Palabras

Hoy escribí un cuento que quedó en mi cuaderno. Decidí reescribir este poema que tiene unos años y que no es un poema, por qué lo sería si nunca escribí más que el poemario del Joven Pálido, que más que un poema es prosa desarreglada e inconclusa.  Pero me gustó escribir lo que sigue abajo. Un día me apaciguó hacerlo. Puede ser un buen prólogo para mi novela Intransparente.

 

Estas son las palabras que nunca te enseñaron

las que nunca se ponen ni jamás se dicen.

 

En una ciudad antigua las gritaban.

 

En Lanús una viejita las repetía,

murmurando,

mientras encendía la hornalla para tejer un cuento.

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Walichu

¿Cómo están?

Estamos en la preproducción de Walichu / Gualicho. Y pasé el fin de semana de Pascuas relevando fotografías de la locación, haciendo ensayos y pruebas. La locación, un campo en las afueras de Buenos Aires, es realmente impresionante y ahora la cuestión es encontrarle otra vuelta de tuerca más con el Diseño de Producción.

Tenemos casas, bosques, senderos, arboledas, plantaciones, entre otras maravillas.

La locación fue el primer obstáculo a vencer.

Hace años que la visito, como una vieja de cementerio.

Cuando empecé a ir las personas con las que me encontraba en el lugar eran solteras, no tenían hijos, ni parejas. Ahora vuelvo y encuentro que la mayoría ya formó familia, conocieron a otras personas y que los chicos crecieron. Una de las chicas me preguntó: ¿es el mismo proyecto?

Y sí, es el mismo proyecto. El cine lleva tiempo.

Al final de estas palabras podrán ver dos fotografías que tomé en el lugar.

Lo que siento es que los personajes están llegando a la locación y están poniendo un un pie en ese entorno para el que fueron creados. También están haunteando a las actrices, a los actores, incluso a los que todavía no están pero ya estarán (déjenme inventar una palabra; creo que debería ser jaunteando, y viene del inglés haunted)

Y ya que estamos con las palabras, sigo. Me parece que para hacer cine son de gran importancia los desinfluencers. Para ver las cosas en perspectiva, entre tanta bajada de línea “oficial”, hace falta un desinfluencer en el equipo.

Y ya que estamos puedo relacionar este último párrafo con mi posteo anterior, con mi novela Intransparente y la dificultad en Argentina con las instituciones y con las mini instituciones (me refería a ciertas personas, como mini-instituciones)

A veces juego, a veces me río con estas cosas que si no a uno lo ponen mal.

Otro tema:

Quería hacer un posteo sobre Cómo escribir un guion. Pero totalmente distinto a todo lo que leí al respecto. Pronto tal vez lo haga porque ya está escrito y falta despegarlo del anotador. Creo que podría ayudar a algunos a que la tarea de afrontar una historia no sea tan ardua o por lo menos que sea más ordenada.

También mi idea es recomendar algunos libros que pueden ser útiles.

El trabajo de escritura de Mr. Time, el otro largometraje que tengo listo para preproducción, me llevó a un universo nuevo y también me hizo pensar, luego de la escritura de Las órdenes y Gualicho (Walichu), en el trabajo de escribir, en sus tiempos, formas, y en ese vicio siempre presente de querer estandarizar una manera de trabajar. Hay mucho de qué hablar al respecto.

Adrián Gastón Fares

Walichu PH Adrián Gastón Fares Location
Walichu Location WIP Blood Window Award Feature Film Adrian Gaston Fares Writer, Director, Coproducer, PH
Walichu PH Adrián Gastón Fares Location
Walichu Location WIP Blood Window Award Feature Film Adrian Gaston Fares Writer, Director, Coproducer, PH
Gualicho Le Ecran Nota
L Ecran Fantastique sobre Walichu y Mr. Time. Poster de Gualicho / Walichu

Novela Intransparente

InstransparenteWEBIntransparente Adrián Gastón Fares Novela BLUE.jpg

Intransparente. Novela. (Ficción, Narrativa Argentina) Escrita y publicada por Adrián Gastón Fares. Géneros: Intriga, psicológico. 180 páginas aprox.

Bajar / Download Intransparente Automáticamente a tu PC / Móvil / Dispositivo:

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Leer PDF Novela Intransparente

PREFACIO

Aquí publico gratuitamente, en exclusiva en este blog, mi última novela ahora llamada Intransparente.

Con los Links que están arriba pueden descargarla  en versión .mobi (Kindle), .epub (FBReader otros dispositivos para leer libros electrónicos), y leerla directamente en el explorador en PDF.  Son links seguros. Además, tuve que aprender maquetación de libros electronicos para llegar a esto, así que bajen con confianza.

Como estuve abocado al trabajo arduo y tan gratificante de mi nueva creación, Mr. Time, (que a diferencia de esta novela, es guion, por lo menos por ahora, y es de género fantástico y terror) se me ocurrió publicar directamente en este blog la última COSA larga que escribí (después de Gualicho/Walichu, claro, que también es guion) Otro motivo es que el trabajo de Diseño de producción y Dirección que llevo adelante para Gualicho, no me deja mucho tiempo para seguir escribiendo los cuentos que luego transcribo en este blog.

Agrego que Intransparente es bastante virgen de lectores, dado que, por lo menos que yo sepa, pocas manos han rozado sus hojas virtuales.

Una de ellas fue la de Marcelo Guerrieri, escritor, antropólogo y profesor argentino al que agradezco el estímulo para que le buscara un editor, algo a lo que nunca me dediqué, y el de Lorena, una amiga de infancia, investigadora y profesora de Historia del Joaquín V. González, que insistió con que esta novela era buena e incluso vio en ella cosas que yo no había visto.

Supongo que Intransparente será un eufemismo para Opaco. Pero a mí no me suena lo mismo. La Intransparencia connota una intención que la opacidad no. Y es esa intención, y los hechos que vengo viviendo, y viendo, en este país, Argentina claro, hace años, que me llevaron a este nombre con el que espero que la novela se sienta más identificada.

Intransparente (la RAE prefiere transparente a trasparente, por lo menos hasta lo que sé) tiene dos o tres racimos del los que el lector puede -espero- disfrutar.

El primero es la trama principal. El hijo de Baldomero intentará saber la verdad sobre su padre, un psicólogo que los medios vinculan, luego de su muerte, con la última dictadura militar argentina. Como en el guión por el que fui seleccionado para un Laboratorio en Colombia, Intransparente trata el tema de la última dictadura militar argentina. Pero a diferencia de ese guión, en Intransparente, la dictadura militar no es el único tema.

Aclaro, por que me lo han preguntado en Colombia, que no soy hijo de desaparecidos, ni tengo en mi familia ningún pariente militar o relacionado con la última dictadura militar. Lo que pude investigar del tema me dejó una impresión muy dolorosa, donde los descendientes de ex militares procesados llevan una dura mochila. Lo mismo, ya sabemos, con las víctimas directas e indirectas. Es una herida abierta que Argentina no ha cerrado aún. Y que a mí personalmente, sin haberlo vivido directamente, me produce un profundo dolor.

Sigamos.

O sea, la historia es una invención mía a partir de la pregunta que uno se hace muchas veces: ¿de quiénes venimos? Ya que de dónde venimos me parece una pregunta que no tiene respuesta es mejor dilucidar la del párrafo anterior.

Lo mismo ocurre con los personajes, no hay ninguno basado en personas de la vida real (y las historias son todas distorsiones e invenciones mías) salvo la enanita con la que el protagonista pasaba sus tardes de infancia en Lanús. Diré sin rodeos que esa sí es mi Tía María, una mujer, una de las fosforeras de Avellaneda, con secuelas físicas tal vez de su trabajo, o no, que me ahorraré de describir, a la que yo visitaba diariamente de chico en una casa chorizo igual a la de la novela, y que me contaba historias de su Avellaneda de antaño, algunas de las cuales traspuse en esta novela. Así que las historias que cuenta esa mujer en su casucha, incluso las que parecen más fantásticas, son cuentos de sus cuentos, y hasta lo que yo sé, han ocurrido o han pertenecido a este mundo y no son enteramente invención mía, sino de esa mujer alegre a la que perdimos hace mucho tiempo, y a la que extraño cuando llueve y no hay otro lugar para ir a tomar mate ni otra persona que me cuente historias de la manera que ella contaba.

El segundo racimo pertenece a las noches que pasé investigando específicamente para escribir la novela, cuya manifestación más clara está en la Tercera Parte de la misma.

