La maldición del Gualicho

Gualicho Nuevo Afiche de Producción
Gualicho Nuevo Afiche de Producción

Algo sobre mi largometraje.

Una película fantástica única. Una nueva experiencia. Un aporte al imaginario Argentino y Latinoamericano que cualquier ciudadano del mundo pueda apreciar.

La maldición del Gualicho (Gualicho) nunca deja atrás al entretenimiento y fue pensada como si cada escena fuera un fin en sí misma.

por Adrián Gastón Fares.

 

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Mi historia (actualizada)

Mis audífonos nuevos

Mi historia

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por forceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias si no por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (tenganlo en cuentan los que estudias estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así.

Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Ahí, a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale). Como dije, lo dirigí, hice el diseño de producción con Leo Rosales y también me encargué de la cámara en muchas escenas.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación. Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Me puse a trabajar en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio, y en el interín, me dieron el certificado de discapacidad (CUD), por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. Pero esa persona me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

En ese tiempo, fui a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar. Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con una novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en un en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengos mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Fui a trabajar con la esperanza de recuperar a una mujer. Algunos me decían: Los pelos de una concha tiran más que una yunta de bueyes.

Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo, hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender)

Casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Estaba triste. Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Pero es pedir demasiado a gente que no estudió el tema. No es su responsabilidad pero sí del contexto. De los que saben o deberían saber.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salías a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí.

Un psiquiatra dijo depresión. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuanto tiempo.

Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad) Pero no deja de ser peligroso.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a una especie de manosanta a mi casa.

Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, a la que dí en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2014 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible.

Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba.

Con certificado de discapacidad los pedí a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrina certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto.

Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada.

Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico. Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad. Quiero estar con la gente que elegí estar.

Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así. Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias e inconsistencias no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la intransparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar, a veces duele mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 2019

PD: “…como consecuencia, el utilitarismo pasa por alto uno de los requisitos morales indispensables que, según Rawls, debería poseer una teoría de la justicia: la individualidad” Descubrir la filosofía 33. El filósofo de la justicia. John Rawls. Angel Puyot

Cita directa de Rawls: La justicia es la primera virtud de las instituciones sociales, como la verdad lo es de los sistemas de pensamiento.

Alimenta tu zombi con cerebros. III. Cine y Series.

En este capítulo de Alimenta tu zombi con cerebros recomendaremos algunos libros de cine, pero daremos una vuelta en calesita alrededor de un tema que divide las aguas de las bañeras de nuestros departamentos, donde ya los zombies no nos bañamos y mantenemos algunos cuerpos flotando: ¿qué diferencia hay entre el cine y las series?

Trataré de demostrar esta diferencia tratando de repasar algunas películas de Brian de Palma y haciéndole una permanente a las series (algo más rápido y mecánico; los temas se tratan según su mérito)

De Palma, un cineasta muy particular que salió en los setenta para reescribir algunas películas, más que nada y hacernos enamorar del cine de otros. Vi a De Palma antes que a Vértigo, ese caso De Palma es como una especie de Borges que señala a Stevenson, a Chesterton a otros escritores que realmente tienen un valor (a diferencia de Tarantino que no señala como dicen; Tarantino es un valor en sí mismo, regurgita otras películas que realmente, en su maroría, no valen la pena ver; salvo algunas de John Woo)

Entonces, el cine, representado por De Palma en este artículo tiene una distancia con las series muy notable. Esa distancia está dada por un sólo hecho: las series reconstruyen la idea de vivir en comunidad. Una serie es seguida por una persona para sentirse parte de un universo de personas ficticias diariamente; ¿por qué? Vivimos absolutamente aislados. Como vivo aislado me pongo a ver Mad Men o me pongo a ver Stranger Things, para volver a esa experiencia primigenia de la niñez de estar rodeado de gente, de vivir un tiempo con personas.

A veces me preguntan cómo me gustaría conocer a una chica. Digo, me gustaría conocerla en una comunidad posapocalíptica como pasa en ciertas ficciones, los dos lavando la ropa sucia todos los días en un lago. Eso me gustaría, pero por ahora es imposible.

Entonces el aislamiento psicosocial de la globalización es el que lleva a que las personas amen a las series. Y no importa qué tema traten, la serie es escapismo a su máxima expresión (no importa si esa serie es una de Bergman, quien también ha hecho miniseries; la miniserie es mucho más noble que la serie por su extensión).

A diferencia de las películas, que (oh, casualidad las de superhéroes son las más vistas, que se parecen a las series porque nos incluyen en una comunidad de personajes que ya conocemos), a diferencia de las películas repito que son una forma de aislarse del mundo, de reflexionar, de diferenciarse, la serie tiende al cambio de figuritas en el recreo.

Incluso hoy en día se siguen vendiendo figuritas así que eso no cambió. Uno puede cambiar las figuritas de Mad Men, pero no puede ciertamente cambiar las de Sisters (Hermanas), de De Palma. Quedaría solo en el patio del recreo sin nadie que se le acerque y se volvería a su casa con las mismas figuritas de la película De Palma.

No estoy en contra de las series, me gustan varias, pero las series, antepuestas ante cualquier film son el ejemplo de escapismo máximo en este mundo, no importa lo desafiantes y buenas que sean, porque la serie trabaja con un universo continuo, con una repetición de personajes y situaciones, y con una familiarización de la ficción, y más que nada, una menor adaptación: una vez que uno entró al universo de una serie, no debe hacer un esfuerzo intelectual para adaptarse a otro universo como pasa con las personas que miran películas diariamente.

Así las cosas, diré que las series siempre serán un género menor al del cine, no importa lo buena que parezcan (aunque sea excelente el Episodio 3 de la Primera Temporada de Mad Men; eso no importa) Eso no quiere decir que no sea un gran género, pero no puede aspirar a lo mismo que el largometraje.

Por otro lado está el cine, con su aislamiento, su adaptación continúa a cada película, la isla que es cada film más allá de lo parecido que pueda ser el lenguaje de un director de una película a otra.

Entonces diremos, el género favorito de los zombis tradicionales son las series. ¿Por qué? El esfuerzo, la exigencia, de adaptación para verlas es menor. ¿Si queremos escapar del mundo qué elegiremos? Series. Si queremos pensar un poco y sentirnos más miserables o más felices, pero no al instante, ¿qué elegiremos para alimentar a nuestros zombis posapocalípticos adaptados al desastre? Cine. Películas.

Molestemos con la relación de algunos films de De Palma. Quiero que la extensión se vuelva carne:

De sus comienzos, el más desconcertante de todos fue Sisters (Hermanas, 1973), la escena del asesinato del que ha sido el protagonista los primeros minutos de la película pone los pelos de punta y lanza una intrigante, hasta el agobio, historia de siamesas y homicidios. cabe acotar que es la primera colaboración de Bernard Herrmann (el creador de la banda incidental de algunas de las mejores películas de Hitchchock) con De Palma. Herrmann sigue remarcando la escenas con su música; ya comprobamos en Psicosis que el hombre es capaz de variar nuestra respiración, en Vértigo de hacernos enamorar de un fantasma.

Carrie (1976) lo hace famoso a De Palma. La novela que Stephen King tiró a un tacho de basura fue rescatada por la Sr. King para De Palma. El director divide la pantalla para mostrar paralelismos (Tarantino, un gran fanático de De Palma, hace lo mismo en Jackie Brown, Triple Traición)

La siguiente película que rescataremos es Obsession (Fascinación), también de 1976. Nos intriga y nos agobia en igual proporción a Sisters. Herrmann otra vez hace de las suyas con su música; si hubiese sido tan desfachatado como su director, no hubiera dudado en copiar lo que se había escuchado en Vértigo. Herrmann introduce variaciones en su música, no tantas de Palma en lo que vemos: un hombre obsesionado por una mujer parecida a otra, obviamente una esposa muerta y muy amada. La historia de Vértigo, escrita por Boileau y Narcejac, se repite hasta en los detalles. Si tuviéramos que enumerar todos los parecidos de puesta en escena y argumentales entre Vértigo y Fascinación, este capítulo se convertiría en novela. Lo mismo pasa con respecto a Hitchcock en las siguientes películas. Intuyo que Fascinación, el título de la traducción es mejor que el original; de alguna manera roza una comprensión del cine con la que me siento identificado, un cine que evolucionó para volverse algo que fue vivido a partir de los sesenta por la humanidad y ya incorporado mentalmente por los que nacimos después. No ahondaré en este tepa aquí, pero el futuro del cine está en la fascinación, en la elación. Recuerden esto.

Sigamos. En The Fury (La Furia), de Palma adaptó a otro escritor de historia de terror; este muy barato, llamado John Farris. Si tenemos la oportunidad de ser chicos nuevamente, entonces tal vez nos vuelva a gustar esta película. Hay más eventos parapsicológicos. En la mayoría de los casos con la idea torpe de realizar con un tremendo esfuerzo mental lo que se puede hacer con un simple movimiento de la mano: suda la gota gorda la protagonista para desviar a una locomotora de juguete, menos a mi vecinito romper lo que tenga delante sin gastar una neurona. En La Furia, por lo menos, De Palma descansa de copiar textualmente a su querido maestro (para copiarse a sí mismo)

Encontramos más adelante Blow Out (Impacto, 1981), una versión del clásico de Antonioni que a la vez era una adaptación del cuento Las babas del diablo, de Cortázar. Esta vez Hitchcock es recordado en persecuciones a lo North by Northwest (Intriga Internacional).

La versión de Scarface de De Palma (Caracortada, 1983) una melodramática tragedia moderna, pese a los convencionalismos y a la belleza ya casi eterna de Michelle Pfeiffer, conmueve. El guión lo firma un tipo desconocido en ese entonces: Oliver Stone. Ya había escrito Midnight Express (El expreso de medianoche) para Alan Parker y después escribiría, a regañadientes, Conan, the barbarian (Cónan el bárbaro) antes de alcanzar fama y Óscar con Platoon (Pelotón).

Body Double (Doble Cuerpo, 1984), desnuda el cuerpo de Melanie Griffith y, de paso, confirma los gustos cinematográficos de nuestro sinvergüenza director. En la coctelera entra La ventana indiscreta (el protagonista es testigo de un asesinato al mirar obsesivamente por un lujoso mirador) y Vértigo (nos hace revivir la escena del beso en 360 grados y los travelling subjetivos del protagonita con la mirada fija en una melena) Por lo menos al final todo lo ocurrido resulta ser una pesadilla.

Siguen la caída del carrito de bebé de las escaleras en The Untouchables (Los Intocables, 1987; su mejor homenaje; a la escena de las escaleras de Odessa en El acorazado Potemkin, de Sergei Eisenstein) Y otra buena película : Casualties of War (Pecados de guerra, 1989)

Toparse con una oriental en un subterráneo le trae muy malos recuerdos a Michael Fox, a nosotros nos brinda un interesante desarrollo que cuestiona la ética en tiempos de guerra. De Palma se contiene en sus ejercicios visuales y termina ganando.

Luego comienza a perder, tanto que esta nota muy pronto terminará.

Adapta a Tom Wolfe, abandonando momentáneamente el suspenso en The Bonfire of the Vanities (La hoguera de las vanidades, 1990) Fracaso de crítica. Los estereotipos descuellan en el film. Nadie ve nada de la urticante novela del periodista Wolf en su película. Tras este fracaso retorna al suspenso con Raising Cain (Demente, 1992); logra una buena actuación de John Lithgow y algunos sobresaltos.

Carlito´s way (Atrapado por el pasado, 1993) es conocida aquí como la película en la que Jorge Porcel aparece con Pacino (o era) La historia del mafioso vuelve a trasuntar los tópicos del género; esta vez remeda a Scarface con un tratamiento más depurado de los personajes y una fotografía impecable. La película introduce una variante a las escena-de-acción-en-escalera (acaso John Woo supo filmar en A better tomorrow II, impunemente traducida al castellano como Amenaza Final II, una de las mejores, con Chow-Yun Fat cayendo de la escalera y disparando en cámara lenta; antes de que Woo diera el salto a Estados Unidos y dirigiera a Tom Cruise y a unas cuantas palomas en Missión Impossible II)

En los noventa, la fórmula de los estudios es más rígida que en las inmediatas décadas anteriores, una película de acción y suspenso debe tener escenas exageradas que confirmen hasta el aburrimiento la clasificación; Missión Impossible (1996) es muy buena al principio y luego bastante torpe en su desarrollo. Ha sido superada por las otras películas de la franquicia; incluso por las de John Woo (si dejamos de lado la escena de la pecera que explota y esa confusión inicial de buenos y malos tan genial; el juego de muñecas rusas de casi todas las películas que bordean de manera tan excelsa el vértigo y la ética de la niñez)

Y me detengo con una película de De Palma que disfruté muchísimo en el cine Ocean allá por los noventa, antes de que parte de la población nos convirtiéramos en zombis y ese cine Ocean fuera reemplazado por un templo evangelista. Snake Eyes (Ojos de Serpiente, 1998) tiene un comienzo espectacular, un desarrollo mediocre y un final pésimo. Hay algunas escenas parecidas a las de Doble Cuerpo, y eso sigue siendo lo mejor, esa repetición de lo mejor que agrada tanto; entre zoom in y travellings el personaje de Nicholas Cage sigue en cámara subjetiva a una misteriosa rubia.

Una de las mejores cosas del libro del filósofo argentino Domin Choi, El fin de lo nuevo, con el que comparto algunos pensamientos, es que cita a Kierkegaard, uno de mis filósofos preferidos y dice con él, que una posible felicidad es la de la repetición, quizá la única. Esto es clave.

En Mission to Mars (Misión a Marte, 2000), De Palma se dedica a chorrearle algunos planos a Kubrick (2001, Space Odissey; una película que fue señalada por la buena crítica de cine Pauline Kael, como “de un cineasta amateur” en la época de su estreno) pero la trama de ciencia ficción es poco interesante.

Zombie como somos, hemos criticado a Brian de Palma por ser un cleptómano, un descarado manipulador de materiales ajenos, que reescribe y nos hace rever ciertos films. La verdad es que ese ladrón, por lo menos, tenía buen gusto cinematográfico. Si vamos a robar, que nuestro objetivo sea digno del riesgo (la cuestión de la elección; clave para definir cualquier estrategia de adaptación y de construcción de una identidad)

Los que vaticinaban la muerte del cine lo que en realidad estaban haciendo era afirmar la muerte del autor, y elevar la figura del espectador; el espectador es el que domina ahora, y en este artículo lo que he hecho es alejarme de patio de recreo, como ejemplo, donde jugábamos los que luego nos convertimos en zombies, para demostrar que es mucho más difícil compartir figuritas con las películas que con las series, que es más fácil acercarse a la gente hoy en día con las series para charlar que para revisitar ciertas películas y ciertos autores. Cuanto más aislado viva el ser humano, más series se van a hacer y más series vamos a necesitar ver. Cuanto menos aislado esté más va a querer volver al cine, para recuperar ese lugar de diferenciación e identidad que supo ser desde que unos críticos de cine franceses, que además tenían la osadía de filmar, crearon la figura del director de cine.

Apúrense si quieren adquirir el libro de Domin Choi, que trata desde la filosofía al cine y a las series, porque la primera tirada es de 1000 ejemplares (en este blog somos casi 2500 si no me equivoco) Acaba de ser editado hace un tiempito por Libraria Ediciones:

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http://www.librariaediciones.com.ar/el-fin-de-lo-nuevo/

Si encuentran un link para comprarlo en libro electrónico sería buena que lo compartan ya que yo no lo encontré (tengo la edición impresa; pero me parece que sería bueno para los que no viven en Argentina y me están leyendo)

Aquí en Cúspide.

https://www.cuspide.com/Libro/9789873754227/El+Fin+De+Lo+Nuevo

Aquí en Gould:

https://www.gould.com.ar/cine/sobre-cine/el-fin-de-lo-nuevo-domin-choi-libraria/

Por otro lado, no puedo dejar de recomendar que lean Mi último suspiro, el libro de memorias de Luis Buñuel, tan útil para desapolliranos de tanta correción política inútil.

ETA22306

https://www.megustaleer.com/libros/mi-ultimo-suspiro/MES-001075

Y por otro lado, para ver lo capital que fue la ayuda estatal y de fundaciones en el advenimiento de ciertos cineastas lo bueno sería repasar la biografía de Polanski (y más para los que quieran preparse para el estreno de Once Upon a Time in Hollywood, la nueva película de Tarantino, y saber que Bruce Lee fue uno de los sospechosos de los crímenes de Mason, por ejemplo)

Memorias, de Roman Polasnki

9788416665877

https://www.casadellibro.com/libro-memorias/9788416665877/5420103

David Lynch por David Lynch (Lynch by Lynch, edited by Chris Rodley):

lynch por lynch

https://www.casadellibro.com/libro-david-lynch-por-david-lynch/9788489846418/630324

Editado en Argentina por El Cuenco de Plata:

https://elcuencodeplata.mitiendanube.com/cine/9789873743832/

También pueden leer de Lynch, