ponerse a trabajar administrativamente (y más que nada creo a estas alturas por ocultar el trabajo de una productora presentante que tiene relaciones COMERCIALES con una Gerenta)?
¿Cuánto tiempo puede llevar poner las cosas en orden? Van casi dos años.
Yo solo quiero filmar lo que tanto me costó crear. Quiero que me dejen demostrar lo que aprendí.
No hay ya aprecio al trabajo y menos que menos piedad por mi situación particular con la discapacidad auditiva que me hace repensar el día a día de manera diferente a como piensan otros (trabajé sin cobrar en mi propia película, debería poder pagar un smartphone que se conecte a los audífonos para escuchar llamadas; no tengo porque no lo puedo pagar) No puse la discapacidad auditiva en el CV, ciertamente. Pero la paciencia de uno se agota. Más que nada por que lo que queda a uno son opciones desagradables para hacer en vez de hacer lo que uno estudió, aprendió, ofició, lanzó, emprendió, sabe hacer, o la palabra que sea que describa el escribir, el desarrollar, el dibujar storyboards, el hacer guiones técnicos, propuestas estéticas, sinopsis, propuestas de públicos, castings, locaciones, propuestas estéticas, presupuestos reales, y todo lo que conlleva presentar a un premio que hacen los DESARROLLADORES.
Pero en el expediente de mi película, Gualicho (y la de Leo Rosales, también) está mi trabajo entero sin cobrar un peso (sumado por la productora presentante, Pamela Livia Delgado, para justificar gastos; la dejan hacer en INCAA de esta manera, destruir el trabajo de meses, años; es hacer pasar el trabajo de uno por el de otros)
Esa diferencia de lo que vivo es la que puedo ofrecer a un cine argentino detenido en el tiempo.
Lo que también puede ofrecer Leo Rosales, como productor ejecutivo, que se jugó con Mundo tributo también.
Pero Leo trabajó conmigo en Gualicho. Reviendo el proyecto, tirando ideas, viendo caminos, asistiendo a reuniones.
Después, nos encontramos con productores especuladores (no todos) que sólo aparecen cuando pueden quedarse con el dinero de una película. Estrenan, cobran, si le va bien o mal, la miran 600 personas: no es su asunto… Perdón, no es esta mi lucha, mi intención porque quiero que haya diversidad en el cine, como sabrán si me leen, pero es la que me ha llegado también. La que hace sufrir también a otros que ven su trabajo vulnerado.
También están los otros productores (y productoras) que quieren arañar un premio porque saben como sacar una tajada. No te hablan ni A de lo creativo, de lo que escribiste, ni de nada. ¿Qué les interesa? ¿Hace falta que lo diga?
¿El director de cine? ¿El productor creativo? ¿El esfuerzo? ¿El trabajo? No han existido nunca.
Son un viejo chiste. Una excusa para hacer desaparecer al verdadero cine. ¿El verdadero cine argentino, no? Sin responsabilidad. Sin la responsabilidad que uno tiene al jugarse todo por algo que creó: al dedicarle horas y dinero.
El problema es la libertad que dan para usar el poder a los poderosos de siempre. A los que son testaferros. A los que saben casi nada de cine y algo de Excel.
Crear es tomar decisiones. La justicia es interpretar la ley.
Acá no hay justicia, no hay pensamiento.
No hay aporte de una institución que te manda a trabajar por un premio que no está bien sustentado. ¿Para qué entonces? Es para ellos. OK. Para que sigan viajando y digan que hacen.
Trabajamos gratis para ellos y ellas.
Sin el premio de los tontos, que es: Aunque sea poder filmar tu película.
Ni si quiera en las bases está reglado que le paguen al director, ni al desarrollador de la idea. Nada. Directores; guionistas; productores creativos, con estas bases y con esta política institucional: no existen.
Solo existe el abuso de poder, la mala información,  la intransparencia, las negligencias que tienen consecuencias sobre los más desfavorecidos por la desigualdad.
Ahora van a implementar un sistema online para los expedientes en INCAA. En realidad, ya está en funcionamiento.
Queremos verlos a todos. Los expedientes.
El INCAA es un ente autárquico. Público. Parece ser monárquico. No autárquico.
No tengo nada más que decir.
Por Adrián G. Fares.
Postdata 1:
Antes las personas que me han visto sufrir y luchar sin hacer nada:
Ralph Haiek, presidente del INCAA (que no tiene Vicepresidente), me debe una disculpa. Me contestó de manera inaceptable para un pedido pacífico como el mío. Me palmeó en la espalda para sacarme de encima. Respeto su lugar, pero no se actúa de esa manera.
Lisandro Molinas, Sub Gerente de Jurídicos del INCAA (sus empleados dicen que es Gerente), lo mismo, tiene retenido el expediente y no entendemos por qué.
Lucas Lehtinen, Gerente de Administración (y Jurídicos?) dijo que ante mi situación (discapacidad auditiva, falta de trabajo, inclusión, injusticia con un… premio) iba a hacer algo. No hizo nada.
Viviana Dirolli, antes Gerenta de Fomento, ahora promovida a Gerencia de Internacionales, ex socia del estudio donde trabaja la productora presentante de mi pelicula (me hicieron enterar; Cepa Cine, Cepa Audiovisual). Bajo sus órdenes y en su Gerencia, no me dejaban ver por meses el expediente de mi propia película (está en el expediente)
Presenté un pronto despacho. Van meses del pronto despacho… Así las cosas. Argentina. Instituciones que no cumplen y despilfarran el trabajo ajeno.
Para que entiendan más la nefasta situación.
Aclaración. Cuento en detalle para que puedan ustedes también comprender.

Postdata 2:

¿Por qué no se pudo aún después de tantas penurias por un… premio?

Recapitulemos primero.
A nuestro universo entra una productora presentante desde el momento que me dijeron siempre en INCAA (se llama mala información eso) que no podíamos presentarnos al concurso por no tener puntaje por Mundo tributo (sí, una película que emiten canales del… mismo INCAA, otros nacionales, que fue vista en festivales de cine de muchos países, y que fue realizada de manera independiente, con nuestro dinero, por Leo Rosales y el que escribe; fuera del INCAA)
Por lo tanto INCAA nos obliga a buscar un tercer productor (o no podíamos presentar)
Ahí nomás aceptó la responsabilidad, Pamela Livia Delgado, con el aval de Cepa Audiovisual y Chinita Films.
Ganamos. ¿O Ganó? No sé. El INCAA decidió no poner a director, autor y guionista en la resolución del premio pero el llamado a concurso fue a…: Un director que no hubiera estrenado una largometraje de Ficción en el territorio argentino. Eso es Ópera Prima de Ficcion. Ok. A eso respondí mandando la película en la que llevo trabajando años: Gualicho.
Pamela Livia Delgado firma convenio en 2017 con Ralph Haiek, presidente del INCAA. En ese convenio también figuro yo como autor y mis porcentajes de ganancia.
En mayo de 2018, Pamela Livia Delgado, cobra el dinero de la preproducción de la película en su cuenta bancaria.
El INCAA le pagó por el premio a Gualicho: sin haber entregado la documentación necesaria nunca (fecha de inicio de rodaje, locaciones , etc.; pudimos descubrir)
Resultado: hacernos trabajar a mí y a Leo Rosales gratis, como si hacer una película no fuera un trabajo (una película cuyo proyecto, llevado adelante completamente por el que escribe y por el productor ejecutivo Leo Rosales, fue premiado por el aparato llamado OPERA PRIMA Blood Window INCAA, bajo la LEY de FOMENTO DEL CINE, que incluyó jurados internacionales y varias vidrieras que también significaron gastos para nosotros) Resultado 2 de este sistema brutal: pase libre para ejercer poder coercitivo, ejercer maltrato impiadoso hacia nosotros, especulación total con la película y nuestro trabajo.
Este desdén hacia el trabajo de desarrolladores, escritores, guionistas, autores, este menosprecio que vivimos hasta ahora por la “productora INCAA” y otros que siguen ese patrón es intolerable.
INCAA gualicho injusticia adrian gaston fares leo rosales
Adrián Gastón Fares, 29 de Julio de 2019
PD: ya les contaré si hay novedades positivas.

Seguimos así, ¿hasta cuándo?

Estamos esperando un dictamen a favor del pedido que hicimos ante el Instituto de Cine Argentino.

Todavía estoy aquí tratando de filmar Gualicho.

No puedo creerlo, después de cinco meses, cuando deberían contestar en uno, el expediente sigue durmiendo en la oficina de Jurídicos.

Antes pasó lo mismo con los otros pedidos, rechazados por Ralph Haiek sin leer la ley de Fomento al Cine Argentino.

Seis meses es el tiempo que me llevó filmar y estrenar Mundo tributo (No distribuir, que me llevó mucho más tiempo y trabajo)

Cómo puedo entender que habiendo hecho una película independiente con mi dinero y el de Leo Rosales, que conocen todos (los mismos empleados del INCAA, la aprecian; estuvo en BAFICI, en medio Latinoamérica, Europa, Estados Unidos) traté de regularizar mi trabajo en cine, presenté a un concurso, gané y no me dejen filmar por no ponerse a trabajar administrativamente. ¿Cuánto tiempo puede llevar poner las cosas en orden? ¿Es por las elecciones? Algunos dicen que están esperando que caigan algunos y suban otros. ¿Así tenemos que ser?

Política de largo plazo en Argentina. Participación democrática. Representatividad de los ciudadanos. No, la respuesta que te dan desde el poder es: Agradecé que te dejamos subir en el ascensor y estar acá hablando dos palabras con nosotros.

Ya no se qué hacer. Han destruido estos dos años de mi vida entre la negligente productora presentante, Pamela Livia Delgado, y el condescendiente INCAA. Deberé demandarlos por daños y perjuicios . Varios me dicen que es para escándalo público. Gente del medio. Abogados de discapacidad están dispuestos a levantar la voz también. Han comprendido.

Pero yo solo quiero filmar lo que tanto me costó crear. Quiero que me dejen demostrar lo que aprendí. Que me dejen. Que esta es tambien una oportunidad para crecer y que pueda filmar luego mis otros guiones (como el seleccionado en el Labguion Internacional, Las órdenes)

No tengo otro plan de vida y no tengo por qué tenerlo. Ya conocen mi historia. El plan B no es lo mío (eso que te piden algunas parejas, por eso no tengo ninguna ahora)

Mi gata no es de opinar tanto pero es tan insistente como yo en lo que quiere. Sigo su ejemplo.

No hay ya lógica del esfuerzo, de la constancia, ni aprecio al trabajo y menos que menos piedad por mi situación particular con la discapacidad auditiva que me hace repensar el día a día de manera diferente a como piensan otros (trabaje sin cobrar, debería tener un smartphone que se conecte a los audífonos para escuchar llamadas; no tengo porque no lo puedo pagar)

Y esa diferencia de lo que vivo es la que puedo ofrecer a un cine argentino detenido en el tiempo.

Lleno de productores especuladores (no todos, por suerte) que sólo aparecen cuando pueden quedarse con el dinero de una película. Estrenan, cobran, si le va bien o mal, la miran 600 personas no es su asunto…

De los que pasaron por Gualicho ninguno me ha apoyado luego. Tampoco los actores que me llamaban una y otra vez. Los técnicos que me apuraban para que termine una versión más barata tampoco. Lo hice y eso no cambio nada. Les dije que ese no era el problema aquí. El problema es la libertad que dan para usar el poder a los poderosos de siempre. A los que son testaferros. A los que saben casi nada de cine y mucho de Excel.

Los entiendo. Es Argentina y aquí todos estamos, por falta de reglas, recursos inteligentes y honestidad, arañando las paredes.

Siempre admiré a las actrices y actores, admiro a los buenos abogados, esos que representa Tom Hanks en Puente de espías (pero qué pocos hay) Soy una persona agradecida de los que comparten la dicha de crear, sea en el ámbito que sea.

Crear es tomar decisiones.

Como dice Eddie Vedder en una canción, por otro lado, no existe lo correcto y lo incorrecto pero si lo que hace bien y lo que hace mal.

Pero este país es así, una mala broma (otro ejemplo; me llega una carta de la Superintendencia de Salud preguntando recién ahora sí me dieron los audífonos, y en la misma carta , me copian el estatuto de una Obra Social, entero, información que no debería estar…)

Este ejemplo es como también actúa otra institución argentina. El instituto de cine. A estas alturas me preguntó si no sería mejor que no existiera. Cuando la selva es selva para todos tal vez haya claridad. Así hay escalafones injustificados

No hay justicia, ni hay pensamiento.

Solo poder, mala información, intransparencia, negligencias.

Ahora van a implementar un sistema online para los expedientes.

Queremos verlos a todo. El INCAA es un ente autárquico, público. Parece ser monárquico en vez de autárquico.

No tengo nada más que decir.

Antes las personas que me han visto sufrir y luchar sin hacer nada:

Ralph Haiek, presidente del INCAA (que no tiene Vicepresidente), me debe una disculpa.

Lisandro Molinas , Gerente de Jurídicos del INCAA, lo mismo, tiene retenido el expediente y no entendemos por qué.

Lucas Lehtinen, Gerente de Administración,, dijo que ante mi situación iba a hacer algo. No hizo nada.

Viviana Dirolli, antes Gerenta de Fomento, ahora promovida a Internacionales, ex socia del estudio donde trabaja la productora presentante de mi pelicula (me hicieron enterar). Bajo sus órdenes, no me dejaban ver el expediente de mi propia película.

Presenté un pronto despacho. Van meses del pronto despacho… Así las cosas. Argentina. Instituciones que no cumplen y despilfarran el trabajo ajeno.

Para que entiendan más la nefasta situación.

Aclaración. (Ya lo conté en otro posteo lo que sigue)

¿Por qué no se pudo aún después de tantas penurias por un… premio?

Recapitulemos primero.

A nuestro universo entra una productora presentante desde el momento que me dijeron siempre en INCAA (se llama mala información eso) que no podíamos presentarnos al concurso por no tener puntaje por Mundo tributo (sí, una película que emiten canales del… mismo INCAA, otros nacionales, que fue vista en festivales de cine de muchos países, y que fue realizada de manera independiente, con nuestro dinero, por Leo Rosales y el que escribe; fuera del INCAA)

Por lo tanto INCAA nos obliga a buscar un tercer productor (o no podíamos presentar)

Ahí nomás aceptó la responsabilidad, Pamela Livia Delgado, con el aval de Cepa Audiovisual y Chinita Films.

Ganamos. ¿O Ganó? No sé. El INCAA decidió no poner a director, autor y guionista en la resolución del premio pero el llamado a concurso fue a…: Un director que no hubiera estrenado una largometraje de Ficción en el territorio argentino. Eso es Ópera Prima de Ficcion. Ok. A eso respondí mandando la película en la que llevo trabajando años: Gualicho.

Pamela Livia Delgado firma convenio en 2017 con Ralph Haiek, presidente del INCAA. En ese convenio también figuro yo como autor y mis porcentajes de ganancia.

En mayo de 2018, Pamela Livia Delgado, cobra el dinero de la preproducción de la película en su cuenta bancaria.

El INCAA le pagó por el premio a Gualicho: sin haber entregado la documentación necesaria nunca (fecha de inicio de rodaje, locaciones , etc.; pudimos descubrir)

Resultado: hacernos trabajar a mí y a Leo Rosales gratis, como si hacer una película no fuera un trabajo (una película cuyo proyecto, llevado adelante completamente por el que escribe y por el productor ejecutivo Leo Rosales, fue premiado por el aparato llamado OPERA PRIMA Blood Window INCAA, bajo la LEY de FOMENTO DEL CINE, que incluyó jurados internacionales y varias vidrieras que también significaron gastos para nosotros) Resultado 2 de este sistema brutal: pase libre para ejercer poder coercitivo, ejercer maltrato impiadoso hacia nosotros, especulación total con la película y nuestro trabajo.

Este desdén hacia el trabajo de desarrolladores, escritores, guionistas, autores, este menosprecio que vivimos hasta ahora por la “productora INCAA” y otros que siguen ese patrón es intolerable.

Es lo que más me preocupa, duele y molesta de todo.

Adrián Gastón Fares, 24 de Julio de 2019

PD: ya les contaré si hay novedades.

Dicha

Tierra hostil y
aparente
Cielo abarcante
Nubes blandas cumbias
Exiliadas pausadas
Hermanas, sí
Mejor adentro
Que salir a buscar
illa oscura
Ladrillo rojo
Colectivo imparable
Hasta el lugar donde perdí
Semilla y nada
Lo aprendido
Intenciones buenas
Furia
Tuya

Furia mía

Inesperable fiera en mi único

Pobre y pequeño paraíso

Es mi culpa creer que tierra

Dice verdad

Fotografía de flores

Que no brillan en tu noche sin luna.

Chau, monitor

Seré el que todo apaga

Levanto puente

Cómo un antiguo

Y terrible

Rey.

Por Adrián Gastón Fares

Toma de conciencia y sensibilización.

Este texto lo escribí y publiqué ayer en mi Facebook para que comprendan la situación INCAA + premio Gualicho los del medio y quiénes me estaban preguntando. Quería dejar en claro el por qué veo como agravante en mi caso la negligencia de la institución en el trato al premio a mi proyecto como Director del largometraje ganador. Es lo que sigue.

Creo necesario explicar a través de esta vía (toma de conciencia y sensibilización; una tarea que creo que debo proseguir)
1) Nunca dije que el INCAA me discriminó por sordo. Nunca dije que el INCAA es antisordo. Tampoco puedo decir que es pro sordo, ciertamente.
2) Soy discapacitado (aclaro porque la gente se piensa que porque hablas no sos discapacitado; a ver; necesito ayuda para escuchar algunos mensajes en el teléfono, necesito ayuda para escuchar, a veces tecnológica, otra humana, lo que ya haga con esa ayuda, es otro asunto que tiene que ver con la adaptación o sobreadaptación) Para ser que hay una concepción que para ser discapacitado o diferente tenés que estar en una pecera. No es así. Mala concepción de un pensamiento y un encuadre identitario, que como tantos otros, se fue desarrollando a través del tiempo. Antes, en general, los discapacitados terminaban muy mal. Incluso a veces en la cultura son mal vistos. Más todavía con lo que es una discapacidad invisible (sordera, etc.) Hay que leer un poco de la vida de la gente solamente para darse cuenta. Yo tengo pérdida de moderada a severa de la audición y tinnitus catastrófico (se llama así; horrible nombre pero justo) Eso es una discapacidad invisible.
3) Hace dos años que el INCAA tiene a mi proyecto Gualicho atrapado. No puedo realizar la película sin el dinero de la institución que me hizo trabajar para ella porque no tengo dinero. Gané un premio de Opera Prima de Ficción como director, autor, guionista. Incluso soy, obviamente, productor porque todo eso lo hice sin ningún aporte de nadie; lo desarrollé yo. Hace cinco meses que no se atreven a sacar un dictamen a favor de mi pedido. Los otros dictámenes, cuyas acciones para llegar a ellos fueron sugeridas por el mismo INCAA, llevaron el mismo tiempo y fueron desfavorables. Lo que debería ser simple, que un dinero vaya a realizar una película, parece ser imposible. No me interesan otras opiniones porque yo creo en mi película tanto culturalmente como comercialmente. Y porque respondí yo a un concurso de llamado a Directores.
4) Al encajonar y no actuar administrativamente bien, tanto el INCAA, como el menosprecio a mi trabajo de la productora presentante (que encima se adjudica en el expediente ella mi trabajo; que presentó con copias; para justificar los gastos de la primera cuota; que no ha caído en mí ni en Leo Rosales, si no a su entorno o la gente que ella aceptó que debíamos poner en la película) Por lo tanto, en una acción que yo consideró responsable al INCAA por no responder acatándose al artículo 30 de la ley de Fomento de buen y pronto fin de un proyecto, la institución tiró por el piso mis esfuerzos académicos, mi trabajo y mi inclusión digna.
5) Esto produce un estrés extra a un discapacitado, que puede desembocar en un estrés postraumático y depresión (creo en la tristeza no en al depresión). Va contra la convención de los derechos de las personas con discapacidad que dice que nunca hay que discapacitar más (sumar otras discapacidades) a un discapacitado. Es punible.
6) Tanto la falta de inclusión adecuada como discapacitar más a una personas están contempladas en la Convención Internacional de las personas con discapacidad.
7) Expliqué a todos los gerentes del INCAA y a la productora presentante (incluso quitándome mis audífonos) que hacerme esto a mí era injusto. Que necesitaba buen fin a mi proyecto por lo delicado de mi situación.
8) No les importó. Ni a la productora presentante (que me llevó a su abogado poderoso Francisco Zavalía para ejercer poder coercitivo) Ni al INCAA que cuando escribí al Ministerio de Cultura contestó con una reunión que también fue coercitiva. Todo esto, más luchar por algo que salta a la vista por su injusticia y mal accionar por empleados de una entidad autárquica (el INCAA es público) me parecen nefastos.
9) Creo firmemente en el valor cultural, en la diversidad de contenidos y en el valor comercial también de mi película (y de los otros guiones que desarrollé) Para poder seguir adelante, necesito filmar Gualicho.
10) Les pido a los que no entienden la situación que lean más sobre discapacidad, identidad, inclusión, la convención de los derechos de las personas con discapacidad. Y también la ley de Fomento al Cine Argentina. Tuve que convertirme medio en mi abogado últimamente, algo que nunca hubiera pensado que ocurriría. Vengo luchando una inclusión digna y un apoyo cultural desde antes del premio, mandando cartas de pedidos de ayuda cuando trabajaba en una Obra Social, pidiendo trabajo en el CONADIS, en el COPIDIS, que no pudieron nunca resolver nada correctamente. Esta lucha no empieza con un premio sufrido hasta ahora, viene de antes. El premio sufrido no hizo más que confirmarme ciertos asuntos que vengo sintiendo, expresando en cartas y pensando hace tiempo, más desde que mi discapacidad tuvo que ser certificada para conseguir, tardíamente, audífonos (otra lucha de años para conseguirlo con las instituciones argentinas)
11) Tener que hacer esto público es otra prueba de la discapacitación que un estado con instituciones y personas que no escucha ni quieren leer puede generar. Por lo tanto, veo como agravante en mi caso lo que me está ocurriendo con INCAA, Gualicho y la productora presentante; que no haya resolución, que no esté trabajando en una película premiada que todavía tiene en marcha su preproducción.

por Adrián Gastón Fares, 18 de julio de 2019.
Productor, director, Autor de Mundo tributo, Las órdenes, Mr. Time, Gualicho. Escritor, cuentista, novelista.

PD: Adjunto la carta documento de contestación a la nuestra de la productora presentante de mi película, que está en el expediente INCAA de la misma. (MIS RELACIONES CON EL INCAA, DICE; nefasto)

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Oscurantismo, familia, entorno, identidad y discapacidad en el siglo XXI.

 

Tengo un jardín de infantes al lado. Cuando llego a mi casa y tengo los audífonos colocados en ambos oídos escucho a los niños en el recreo jugar a los gritos. Cuando me los quito, los niños desaparecen. Soy hipoacúsico, soy sordo, soy un ser humano, soy Adrián Gastón Fares. Pero al quitarme los audífonos es como si los niños no existieran. Como la lluvia que tampoco escucho hace años. O como el rugir del león del circo lejano que no escuchaba cuando había leones en los circos. Son detalles.

Ya que estamos, hay un koan del budismo zen que dice que si un árbol cae en el bosque y no hay nadie para oírlo no se puede saber si generó algún sonido o no. En realidad, la vibración que hace el árbol termina moviendo la campana de los oídos de alguien y por eso suena la caída. Es física elemental del siglo XX. Por lo tanto, si no hay nadie para escuchar, ni siquiera un animal, la caída del árbol no suena. No existe tal caída, o por lo menos no existe la vibración de las partículas elementales que al impactar con un receptor auditivo da como resultado que tal caída suene.

Lo mismo puedo pensar de los niños que juegan en el recreo. Si me quito los audífonos ya no suenan. Llevando más allá el koan zen: ¿están o no?

Pero no es eso, lo que pregunto ahora es si yo existo o no, dado que en mi edificio, a diferencia del bosque elemental del zen, hay otras personas que los están escuchando pero yo no.

¿Existo?

Es una pregunta interesante para encuadrar la la discapacidad en general. Es una pregunta interesante para la construcción de una identidad.

En mi caso, mi yo no oyente, mi identidad, no ha podido existir por mucho tiempo. Mi yo sordo ha sido reprimido tanto por mi familia como por mi entorno cercano (como consecuencia). Un certificado de discapacidad, un mero papel, un número, es como una cédula de identidad.

Ser ciudadanos de un país da derechos. El certificado de discapacidad certifica ciertos derechos de las personas con discapacidad, como la igualdad. ¿Pero qué quiere decir igualdad de oportunidades cuando uno es discapacitado? Creo que es una pregunta clave. Más allá que a cualquier optimismo irracional e infundado, la discapacidad se presta a la sobreadaptación (que pronto encontrará sus barreras) y a ciertos límites que justamente no permiten que exista la igualdad de oportunidades.

Un  ejemplo.

El típico mandato de la familia capitalista o no de estos últimos siglos.

Hijo, haz contactos.

En el caso de una persona con discapacidad hacer esos contactos, según la discapacidad, va a costar más o menos el doble o el triple que si el hijo, o la hija, no la tuviera. El que no ve, el que no escucha, tiene que primero saltar ciertas barreras. Luego se pondrá a pensar cómo hacer contactos.

La metáfora más simple para que alguien que no la tiene pueda entender la discapacidad que se da desde temprano (a mí me tocó buscar un tratamiento para algo evidente que recién llegué a encontrar a los treinta y pico de años) en la vida es la siguiente.

Hemos arrancado dos o tres cuadras atrás que los demás. La vida no es una carrera me dirán. Y tienen razón, en parte, no lo es. Pero ante cualquiera exigencia de carrera uno puede decir que ha arrancado dos o tres cuadras atrás. Listo. Quería decir esto que me parece importante.

La igualdad de oportunidades mal entendida (mal implementada) es un obstáculo práctico. Pero hay otro obstáculo que tiene que ver con la ética y con la razón. Es el siguiente: las creencias mágicas religiosas.

Pasaré a contar ciertas cosas que los que escriben no suelen contar. A veces hacemos cuentos, otras novelas de quinientas páginas, ya lo hice, pero ya no puedo darme ese lujo tan extenso de la metáfora, de la aliteración, quiero poder escribir sobre otros también, quiero poder hacer lo que ya hice sin que la necesidad de expresar ciertas cosas vividas sea siempre tan fuerte. Sigamos.

Hoy, paseando por el centro de Buenos Aires, mi madre me ha dicho que debo ser auxiliado por un cura (un sacerdote católico) Y agregó una segunda creencia que no viene del catolicismo sino del paganismo: que alguien, seguramente querido por mí para ella, me ha hecho algún mal. Lo segundo justifica a lo primero, que vea a un cura. Une a dos mundos dispares.

En la familia tenemos un problema: soy yo. Y la no aceptación de que tener un hijo así, sin tratamiento hasta los treinta y pico de años, iba a traer algunas consecuencias. Tenemos otro, que es que esta persona que soy yo ha hecho de todo, pero el país, ni la justicia, ni la sociedad, acompaña, como sabrán si me han leído o si me siguen en las redes sociales.

Entonces, ante esta inconveniente, tener un hijo de cuarenta y un años a quien una productora, una mujer en este caso que produce cine, lo ha estafado y usufructado (legalmente es así, por más piedad que me salga) protegida por un Instituto de Cine Argentino, llamado INCAA, que encajona un proyecto un año, para mi madre es signo de que algo está mal en mí, no en la sociedad. Por lo tanto, un sacerdote.

También creo que instintivamente, debe creer que mi problema auditivo se soluciona con eso. Lo creo firmemente. Mi familia está en un etapa eterna de negación del duelo (por otros duelos negados) de tener un hijo sordo, discapacitado. Se los digo, pero no pueden entender. Las fotos mías con sonrisa de niño ya amarillean. Yo era alguien para ellos que no soy, era alguien que nunca fui, yo lo sé, pero mi padre, mi madre y mi hermana, no lo pueden aceptar. No hay manera. Y no hay autoridades con suficiente conocimiento, peso, determinación, sentido de ética y justicia, que se lo puedan explicar. No en mi país. No sé si en el mundo. No existen esos profesionales. Por lo menos, es lo que me consta.

Por ejemplo, mi hermana equipara la discapacidad auditiva con otras condiciones que no son discapacidad auditiva. Que no son discapacidades si no elecciones de uno. También cree en la energía positiva. Pero la energía positiva no me consiguió los audífonos; fui yo el que puso el amparo, yo solo fui a tramitar el certificado de discapacidad. En todo caso, mi hermana se debe referir a mi voluntad.

Mi madre cree en los curas, en los manosantas, en la iglesia católica y en sus enemigos a la vez, y piensa que alguien me envidia (a mí; ¿por qué?; esa imagen cristalizada de alguien que con su voluntad o sobreadaptación ha hecho ciertas cosas, el no poder apreciar el haberme adaptado sin audífonos, el no poder apreciar lo que ya tiene; un hijo que ha salido más o menos adelante sin lo necesario a tiempo a nivel médico) Mi madre cree que alguien me hizo algún mal. Me abstengo de hacer comentarios del peligro de pensar así. Porque tal vez ella cree que gente que he querido me hizo algún mal mágico.

Mi padre. A los diez años me llevó a un iglesia porque me encapriché con un pez en una feria y le pidió a la Virgen a viva voz que mi quitara el demonio. Hace un mes me dijo, ante mi obstinación explícita de encontrar justicia por lo que me está ocurriendo, de exponer mis esfuerzos y mis batallas, que debía estar poseído. En el pasado, él ha impedido mi tratamiento (cuando tenía veinte años fue conmigo a un otorrinolaringologo, y mientras yo le decía que no escuchaba y tenía tinnitus, mi padre insistía en que yo no tenía nada) pero a la vez se ha empecinado con la creencia en el demonio. Para mi padre, no soy discapacitado, no tengo pérdida auditiva con sus consecuencias; para mi padre, esto que viene a alterar el orden familiar, la estampita de casamiento, es que estoy poseído.  Un hombre que lee algo de historia. Que ha sabido influenciar bien a niños con sus cuentos básicos. Pero hay un momento donde los cuentos tienen que terminar. Ya se ha contado esto. Pero en este caso es importante que terminen los cuentos.

Y después tengo que señalar a mis relaciones afectivas. Para algunas un derrame de agua en mi departamento era un signo de que un ser de la naturaleza anidaba en mi baño. En vez de audífonos y rehabilitación auditiva, me enviaban a ser tratados por los que creen que enterrando un cuerno en la tierra las cosechas proliferan. Parece ser que estas cosas las enseñan en entornos universitarios.

Todos estos tratamientos, son nefastos, y deberían ser punible su aplicación, y su sugerencia repetitiva, a una persona con discapacidad.

Sigo. No saben lo difícil que es explicar cómo me esfuerzo, y me he esforzado cuando no tenía audífonos hasta la exhaustación, para escuchar, para estar al mismo nivel a amigos, a amigas, a conocidos, a conocidas. Imaginen empezar a explicar algo que uno viene tratando de explicarle a su misma familia hace años sin resultado. A veces, simplemente lo paso por alto, otras me pongo muy firme.

La verdad es que el error está en el momento al que a uno le dan el ticket a la montaña rusa sin cinturón de seguridad de la discapacidad. En casos tardíos como el mío suele ser una lucha de identidad. Pero no, el estado despacha tickets al mundo maravilloso de la sinrazón.

En ese momento, si vivieramos en un mundo correcto, un especialista, alguien con autoridad (incluso un abogado debería estar presente) debería explicarle a la familia y al círculo afectivo, qué significa el certificado, qué significan los audífonos, qué significa vivir así en este mundo y qué significó vivir así antes.

¡Lo que habrá sufrido la humanidad discapacitada antes! Aunque cuando veo la proliferación actual de las creencias irracionales, incluso en la gente con estudios, veo todo NEGRO, no sé si vivimos en una época donde hay tanta diferencia con el pasado de la humanidad; como todo, parece que sí en los papeles; pero en la realidad es otro asunto. La realidad parece siempre ser la misma. Los números, las fechas han cambiado, la humanidad creo que no tanto.

Para terminar, para este oscurantismo que veo crecer día a día en mi entorno, en la gente con la que hablo también, con la que me escribo (ejemplos: illuminatis desafinados, masonería paranoica, física cuántica espiritual, homeopatía fritada, secretos para ser feliz sin serlo, minimalismo japonés esotérico, karmas inconfesables, psicología absurda, y todas las seudociencias -y las que se hacen pasar por ciencias sin causa y consecuencia visible) me trae a la memoria la última Spider-Man.

La película, demasiado apoyada en el CGI (en la animación digital) no hace que Spiderman se luzca tanto como superhéroe, pero el guión es hábil en entramado y diálogo. En uno de estos últimos dicen que, hoy en día, la gente necesita tanto creer en algo que terminan creyendo en cualquier cosa. Repitamos.

Necesitan tanto creer en algo que terminan creyendo en cualquier cosa.

No hay frase de filósofo asiático u occidental sugerido por Google que supere en simpleza y en análisis de la realidad la de los guionistas de esta película.

Vivimos en un siglo XXI que, como persona con pérdida de audición, como sordo, como hipoacúsico, como fauna humana diversa, me preocupa y me duele mucho.

¿Debo escribir esto o callar? Me enorgullezco más que nada de haber sido una persona que sabe armar grupos, que supo hacer encontrar a las personas con otras personas, que se ha jugado por los demás, que los ha ayudado, incluso.

Pero, luego de tantos diálogos infructuosos. De tantas idas y vueltas que me dejan en el mismo lugar oscuro -oscurantista- y solitario (el mismo que vaticinan que me tocará si lo cuento). Me respondo: hay que contarlo.

Me encomiendo a mi objetivo. El de un escritor, un cineasta, un artista, un ser humano: sólo cambiarán las cosas si se hacen visibles. Con ese objetivo termino este, tal vez ingenuo (espero que no), texto.

por Adrián Gastón Fares, 16 de julio de 2019.

Pueden leer Mi historia aquí:

Mi historia

 

La maldición del Gualicho

Gualicho Nuevo Afiche de Producción
Gualicho Nuevo Afiche de Producción

Algo sobre mi largometraje.

Una película fantástica única. Una nueva experiencia. Un aporte al imaginario Argentino y Latinoamericano que cualquier ciudadano del mundo pueda apreciar.

La maldición del Gualicho (Gualicho) nunca deja atrás al entretenimiento y fue pensada como si cada escena fuera un fin en sí misma.

por Adrián Gastón Fares.

 

Mi historia (actualizada)

Mis audífonos nuevos

Mi historia

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por forceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias si no por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (tenganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así.

Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Ahí, a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale). Como dije, lo dirigí, hice el diseño de producc\nMi historia \nNací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.\nNací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por forceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)\nEn la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.\nEsto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias si no por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.\nEn el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)\nNunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.\nSiempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.\nNací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.\nDe chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.\nYa en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.\nIgual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)\nY las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (tenganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)\nAsí y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así.\nLos médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.\nNunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.\nA los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.\nMe egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.\nEn ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Ahí, a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.\nTrabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale). Como dije, lo dirigí, hice el diseño de producción con Leo Rosales y también me encargué de la cámara en muchas escenas.\nDe ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.\nA los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación. Dejé entrar a otras personas en mi vida.\nUna de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Me puse a trabajar en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el interín, me dieron el certificado de discapacidad (CUD), por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. Pero esa persona me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.\nEn ese tiempo, fui a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar. Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.\nAgradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Tal vez, hubiera sufrido menos también.\nEse tránsito a mi vida con audífonos no fue supervisado por nadie. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caía: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo) Creo que no tengo nada que agregar al respecto. Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.\nPor primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.\nPero hubo un problema grave. Los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con una novia joven que me ayudaba como podía.\nEn 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)\nMis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.\nQuedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.\nTuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en un en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengos mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)\nSigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Fui a trabajar con la esperanza de recuperar a una mujer. Algunos me decían: Los pelos de una concha tiran más que una yunta de bueyes.\nYo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar.\nEstuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo, hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender)\nCasi termino mal.\nTerminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.\nLlegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.\nEstaba triste. Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.\nPero es pedir demasiado a gente que no estudió el tema. No es su responsabilidad pero sí del contexto. De los que saben o deberían saber.\nPerdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salías a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí.\nUn psiquiatra dijo depresión. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.\nHay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuanto tiempo.\nAsí que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.\nUn ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad) Pero no deja de ser peligroso.\nPasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.\nSiempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a una especie de manosanta a mi casa.\nEvité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)\nMientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, a la que dí en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2014 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible.\nMe reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba.\nCon certificado de discapacidad los pedí a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrina certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.\nPerdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto.\nDesde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.\nNo sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.\nTrato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada.\nTengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico. Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad. Quiero estar con la gente que elegí estar.\nPor no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así. Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y yo también.\nNo quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.\nCada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.\nTal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.\nEn este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias e inconsistencias no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la intransparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo) a veces duele mucho.\nHa sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.\npor Adrián Gastón Fares, 2019\nPD: \”…como consecuencia, el utilitarismo pasa por alto uno de los requisitos morales indispensables que, según Rawls, debería poseer una teoría de la justicia: la individualidad\” Descubrir la filosofía 33. El filósofo de la justicia. John Rawls. Angel Puyot\nCita directa de Rawls: La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento.ión con Leo Rosales y también me encargué de la cámara en muchas escenas.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación. Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Me puse a trabajar en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el interín, me dieron el certificado de discapacidad (CUD), por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. Pero esa persona me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

En ese tiempo, fui a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar. Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Tal vez, hubiera sufrido menos también.

Ese tránsito a mi vida con audífonos no fue supervisado por nadie. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caía: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo) Creo que no tengo nada que agregar al respecto. Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con una novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en un en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengos mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Fui a trabajar con la esperanza de recuperar a una mujer. Algunos me decían: Los pelos de una concha tiran más que una yunta de bueyes.

Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo, hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender)

Casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Estaba triste. Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Pero es pedir demasiado a gente que no estudió el tema. No es su responsabilidad pero sí del contexto. De los que saben o deberían saber.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salías a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí.

Un psiquiatra dijo depresión. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuanto tiempo.

Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad) Pero no deja de ser peligroso.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a una especie de manosanta a mi casa.

Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, a la que dí en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2014 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible.

Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba.

Con certificado de discapacidad los pedí a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrina certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto.

Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada.

Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico. Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad. Quiero estar con la gente que elegí estar.

Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así. Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias e inconsistencias no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la intransparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo) a veces duele mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 2019

PD: “…como consecuencia, el utilitarismo pasa por alto uno de los requisitos morales indispensables que, según Rawls, debería poseer una teoría de la justicia: la individualidad” Descubrir la filosofía 33. El filósofo de la justicia. John Rawls. Angel Puyot

Cita directa de Rawls: La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento.

El hombre sin cara

Un hombre sin rasgos faciales nació en el barrio de Once de Buenos Aires. Los médicos que lo extrajeron del cuerpo de su madre le advirtieron a ella que no tenía rasgos faciales, pero aclararon que gracias a Dios tenía todos los sentidos intactos. El niño había llorado y todo, luego de un minuto, ya que a través de los poros de su pielcita, salió disparada una nube de vapor, como si algo hubiera activado un rociador, que se esparció por toda la sala de la clínica.

Según el médico su verdadera cara estaba debajo de gruesos pliegues de lampiña piel, pero de alguna manera la información visual y auditiva, que son las más importantes para los humanos, ya que el olfato no parece muy útil, llegaba al cerebro, que estaba en algún lugar de esa cabeza que parecía un huevo rosáceo.

Cuando llegó el momento de pasear con el cochecito de bebé, la madre le dibujó antes con un marcador indeleble unos ojos, una nariz y una boca. El padre retocó un poco el dibujo de la madre y los dos quedaron muy contentos con el resultado. La gente quedó encantada con el resultado en la calle. Le sonreían y hasta lo acariciaban.

Aprendió a mover los rasgos como pudo y en la escuela, haciendo mucho esfuerzo, pudo estirar tanto la parte inferior del huevo que tenía de cara, lo que hubiera sido su mentón, que logró separar una hendidura parecida a una boca, justo donde tenía la boca dibujada. El tiempo pasó y el hombre sin cara creció y pasó como uno más entre los pares, salvo algunas bromas de los pocos que podían darse cuenta que su cara era un dibujo. Durante el colegio secundario el acné revistió la piel de donde hubiera ido el rostro de cráteres y eso ayudó a que otros se sintieran identificado con él. Después de todo, las caras están en proceso de erupción en esos años.

Con el tiempo, después de graduarse en Bellas Artes, el hombre sin cara se convirtió en un intérprete excepcional, aprendió a recitar obras de teatro clásicas de memoria, escribió las suyas, fue premiado, elogiado, e incluso ganó algo de dinero. Tenía ese don de contorsionista en su cara. Era un experto en la imitación. Y no sólo eso, a veces lograba transmitir estados de ánimos jamás experimentados por el público ya que podía plegar la piel de una manera nunca antes apreciada por los espectadores de teatro.

En ese momento, en la cresta de la ola de su popularidad, consiguió enamorar a una chica que con el tiempo se convirtió en su pareja. La misma chica lloró ante las menciones y premios colgados en las paredes del apartamento del hombre sin cara, donde vivía solo, con varios espejos, desde que se había mudado de su Once natal. El hombre sin cara no entendía por qué la chica había llorado, porque a él parecía irle bien.

Al poco tiempo el dinero no alcazaba. Y el hombre sin cara malgastaba en miles de lapiceras y marcadores de tinta indeleble su desequilibrada fortuna. Un primo lejano lo ayudaba en secreto económicamente y eso bastaba a esa familia para mantener la ilusión de que no habían tenido un hijo sin cara. Pero la chica ya no toleraba la situación y la gente decía que había que tener un futuro, que debía tener un PLAN B el hombre sin cara, y hacía rato que el hombre sin cara no quería hacer otra cosa que dibujar, escribir, actuar e incluso bailar; todo lo cual estaba escrito en la obra de teatro que quería presentar cuanto antes.

Así y todo, por esa época la pareja decidió festejar su unión espiritual, ya que la física no paraban de festejarla, y si bien no eligieron casarse, hicieron una fiesta en el apartamento de la suegra del hombre sin cara. Para la fiesta, fue invitado un familiar, el primo lejano que era una especie de mecenas de nuestro protagonista, que había crecido con el hombre sin cara, que había visto a los progenitores del mismo pintarle las facciones, porque era de esos hombres que siempre están en el momento justo y en lugar indicado para influir en la vida de los demás.

Es más, se vistió de lujo para la ocasión, él que era sucio y vulgar, y llevó un sombrero de vaquero, que le daba un aire de patriarca superado. Una mirada del primo lejano dejaba sin valor la de los padres del hombre sin cara. El brillo de esos ojos sagaces y resentidos era capaz de convencer al mundo de que nunca se habían destrenzado los continentes. El amor nunca tuvo un contrincante tan entrenado, tan erguido, tan lastimado como para clamar venganza.

El hombre sin cara, en la terraza donde se festejaba la unión de los amantes, se quejó de que faltaba vino para el festejo, algo de lo que se iba a encargar el primo lejano, incluso había dicho que su finalidad era alegrar la fiesta con los vinos que él mismo producía. El primo dijo, tomándose la punta de su sombrero.

–No tenés cara para decirme esto. No tenés cara.

El hombre sin cara no sabía que contestar. Empezó a sentir un remolino ardiente que nació en su estómago y subió hasta su pecho. Él había hecho las cosas bien, él había administrado las cosas para que ahora estuviera a punto de cumplir y realizar su gran obra. Las sumas que enviaba el primo lejano eran una limosna. Y hasta él había trabajado en sus viñedos al principio sin paga. Pero el primo lejano repitió.

–No tenés cara.

En ese momento el padrastro de la pareja del hombre sin cara se miró con su esposa y todos bajaron la cabeza, desilusionados del hombre con cabeza de huevo.

Unos días después, cuando seguía preparando una obra de teatro que se llamaba El hombre sin cara, el cielo ennegreció y se desató una tormenta, El hombre sin cara estaba ensayando en un galpón que había convertido en sala y se dio cuenta que era el cumpleaños de su querida y debía pasar por la florería. Olvidó su paraguas. La lluvia fue tan fuerte que borró las facciones que tenía dibujadas. Fue tanta el agua que cayó, y tan lacerante, que llegó a borrar incluso las que habían dibujado sus padres. La ciudad se inundó de agua y el semblante del hombre sin cara de tinta.

Las cejas se despintaron, cayeron sobre la nariz en una mancha que ya no tenía límites claros, la nariz se desparramó sobre lo que hubieran sido sus mejillas como si fueran los redondeles rojos de un payaso, y la boca cayó hasta la punta del huevo que debería haber sido su mentón. Aún así llegó a comprar el ramillete de flores para festejar el cumpleaños de su pareja.

Así que entró en su apartamento con las rosas y su pareja empezó a gritar. En vez de decirle que su cara se había desfigurado por el agua, le tiró un trapo y dijo que no podía seguir en la situación en que estaban. También le dejó en claro que era una maldición para sus padres, y para su primo lejano sin dudas, y que evidentemente tenía serios problemas psicológicos que había tratado de advertirle que fueran enmendados. El hombre sin cara sabía que tenía algunos problemas por no haber tenido cara, pero no eran nada comparables a los que tenían los demás. No había manera de explicar su vida.

El hombre sin cara terminó llorando y temblando en su apartamento frente a su pareja que le anunció que lo abandonaba y que se iba bien lejos porque su madre había comprado un pasaje para llevársela de viaje y alejarlo de él lo más rápido posible.

Solo en la casa, el hombre sin cara fue a una caja de madera que tenía en el placard, la abrió y sacó el certificado de hombre sin cara que le habían expedido el estado argentino hacía muy poco tiempo, mientras conocía a la que ahora era su ex pareja. No era el único, pero otros simplemente tenían un huevo en vez de cara, y desde niños andaban así, con una tez oscura, a veces con llagas de restregarla contra la pared para tratar de sentir algo de forma directa, otras veces bronceada por el sol, cuando elegían vivir alejados de la sociedad. Sabía que algunos sentían tanto que elegían esconder la cara en algún armario.

Con el certificado de hombre sin cara, y sin parar de llorar, el hombre se dirigió a la cocina, abrió la hornalla y quemó el certificado, que incluso le había sido entregado por su querida cuando llegó por correo. Luego tomó el jabón blanco de lavar la ropa, fue al baño y comenzó a lavarse la cara, hasta que no quedó ni las cicatrices de las repetidas manchas que había dibujado su madre hace tantos años, y las que él había vuelto a marcar tantas veces con ahínco; las que parecían ojos, una nariz y una diminuta boca, que él mismo había aprendido a fruncir haciendo esfuerzos desmedidos, como el mejor contorsionista, se fueron alisando y la cara quedó casi como un huevo rosado, enrojecido en su totalidad ahora y no sólo en algunas partes por la fricción del jabón y la de sus propias manos. El huevo que tenía de cara parecía ahora un gran ojo restregado.

Fue a una psicóloga, de ascendencia griega, que le dijo, como si fuera el mismo Zeus, que nadie debía quererlo si no quería estar con un hombre sin cara. No era una obligación que su ex pareja lo quisiera; con eso pareció estar descubriendo América la mujer. Luego fue a otro que le dijo que el mundo era injusto. Y que él debía ser descendiente de los primeros homínidos fallidos, esos que relataba el Popol Vuh, con caras yermas como la suya.

Desesperado, visitó a un homeópata que le dijo que tomando unas gotitas de un líquido podría empezar a recuperar sus rasgos. Todos los defectos del hombre sin cara que no tenían que ver con no tener rostro comenzaron a agigantarse ante él como terribles pesadillas que se proyectaban en la pared desnuda del apartamento donde vivía. Necesitaba salir de ese lugar cuanto antes.

Se había dado cuenta del gran sobreesfuerzo que estuvo haciendo toda su vida para encajar, para salir adelante, porque él era el primero de todos que sabía que en lugar de una cara tenía una planicie que tuvo que aprender a domar para expresar sus variadas emociones. Al principio golpeaba con su cabeza la de los demás, para dar a entender que le gustaban. Algunos, y con razón, lo tomaban a mal. Descubrir lo que ya se sabe es lo más aburrido del mundo. Y la tristeza y el sopor de lo monótono inundaron al hombre sin cara. El futuro estaba vacío.

Como el agua ahora parecía perseguirlo, el día que salió de su apartamento dispuesto a conquistar el mundo otra vez no paraba de lloviznar. En las calles céntricas de Buenos Aires, trató de encontrar a otro hombre sin cara, a una mujer sin cara también, pero fue en vano, todos parecían haber escapado de alguna manera de ese lugar. Sabía que no todos los hombres sin cara tenían cabeza de huevo, así que andaba mirando a los que tenían sombreros, a las que andaban con paraguas escondiendo la cabeza, a las niñas cuyo cabello parecía de utilería, a los niños que llevaban máscaras aunque no hubiera ninguna fiesta ni era carnaval, a los viejos que tenían una pipa más grande que su nariz, y más que nada, a los tatuados, con cuidado, porque algunos decían que traían mala suerte. Pero nada.

Entonces trastabilló y cayó en una zanja sucia, ya cuando estaba por el barrio de Palermo, y había caminado más de cinco kilómetros de donde vivía. Ahora sus facciones eran un caos organizado por el barro de la zanja. Pudo verlo en el baño de un bar y luego se alejó para meterse en el estudio donde estaba ensayando la obra. Juntó fuerzas y con la cara que parecía ser un lodazal, pero guarecido esta vez de la lluvia y de las personas, comenzó a proferir el discurso que había preparado para la obra que iba a interpretar con su amada ausente.

Odiaba realmente más que nunca a su primo lejano. Estaba dispuesto a ir a buscarlo y arrastrarlo de los pelos por todo su viñedo de uvas agrias. Pero él no era así. Sabía que la vida se desplegaba, se alisaba, se contraía, se ahuecaba, arrugaba, se desprendía y que esa verdad era inherente a todo, como si lo que lo separaba de su primo lejano fueran esas tierras resecas y partidas que generan las sequías. Y pensó que esa terracota inutilizable era la que tenía su primo en su corazón.

No había nadie en el galpón que usaba de sala de ensayo. Las ratas paseaban por las vigas y sorteaban los reflectores. Las palomas anidaban en el techo de zinc.

El hombre sin cara se mantuvo de pie una hora e interpretó todos los papeles de la obra que había escrito. Luego advirtió que por el techo, que debía estar agujereado, caía un pequeño hilo de agua. Caminó hasta el agua azul verdosa y dejó que lo salpicara para darle así un nuevo aspecto a su redondo y liso semblante. Entonces buscó una vieja silla de madera que había en un vértice de la habitación y se sentó. Levantó su mano derecha, extrajo de sus bolsillos un marcador y dibujó una cara en cada una de las yemas de sus dedos.

Una yema sonreía, la otra expresaba frustración, en el dedo medio había una asombrada, una frívola la seguía y en el meñique una carita absorta. Se quedó mirando su meñique por mucho tiempo, hasta que logró que la cara absorta comenzara a moverse.

De alguna manera, logró que la piel de su dedo meñique se estirara, cambiara de forma, comenzara a hacer una transición entre las caras que estaban dibujadas en las otras yemas. Y se distrajo tanto con eso, que la noche sobrevino, el día, las semanas, los meses y enflaqueció hasta quedar hecho un esqueleto. Un día su cabeza se desplomó del peso.

Lo encontraron, hecho un esqueleto, sin piel y con la cara que los médicos habían dicho que tenía bajo el huevo que debió contener una cara. El rostro descubierto, como el de los demás humanos, era único, y hasta en la deformidad de la muerte conservaba la pasión que lo había guiado en sus pasos por este mundo de gente que, en general, llevaba una cara bien visible.

Y así termina el relato de la vida del hombre sin cara.

Por Adrián Gastón Fares

Pueden leer este cuento y otros en mi colección de relatos de terror y ciencia ficción llamada Los tendederos (2019)

Mundo extraño: La invocación (estreno cortometraje)

Nos toca estrenar el nuevo cortometraje de Bombay Films.

Con este grupo de ex compañeros y egresados de Imagen y Sonido ya hemos filmado Motorhome, que he dirigido. El colectivo de trabajo se llama Bombay Films Argentina.

El nuevo cortometraje fue dirigido por Matías Donda. Hice cámara que es otra de las cosas que me gusta mucho hacer. La música de Gabriel Quiroga y la Iluminación de Hernán Caratolli. Corrección de Color: Victoria Lastiri.

Jonathan Jairo Nugnes en La Invocación
Jonathan Jairo Nugnes en La Invocación

Lo filmamos en dos días (un día para la escena de la Invocación, como Motorhome, y otra para el videoclip de… trap en el que actúa un amigo de la casa: Jonathan Jairo Nugnes)

Mundo extraño está presentado por el actor Alfredo Casero, a la manera de la Dimensión Desconocida. Con las actuaciones estelares de Robertino Grosso, Jonathan Jairo Nugnes, Federico Solla, Morena Gonzalez Masier, Diego Rosenthal, Lucía Micaela García, Paula Delgado.

Espero que lo disfruten. Lo subimos ayer.

Sinopsis: Ficción y realidad, dimensiones paralelas que se retroalimentan pero nunca han de tocarse. Dos fracasados, fabricantes de ficciones, en busca del oro de los tontos.

Pueden activar subtítulos en español debajo en YouTube.

Saludos,

Adrián Gastón Fares

Nota: Si pueden firmar esta petición para que pueda trabajar en mi película Gualicho, que vengo desarrollando hace tanto tiempo (y que también haría posible que luego realice mi otro proyecto y guión: Mr. Time) pueden pasar por aquí. No hace falta que firmen pero si pueden difundirlo o ayudar, se los agradezco.

Agradezco si pueden firmar y difundir esta petición ¿Me das una mano compartiendo y firmando esta petición?
http://chng.it/GrXc4CLV 

 

 

Mundo tributo (Remastered)

Ya que estamos con tantos documentales musicales y que tantas veces nos pidieron ver Mundo tributo online. Aquí la tienen, resubida y con subtítulos en inglés.

Es una copia de exhibición.

Mundo tributo viajó mucho más que yo. Fue vista en numerosos festivales y canales de varios países, incluido el mío.

Si tienen ganas de ver cómo puede ser entretenido un documental sobre bandas tributo e interesarse por la tarea de los músicos, disfraces, máscaras, esfuerzos vocales y dopplegangers varios, abran la puerta de este mundo aquí debajo.

Saludos

Adrián Gastón Fares
Director Mundo tributo, Motorhome, Entre nosotros, y la venidera Gualicho.

Motorhome (Remastered) Cortometraje.

¿Cómo están?

Tal vez sepan de este cortometraje que dirigí en un día hace algunos años.

Sinopsis: Un actor de películas clase B de terror abandona la filmación del último capítulo de una trilogía de zombis y se obsesiona con un proyecto más pretencioso que lo acerca a su lado oscuro.

Allá por el 2011 nos juntamos unos ex compañeros de facultad con los que siempre hablábamos de hacer cine, y en un fin de semana filmamos este cortometraje.

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Ese colectivo de trabajo, de artistas, se llamó Bombay Films. Nos gustó el nombre y hasta le hicimos un logo. Cada uno de los que participó tienen un talento muy particular, algo que ya recalqué siempre que hablo de este cortometraje.

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A la vez hicimos un documental informal llamado Paraguería Victor.

Todo fue por el barrio de Almagro, Buenos Aires.

Aquí siguen, intercaladas, algunas fotografías del rodaje.

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Acabo de volver a subir la versión remasterizada de 22 minutos del cortometraje que en su momento fue distribuida por mí y Corso Films (con la que hice Mundo tributo)

Así que, antes de lo nuevo de Bombay Films que ya sale, vean Motorhome. Es un cortometraje con el que aprendimos mucho (se filmó en un fin de semana; casi un día) Un buen ejercicio, como el que repetimos este año. Mi hermana, Romina Fares, se sumó a algo que le gusta hacer: dirección de arte y maquillaje.

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Dirigiendo Terror
Dirigiendo Terror

El otro cortometraje de terror en el que me puse detrás de las cámaras, esta vez con otro grupo, se llamó, Entre nosotros.

Pero bueno, ya sale el nuevo cortometraje de Bombay Films. Quedan estas fotografías en el recuerdo del anterior:

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Así que adelante con el cine independiente.

Entrevista por Motorhome:

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Mientras sigo con la lucha por hacer Gualicho, que ya es la más grande que tuve en mi vida con lo audiovisual y la más inexplicable (debido al premio, a que ya tengo un largometraje documental producido por mí mismo, etc., entre otros factores que ustedes ya conocen)

El único actor profesional, digamos, en Motorhome, es Jonathan Jairo Nugnes. El resto fueron vecinos del barrio de Lanús y amigos de esos vecinos, entre otros.

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Título: Motorhome Nacionalidad: Argentina. Duración: 22 min. Producido por Bombay Films. Género: Horror, Drama, Thriller. Dirigido por Adrián Gastón Fares. Escrito por Adrián Gastón Fares y Matías Donda. Dirección de arte, Vestuario y Maquillaje: Romina Fares Cámara: Gabriel Quiroga, Adrián Gastón Fares, Marcelo Enriquez Director de producción: Diego Carbajal VFX: Matías Donda Edición: Marcelo Enriquez Música original: Gabriel Quiroga Actores: Pablo Abramovich, Jonathan Jairo Nugnes, Amy Rabe, Sebastián Medrano Distribuido por Corso Films (Adrián Gastón Fares) Año: 2011. Grabado en Almagro, Buenos Aires. 

Nota recomendación de películas desde la pespectiva de un cineasta:

Aprovecho en este posteo para recomendar algunas películas. Veo mucho.

De las últimas que vi, recomiendo revisitar toda la filmografía de Luca Guadagnino. Tal vez sería para otro posteo esto, pero hay una manera de usar la pantalla que me gusta y otra que no. Me gusta la manera de Luca Guadagnino, la de Julian Schnabel, la de Harmony Korine. Creo que Call me by your name es excelente. Creo que Suspiria es muy buena (la remake) Creo que Io sonno il amore es mi película preferida. Creo que A Bigger Splash tiene muy buenos momentos. Me gusta mucho Basquiat (una película de otro director, pintor; Julian Schnabel, esta de 1996; el mismo director que hizo la de Van Gogh At Eternity Gates) Y disfruto a veces de películas como las de Malick (como la simple a Song to Song, otra manera maravillosa de aprovechar la pantalla y lo que es el cine), y Korine en la reciente The Beach Bum.

Me gustan como aprovechan el cine.

Me gustó mucho Us, de Jordan Peele, más que Get out. Realmente me gustó.

Vi también la española Dolor y Gloria (alguna vez escribí un poema hace mucho, del Joven pálido creo, que decía I will write a story about pain and glory) pero todavía no puedo opinar. Me gustan las películas de Almodovar que son más hitchcockianas. Y está tiene algo de eso, ya verán: como usa la gráfica Pedro.

Me gustó Dumbo, la de Burton. Me gusta Burton, es un gusto que no se va. Me gusta Lynch.

A veces Estados Unidos tiene cineastas que vienen más de abajo que los de los argentinos, mujeres u hombres, que filman.

Suburbios. Familias sin muchos medios.

Lynch nunca hubiera podido hacer Eraserhead sin la ayuda de una institución cinematográfica de Estados Unidos. AFI creo que se llamaba. Lo he leído.

Y así hay otros casos de cineastas, como Spike Lee, Scorsese, que también me gusta, que creo que la lucharon desde abajo.

Lleva tiempo opinar sobre las películas. Tomarse ese tiempo. Vean. Hay tantas cosas buenas.

Saludos, Adrián Gastón Fares

Lo poco que queda de nosotros. VII.

La niña calva se adelantó con el arma que le había quitado al hombre de bata y le apuntó directamente a su padre. Su boca temblaba pero su mano estaba firme. El hombre gordo se interpuso entre la niña calva y su padre. Tenía las palmas de las manos extendidas en una señal de contención.

Hijo de puta, me abandonaste, le gritó a su padre.

Nadie contestó.

Pensá, primero, pero haz tu voluntad, le dijo el hombre gordo.

El hombre de bata estaba congelado. La niña calva apretó el gatillo. Silencio. Su padre seguía sentado dándole la espalda al escritorio. La niña calva se volteó y miró al hombre de bata, que no sabía qué decir. Entonces, asombrada, apuntó al hombre gordo.

Dale, apretá. Date el gusto. En la vida hay que darse los gustos.

El hombre gordo esperó el disparo. La niña calva temblaba tanto que la pistola se le escurrió de sus manos.

No hay que llorar. Llorar un poco está bien pero un día hay que parar. Les traje esto, les pertenece.

Eran dos anteojos con marcos circulares de cristal amarillo.

Mientras la niña calva seguía llorando el hombre de bata se puso los anteojos. Salió de la habitación. Encontró una ventana en el pasillo y se asomó a mirar. Negaba con la cabeza. La niña calva detuvo su llanto y observó la situación. Se ubicó los anteojos, temblando, y miró hacia donde había estado su padre.

¿Donde está?, pregunto al hombre gordo.

Tu padre nunca estuvo aquí.

Pero recién estaba.

No está.

¿Dónde está?

De vacaciones. En el Caribe..

La niña calva intento recoger la pistola. No estaba en el piso. Ahora estaba en las manos del hombre de bata. Que apuntaba hacia el hombre gordo.

¿Qué es lo que pasa? ¿Usted quién es?, preguntó el hombre de bata.

Soy el Dr. Herzium. No se acuerdan de mí, calculo.

No, dijo la niña calva.

¿Por qué si me saco los anteojos esta mi papá y si no… no?

Tiene razón ahora no está el viejo ese.. digo tu padre.

Lo que ocurre es que ustedes iban a morir.

Estábamos al tanto de eso, dijo el hombre de bata.

Pero sus familiares han firmado un permiso para hacer un pequeño experimento científico para salvarlos. Tuvimos algunos problemas de presupuesto. Hicimos lo que pudimos. Justo al final los problemas. Pero los salvamos, como verán.

¿Y en qué consistió el experimento?

¿Probaron en ratas antes? Sinverguenzas, maltratadores de animales, gritó la niña calva.

No. Probamos con ustedes. Esas pruebas las hicieron otros antes.

¿Qué me hicieron?, preguntó el hombre calvo.

Les hicimos. No deje a la nena afuera.  Lo que hicimos fue desconectar sus cerebros de sus cuerpos. Operar directamente sobre la materia gris. Reemplazarla por un receptor de señales bluetooth conectado a su columna vertebral. Básicamente.

¿Y el resultado?

Sobrevivieron. Sus cuerpos conservaron las funciones motoras. Pero sus mentes ven la realidad de una manera distinta a los demáss. Es como una alucinación compartida.

¿Cómo?

Ustedes no se conocían. Nunca se habían visto ni habían hablado. Pero al despertar empezaron a ver como dice esa película… Gente muerta.

Zombis que no se alimentan, no comen, que están como estúpidos hasta que mueren, dijo la niña calva, Es terrible.

Claro, es terrible, pero no existe, sentenció el hombre de bata. No existe para otras personas que no sean ustedes dos.

¿Como empezó eso?, preguntó el hombre de bata.

No empezó. Eso que ven. El futuro postapocaliptico, digamos, está en sus mentes. En la de los dos. No existe, acabo de decir.

No entiendo, contestó el hombre de bata.

Sáquese los anteojos, señorita.

La niña calva, confundida, obedeció.

Papá. Soy yo. No quería hacerte mal…

No va a contestar. No está. Está en su mente. No pudimos completar esa fase de la experimentación por falta de fondos, pero tengo planes con ustedes, saben, yo empecé como psicólogo, luego psiquiatría, luego neurobiología. Me gusta tanto. Es mi pasión, sonrío el hombre gordo.

Ya vemos que le gusta, dijo el hombre de bata.

Pero al no tener fondos mi investigación quedó por la mitad. Es terrible, ¿no? Cosas de política y eso… Ya saben donde vivimos. El país…

Está destruido hace bastante, ciertamente, dijo el hombre de bata. Pero usted está mas resentido que mi amiguita con su papá.

Perdone a la niña, siempre digo que el mundo es injusto, muy injusto. Y además. No se haga el que no está resentido con su novia.

¿Donde está esa mujer?, preguntó el hombre de bata.

Se fugó con su amigo apenas entró usted a la clínica. Bueno, no sé si es su amigo. Sé poco de fútbol pero era su principal oponente futbolístico, tengo entendido. Equipos contrarios.

Ese tarado. Sí, es mi amigo. ¿Y quién acepto que experimentaran conmigo? La firma digo:  ¿quién la puso?

Su madre.

Mi madre. Está muy ida. A veces se pierde.

Claro.

¿Y en mi caso?, quiso saber la niña calva.

El hombre que usted ve pero que no está.

Qué hijo de puta.

Pero tengo buenas noticias, siguió el hombre gordo:

Como este experimento sigue en pie. Necesitamos estudiar cómo reaccionan sus cerebros a sus miedos primordiales. Necesitamos que se conecten del todo, que vean la misma realidad que todos los demás.

¿O sea que existen los demás?, dudó la niña calva.

Claramente, señorita. Describa el mundo que vio afuera.

Muertos, moscas, gente sin comer, desnutrida.

Eso está en su mente. Los demás, ciertamente, existen, pero no así. El mundo sigue normal. Bueno, como antes digamos… esa normalidad.

Qué cagada, dijo la niña calva.

Por eso como científico tengo la manera, y el deber antes que nada, de que arreglen su visión del mundo. Lo que deben tratar es un viejo truco del psiconálisis: enfrentar sus miedos.

¿Miedos?, preguntaron al unísono.

Hay un cuarto en una casa de Banfield donde usted cree que existe un ser que controla el agua.

Barleta.

Eso, busque a su novia. Busque a ese tal Berreta.

Barleta, el fantasma de Barleta.

Bueno, a Berleta (sic), búsquelo. Ya veremos qué ocurre.

Yo no tengo miedos, levantó la frente la niña calva.

¿Usted? Tiene que ir a su casa. Entrar a ese departamento oscuro y acercarse a un cuarto, un cuarto donde se escuchan ruidos que usted no soporta ni comprende.

La niña calva estaba con lágrimas en los ojos como cuando sostenía el arma contra su padre.

¿Quién se quedó a cuidarlo?, preguntó

¿A su hermanastro? Nadie. Por eso.

Lleven los anteojos para guiarse en el mundo y por favor no tomen comida sin pagarla. Tuvimos que seguirlos para que los comerciantes no los denunciaran. El arma era una pistola de carnaval, igual no les servía de mucho. Acá tienen lo necesario.

El hombre gordo le pasó una mochila roja al hombre de bata y otra azul a la niña calva.

Es el momento de la verdad, agregó.

por Adrián Gastón Fares

Nota 1: Tal vez continúe Lo poco que queda de nosotros; es una novela, por ahora, no puedo asergurarlo, sé para donde va, pero hay otras cosas para hacer.

Nota 2:

Agradezco si pueden difundir y firmar esta petición que hicieron por lo que estoy viviendo con el premio de mi película Gualicho y el INCAA (Instituto de Cine Argentino)

No hace falta que la firmen si no pueden entrar a la página de Change.org (tal vez sea molesto) pero sí que difundan lo que dice en el cuerpo de ella. Creo que es importante, tanto como lo que he contado en otras entradas en este blog sobre la situación negligente institucional de mi película Gualicho, INCAA y la productora presentante de la misma, y que también pueden leer en mi Facebook. Difundir es importante.

Saludos. A. G. F.

Link a la petición de comprensión:

http://chng.it/GrXc4CLV

 

La ciencia del mañana

Tirar una piedra al río
Los círculos
Tienen una causa y un efecto
Me gustan las palabras
Causa y efecto
Cómo también
Naranja y limón
Los antiguos, los chinos,
Entendieron mal,
Creyeron que las vivencias se repiten en otra vida
Pero está esta nada mas
Nadie vio otra
En esta se repiten
Los malos momentos
Pero también los buenos
Lo que nosotros creemos que es malo para nosotros y lo que
Creemos que es bueno
Pero otra cosa no hay
La expansión de los acontecimientos es así
Cómo un acantilado que se forma
Para que algo se desmorone desde la cima
Y forma otro acantilado bajo el agua
Una roca que rodean los peces
Pero la noticia es
que lo bueno también se repite
Lo bueno vuelve
Y es ciencia no es mentira ni creer en cosas raras
Es la ciencia del buen vivir y del buen pensar
Esa sociedad secreta en la que fui iniciado
Con vos

Por Adrián Gastón Fares

Diario de la intransparencia

Hoy fui al INCAA (Instituto de Cine Argentino, el que debe fomentar el cine aquí) a preguntar si había novedades en el expediente de Gualicho.

Subí las escalares porque no andaban los ascensores así que algunos empleados estaban fatigados.

Me cuentan que estuvo Pamela Livia Delgado (productora presentante de Gualicho, que todavía tiene el dinero en su cuenta desde abril de 2018) visitó la institución con Felicitas Raffo. Ellas son se llaman Cepa Cine y estrenan Cuando dejes de quererme. Todo bien con eso, que estrenen lo que quieren, pero las cosas deberían ser más equilibradas.

Pamela Livia Delgado y Felicitas Raffo tuvieron una reunión con un Gerente, pero a nosotros, que no somos poderosos, no nos dan reuniones con Gerentes que puedan hacer algo.

Así es la jerarquía de poderes.

Todos impunes siguen armando sus negocios de acuerdo a sus intereses. Lo que vemos de cine acá es el resultado (como en otros rubros) de una elite que tiene dinero y que, en otros casos, maneja también contactos políticos.

No están viendo cine argentino. Están viendo el cine que les dejan ver.

El cine, los directores, los que realmente se rompen el alma, ahí quedan, relegados por el INCAA y su presidente.

Los empleados del INCAA, algunos muy amables y contenedores, parecen estar apretados por el presidente Haiek, que no toma decisiones correctas, y por algunas Gerencias.

Para que vean como son las cosas en las instituciones por aquí.

Saludos

Adrián

Gualicho no se puede filmar aún porque el Instituto de Cine no quiere ejecutar el dinero del premio.

Si tienen un momento, les pido que firmen está petición para que entre tanta burocracia, política e injusticia cuanto antes el INCAA enmiende la negligencia que cometió con Gualicho y yo pueda estar trabajando en ella nuevamente cuanto antes. Es necesario para mi inclusión y mi futuro.

Aquí van las palabras de Leo y más abajo el link para que firmen y compartan la petición de Change.org

Antes que nada quiero aclarar que Pamela Livia Delgado, la productora protegida por algunos empleados importantes del INCAA, le contestó una carta documento a Leo Rosales, diciendo esto:

NO SE METAN CON MIS ASUNTOS CON EL INCAA

Creo que eso lo dice todo.

Gracias, Adrián Gastón Fares

Palabras de Leo Rosales (Mundo tributo y productor ejecutivo de Gualicho)

Hola, ¿Cómo andan?

Hace tiempo no aparezco por aquí, pero es necesario que comparta lo que está pasando ya que muchos no saben todo lo que venimos padeciendo con “Gualicho”, el Proyecto Ganador del Concurso Opera Prima Blood Window del INCAA.

Queremos que el INCAA funcione para lo que tiene que funcionar, fomentar cine de calidad que nos represente a los argentinos, tanto aquí como en el mundo.

Queremos igualdad de oportunidades.

Queremos terminar con la mafia de Productores oportunistas que se cuelgan de la teta del INCAA y que a quienes NO les importa nada el cine. Que intenten hacer una película SIN UN PESO a ver qué hacen!!

Queremos transparencia. Basta de amiguismo y ROSCA .

Exigimos que se haga Justicia y liberen nuestro PROYECTO GANADOR de su burocracia. Respetando la ley de Fomento. No sean cobardes y hagan cumplir la ley.

Basta de malos tratos, desigualdad y abuso de poder.

Aquí debajo, en palabras de Adrián Gastón Fares, su guionista y director:

Lucas Lehtinen, Gerente de Jurídicos del INCAA, sigue protegiendo a la productora presentante, Pamela Livia Delgado, a Viviana Dirolli (ex Gerenta de Fomento y ahora ascendida a Gerencia de Internacionales, involucrada anteriormente con Cepa Cine; fíjense qué películas argentinas estuvieron en Cannes este año…) y saltándose la LEY DE FOMENTO por encima, junto con la cúpula del INCAA, Ralph Haeik, que nunca nos quiso atender y siempre contestó de mala manera, causándome la más terrible exclusión que viví en mi vida por un PREMIO, sin poder trabajar en mi película, haciéndome perder años de trabajo (a mí y a Leo Rosales, productor) y prácticamente desconociendo la ley de cine, no aplicándola (es algo que pasa en INCAA: sé más yo de la ley de cine que los empleados, algo increíble) y cagándose en todo, para resumir, impunemente. Acá no hablo de un partido político, sino de varios inoperantes actuando en conjunto, maltratadores, maleducados, irresponsables (dijeron que me querían cagar a trompadas). Por favor, ayuden a que se haga justicia. Mi lucha no es solo para mí, también fue para todos los directores, guionistas, autores, que no existen ante INCAA y que pueden ser tratados de la misma manera que yo fui tratado (con los agravantes de mi caso, que expliqué y no les interesó escuchar) #incaa #cineargentino #discapacidad #hipoacusia #inclusion #premio #directordecine #autor #guionista

Aquí una petición de change.org para que cambiemos está situación de manera urgente.

http://chng.it/GrXc4CLV

La seguimos…

Leo Rosales (productor ejecutivo Gualicho)

Mi historia

Mis audífonos nuevos

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por forceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias si no por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del reglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (tenganlo en cuentan los que estudias estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así.

Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Ahí, a los 25 empecé a escuchar el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a hacer Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión. Lo dirigí, hice el diseño de producción y me encargué de la cámara en muchas escenas.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación. Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Me puse a trabajar en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio, y en el interín, me dieron el certificado de discapacidad (CUD), por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. Pero esa persona me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

En ese tiempo, fui a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs. Volví y tuve ganas de llorar. Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con una novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en un en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengos mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui  a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Fui a trabajar con la esperanza de recuperar a una mujer. Algunos me decían: Los pelos de una concha tiran más que una yunta de bueyes.

Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo, hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender)

Casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Estaba triste. Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Pero es pedir demasiado a gente que no estudió el tema. No es su responsabilidad pero sí del contexto. De los que saben o deberían saber.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salías a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí.

Un psiquiatra dijo depresión. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuanto tiempo.

Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad) Pero no deja de ser peligroso.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a una especie de manosanta a mi casa.

Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, a la que dí en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2014 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible.

Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba.

Con certificado de discapacidad los pedí a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrina certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto.

Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

Mis audífonos nuevos
Mis audífonos nuevos

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus, especialmente cuando estoy solo y me sacó los dos audífonos.

No tengo inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad. Quiero estar con la gente que elegí estar.

Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así. Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias e inconsistencias no vuelvan a repetirse.

por Adrián Gastón Fares, 2 de junio de 2019

 

 

 

 

 

 

 

Salir del cine, entrar a la vida

panoramaartsmagic

Hace quince años pensé en ser crítico de cine por un rato. Quería escribir en realidad.

Me anoté en un curso en APTRA donde los alumnos éramos dos: otro chico y yo. Antes de entrar buscaba CDs de jazz en la Musimundo del centro comercial Spinetto.

Lo del Curso fue raro, no me hacía falta por haber estudiado Imagen y Sonido, pero pensé que necesitaba una credencial para ejercer la crítica. Blanca López fue una amable y simpática profesora.

Al poco tiempo, en las críticas de estrenos que hice para Cineismo, no me gustaba que Ravashino, el editor, me corrigiera los textos. De más está decir que sus correcciones eran necesarias muchas veces.

Yo quería escribir como tocando jazz. Lo que salía de mí tenía que ser lo bueno sino nada tenía sentido.

En esa época, cada tanto, por la mañana, iba a una privada de cine. Un día tomé un café con leche y vi a Amanda Peet chocarse la cara con un cristal. La película no era excelente, pero salí del cine con ganas de vivir.

Yo, que no veré Games of thrones porque no me gustan los dragones que salen de huevos, diré que su productor, David Benioff, es un ganador: tiene al lado a Amanda Peet. Y eso que ya se me pasó el enamoramiento de esa mañana de cine.

El cine a la mañana producía el mismo efecto que los sueños de la madrugada, si la película gusta, te pinta el día.

Sin embargo, esas alfombras mullidas de los cines siempre me parecieron sospechosas. Pensaba que, en mi caso, quedarme con esas mañanas en el cine, era como colgar los zapatos en el tendero de Spectra. Ese pueblo de dónde un hijo escapa en la película El Gran Pez. Quería hacer películas y no escribir sobre ellas.

De cualquier manera, me las arreglé para que una empresa inglesa me enviara copias de los DVDs de películas japonesas que editaban.

Esperaba con ansias la llegada del sobre de papel marrón remitido por Phil. Era fanático en esa época del J horror. Dark Water, Ju On, A tale of two sisters y otras. También me gustaban las películas de Yakuzas.

Siempre me gustaron los japoneses y las japonesas también. Con ellos me siento más cómodo.

Ozu es uno de mis cineastas preferidos.

El cine de ojos rasgados me atrae, en general.

Hasta La isla de Kim Ki Duk me gusta, aunque no es su mejor película para nada.

Arts Magic DVD ya no existe más. ¿Dónde trabajarán Linda y Phil?

En nuestro presente, no me imagino a una editora de un país lejano enviando DVDs de películas a un crítico argentino como hacia la distribuidora Arts Magic.

Era la magia de los inicios de internet. Voy a permitirme la nostalgia tecnológica, porqué no. Internet es ahora, claramente, un lugar presentable. Antes era un lugar impresentable pero lleno de personas que parecían más reales.

De personas más lentas. Más lentas con periféricos pesados que los ataban a un lugar y los obligaban a usar de otra manera el tiempo y el espacio.

El resultado lo vemos ahora en la película Draft Day. Como en otras, cuando los personajes usan el teléfono para comunicarse la elección del director es dividir la pantalla en dos. Pero a diferencia de esas otras películas, en Draft Day una parte del cuerpo de un personaje invade el rectángulo de la escena que ocupa el otro. Hace veinte años a nadie se le hubiera ocurrido recortar la pantalla así. Esto indica que, por lo menos en el cine, el espacio no es lo que era. Y esa Internet, de antes, menos democrática, como un palacio cercano en el que conocías personas que parecían más reales, ya no existe.

Adrian Gastón Fares

Cine argentino estatal y corrupción.

Todavía estoy aquí tratando de filmar Gualicho.

¿Por qué no se pudo aún después de tantas penurias por un… premio?

Recapitulemos primero.

A nuestro universo entra una productora presentante desde el momento que me dijeron siempre en INCAA (se llama mala informacion eso) que no podíamos presentarnos al concurso por no tener puntaje por Mundo tributo (sí, una película que emiten canales del… mismo INCAA, otros nacionales, que fue vista en festivales de cine de muchos países, y que fue realizada de manera independiente, con nuestro dinero, por Leo Rosales y el que escribe; fuera del INCAA)

Por lo tanto INCAA nos obliga a buscar un tercer productor (o no podíamos presentar)

Ahí nomás aceptó la responsabilidad, Pamela Livia Delgado, con el aval de Cepa Audiovisual y Chinita Films.

Ganamos. ¿O Ganó? No sé. El INCAA decidió no poner a director, autor y guionista en la resolución del premio pero el llamado a concurso fue a…: Un director que no hubiera estrenado una largometraje de Ficción en el territorio argentino. Eso es Ópera Prima de Ficcion. Ok. A eso respondí mandando la película en la que llevo trabajando años: Gualicho.

Pamela Livia Delgado firma convenio en 2017 con Ralph Haiek, presidente del INCAA. En ese convenio también figuro yo como autor y mis porcentajes de ganancia.

En mayo de 2018, Pamela Livia Delgado, cobra el dinero de la preproducción de la película en su cuenta bancaria.

El INCAA le pagó por el premio a Gualicho: sin haber entregado la documentación necesaria nunca (fecha de inicio de rodaje, locaciones , etc.; pudimos descubrir)

Resultado: hacernos trabajar a mí y a Leo Rosales gratis, como si hacer una película no fuera un trabajo (una película cuyo proyecto, llevado adelante completamente por el que escribe y por el productor ejecutivo Leo Rosales, fue premiado por el aparato llamado OPERA PRIMA Blood Window INCAA, bajo la LEY de FOMENTO DEL CINE, que incluyó jurados internacionales y varias vidrieras que también significaron gastos para nosotros) Resultado 2 de este sistema brutal: pase libre para ejercer poder coercivo, ejercer maltrato impiadoso hacia nosotros, especulación total con la película y nuestro trabajo.

Este desdén hacia el trabajo de desarrolladores, escritores, guionistas, autores, este menosprecio que vivimos hasta ahora por la “productora INCAA” y otros que siguen ese patrón es intolerable.

Es lo que más me preocupa, duele y molesta de todo.

Adrián Gastón Fares

Noticias sobre mis proyectos de cine. Muy buenas y malas.

Pronto se viene otro cortometraje de Bombay Films (nuestro primer corto fue Motorhome)

Esto quiere decir que luego de 9 años volvimos a juntarnos ex compañeros de Diseño de Imagen y Sonido para realizar otro cortometraje independiente en un fin de semana.

Aquí pueden ver el Before and After de un fotograma del nuevo film, realizado por Hernán Caratolli, como DF y corrector de color.

Esta vez con más efectos, intervenciones estelares y la vuelta de Jonathan Jairo Nugnes. Estamos en plena posproducción.

Pronto podrán ver La invocación (2019) en el canal de YouTube de Bombay Films.

Otro tema.

La tristeza es que, aún con todo listo para filmar Gualicho, un largometraje en el que vengo trabajando desde antes del exitoso Mundo tributo, habiendo ganado un premio en el Instituto de Cine Argentino en 2017, con jurados internacionales, para rodarla (Gualicho), premio como director y como autor y guionista, por la calidad del proyecto, por mala información, falta de transparencia, manejos espurios del INCAA en connivencia con la productora presentante de Gualicho, aún no inicié el rodaje (aunque la productora fue pagada por el INCAA para hacerlo en Mayo de 2018! y estuve trabajando en la película para ella y para INCAA hasta el momento, desde que gané el premio; clara estafa) Es nefasto para mí hasta el momento lo ocurrido.

Adrián Gastón Fares

Pueden chequear está página para ver en que andan mis otros proyectos cinematográficos. Y aprecio el apoyo de l@s que me leen.

http://www.corsofilms.com/press

El camino de l@s zombis

Allá por el 2000 escribíamos esto en Imagen y Sonido. Elegí el tema de esta monografía para la materia Estética del cine (en la redacción del texto colaboraron Mariana Fernández y Gabriel Quiroga) Ya había escrito mi primera novela a los dieciocho años que se llamó ¡Suerte al zombi! (trescientas páginas en un estilo medio de novela gráfica, el cine estaba muy presente ahí) En esa época me interesaba la palabra “mood” para la que no encontraba traducción al castellano (atmósfera, pero no me llenaba) Fue antes de que existiera The Walking Dead y el resurgimiento de los zombis (jamás vi The Walking Dead, perdón) Tomemos este texto como un homenaje al recientemente fallecido George Romero, Papa de la iglesia llamada Cine de Trasnoche Independiente. Disculpen el vocabulario académico, espero que sepan que no me gusta ni medio, pero es un texto que fue escrito para una materia de la Universidad de Buenos Aires. Sigue leyendo “El camino de l@s zombis”

La vida sin Mi

Cosas que nos pasan a l@s sord@s tinnutosos cuando nos sacamos los superpotentes audífonos. Me levanté de la cama para ir al baño y encontré el lavabo repleto de agua. Caía en el piso de cerámica y había llegado a la madera. Desastre, si no se me ocurría ir al baño se inundaba el edificio. O por lo menos los pisos que quedan hasta la puerta de calle. Casi termino en el baño como el monstruo de La forma del agua, pero solo (ahora entiendo mejor esa película) Por razones de este mundo desagradable, estoy muy cansado y mi mente agotada de luchar contra los desplantes de las instituciones y las personas de este país (entiendan vivo aquí en este país ) y me puse a limpiar como pude, sin fuerzas esta noche y sin ganas. El tinnitus constante desgasta. Ser sordo en un mundo oyente es un esfuerzo extra. Nadie entiende nada de eso; es bastante horrible la indiferencia. Duele verla de cerca. No sé cómo explicarlo. Otro gran problema que enfrentamos l@s discapacitad@s invisibles es la lacerante creencia en cosas raras que tiene la gente: por ejemplo; conozco gente que diría: hay algo raro en tu baño, por eso fluye la energía del agua. Respuesta: no! Soy sordo y no escucho el agua si no tengo los audífonos colocados. Es increíble pero todo continúa como en la Edad Media. Por eso la identidad es la falta de comprensión, de amor y a veces de futuro. Eso es identidad. Así se forma. Como cierta cosa dura y oscura que crea un personaje de Mr. Time. Conclusión: sin audífonos no escucho un pomo. Tanto que se me olvida cerrar la canilla porque el agua si no la veo: no existe. (Esto ya lo sé desde hace muchos años, pero es mi deber dejar constancia de esto) Conclusión 2: esto podría pasarle a cualquier otro pelotudo, incluso oyente. Pero el oyente tendría que ser más pelotudo que yo para que le ocurra. Mucho más. Síntesis: No escucho. Necesito un perro que me avise cuando pasan estas cosas (pero me gustan más los felinos, que no avisan; en un departamento de dos ambientes un perro es una incongruencia) En fin, cerraré la llave de paso del agua todas las noches (lo que puede llegar a estropearla) Ahora mi gata me lame, razón: adivina la tristeza que es bastante inevitable (el agua que derrama el vaso) salvo que yo asimile estas cosas como pequeñas aventuras (pero soy realista; en la selva no sobreviviría una noche por más optimismo que le ponga al asunto) Pero no es tan malo no sobrevivir como tener que adaptarse encima de no escuchar y al tinnitus a otra cosa: a la costumbre de pasarla mal que propone esta débil sociedad.

PD: al otro día por no oír el silbido de la pava se me quemó el café.

Adrián Gastón Fares

Algunas pruebas de que el amor existió en la Tierra hace miles de años

Seré pedestre como la oliva

Tosco como un pollo

Infernal como las polillas

Y diré que existe un amor

De simulacro

ese cosquilleo

Que uno siente en el alma

Emoticon sonrojado

Amor errado

Lejos de lo insolente

La necesidad no se lleva bien

Con el pensamiento

Soledad está de turno en

El hospital de los más sanos

Donde existe el amor clavoso

El Hara

Kiri

Donde las cosas grandes se asientan

para solazarnos

los días antiguos

de felicidad

insospechada

Y ese otro amor que es descubrimiento

También hay para fundir tus fundaciones

Algunos testimonios:

Soy dueño del cine

Y tengo enrollada la pantalla

En la terraza de mi templo

Soy el barco hundido

Debajo del cielo frío

De las furiosas olas

Soy lo que nunca contesté

Por no haberlo escuchado

El río enamorado del descampado

Como verán

Queridos alumnos muertos

La dicha es un tiempo ganado a la tristeza

De incontable valor

Para cuando amarronea tu mundo

No hay mejor producto

En la feria vacía de los Miércoles

Los pájaros se amontonan

Alrededor de algo que parece nada

Pero es todo

Un portal en el cielo donde sus cantos son traducidos al idioma nativo del viento

Decir que un pájaro vuela es no saber que repta por el aire

Y posa sus patas sobre los abismos de otra desconocida dimensión

Rodeamos la incertidumbre

Somos tu señal favorita

Ritmo

abismo

lanzados

Es que pensamos en el misterio

Porque el amor es un sobrante

De la cena del linyera

Ese viejo cualquiera

Que también tuvo padre y madre

De lo que la gente llama amor

Nada hay que pueda salvarse

Tal vez ese mitológico ser

transformación sin final

los señores amores,

las amorosas señoras,

Todos casi empiezan

Y luego nunca terminan

Hubo un tiempo que fui horrible

Y fui libre de verdad

Dice una vieja canción

Que cantaba un monstruo nunca

Inventado para un proyecto de

Mario

Nunca filmado

Bava

Deleuze decía

Déjenlo (a Straub)

A la mierda con el vacío

En el cine

Lo bello se halla en las

Del señor Mario

A la medianoche en el templo proyectábamos películas

De miedo

El Señor ya no las quiere pasar

Pero yo

Yo

Lo que se dice yo

Solo digo

Que no es casualidad que el horror prosiga al amor

Esa extasiada flecha no existía

La inventamos para vivir

Para que sea más lindo

Decir adiós

por Adrian Gastón Fares, 4 de Marzo de 2019

Entrevista por el premio Blood Window a Gualicho.

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Es la entrevista, completa, que me hicieron para la revista La Cosa como autor, guionista y director por el premio Blood Window a Gualicho. Obvio que contesté largo y tendido por e-mail y lo que quedó publicado fue muchísimo menos. No estaba claro el espacio que tenía. Ya que la escribí; la publico aquí entera. Fue una oportunidad para hablar del cine fantástico y el terror, oportunidad que pocas veces tengo (envarado por el premio como verán, hasta pensé a Darín para la película, jajaja; menos mal que no lo publicaron eso)

Por otro lado, agrego los bocetos del gran ilustrador Sebastián Cabrol, de Gabriel Quiroga y algunas fotografías para amenizar el texto. También quería destacar que el valor de los premios tiene que ver con las oportunidades de conocer a otras personas en el camino de hacer cosas. No sé si tienen otro.

“Una actitud demasiado pragmática no es productiva a la larga”, Carlo Rovelli.

Saludos, Adrián G. Fares, 26 de Febrero de 2019

(Gualicho Ganador de Opera Prima Largometraje Primer Concurso de Cine Fantástico Blood Window INCAA)

– ¿Por qué elegiste este proyecto para tu debut como director?

 Gualicho es la película que siempre quise hacer. Quería hacerla de cualquier manera, a toda costa, y eso era complicado para un proyecto de esta envergadura. Después de escribir el guión hasta llegué a hacer un storyboard en 3D con un software. Hice la casa y elegí los lentes con que filmaría. Movía muñequitos y las cámaras en la computadora de acá para allá y me llevó mucho tiempo y trabajo. Aunque más tiempo me llevó dar con el guión final.

Antes de Mundo tributo, que fue mi debut como director en un documental, un documental sobre personas que se transforman en otros, ya estaba la idea de Gualicho. Lo fui reescribiendo a través de los años y nunca perdí la fascinación inicial.

Cada vez que leo el guión de Gualicho es como si fuera a la vez el espectador. Lo disfruto. Mucho.

Para la última corrección del guión me senté a las seis de la tarde ante la computadora y cuando me di vuelta eran las nueve de la mañana del día siguiente. Se hizo de día y yo seguía ahí fascinado con Gualicho. Las horas pasaron rapidísimo. Ahí está la clave de todo.

Desde la idea inicial para llegar a la versión final de Gualicho primero tuve que cambiar yo, tuve que tener una concepción del cine, a través de la acción de estudiar, de mirar otras películas, de filmar y de vivir aventuras, me di cuenta que para una película cada párrafo, cada escena, cuenta.

No quería escribir escenas que fueran transiciones, las que están para hacer avanzar sólo la historia. Esa no es mi idea del cine.

Tuve que tener claro eso primero para saber qué clase de película será Gualicho y afianzarla. La estructura de la película es un organismo que debe desarrollarse a su manera, sin ninguna limitación más que la imaginación y las experiencias de uno.

Entrevista INCAA LA COSA. Comparto la nota con Lucila Las Heras, directora argentina del otro proyecto ganador del concurso: su película El Muglur!
Entrevista INCAA LA COSA. Comparto la nota con Lucila Las Heras, directora argentina del otro proyecto ganador del concurso: su película El Muglur!

Gualicho es un resumen de todo lo que aprendí en estos años, como estudiante, como espectador, como guionista y como realizador de cortometrajes. Fue más claro todavía que tenía una película única, original y con una historia emocionante. Siempre que cuento la historia de Gualicho en 30 segundos las personas se asombran, comienzan las preguntas, se entusiasman.

También hay pocos diálogos en la película. Prefiero un cine más visual que dialogado. Eso tiene que ver con como soy, tengo hipoacusia desde adolescente, por lo menos (por una anoxia en el momento de nacimiento) y recién fue detectada a los veinte años. Fue un largo camino el de asumir mi identidad y darme cuenta que no soy como el resto de las personas. Simplemente, no lo soy. Todos somos diferentes, pero yo tengo un plus de diferencia por mi discapacidad que sobrellevo desde los treinta años con el uso de audífonos que han tenido que ser más potentes cada vez más. Lo raro de todo esto, es que yo tenía pérdida de audición ya en la adolescencia, tal vez incluso antes, y nadie se daba cuenta. Pude reconstruir mi pasado a través de las cargadas de algún compañero, de ver cómo era yo y cómo eran los demás, remarcando que ya en la universidad, a los diecinueve años, era atendido por un otorrino, que negligentemente, no me recetó el uso de audífonos. Sé que tengo una mirada distinta que aportar al cine.

Y es ese entusiasmo inquebrantable es el que me hizo elegir Gualicho para que sea mi primer largometraje de ficción como director. Es el cine que quiero hacer y sólo pienso en hacer la mejor película posible. No tengo dudas de que así será.

Póster encargado al ilustrador Sebastián Cabrol para Gualicho (Presentación Ventana Sur Blood Window 2018)
Póster encargado al ilustrador Sebastián Cabrol para Gualicho (Presentación Ventana Sur Blood Window 2018)

– ¿Qué consejo le das a quienes tienen un proyecto y aún no se animan a participar de los concursos del INCAA?

Antes que nada uno tiene que tener un guión que lo emocione, que lo movilice, eso es seguro.

El consejo es que trabajen en la película. Un director tiene que poder escribir su propuesta estética y su visión para el resto del equipo.

Por otro lado, los concursos son oportunidades para ponerse una fecha de entrega, para que sus requisitos fomenten una producción de trabajo alrededor de tu película. Ahí saldrán las correcciones, las sinopsis, y uno empieza a ver otros aspectos como el diseño de producción, la dirección de fotografía, la de arte, vestuario, el sonido, la música, efectos especiales, maquillaje y edición.

Para todo esto el director debe tener una propuesta escrita que pueda pasar a su equipo, a partir de ahí se armará un presupuesto y los demás sabrán qué tipo de película será.

Confiar en otra persona porque el cine no es el trabajo de un solo y hablar de cómo convertir tu idea en un proyecto.

Convencer a otra persona de tu proyecto es el primer paso.

De ahí en más sólo queda trabajar mucho. Escribir, buscar imágenes para la propuesta estética, todo lo que puedas hacer por tu película. Y una vez que decidiste que esa película es para un concurso, trabajar en esa presentación y una vez que la presentaste y hasta que salga el resultado, concentrarte en otra cosa.

No nos imaginábamos que íbamos a ganar Blood Window para filmar un largometraje, nos parecía muy difícil. El nivel del jurado internacional asustaba un poco.

Sabía que había hecho por mi parte lo mejor para la presentación de Gualicho. Eso bastaba. Habíamos avanzado, igualmente en Corso Films, la productora independiente que tenemos con Leo Rosales, trabajamos en dos proyectos más a la vez para presentar a los concursos de Blood Window, un cortometraje, un desarrollo de guión para largometraje, que es probablemente lo que haga después de Gualicho.

Las presentaciones fueron un trabajo inmenso, y lo hice mientras tenía a la vez otro trabajo formal, digamos, así que fue extenuante. Pero lo hice todo con una alegría total.

Así que hay que animarse, estar atento, confiar en uno, entusiasmar a la gente y después tirarse de cabeza al concurso y seguir trabajando arduamente en otras ideas y proyectos.

En mi caso andar con un libro de notas siempre encima para largometrajes, series, para escribir relatos para mi blog, en fin, para seleccionar otras historias que se me van ocurriendo.

– Al ser un proyecto original, ¿cómo surgió la idea que se contará en tu película?

Hace diez años o más, en la casa de mis padres, mientras tomaba un café con leche un domingo, me pregunté qué pasaría si la muerte no fuera un tabú. Y más que nada, si no fuera una frontera de la que es imposible volver. ¿Qué haríamos?

Pensé que quería hacer una película que fuera una experiencia, que se sintiera como una vivencia.

Y vi a los personajes principales, los chicos y la familia entera, y sentí la fuerza que tenía Gualicho. Vi una casa de campo, y yo estaba en Lanús, donde crecí, pocas veces había visto el campo, así que iba a tener que ir al campo, otra no quedaba. Y me gusta la naturaleza así que era un aliciente.

Entreví que la adrenalina sería importante, como el tema de la familia, que ronda mis escritos, y que la comida también.

Los demás personajes fueron apareciendo con las reescrituras. Honorio por ejemplo que es tan importante en la trama. Me encantaría que fuera Ricardo Darín. Sería impactante verlo en un rol como ese.

Nunca pensé que iba a estar tantos años trabajando en ese proyecto, que iba a sacrificar tantas cosas, que iba a sufrir tanto por eso, y que iba a disfrutarlo tanto también. Tenía muchas cosas para aprender. Pero me acuerdo perfectamente de ese momento, en que pensé: esta es la historia y estos son los personajes.

– ¿Por qué elegiste una historia fantástica para contar?

De chico leía compilados de historias fantásticas que se vendían en las librerías de saldo de la avenida Corrientes, viajar para mí de Lanús al centro ya era algo fantástico.

En Lanús, hacía obras de títeres para mi hermana y una vecina. Les leía historias. Iba al cuartucho donde vivía mi tía María y escuchaba las historias de Avellaneda que me contaba. Las que me más me fascinaban eran las de fantasmas, mediums y curanderos, las que tenían una conexión con otro mundo inasible pero palpable. Mi viejo me contaba historias también increíbles. Decía que la piedra de su anillo guardaba un duende. También que enfrente de mi casa vivía un gigante. Yo me ponía en el balcón a esperarlo.

En la casa de mis padres, miraba una copia del Guernica con fascinación, leía a Clive Barker, a Stephen King, a Poe, a Wilde, Jackson, Matheson, Lovecraft, Bradbury, Le Fanu, a Agatha Christie y cualquier cosa en la que resonara la palabra misterio.

Ilustración para fondo PressBook Gualicho Ventana Sur. Diseño de Gabriel Quiroga
Ilustración para fondo PressBook Gualicho Ventana Sur. Diseño de Gabriel Quiroga

Los sábados miraba esas películas increíbles que solían pasar en la TV, recuerdo ver una de Drácula con Jack Palance y mirar la puerta de la escalera aterrado porque pensaba que una presencia iba a aparecer en cualquier momento. El palacio encantado, de Corman con Vincent Price, me volvió loco de chico. Ni hablar del final de la primera de El planeta de los simios. Espeluznantes. Igual de espeluznante me pareció The Ladies Man (El terror de las chicas), esa película donde Jerry Lewis entra en una habitación blanca y hay una mujer pantera colgando del techo ¡Cuántas pesadillas! Y en semana santa pasaban esa miniserie con Cristo que, claro, se moría y resucitaba. La corona de espinas y esa cara sangrante. Terrible. Me aterraba Cristo.

Hay tantas cosas de mi vida, de mi niñez y lo que vino después, relacionado con lo fantástico que puedo escribir muchas páginas para explicar por qué elijo lo sobrenatural.

De chico empecé a escribir. Mis primeras historias eran copias de Stephen King. Ya a los 19 años, escribí una novela-guión de trescientas páginas sobre un zombi suburbano.

Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho
Uno de los bocetos de Sebastián Cabrol para Gualicho

Lo fantástico irrumpe en nuestros sueños. Nadie sueña que va a trabajar, ficha, se hace un mate, después va de acá para allá, se compra la comida al mediodía, vuelve a hacerse otro mate, saluda a sus jefes, toma su paraguas y ficha otra vez. No. Soñamos cosas increíbles, inconexas y que tienen que ver con nuestra percepción de la realidad subjetiva. Que la percepción de la realidad sea subjetiva es algo fantástico.

Sin embargo, quiero aclarar que nadie hace una película a partir de un cuento de Poe, de un sueño, o de otra película, esa no es la manera de abordar el cine para mí. La experiencia lo es. La vida, las ideas surgen de esa tensión entre la ficción y lo real subjetivo que vemos y tal vez lo fantástico sea la manera natural de expresarse. Así nos expresamos mientras dormimos.

Otro boceto de Sebastián Cabrol para el póster de producción de Gualicho

Por otro lado, que existan personas que escriban, pintan o hacen música ya de por sí es algo fantástico. ¿Dos tipos que grandes que se sentaban a charlar sobre historias fantásticas como Bioy y Borges? ¿Cómo pudo ser? Un hombre que escribía como Mario Levrero ¡Qué increíble! Favio haciendo Nazareno Cruz y el Lobo. ¿Cómo fue que algo tan maravilloso ocurrió?

Walichu Another Production Poster
Walichu Another Production Poster by Gabriel Quiroga

Creo que esa tradición de lo fantástico la que elegí para aportar mi mirada en el mundo del cine porque tenemos en Latinoamérica un acervo grande de historias y de creadores de historias y lo que quiero es dar lo mejor de mí para introducir nuevas temáticas, historias y modos de contarlas, respetando a los intrépidos que se han sumergido en este género a través de cualquier medio y haciéndoles un guiño para llevarlo más allá, para que el espectador siga contando historias fantásticas con el aporte que puede llegar a hacer el cine, un medio tan poderoso, a la creación de una identidad.

Y lo que más me importa son las historias, las experiencias que logran crear, y ese mundo entrevisto un día, ficticio, que te lleva a esa fascinación de verlo traducirse a la realidad a través de un lente.

Mi biblioteca
Mi biblioteca

 

Entrevista revista La Cosa, Adrián Gastón Fares, Octubre de 2017 por el premio Producción Largometraje inédito de ficción Blood Window a Gualicho (Walichu), de la que soy único autor, guionista y director.

Más información sobre Gualicho:

http://www.corsofilms.com/press

También puede leer Kong, acabo de actualizar el Índice, por ahora, ha llegado a su fin esta novela corta fantástica de ciencia ficción:

Kong, completa.

Último capítulo de Kong:

https://adriangastonfares.com/2019/02/06/kong-el-final/

 

Portada Revista La Cosa en la que salió la nota a los ganadores de Blood Window
Portada Revista La Cosa en la que salió la nota a los ganadores de Blood Window

Los extraños frutos del bosque: Sue Hubbell y el country noir.

Mientras leo sobre cine independiente, cine subsidiado, cine comercial, cine de calidad y preparo un necesario y contundente artículo, se me ocurrió relacionar el country noir (la ficción narrativa audiovisual que habita en la ciudad pero crece en el campo) con cierto libro que cayó en mis manos, a veces digitales.

Sue Hubbell es (ya verán porqué no me apresuro a decir fue) una escritora norteamericana especializada en el género nature writing o escritura de la naturaleza.

Mientras leía el libro de Hubbell (Un año en los bosques, en castellano, A country year, en inglés), una crónica de su vida en el bosque en la región de Ozark (medioeste de los Estados Unidos) me asaltó una duda. No conocía a Hubbell, su libro está emplazado en el bosque de los Ozarks, donde la escritora se dedicaba a la apicultura (y practicaba con su sobrino una técnica para convertirlo en un superhéroe de las picaduras de abejas; dejaba que una lo picara, luego dos, y más, progresivamente, para insensibilizarlo al veneno) y a asombrarse por las ranas pegadas a su gran ventana, las arañas y serpientes de su granero, y otros descubrimientos dignos de mención de la naturaleza tuve una duda, esta mujer ¿seguía viva? (no había visto la fecha de publicación del libro, me adentré en sus páginas conservando mi virginidad de lector, no adrede sino de casualidad)

Constaté que Hubbell había muerto en 2018, el año pasado. Como no figuraba la causa de su muerte en  Wikipedia seguí investigando. Resulta que Sue Hubbell murió de demencia según otro artículo. Una enfermedad que por sí sola no causa la muerte y cuya definición está en continuo cambio desde la época de, por lo menos, los filósofos cínicos en Occidente. Sus consecuencias desencadenan óbitos, ciertamente, como el caso de Hubbell, que apareció un día perdida en el medio del bosque, sin saber cómo se encontraba allí, pero viva y que luego decidió practicar una forma de suicidio bastante común como la de dejar de alimentarse (ya en la casa de su hijo) hasta la desaparición.

En el medio de la naturaleza, sin la necesidad de señales digitales, y rozando el manifiesto a favor de este tipo de vida verde, yo había pensado mientras leía Un año en los bosques, que no había maneras de precisar la época en qué fue escrito. Los índices eran pocos. Y de noche uno es menos exigente con lo leído que con uno mismo.

El descubrimiento de que la mujer que tan encantadora vida había tenido en la naturaleza, libre de emanaciones tóxicas y comiendo alimentos que ella misma cosechaba, decantó en la locura (¿Qué es la locura?; la demencia ciertamente no puede relacionarse con su causa de muerte; por lo mismo, ni loco aquí me pondré a analizar esas etiquetas que lastiman a las personas que las llevan puestas) me hizo recordar que la serie de suspenso que estoy mirando True detective, temporada 3, está ambientada en los Ozark, así como otras muchas series, me indican en Internet, que nunca vi ni veré (no se puede mirar todo; ya lo dijo Godard del cine; imagínense con las series). Estas series son etiquetadas dentro del ya madurado género country noir (supongo que sus orígenes están más claros en la conocida serie de David Lynch)

Pero sigamos con Sue en el bosque. Su brújula mental estropeada, su bello suicidio (no es suicidio dejar de alimentarse; parece ser una protesta al tedio de estar vivo pero lo escribo así porque a su hijo le pareció apropiada esta historia sobre su fin) puede relacionarse con las series negras (noir) emplazadas en el campo, en las inmediaciones del lugar donde ella tenía su cabaña. Después de todo, los árboles siempre han sido testigos mudos de asesinatos, desencuentros, perversiones, amores clandestinos, sueños idealistas, ambiciones, entre otras actividades que definen al ser humano como el animal más turbio que existe.

Los árboles saben, los árboles cuentan, el viento que mueve sus hojas también nos confunde, nos inspira y perturba los sentidos; tal vez por eso, y por esas ganas impúdicas de volver a la naturaleza entre la selva de señales digitales en que estamos viviendo, donde la vida verde ya nunca será lo que fue, proliferan tantas ficciones que tienen un pie en el campo y otro en las formas de la muerte. Los enormes saltos temporales en la narración audiovisual, que antes no se usaban tanto y ahora sí, tal vez indiquen que la humanidad se quiere alejar de los pastos altos para mirarlos con el ojo de la renovada ciencia de la mente (y de las mentes).

Esa tensión entre querer acercarse a lo que alguna vez fue la naturaleza desde los escalones de barro del pensamiento actual está dando frutos de irregulares, y llamativas, formas. Y parece ser que los Ozark, esa región montañosa estadounidense, es uno de los lugares donde suelen recolectarse.

 

por Adrián Gastón Fares, 18 de Febrero de 2019.

Nota: Lean a Sue Hubbell, y no dejen de leer el primer cuento del libro La profundidad del mar amarillo (2006) de Nic Pizzolatto, escritor y creador de la serie True Detective.

Otra nota: Acercarse, aunque sea sin intención, a la erudición en la actualidad está, ciertamente, de más.

De otro mundo

Tu mundo es viejo
Pero no demasiado

Por qué crees
Que nunca quisiste morir en
brazos de nadie
Te enseñaron que pasión
Es fuego
Pero el fuego se apaga bajo
el agua
Te dijeron que propósito
Y realidad
Son más necesarios
De lo que no se apaga bajo el agua

Nuestro mundo es demasiado nuevo

Sonríe y juega
Busca maneras de acceder
Al muñeco de piedra
Al que nada le importa
Tal vez tus plantas te entiendan
Pero los animales no
Tal vez el Río de la Plata sea
Una vena
De un gigante dormido
En la terraza
Mira la ciudad
Recuerda que en sus pastos
Encontraste el motivo
Si tu vida es vieja
Pero no tanto
Y la zozobra y el llanto
Te enseñaron el canto
Calla
Porque es hora de caminar hasta el aula
Donde nuestro amigo se encuentra

El viene con nosotros
Nuestro fantástico rescate
Sueña despierto
No podemos
No usarlo
El tren de la oportunidad
Pasa infinitas veces

Los tres diremos al unísono
Venimos a buscarte
Esta es la aventura
De aquí en más
Jamas nos separaremos
No creas que nada es auténtico
El destino te mima con la misma ironía
Es
En vos
Por única vez

Mientras quemamos los libros de
Literatura comparada
Corremos juntos por la ciudad
Hacia el inicio de nuestra historia
Que empieza aquí debajo
Fuera del sistema
Al margen de las pantallas
Justo a tiempo
para cosechar las moras
En grisáceos pasillos

Cantamos unidos
Y sostenemos la repisa
De los libros caídos
Donde descansan abusadas-palabras
Que tenso declive
Que suave tensión
Entreabrir la puerta

Hora de la función.

Somos la multinacional
De los escones
Gigantes
Rodeamos las tazas de té
La apagadora
de aparatos mecánicos
Los más grandes proveedores
De oscuridad

Quédate en silencio
Prepárate a correr
Ya salimos
Falta poco
No desistas
Nuestras manos tiemblan
Pero aguantarán

Por Adrian Gastón Fares, 04 de Febrero de 2019

La historia de mis oídos.

A veces tomo la forma de una bola de cristal

que refleja el pasado.

Como si me agitaran

la nieve empieza a caer.

Lo bueno es que puedo lanzar la bola de cristal

tan lejos

como se me antoje.

He creído ser oyente

Uno más de la manada

Pero no lo era.

No del todo.

Nunca olvido

que en el año dos mil doce

me dieron el certificado

porque, paradoja para esta hoja,

nunca escuché bien;

seguía tocando el timbre de aquel edificio

cuando ya me habían abierto la puerta

desde arriba.

Entonces, recién en el año dos mil doce, con mis queridos

audífonos, esas joyas tan preciadas,

tuve que adaptarme al rugido de un mundo

del que muchos

no quieren saber nada.

Me daba vergüenza acercarme a las chicas en un bar. Nunca olvidaré la distancia autoimpuesta. Y la zozobra del ser o ya no ser.

Así y todo elegí usarlos.

Era eso o no entender.

El sol se pone,

pero el ruido se impone.

Los seres humanos cerramos los ojos,

nunca los oídos.

Tan vitales son que permanecen atentos

aún cuando la alarma resuena

y los tapamos con las manos.

Mis oídos eran como viejos caracoles

que retumbaban con el viento.

Antes de los audífonos,

para la risa ajena

subtítulos, por favor.

Ahora:

También ayudan.

Todavía no sé lenguaje de señas

pero conozco las marcas que deja la creciente

sensación de no comprender.

Aunque lo que no se dice a veces lo entiendo bien.

La mayoría desconoce

la balada del tinnitus constante.

Pagué el precio de la incomprensión y

de los que saben pero se hacen que no saben,

de los que querían que fuera otro que,

ah, montaña blanca,

no soy.

He sido abandonado:

En los peores momentos

Empujado al abismo:

En los peores momentos

Es un fundido lento como en las películas:

A otro ser,

devenir otro.

Entusiasmo.

Renovado.

Tirité descalzo

como más me gusta

en el vacío.

Y un día apareció la casa,

la rosa

y, ah,

la gran montaña blanca.

Yo que le temía a lo desproporcionado

a las imágenes grandes de animales,

a la boca abierta del elefante marino,

a la trompa de la orca encostrada en la diapositiva;

a los dinosaurios de museo

y a los restos flacos de las ballenas que ya no nadan

en pisos de madera

de esas feas instituciones.

Pero los dinosaurios fueron animales,

¿quién era yo?

El que seguía algunas reglas

escritas por seres que tenían un sentido

distinto al mío;

he sido ingenuo.

Y tan seguro

como mis orejas me han permitido ser.

Más allá de todo,

sé que no hay piedad en el mundo,

ni camino recorrido.

Para la historia de mis oídos.

por Adrián Gastón Fares, 22 enero de 2019.

El dragón

Aprieto la boca como una chica;

nos mirábamos de lejos

cuando teníamos veinte años

Pero esa tensión no es mía

Sudo como mi tutor

Pero ese no es mi olor

Lloro como una que conocí

Que terminó riendo

Pero nunca pude reír Así

Ni Ahí

Me quejo casi como mi tía

Aunque mi dialecto es otro

La única relación en todos estos gestos y actos;

Es el dolor.

Lo reconozco

Se acerca como un gato

Lo acaricio como a un dragón

Mas allá:

No sé lo que es un cuerpo.

Una linea no tan horizontal al final,

una casi replegada al principio.

Por Adrián Gastón Fares