En la Tercera Parte se exponen una teorías que tienen que ver con los colores, la procedencia de las tinturas, y el poder. A modo de parodia de otros libros afines escribí sobre el anterior asunto y me quemé las pestañas leyendo textos sobre el poder de ciertos hongos, caracoles y pociones, releyendo La Odisea, Los Mitos Griegos y La Diosa Blanca de Robert Graves, más vaya uno a recordar qué otros textos más incorpóreos, para que el protagonista exponga una teoría del color púrpura, de los campos unificados, y de la posibilidad de que los grandes relatos fantásticos ancestrales no sean una mera invención sino una realidad sentida y contada.

Los comentarios sobre Intransparente, públicos o privados, serán más que bienvenidos.

PD: Dado a las complicaciones y placeres de mis problemas de audición, solucionado sí con audífonos, pero viejos (no desesperen ya me darán los nuevos, supongo) y a un Premio por el que todavía no vi un centavo, incluí en este blog como pude un botón para Donar (Al final del sitio dice Buy Now), pero si entran verán que es para donar a gusto. También hay un link a mi PayPal.me en esta entrada. Link PayPal.Me:  PayPal.Me/adrianfares

Otra aclaración: La portada es de mi autoría, con la ayuda de Gabriel Quiroga (a quien le encargué la Ilustración) Este ente transparente se llama: Santiago Cooonde.

Adrián Gastón Fares

Artículo en la Revista de Cine L’ Ecran Fantastique sobre mis dos próximas películas.

L ecran fantastique.jpg

Link:

https://ecranfantastique.fr/view_post.php?id=34640

Ilustración para Gualicho de Diego Simone. Al final, el afiche creado con el ilustrador Sebastián Cabrol.

GualichoBocetopor Diego Simone_baja(1).jpg

Le Ecran Fantastique Nota Gualicho y Mr. Time.jpg

Link:
https://ecranfantastique.fr/view_post.php?id=34640

Dice la nota en la revista de cine francesa L´ Ecran Fantastique:

Dos películas de un director Argentino, autor de la inmortalidad y del tiempo.

Dos películas de terror argentinas en preparación: Gualicho y Mr. Time.

El cineasta argentino Adrián Gastón Fares prepara dos películas de género, Gualicho y Mr. Time. La primera presenta al Gualicho, un espíritu malvado temido por los grupos indígenas, Mapuches y Tehuelches, del sur de la Argentina y de Chile…

English:

Two films by an Argentine director, autour about immortality and time.

“Two Argentine horror films in preparation: Gualicho and Mr. Time.

Argentine filmmaker Adrián Gastón Fares prepares two genre films, Gualicho and Mr. Time. The first one presents the Gualicho, an evil spirit feared by the indigenous groups, Mapuches and Tehuelches, from the south of Argentina and Chile …” And then delves into Mr. Time.

Aquí el texto completo en francés:

Deux films d’un réalisateur argentin autour de l’immortalité et du temps.

Deux films d’horreur argentins en préparation : WALICHU et Mr. TIME….

Le cinéaste argentin Gaston Adrián Fares prépare deux films de genre, “Walichu “et “Mr. Time”. Le premier met en scène le Gualicho, esprit mauvais redouté des groupes indigènes, les Mapuches et Tehuelches, dans le sud de l’Argentine et du Chili. Nico Onetti, réalisateur, scénariste et producteur de “What the Watters Left Behind”, en est le producteur exécutif. Dans une maison de campagne, une famille découvre que soudainement, la mort n’existe pas. Les poules ne meurent pas, ni les gens. Lorsque de l’un des frères décède, les autres commencent donc à se tuer mutuellement. Pour eux, c’est un jeu qu’ils pratiquent en cachette de leurs parents. Quand le dénommé Edward se perd sur la route, il trouve dadite ferme habitée par Maria et ses trois jeunes frères et sœurs. Ensemble, ils vont lui montrer qu’il n’y a pas de frontière entre la vie et la mort, et que cette dernière peut être un jeu vicieux. Dans le second opus, situé dans les années 90, le héros et ses amis vont découvrir ce qui se passe dans leur école hantée en suivant Ismael, le fantôme d’un petit garçon dont le corps est entièrement formé par une armée de papillons. Ismael les guidera à travers le labyrinthe du temps que cette école est devenue. Ils trouveront bientôt qu’il n’y a pas d’échappatoire des mains d’une entité connue sous le nom de Mr. Temps. Cette entité à l’apparence monstrueuse peut contrôler le temps selon sa propre volonté. Mais il faut se méfier : l’on peut y perdre un doigt car, dans cette histoire, les mains du temps sont réelles.

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Entre nosotros

Este es un cortometraje que hicimos a fines del 2015 con compañeros de un curso del Centro Cultural Rojas: Los Cerdos Suicidas. Con algunas consignas difíciles, como que no hubiera diálogos, dos personajes y una locación. Diego García fue el profesor. Nos mandó a ver una obra de Kartun, Terrenal, García.

El corto trata de una pareja que decide romper la monotonía con un juego peligroso.

Entre nosotros Still:

EntreNosotrosCortometrajeStill.jpg

La pasamos muy bien con el equipo técnico Florencia, Manuel, Valeria, Guillermo, Gabriel y excelentes actores como Valeria Perez-Fuchs. De eso se trata el cine, de rodar…

Y uno va aprendiendo así, en vez de hacer trámites: uno aprende a filmar. Aprenden los directores de fotografía, aprenden los actores, aprenden los directores de arte, los productores independientes, los directores, los guionistas, los camarógrafos, los editores, todos. Aprendemos. Hacemos.

Tal vez Entre nosotros no deje de ser un ejercicio, pero para mí tiene valor. Además fue grabado en un momento muy difícil de mi vida.

Lo estreno aquí en El Sabañón para que puedan verlo.

PD: Kong se está encargando de la nominación de este blog a los Liebster Awards. Agradezco la nominación a https://braindumblogic.wordpress.com/

 

Adrián

Mr. Time

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Bueno, aquí presento Mr. Time. Es otra de las películas que se vienen y que voy a dirigir. Digo que se viene porque ya hay interesados en producirla.

Una vez terminado el guión cinematográfico que escribí, como el de Gualicho, por decisión propia (¿existirá algún productor argentino que encargue una historia?) luego trabajé con Santiago Caruso con el boceto de caracterización de personajes que desarrollé en mis anotadores.

También Sebastián Asato hizo otras ilustraciones (diseño de personajes) que son geniales y que ya se verán.

Para este diseño, diariamente intercambiamos mensajes de audio con Santiago Caruso para llegar a reflejar el universo del largometraje. Mr. Time es otra aventura en el género fantástico como Gualicho (no me quedó otra que traducirla al inglés como Walichu). Pero distinta.

¿Qué puedo decir de una historia que me mueve tanto? Que hable el afiche, que hablen los personajes, que empiece a hablar la historia, que los personajes golpeen las puertas, como hicieron conmigo, para expresar lo que quieren contar.

Más información:

El tagline se le ocurrió a mi hermana (You can´t get away from the hand of), Romina Fares. El diseño gráfico corrió por cuenta de Geiko Paol.

El ilustrador de Gualicho, Sebastián Cabrol, me comentó que no se dedicó al diseño gráfico porque podía estar una vida eligiendo una tipografía. Yo lo mismo.

Primera nota accesoria:

También quería contarles que hay posibilidades de que tanto Mr. Time como Gualicho se conviertan en novelas gráficas además de ser películas. Tal vez esté haciendo ciencia ficción adelantando esta noticia, lo que le va a más a  Kong que a mí. Pero no tanto, digo lo que oí. Aunque no soy bueno oyendo.

Segunda nota accesoria:

Para llegar a hacer cine y a escribir, primero tuve que tener en claro lo que era el cine y lo que era la literatura para mí, y cuando escribo, digamos, trato de que el lenguaje sea lo que demanda ese soporte, ese arte, por más que mi narrativa siempre va a tener una impronta fuerte en lo visual y en los incidentes (Aristóteles lo recomienda en su Poética, qué le vamos a hacer).

El cine lo pienso como cine, es otra cosa, no podría escribir por ejemplo la novela de Gualicho, está pensada para cine. El ritmo, la estructura, las líneas visuales (como las que vio en el guión el único director de arte que lo leyó hasta el momento, el talentoso Sebastián Sabas)

Otra cosa es la novela gráfica.

Mr. Time, en cambio, tal vez sí pueda reescribirla como novela. Me pregunto. ¿Por qué? ¿Me dejé enviciar o algo así?

Y me doy cuenta que tal vez sea porque uno de los temas es el tiempo, pero también es una historia de terror dura, sin dejar de lado el humor, que lo hay y mucho. Y también tiene un universo (en inglés le dicen furnished world, es una frase buena para vender, parece) y un universo da para todo, como habrán notado en el transcurso de sus vidas en este que estamos compartiendo.

Pero bueno, Mr. Time y Gualicho (Walichu) coinciden solamente en el género. Que no tengo prejuicios en declarar: terror, drama, suspenso (thriller)

Nos vemos en el 2018. O antes!

Saludos!

Adrián Gastón Fares

 

Nuevo afiche de Gualicho (Walichu)

Abajo verán el nuevo afiche de producción de la película Gualicho (Walichu en inglés). Escribí y voy a dirigir próximamente este largometraje de género fantástico, subgénero terror, thriller, drama. 

Copio del muro de mi Facebook lo siguiente así entienden cómo viene el asunto. Poster-Walichu-by-Adrian-Gaston-Fares-New-1-720x1024

Nuevo afiche de Gualicho (Walichu) presentado en Ventana Sur (Argentina). Gualicho es ganadora del concurso Blood Window Largometraje de Ficción Fantástico 2017. Estuve trabajando arduamente con el genial ilustrador Sebastián Cabrol que captó el concepto a la perfección. El diseño gráfico corrió por cuenta de Geiko Paol y mi hermana Romina Fares! En paralelo, me puse en contacto con el amable Marc Spicer (el Director de Fotografía de Lights Out, producida por James Wan, y Rápido y Furioso, entre otras) a quien le pareció muy interesante nuestro proyecto. ¿Será nuestro Director de Fotografía? Veremos… Estamos armando con el productor ejecutivo Leo Rosales el mejor equipo posible. Es nuestra intención (la de Corso Films) rodarla en Febrero / Marzo de 2018.

English:

New poster of Walichu (Gualicho in Spanish) featured at Ventana Sur (Argentina). Walichu is a winner of the First Blood Window Fantastic Feature Film Contest 2017. I worked hard with the great illustrator Sebastián Cabrol who captured the concept of the movie perfectly. Graphic Design: Geiko Paol and my sister, Romina Fares! Also, I got in touch with the kind Marc Spicer (DP of Lights Out, produced by James Wan, and Fast and Furious, among others) who found our project very interesting. We’re putting together the best team for Walichu with the executive director Leo Rosales. For now, the shooting is set in February / March 2018. Production: Corso Films.

In the next post of this blog maybe I will add some notes on the fantastic genre that I thought for the talk I had to give about Walichu at Blood Window Ventana Sur. But Kong may also appear or I will leave one of those short stories that rest uneasy in my little notebooks.

En el próximo posteo de este blog tal vez agregue algunas notas sobre el género fantástico que pensé para la charla que tuve que dar sobre Gualicho en el marco de Blood Window / Ventana Sur. Pero puede ser que aparezca Kong o también uno de esos cuentos que duermen intranquilos en mis pequeños anotadores.

Saludos!

Adrián

11 años

Cuando me preguntan suelo no recordar bien cuándo empecé a escribir en este sitio (o a publicar mejor dicho) Siempre me pareció que hacía más de 10 años.

WordPress ayer zanjó el asunto cuando recibí este anuncio, junto con otro de la semana pasada que decía que este blog, El sabañon digamos, tiene más de 1000 me gusta (1000 likes) La última noticia será para el ego, porque no sé para otra cosa será. La primera para la nostalgia:

Blog Escritor Logro Adrián Gastón Fares

Hace mucho que nació Kong, El joven pálido, los relatos de  mi alter ego (¿será?) Robert o Roberto, los cuentos. Hice una especie de círculo entiendo, y el último cuento publicado, Los tendederos, se parece mucho al primero Las hermanas, que en su momento, esto sí hace más de diez años, fue rescatado por Pablo de Santis como uno de los mejores míos que le hice leer (en el transcurso de una Clínica de Obra en el Rojas)

Yo no me tenía fe como escritor. Y recuerdo que De Santis, en su carta de devolución de mi trabajo en la clínica (una carta muy personal a cada escritor, estábamos Selva Almada, Marcelo Guerrieri, y otros escritoras y escritores cuyo talento era tan visible) decía que dependía de mí tener fe en mi trabajo. Con el tiempo, como con la cámara, esa fe fue apareciendo.

Tenía que ver con escribir mucho más, aprender y experimentar, como todo en la vida.

El tiempo pasó, a veces me pregunto para qué sigo escribiendo acá, no lo voy a negar; qué sentido tiene, como me pregunto tantas otras cosas. Pero bueno aquí estoy.

No creo que pueda publicar tan frecuentemente como antes porque tengo mucho trabajo. Me ocupo de muchas cosas a la vez, soy una especie de productor, guionista director, distribuidor, diseñador de producción, como es por ahora el asunto en el cine argentino independiente.

Lo que escribo como literatura va quedando en papel por ahora, en anotadores. Aunque pronto debería salir una nueva entrega de Kong.

Además de pasarme los días trabajando, sin ver un peso todavía, en Gualicho, la película por la que gané (como director y guionista de la misma) un premio este año de estímulo al cine fantástico, estoy tras otro guión de terror, fantástico.

Tengo una road movie por escribir, cuya sinopsis y tratamiento ya está hecho, y además, Las órdenes, el guión de suspenso y drama por el que viajé a Colombia el año pasado, seleccionado por el LabGuión, al que seguramente le haré algunos cambios ni bien pueda. Y le sumo una serie de TV (podría pasar por una historia de nohéroes, cercana a las de superhéroes pero también al terror de no saber quiénes son), que escribí hace años y cuya biblia, así le dicen, debería completar.

Para el blog está el proyecto Las cartas negras, por ahora no lo he publicado, sería una novela epistolar, pero todavía estamos con Von Kong y los cuentos. Alguna vez reescribiré el poemario El joven pálido y espero poder llegar a completarlo.

Un saludo para todo el mundo (como dije alguna vez a mis dieciocho años entre la nieve argentina cuando nos grabaron para el VHS del viaje de egresados)

Adrián Gastón Fares

PD: Si no lo hicieron los invito a ver Mundo tributo, la película documental independiente, sobre la vida de algunos que imitan en mi país (aunque hay también chilenos y brasileños en el film) a grandes bandas de rock, que hicimos en Corso Films y que recorrió buena parte del mundo. Actualmente está disponible en Filmin.

Link: https://www.filmin.es/pelicula/mundo-tributo

Entrevista para Revista Pazcana.

Agradezco a Carolina de Revista Pazcana, Mujer Pazcana, que me hizo algunas preguntas sobre mi trabajo. Aquí pueden leer las respuestas.

“Mi creatividad viene de haber afrontado situaciones más o menos difíciles en la vida y también viene de una dicha que llevo dentro, que se nota cuando creo. Esos opuestos se sacan chispas”. Adrián Gastón Fares

Pueden leerla completa en el link siguiente:

https://revistapazcana.com/2017/09/22/adrian-gaston-fares-dirige-gualicho-ganador-del-festival-blood-window-en-argentina/

Foto Entrevista Adrián Gastón Fares Revista Pazcana.jpg

Refugio

A veces pienso

en todas las cosas que perdí.

En algún momento

me fui por las ramas

y en una de ellas construí

un refugio pequeño y revestido

para vivir en paz.

Pero las ramas se quiebran

y todo se vino abajo.

Y ahora estoy aquí,

en el pastito,

con los restos de las cosas

que tenía en la casa que cayó.

Y el tiempo pasa.

Y es verdad que las vacas vuelan.

Y también que los gatos sueñan.

Pero es imposible volver el tiempo atrás.

Ésa será mi gesta.

La del valiente forjado en un barrio pobre,

lleno de canciones irregulares, que rebusca

en el baldío donde otros también enterraron sus sueños.

Será cuestión de volver a armar mi refugio

entre los árboles

sobre la rama más endeble

porque la fuerte no sirvió.

 

por A. G. F.

 

El olivo

(A Edgar Lee Masters)

 

El olivo es el árbol que me vio nacer

El que me vio sonreír

El que me vio sufrir

Al olivo me subí

Me dio de comer

Y me hizo reflexionar

En un cementerio

Sobre esta vida corta

El olivo me enseñó piedad

Al olivo me abracé

Cuando no tenía fuerzas

Lo descascaré con ansiedad

Y lo regué para que creciera más alto y más fuerte.

Pertenezco a la familia del olivo

No me caben dudas.

Del olivo me colgué.

A. F.

 

El gigante

elgigante

¿Dónde está el gigante
que cruzaba en mi camino?

El que está más cerca del cielo
y despeina las nubes.

El hombre montaña
que vivía en un conventillo
cruzando mi calle.

El callejero que paseaba con su hermano
gemelo.

El que al salir de la Lugones
daba ritmo a mis ilusiones.

Cuando una persona encuentra al gigante
debe entender
que es una cristalización de una verdad
que la materia no se apila al pedo
desafiando a la gravedad.

Los gigantes son antenas.

El hombre alto una escalera.

Sólo existen en las ciudades,

como los marineros en los mares.

Oscuridad

Ser un chico otra vez

acostado en un coche

cara al techo

luces coloreadas

las cuento

no se esperan

pasan tenues

brillan

y me voy con ellas

vuelo

me convierto en las luces

soy claridad y fulgor en mis ojos entrecerrados

un escáner que descubre un signo

en las facciones de un niño dormido

A. F.

Las palabras

 

 

Estas son las palabras que nunca te enseñaron

las que nunca se ponen ni jamás se dicen.

 

En una ciudad antigua las gritaban.

 

En Lanús una viejita las repetía,

murmurando,

mientras encendía la hornalla para tejer un cuento.

 

Estas son las palabras con las que levantan el peso pesado los albañiles.

 

Son con las que escriben los escritores

cuando todavía jóvenes huyen de los llantos que traen las despedidas.

 

Las que usaban los soldados,

y las ratas.

 

¡Estas son las palabras que desprecian los músicos!

 

Las del árbol deshojado en la oscuridad

cuando la ciudad está silenciosa

y en la cama nos guarecemos y las sábanas parpadean.

 

No se prestan para un cuento,

las novelas las ignoran.

 

Las usaron los sumerios y arracimadas

en la túnica diáfana de la oscura Musa

las pisaban los griegos

para retenerla en su caminar al amplio balcón abierto

que caía al pesado mar.

 

Y con la arañada tela púrpura nos quedamos

donde nuestro gatos se ovillan

buscando lo que ellos no perdieron

y nosotros sí.

 

La risa en las comedias

la corrida y el beso final

y la inclinación de la muerte

en las butacas que tiemblan

porque están lejos de las estrellas.

 

Son las que a veces no escucho aunque

ya fueron derramadas.

 

Son el brazo que la niña extiende.

Lo que quiere,

Y no puede.

 

por Adrián Gastón Fares

Elortis (extracto)

Para mí, que tengo una amiga vegana, que hasta logró arrastrarme un año a una manifestación, a la que fui más que nada, tengo que reconocerlo, porque iban algunos famosos que seguía en ese momento en una serie de televisión, me parecía irreal un futuro repleto de animales. Pero Elortis estaba de acuerdo con la opinión de su padre en este tema y era capaz de ver un futuro lejano con la tierra húmeda y palpitante, y los seres humanos revolcándose en el barro de sus pequeños jardines. Baldomero llegaba a estas conclusiones porque se perdía cuando empezaba a pensar en el tema de la lengua adámica y derivaba en otros insospechados. Su pensamiento no era orgánico ni mucho menos. Gritaba si estaba rodeado de personas, y no se detenía hasta acaparar la atención de todos. Casi siempre decía que él odiaba la psicología, y dejaba en claro que su interés no se terminaba en los temas académicos. Pudo enterarse de más detalles de los parlamentos de su padre gracias a Diego que, vaya paradoja, Elortis mandaba de infiltrado en la universidad para saciar su curiosidad. Según Elortis, con estos discursos exaltados su padre reclamaba del mundo el afecto y la atención que no había tenido de chico; su reacción era un fenómeno psicológico de transferencia. En cambio, cuando cenaba con él y su madre no hablaba mucho, y si le preguntaban por qué estaba tan callado, citaba a Kierkegaard de memoria, advirtiéndoles que estaba concentrado en su problema epistemológico: El que sabe callar descubre a un alfabeto no menos rico que el de la lengua al uso.

Con Augustiniano, a quien le contaba algunos detalles de mis charlas con Elortis, nos preguntábamos si todo el afán de Baldomero por hacer callar a la humanidad, la búsqueda de formas más eficaces de comunicación, no tenía que ver con esa costumbre que tienen los culpables de hacer mirar sutilmente a las personas hacia otros lados. El humor, pero también las invenciones alocadas como las de Baldomero, podían ser las herramientas que usaban para distraer nuestra atención y, lo que es más importante todavía, la suya. Se vuelven invisibles a su propia culpa, y sólo cada tanto muestran la hilacha con algunas prepotencias o caprichos fuera de lugar. Veo, en uno de los registros de las conversaciones, que un día le comenté el tema de la afabilidad de los culpables a Elortis, refiriéndome a lo manipulador que había sido mi padre, cómo me hizo creer que lo mejor era ocultar una verdad que, revelada a mi madre —hasta el día de hoy—, la haría tambalear porque le cambiaría la interpretación de su pasado. Decía, parafraseando a un escritor, Svevo, que para una mujer eso no sería tanto problema porque estábamos acostumbradas a reinventar diariamente nuestro pasado como forma de supervivencia espiritual. Gracias, explicaba Elortis, a miles de años de opresión masculina. Para mí este tipo de secretos que podían obligar a una persona a redefinir de un día para el otro su pasado eran malos y muy peligrosos. Elortis estaba totalmente de acuerdo, en una especie de acto precognitivo ahora me doy cuenta, o nada más era que sabía la verdad sobre la relación de Miranda con el tío Oscar y se hacía el tonto, dijo que estos secretos podían convertir a una persona en un zombi que pisaba en tierra recién removida. Contesté, para cambiar de tema un poco y molestarlo, que pisar en cemento a un viejo como él, cercano a la tumba, le haría mal a las rodillas, como era habitual perdiéndome en la superficie de las palabras, cuando no era monosilábica como él odiaba. Elortis me siguió el apunte, y dijo que prefería la arena, las rocas digeridas. Por eso le gustaba la costa, pero no tanto como para que intentara radicarse ahí como su gato.

A. F.

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Elortis (extracto)

Cuando volvimos a hablarnos, Elortis me salió con otra de las historias de la enanita. Al sur otra vez, entonces, a la casucha en esa especie de conventillo donde él tomaba mates con la viejita encorvada. Todo porque me aclaró que estaba dispuesto a convertirse en monje, quería alejarse de la sociedad para desintoxicarse de su influencia negativa. Pensaba, como el escritor Maugham dijo, que las malas experiencias empeoran, envilecen a las personas al contrario de lo que se dice. Listo, Elortis, si vos lo decís por algo será. Dijo que iba a hacer la gran Pancho Sierra, que después de un traspié sentimental se retiró al campo a reflexionar sobre la vida y terminó siendo un sanador, un santo informal entre tantos otros santos informales. A Pancho Sierra se lo había presentado la enanita y el personaje le caía particularmente simpático.

Cerca del barrio de la enanita había una casa de dos plantas. Ahí vivía un médico y su familia. El médico había heredado de su padre alemán un Stradivarius auténtico, que guardaba en una vitrina del salón de esa casa, a la que sólo había entrado una amiga de la enanita porque salía con el hijo, un descarriado que jugaba en Independiente —en ese tiempo los futbolistas jugaban por amor al arte, así que este tipo era un mantenido. Uno de los hermanos era médico como el padre y el otro se había metido en la política, lo que en esa época, como en ésta —eso sí que no cambió— quería decir que tenía conexiones mafiosas, así que siempre estaba bien ubicado por una serie de devolución de lealtades. Pero el futbolista embarazó a la amiga de la enanita, su percanta, a la que sólo hacía entrar a su casa cuando se iban todos, y no le quedaba otra que juntar plata para pagar un aborto. Tiempo atrás el abuelo del futbolista había muerto y en el testamento decía que el violín le correspondería al nieto que demostrara ser el mejor en lo suyo. Al médico todavía no lo convencía ninguno de sus hijos, como para cumplir el deseo de su padre. El que había seguido sus pasos en la medicina parecía ser el adecuado, era el mejor de la clase, aunque el político había hecho conocer el nombre de la familia y traía masitas, bombones, vinos y otras exquisiteces en la cenas familiares que lo hacían merecedor del violín; el futbolista quedaba último en la lista, se la pasaba en las esquinas con los amigos, le silbaba a las chicas cuando pasaban, y varias noches volvía borracho de las farras que tenía con los muchachos del club. Pero era el que más lo necesitaba para venderlo y pagar la operación, así que empezó a buscar el medio de hacerse con el violín. La amiga de la enanita conocía a un tipo que vivía en una piecita arriba de una tintorería que decía ser espiritista. Lo fueron a ver y el hombre, un tipo de una copiosa barba blanca que parecía más de utilería que real, decía la enanita porque ella también lo había visto varias veces caminar con la mirada ausente por las calles, le preguntó a la chica —porque el hijo del futbolista no quería saber nada con que lo vieran entrar ahí— cuál era el problema, y la chica le mostró la panza en crecimiento. El manosanta, que se llamaba Ponchilo Barracas, le preguntó a la amiga de la enanita si no permitía realizar el procedimiento habitual. Le pidió que se pusiera de pie, y él se arrodilló e inclinó la cabeza hasta la altura del ombligo de la chica. Se quedó mirando fijo un rato sin parpadear. Le dijo que había visto cuatro ojos, lo que significaba que iba a tener mellizos. La amiga de la enanita casi se desmaya, y pasó a contarle el plan para el que lo necesitaban. El hijo del futbolista le diría a su padre que se había hecho amigo de un espiritista que podía comunicarse con los muertos y arreglaría una reunión en la que Ponchilo Barracas entraría en contacto con el alma de su abuelo para que dirimiera la cuestión del violín. Ponchilo cerró el trato al escuchar que le darían un porcentaje de la venta del preciado instrumento. El futbolista se las arregló para que toda la familia estuviera presente el día de la sesión de espiritismo, y ubicó un velador en el medio de la mesa grande del salón. Una vela iluminaba la cara de Ponchilo Barracas, que les contó a las demás siluetas oscuras cómo había empezado su camino espiritual. Mientras caminaba por la avenida Mitre una tarde, se cruzó con un hombre de larga barba blanca y pelo largo del mismo color que iba con la cabeza gacha. En aquel momento, no le dio mucha importancia al encuentro, aunque quedó impresionado por altura y la palidez del hombre. Lo vio varias veces, siempre con la cabeza baja, concentrado en el piso. Volvió a cruzarlo, esta vez él iba acompañado de una dama, a la que se lo señaló para que conociera al extraño personaje que encontraba habitualmente en sus caminatas. Resultó que la chica no veía a ninguna persona en el lugar señalado, y en ese mismo momento el hombre de barba blanca levantó la mirada del piso y la clavó en Ponchilo. En cuanto lo perdieron de vista, la chica le pidió que le describiera al personaje que había visto. Cuando Ponchilo, que en ese momento se llamaba Ernesto, terminó la descripción, la chica ahogó un gritito con las manos, y le dijo que ese no era otro que el mismísimo Pancho Sierra. La chica le aseguró que si lo veía era porque le quería transferir su misión. A partir de ese día, Ernesto dejó de ver a la chica, se recluyó en su piecita de arriba de la tintorería, donde mantuvo un fluido diálogo con diversos personajes y alimañas que se le presentaron, y, poco a poco, empezó a ejercer su tarea de interpretar almas en tránsito, ya sean terrenales o etéreas. Al rato los tenía a todos agarrados de la manos, y cuando lo poseyó el abuelo del futbolista, fue para dejar en claro que el violín era propiedad del nieto que había aportado a que el club de sus amores creciera, el que hacía posible que les descargaran cada tanto carretillas de bosta en la cancha del club contrario. El violín fue entregado al futbolista esa misma noche y la enanita nunca supo con certeza si serían o no mellizos los que iba a tener su amiga en aquel momento, aunque dio la casualidad que muchos años después la chica cumplió la profecía de Ponchilo.

El espiritista intervenía en otra historia relacionada con la familia del alemán. Tiempo después del episodio del violín varias empleadas de la fábrica de fósforos donde trabajaba la enanita fueron atacadas con el mismo patrón de conducta (mi amigo se preguntaba si ese trabajo insalubre no sería la causa de la parálisis de medio cuerpo de la enanita; ya Marx comparaba los horrores de la industria fosforera con la descripción de Dante del infierno). Además de aguantar el trabajo arduo controlado por un capataz español severo y el frío que calaba en los huesos en las instalaciones, empezó a correr el rumor entre las fosforeras de que a la salida del trabajo algunas chicas habían sido violentadas por una silueta negra, un homínido oscuro, que descendía de los árboles. El hombre, que llevaba la cabeza encapuchada, al principio se aprovechaba de ellas, pero después empezó a quitarles sus pertenencias y a robarles el insignificante pero valioso sueldo. Ahí fue que la historia empezó a difundirse. Como los policías no lograban dar con el delincuente, y en la fábrica se decía que era una presencia sobrenatural, un sátiro que vivía en los árboles, algunas empleadas, entre las que estaban la enanita, juntaron unos pesos y se presentaron en la habitación de arriba de la tintorería para que Ponchilo Barracas pusiera fin al asunto de una vez por todas. El espiritista esta vez pidió observar unos minutos a una de las chicas que había sido atacada por la fuerza de los árboles, como se refirió al maleante, aunque les aseguró a todas que era una persona común y corriente. Repitió la operación de mirar fijamente el ombligo de su cliente, pero esta vez subido a una mesa. Las chicas se reían de Ponchilo, agazapado como un animal sobre la mesita que usaba para atender a las personas y tomar mate. Después se paró en el medio de la habitación, cerró los ojos, y esta vez le pidió a la fosforera, que todavía tenía desabotonada la camisa y el ombligo al aire, que se acercara para soplarle en la cara. Luego garabateó unas palabras en un papel y les pidió a las chicas que lo entregaran en la comisaría cuanto antes. Al anochecer dos policías veían salir de la casa de dos plantas a uno de los hijos del médico, el estudiante de medicina, y lo seguían de lejos. En cuanto lo vieron encarar una calle arbolada se detuvieron; mientras el estudiante aceleraba el paso, venía una chica alta y muy abrigada. En ese momento los policías se quedaron boquiabiertos, porque en un segundo de descuido perdieron al estudiante de vista y la calle apareció desierta, solamente la chica abrigada de paso torpe la atravesaba lentamente. A mitad de cuadra la fuerza de los árboles cayó sobre la chica e intentó maniatarla en el suelo. Cosa imposible porque en realidad la chica era un macizo policía disfrazado de fosforera que hizo volar al estudiante contra el tronco del árbol, donde le sacó la capucha frente a los dos policías de refuerzo. Luego corrió el rumor de que robaba los sueldos, que guardaba en una caja de cobre que no tocaba en la casa, para desviar las sospechas; quién podría pensar que el hijo del acaudalado médico necesitaba el dinero. El policía tenía experiencia en disfrazarse de mujer porque antes de ser policía lo hacía para los carnavales, hasta algunos decían que lo siguió haciendo, que era una especie de infiltrado en el corso. Era amigo de Carlitos, un travesti de la comparsa de Avellaneda, un tipo flaco y sin dientes que aparecería muerto tiempo después. En cuanto al hijo del médico, a la semana quedó libre; el hermano que se dedicaba a la política apretó con la ayuda de sus amigos mafiosos al comisario.

Ponchilo no había tenido en cuenta las consecuencias de su intervención y tuvo que irse a vivir a Córdoba por un tiempo. Cuando volvió a su habitación de arriba de la tintorería tenía una barba que no parecía falsa para nada. A mi amigo le hubiera gustado saber más de Ponchilo Barracas, pero la enanita sólo le había revelado esas dos historias. Menos mal, Elortis: ya me voy a dormir.

Augustiniano todavía no quería saber nada con Elortis, aunque yo notaba que en el fondo lo apreciaba; decía que Los árboles transparentes era un libro inclasificable. En la agencia de publicidad donde trabajaba no lo había comprado nadie y eso aumentaba su
valor, no era un best-seller de esos que leía en los tiempos libres la diseñadora gráfica.

A. F.

 

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Kong 4

Adrián,

Volvía a la noche del cine cuando me encontré a una negra sentada en el cordón de la vereda del pasaje Zelarayan. Tenía cara de nena,  y lo era, pero por momentos parecía de cuarenta; las sombras jugaban con sus facciones afiladas.  Había logrado huir de la casa con jardín selvático donde la tenían de esclava adivinadora. Era, sin dudas, humana. Tenía puesto unos auriculares.

She says she loves you
and you know that can’t be bad
Yes, she loves you
and you know you should be glad

se escapó de los auriculares. No puedo reproducir su nombre en este mensaje, es el nombre del futuro. Un astrologó predijo que será nuestra próxima reina. Tiene lindo nombre. América, tal vez, en secreto, ya lo repite.

Ahora estoy de  vacaciones. Taka aceptó acompañarme; aunque siempre prefiero separar lo personal de lo profesional, las demás personas me molestan. Hacía mucho que no veía el mar y ni bien llegamos volamos a la playa.

Pensaba en mi pasado cuando los bañistas salieron del agua a los gritos. Había tres sirenas sentadas en el borde del muelle. Estos Noseres son creados por los tipos soñadores, que se la dan de poetas. De lo más peligroso que hay; una era oscura, de una belleza imprecisa como la nena que encontré en la vereda; le dije a Taka que la esperaba mientras ella hacía su trabajo.

La sirena negra, de cuerpo escultural, perfilaba su sonrisa en el atardecer. Con un paquete de chicles improvisé dos tapones para mis oídos. Ahí, mi ayudante se acercó a la sirena rubia y le hizo algunas cosquillas para que hablara. La mujer hermosa se convirtió en una gata peluda con tres pinches anaranjados en la boca. Taka le dio unos cuantos palazos y la metió en la bolsa. Antes, agarrate, se agazapó sobre ella y la mordió en la yugular. Te dije que en nuestra época, algunos nacieron con alteraciones genéticas. Taka aprovechó para alimentarse de la limpia sangre del Noser. De más está decir que la rubia perdió su caracter de sirena maléfica, y ahora está chapoteando en mi bañera.

Las otras dos sirenas se arrojaron al mar. Las estuvimos buscando, pero no hubo caso. Te recomiendo que si llegas a 2084 con ganas de meterte al mar, no lo hagas a la altura de San Clemente.

Ah, no te preocupes por tu libro, tengo un contacto en el pasado que está interesado en editarlo. Deberías escribir el otro, ponerte a filmar, crear marionetas, o caminar en la cuerda floja como tu amigo de la 9 de Julio.  Sólo quiero que sepas que no puedo rebelarte quién sos en realidad. Y no todas las pistas que doy en estos mensajes son verdaderas.

Espero que hayas empezado bien el año, aprovechalo!

Un abrazo,

Von Kong

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Elortis (extracto)

Para el biólogo Rupert Sheldrake, existía un campo hipotético que vendría a explicar la evolución simultánea de una función adaptativa en poblaciones biológicas distantes. Para corroborarlo, un tal Watson convivió con una colonia de monos que se negaban a comer papas sucias, hasta que a una de las monas se le ocurrió lavarlas en el río. A partir de ahí, Watson descubrió que las comunidades de monos del resto del mundo seguían la conducta revolucionaria de la monita predecesora. Según Ponen, el viaje hacía más patente la conexión con el campo morfogenético, algo que también nos pasaba en los sueños —especialmente los de la mañana, antes de despertarnos, cuando la mente está limpia— y en algunos otros momentos de claridad mental en la vigilia. Reprendió a Elortis por haber puesto cara de desconfianza, aunque a él le parecía bastante creíble su discurso. El productor rubio, que estaba sentado al lado de Ponen, lo miraba embobado. Sabatini sonreía con cara de haber descubierto un mundo nuevo. Alexander les recordó que ellos dos, por ser psicólogos, tenían que entenderlo fácilmente; Jung había hablado del tema muchas veces, aportando las nociones de inconsciente colectivo y sincronismo. Elortis le contestó que Jung nunca fue su especialidad, y Sabatini afirmó con la cabeza para dar a entender que tampoco era la suya. Gran decepción para Ponen, que había hecho una pausa en su discurso para retomar fuerzas. Resulta que los científicos ya habían comprobado lo del campo morfogenético con la ayuda de una oruga a la que le cortaron uno de los segmentos del cuerpo para injertarlo en el de otra para obtener como resultado una mariposa, aunque con la antena en el ala en vez de en la cabeza, por ejemplo. Y también estaba, por otro lado, el señor Bell y su teorema que había venido a proponer que la física cuántica no pegaba con las variables ocultas de los elementos. La paradoja de Einstein, Podolwsky y Rosen (no sé si importa, pero recordé que Augustiniano llevaba en esa época un pin up de fondo amarillo con la cara blanca de Einstein), la influencia que podía tener una partícula sobre otra en el momento de ser observada que le cambiaba instantáneamente la dirección, lo había hecho salir a Bell con el teorema que lleva su nombre, que para Ponen era un hito en la ciencia que abrió las puertas a una nueva interpretación de la relación de los elementos del universo. John Bell, un físico irlándes que según Ponen había estado presente en una conferencia que dictó el Maharishi en 1978 y que tomaba puntualmente su té de verbena a las cuatro de la tarde (vendría a ser té de cedrón, según Elortis, que también se anotó mentalmente al recordar este detalle conseguirlo en la tienda de los chinos), dejó en claro que debíamos elegir entre la mecánica cuántica o el enlace subcuántico oculto que conectaba a partículas distantes y las hacía cambiar de dirección cuando dos personas, que sabían que estaban haciendo lo mismo, las estaban observando en un experimento, por ejemplo, porque una de las bases de la mecánica cuántica es justamente la teoría de la relatividad que postula que nada puede ir más rápido que la luz (Ponen había dicho transferencia supralumínica de información) Por lo tanto para Ponen la teoría de Einstein era una errata a la que había que tenerle respeto, claro, y ese respeto era el teorema de Bell, un hombre respetuoso este Bell, decía riéndose.

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Michael Jackson

Nuestra generación, que de alguna forma todavía creía en el poder de la tecnología y la ciencia para cambiar el mundo, ha recibido un duro golpe con la noticia de ayer a la noche. Como bien dicen algunos cuentos, la desaparición física de una persona genera apariciones. Dudas, desengaños, pero también nuevas certezas. Ya sabíamos que el capitalismo había fallado al realizarse en su totalidad, pero recién ahora nos estamos dando cuenta que la industria del entretenimiento como la conocimos no iba a durar para siempre tampoco. Ahora que nos divertimos solos, gratis, y que la insatisfacción asoma de negocio en negocio, en un mundo que parece mucho más caótico, pero también mucho más gracioso del que jamás nos hubieramos imaginado en los ochenta, aunque éramos demasiado chicos para imaginar cualquier cosa válida.  Más adelante, cuando nos dedicamos a pensar y negar algunas influencias que nos habían hecho sentir gaseosos, volátiles, pero que no nos representaban a pleno, descubrimos que hay destrezas universales como el talento y el genio que no pueden condenarse. Y que, como pasa a veces con las personas, un imperio tiene que estar casi muerto para que podamos acercarnos sin riesgos y descubrirlo mejor.  En su asombrosa  medida justa.

Pero Michael Jackson.

Un tipo que bailaba como volando y que parecía que podría ser resucitado como Walt Disney, esta vez sí, de verdad.

A.  F.

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Una comedia romántica

Crítica de cine publicada originalmente en Cineismo.com

ALGUIEN COMO TU
(Someone Like You)

Estados Unidos, 2000

Dirigida por Tony Goldwyn, con Ashley Judd, Greg Kinnear, Hugh Jackman, Marisa Tomei, Ellen Barkin, Laura Regan, Catherine Dent.

La comedia romántica es un género que siempre ofrece al guionista interesantes elementos para desarrollar (pregúntele si no a Woody Allen, que los aprovechó a casi todos en Annie Hall y Brodway Danny Rose, entre tantas otras). Sabemos que habrá dilaciones, desencuentros, y casi seguro una corrida final que terminará en el esperado abrazo-beso. Lo importante es cómo el guionista nos hace llegar a esas escenas, a esos momentos-clisé –seamos sinceros, a veces los mejores momentos-clisé– del cine made in Hollywood.

Por supuesto que no es el caso. Más allá de algunos momentos graciosos, la monotonía de recursos y la ironía intrascendente de Alguien como tú terminan cansando al espectador. Si hasta el encanto de Ashley Judd está enterrado bajo las peripecias de la protagonista histérica que le tocó en desgracia aquí.

Jane (Judd) se relaciona sentimentalmente con un compañero de trabajo, hombre sensible y aparentemente correcto. El tipo la deja, pero Jane sigue enamorada; para vengarse –ay, qué guionistas palurdos– la chica acepta la siguiente recomendación de su amiga (Marisa Tomei): adoptar un seudónimo y escribir una columna sobre sexo en una revista. La despechada también se mudará a la habitación de otro compañero de trabajo, en este caso fiestero y machista (Hugh Jackman), y comprobará que el más divertido y descarado de la película (lo que no es mucho, teniendo en cuenta el contexto) es también el mejor candidato.

Por el lado actoral se destaca el australiano Jackman, que demuestra que no sólo sirve para la superacción (él hizo a Wolverine en X-Men), sino que tiene tela y carisma para la comedia. De Ashley Judd, aunque objetivamente le da el cuero para el género, no podemos decir lo mismo; por momentos se pone pesada, reiterativa, con gestos remarcados.

Lo más molesto, ya se ha dicho, es el guión: sale del mismo molde de Papá por siempre, se remonta al de Tootsie y, más lejanamente, a Cyrano de Bergerac. La vieja idea de una identidad encubierta, destinada a revelarse, confesión pública mediante, sobre el clímax sentimental. Nada nuevo en Alguien como tú, adonde ni la jefa de la editorial –hasta el momento justo, claro– sabe quién es la que escribe esas columnas, aunque todos piensan que se trata de una vieja de ochenta.

Lejos de acotarse a la estructura, el bochorno también alcanza la “letra chica” de la historia. Leyendo un texto científico, Jane arriba a la conclusión de que el hombre es como el toro, que por instinto prefiere aparearse siempre con una vaca distinta, nueva. ¿Pueden creer que el film ordeña a esta burrada como leit motiv, repitiéndola una y mil veces? Hay algo más: en un momento puede verse como a la vaca vieja (ya preñada por el toro) la untan con el olor de una vaca nueva. El toro la huele, pero de todas formas la rechaza. Lo mismo habrá de hacer cualquier espectador sensato con este film. Puede que huela a nuevo, pero es la misma historia de siempre.

Adrián Fares

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La verdad parcial

Se puede relacionar la útil y necesaria verdad parcial que propuso el filósofo Hans Vaihinger (discípulo de Kant), la katharsis de Aristóteles y las revelaciones que ofrecen algunos momentos de las obras artísticas.

También para los propósitos de la creación, es necesario sacar a luz una verdad parcial o construcción útil, una imagen mental que tiene el germen de la futura obra pero también el de nuestro supuesto genio. Vaihinger llama a estas construcciones parciales ficciones. El psicólogo Alfred Adler se basa en este concepto para crear su particular teoría de la personalidad.

Tal vez a esta verdad parcial, de la que partimos para crear, la podemos encontrar como observadores sólo en algún momento de la obra terminada, alimentada por el proceso de construcción. Tal vez la creación no sea más que el procedimiento que sirve para mostrar en algún punto esta verdad parcial que encontramos en una eufórica visión (sí, visión). En el cine, por ejemplo, una secuencia, como la cámara frente a la ventana de la habitación en que un músico enclaustrado le da duro a la guitarra en Last Days (la película de Gus Van Sant), es un buen ejemplo de expulsión de significados. A la vez es todo, y a la vez, nada. Una secuencia central.

Hans Vaihinger ejemplifica las verdades parciales a través de los conceptos científicos de ondas electromagnéticas, de protones y electrones y otras creaciones útiles jamás demostradas, pero que sirvieron como puentes a los científicos para encontrar mejores verdades.

Me gustan las películas, o los libros o las pinturas, que son grandes o pequeñas verdades parciales. Las demás puedo disfrutarlas, pero no me hacen falta. La verdad parcial nunca deja de lado la belleza.

A. F.

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Los compositores norteamericanos de música de cine

Una relación (muy arbitraria) de los que me parecen más interesantes como autores de scores (las orquestaciones originales escritas para un film):

Hemingway escribió (Death in the afternoon) que para él era moral todo lo que hacía que se sintiese bien e inmoral todo lo que hacía que se sintiese mal; advierto, entonces, que adapté este criterio a la estética y toda expresión cinematográfica que me guste es buen ejemplo de este arte y no así la que no cumpla con este requisito. Baudrillard (en Ilusión y desilusión estética) critica a los Coen alegando que el estilo recargado de éstos impide ilusionarnos; yo creo que es así en muchos casos<!–[if !supportFootnotes]–>[i]<!–[endif]–> (déjenme aclarar un ejemplo de una película que nada tiene que ver con los Coen; en The Beach —Danny Boyle—, Leonardo Di Caprio se tira al suelo, escondiéndose tras unos pastizales, ante el peligro de hombres armados; la cámara avanza en un travelling hasta los ojos desesperados del actor; Baudrillard tiene razón en que es innecesaria esta técnica ya que en cierta forma desprecia la imaginación del espectador; debe haber infinitos ejemplos como este en el cine de género mundial actual) Sin embargo, algunas películas de los Coen (con exageraciones como la del personaje de John Torturro jugando al bowling en The Big Lewoski) no dejan de gustarme.

Lo mismo con los autores musicales que nombraré a continuación. Algunos remarcan las escenas con una orquestación furiosa, otros sutilmente nos entornan la puerta “para dejarnos ver el prado donde relincha el unicornio” (Cortázar) y esa visión, sabemos, nos dejará satisfecho por un tiempo.

En primer lugar, no podemos dejar de nombrar a Bernard Herrmann (1911-1975) como precursor de todos los demás. Herrmann musicalizaba los radioteatros de Orson Welles; así es como más tarde hace la música de “El Ciudadano”. El arreglo de violines de la famosa escena de Psicosis es de Herrmann; con Hitchcock también hizo el score de Vértigo, entre otros. Luego trabajaría con Truffaut (La Mariee Etait En Noir), De Palma (Hermanas, Obsesión) y Scorsese (Taxi Driver; Cabo de miedo—en esta remake la música de Herrmann está reorquestalizada por Elmer Bernstein). Herrmann es simple y efectivo, usa melodías fácilmente reconocibles, secas, que estallan en fragmentos repetidos con regularidad; no nos aturde románticamente con frases que confunden.

Angelo Badalamenti transita esa senda, sus melodías son sospechosas, incongruentes, deliberadamente extrañadas; nacen muertas o no terminan de nacer. Por algo es el compositor preferido de David Lynch (Blue Velvet, Wild at Heart, Twin Peaks, Lost Highway). Colaboró con Norman Mailer (el escritor dirigió la adaptación homónima de su libro Though Guys Don’t Dance) y Jean Pierre Jeunet (La ciudad de los niños perdidos) entre otros.

Carter Burwell es el compositor de los films de los hermanos Coen. En Barton Fink el score se confunde y se arma con los efectos sonoros; lo que se escucha es poco; hay insinuación, hay ilusión. Menos minimalista pero igual de emocionante es el score de Miller’s Crossing (Un paseo con la muerte). Uno de sus trabajos sin los Coen es el debut cinematográfico del videasta Spike Jonze, Being John Malkovich (¿Quieres ser John Malkovich?) De los que todavía transitan este mundo, Burwell es el más cautivante.

Hay uno que no necesita tanta presentación; es una caja de música maravillosa, alocada, que toca canciones a la vez dulces y terribles, tan alegres como tristonas, tan misteriosas como cínicas. Tim Burton debe estar muy agradecido a Danny Elfman. Sus melodías acompañan al pálido joven con las manos atrofiadas y al esqueleto que intenta ser Papá Noel. Ya que estamos con Burton, digamos que Howard Shore hizo el hermoso score de Ed Wood. Sumado al metálico y frío que compuso para Cronenberg (Crash) nos deja una certeza: talento.

Hans Zimmer es más estridente; trabajó en El Rey León, entre otras. En True Romance (Escape Salvaje) compuso un score inocente que contrasta con la violencia del film; una de las melodías es una canción de navidad, con reminiscencias de Bach (el Jesu, joy of man’s desiring). Hace unos años la composición de Zimmer sonaba, apenas modificada, en un comercial. Alguna vez hablamos de Mike Figgis; como compositor y supervisor musical hace un trabajo excelente en Leaving Las Vegas (Adiós a Las Vegas) y en One Nigth Stand (Pasión De Una Noche).

Tengan en cuenta a Cliff Martinez; compone para el prolífico Steven Soderbergh. Sobrio trabajo en Kafka y música crepuscular en The Limey (Vengar la Sangre).

También sería conveniente que sumemos al reconocido John Williams (en especial, el score de Atrápame si puedes).

Como musicalizadores, especies de disc-jockeys de sus films, no olvidaremos a Woody Allen ni a Tarantino<!–[if !supportFootnotes]–>[ii]<!–[endif]–>. Y como rareza nombramos a Dario Argento componiendo la música de la secuela de La Noche de los Muertos Vivos, Dawn Of The Dead.

Adrián Fares

<!–[if !supportEndnotes]–>

<!–[endif]–>

<!–[if !supportFootnotes]–>[i]<!–[endif]–> Nota 2008: A Godard tampoco le gustan los hermanos Coen. Puedo defender Barton Fink, The Man who wasn’t there, The Big Lebowsky y Miller´s Crossing. Los Coen, como Wes Anderson, solamente funcionan bien cuando exageran, cuando hacen con ganas lo que Jean Baudrillard –que también nombraba a Ang Lee, si no me equivoco- detesta. Deberíamos leer todo lo que este sociólogo y filósofo escribió. El resto del cine actual (películas de terror –el género que, por alguna razón, más huérfano quedó de buenos artistas–, suspenso, acción, incluso películas que no pertenecen a ningún género, independientes, etc.) destroza la ilusión (ejemplos: las subjetivas frenéticas de 28 Days Later, de Juan Carlos Fresnadillo, producciones como El orfanato, la insoportable nueva versión de Hairspray, algunas películas de Tony Scott, y en especial, la de su hermano Ridley –como el final de Gladiador). Es importante distinguir cuando estos recursos se usan para crear algo nuevo y cuando se usan mal. ¿Significan lo mismo los travellings en Mean Streets de Scorsese que el travelling de Wes Anderson en Hotel Chevalier y que el de Danny Boyle en The Beach? En la seminal Mean Streets, Harvey Keitel es un joven mafioso en ciernes y el travelling rolinga es un hallazgo visual para acompañar su forma de caminar decidida (antes Orson Welles, Nicholas Ray, David Lean, hacían maravillas con los límites de la ilusión). En la película mala The Beach, el travelling enfatiza un peligro hasta eliminarlo, alimentando una trama sosa. En Mean Streets y en Hotel Chevalier, el travelling es la trama. Las mejores películas actuales no crean una historia mientras cifran una trama secreta; mejor dicho, las dos historias (la principal y la secreta) se condensan en dos o tres secuencias –me viene a la mente lo que recuerdo de Cache, de Michael Haneke, por ejemplo o Last Days, de Gus Van Sant- que tienen la suficiente fuerza para significar algo en la ficciones frágiles en las que vivimos. Así también, el cine refleja más el espíritu del cuento, que el de la novela, tal vez porque sigue alejándose de esos pretextos (si no vean lo sosas que son las dos películas basadas en novelas, favorecidas por el Oscar: There will be blood y No country for old man)

<!–[if !supportFootnotes]–>[ii]<!–[endif]–> Ahora, agregamos a Wes Anderson como musicalizador, la banda de sonido que el trompetista Terence Blanchard hizo para Mo´ Better Blues, de Spike Lee y la de Neil Young para Dead Man, de Jim Jarmush.

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Bullet Ballet, de Shinya Tsukamoto

Bullet Ballet, de Shinya Tsukamoto, 1998, 97 min. Starring, Shinya Tsukamoto, Hisashi Igawa, entre otros.

Una joven japonesa de pelo corto camina hasta el borde del subterráneo, levanta sus manos y trata de hacer equilibrio para no caer en la vía. El subte pasa sin detenerse; de los zapatos de la chica salen chispas, su cuerpo se sacude, al borde de ser succionada por la estructura de metal. En otra escena, un hombre sopesa el peso de un arma, saca una bala y la coloca entre sus dientes.

El ansia de violencia en una pandilla de jóvenes es el elemento que teje Bullet Ballet. El filme juega a las variaciones sobre este tema con un imaginario visual potente.

Hay cineastas puramente visuales y otros que no pueden filmar sin una historia sólida atrás. Tsukamoto, el director -y actor- de Bullet Ballet, pertenece a la primera categoría. Por lo tanto, es un director, también, para un espectador que se emocione con un buen plano o una buena fotografia, y que pueda dejar de lado la ambiguedad de la trama. Hecha esta aclaración, Bullet Ballet tiene momentos de tensión creciente y de belleza visual incomparable. Filmada en un blanco y negro frenético, zigzagueante, con una fotografía expresionista y un banda de sonido rockera, la película desarrolla una metáfora entre el choque de generaciones. En la excelente entrevista que viene con los extras en el dvd, el director explica su visión de la juventud actual: amamos la violencia como una referencia a películas y actitudes pero no sabemos realmente lo que es; nacimos después de la Segunda Guerra Mundial.

Goda, el protagonista del film, se va a comprar un arma después de tener que aguantar el suicidio de su esposa, quien alternaba una pandilla de delicuentes clase media. Con el arma comienza el camino de convertirse en uno de ellos, a pesar de la diferencia de edad. Ya es tarde cuando logra entrar al grupo: asesinan a un boxeador y la sombra de un yakuza (mafioso japonés) ronda la pandilla, que tal vez conozca el peso de la verdadera violencia.

Si buscamos referencias, caemos en Godard, y por la obsesión con los objetos (armas, balas) como extensiones de un cuerpo, recordamos también a David Cronenberg. Tsukamoto dirigió antes, entre otras, Tetsuo The Iron Man, de gran repercusión entre los fanáticos del cine asiático y el experimental.

Ambigua e hipnótica por momentos, Bullet Ballet tiene ese no sé qué de película de culto.

A. F.

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Dylan

Viajo sentado en el último de los asientos únicos. La chica, de unos veinte años calculo, termina una frase: “Igual es hermoso.” “¿Cómo?”, le pregunta el chico. “Igual Dylan es hermoso.” Sigo mascando chicle y mirando las calles. Bajo del colectivo y camino atrás de un grupo por una avenida. Todos cruzan y me quedo con el doble de Pappo esperando que cambie el semáforo. Le pregunto si la cancha de Vélez será para donde van todos. Él tampoco sabe. Después me cuenta que va a platea alta y que ya sacó para Rod Stewart. Viene a ver a Dylan porque le gusta el blues. “Qué lo disfrutes”, nos separamos, y yo me ubico en mi lugar en la cola.

El campo está dividido en dos por una valla. Busco algún lugar en los costados, pero apenas puedo ver el escenario. Abandono la búsqueda de lugar mejor en las inmediaciones y me ubico justo en el medio del estadio, atrás de la estructura que armaron para las cámaras y las pantallas.

Empieza el recital y me cuesta concentrarme. Es imposible no sentirse enajenado, ahí mirando a Dylan y a su banda en una pantalla cuya imagen se deforma levemente cuando sopla el viento. De cualquier modo, y por momentos, ese vaivén hipnótico refuerza el absurdo y la belleza de estar parado tan lejos del escenario. Tengo ganas de darme vuelta, darles la espalda a los músicos, y ponerme a charlar con alguien, como si estuviera en una feria de barrio en la que justo toca un tipo de sombrero. La pareja de al lado baila rock and roll en una canción. El chico de adelante grita en falsete que quiere rock (o rock and roll, no me acuerdo) cuando termina la hermosa Spirit on the water. Otro se mueve como si estuviera escuchando a Moby. Hay más jóvenes que viejos. Muchos extranjeros.

Dylan te hace perder en las canciones, recién después del segundo o tercer estribillo te das cuenta qué tema está tocando. Así y todo, disfruto mucho Nettie More -¿por qué acompañan con las palmas las pausas de esa canción tan triste?-, Masters of wars, Spirit on the water, Things have change, Honest with me, entre otras. Cuando toca All along the watchtower, cae un telón gigante. De algún modo, eso me hace perder, aunque sea un poco, la noción de tiempo y espacio. El escenario es un barco. Dylan es el holandés errante o, tal vez, el más elemental Cartaphilus. Soy otra vez un espectador primigenio. Acá en argentina no se subió ninguna chica al escenario para abrazarlo. Seguirá su camino.

Me ubico en una cola interminable de colectivo cerca de la puerta del estadio. Un italiano me cuenta que mataron a un hincha de Vélez. Pregunta si me gustó el show. Digo que sí. No me cree.  Él lo vio en Italia (en realidad, no sé si era italiano, pero se notaba por la pronunciación que venía de afuera) y me asegura que hoy tuvimos suerte, porque cuando Dylan quiere ser malo es malo de verdad. Digo, no sé por qué, que Dylan es distinto a León Gieco, como si a alguien se le pudiera ocurrir que fueran iguales o que fueran la misma persona. Pero lo que quería decir es que uno va directo al grano y el otro no. Estuve dos horas en la parada.  Después subí al 99 con el italiano, que dicho sea de paso vive hace tiempo en Buenos Aires.  Cada tanto me hablaba, pero sumado al motor del colectivo, el zumbido subjetivo que tengo no me dejaba prestarle atención. Sabía mucho de música, incluso datos precisos de las producciones de discos de Neil Young.

A. F.

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Wes Anderson

La acumulación de música, películas, videoclips, novelas, en la mente de un personaje -la influencia de discursos y ficciones- es un travelling de Wes Anderson y una dirección de actores de Wes Anderson (está más claro en Hotel Chevalier y Viaje a Darjeeling que en sus películas anteriores). Algo tan artificial y, a la vez, tan natural. Lo descaradamente burgués en sus personajes: ¿no será una opción hedonista -una imitación- a la que sus personajes se acercan cuando la cultura capitalista los hace perderse entre aspiraciones, ilusiones y alusiones? ¿Cuál es el costo real de las ilusiones que nos injertan de chicos? Mucha falta de comunicación. Por ahí anda Viaje a Darjeeling…

Párrafo extraído de En busca del tiempo perdido. Por el camino de Swann, Segunda parte: Unos amores de Swann, Marcel Proust:

“Pero, de pronto, fue como si Odette entrara, y esa aparición le dolió tanto, que tuvo que llevarse la mano al corazón. Es que el violín había subido a unas notas altas y se quedaba en ellas, esperando, con una espera que se prolongaba sin que él dejara de sostener las notas, exaltado por la esperanza de ver ya acercarse al objeto de su espera, esforzándose desesperadamente para durar hasta que llegara, para acogerlo antes de expirar, para ofrecerle el camino abierto un momento más con sus fuerzas postreras, de modo que pudiera pasar, como se sostiene una puerta que se va a caer. Y antes de que Swann tuviera tiempo de comprender y de decirse que era la frase de la sonata de Vinteuil y que no había que escuchar, todos los recuerdos del tiempo en que Odette estaba enamorada de él, que hasta aquel día lograra mantener invisibles en lo más hondo de su ser, engañados por aquel brusco rayo del tiempo del amor y creyéndose que había tornado, se despertaron, se remontaron de un vuelo, cantándole locamente, sin compasión para su infortunio de entonces, las olvidadas letrillas de la felicidad…” (Traducción de Soledad Salinas de Marichal y Jaime Salinas)

Adrián Fares

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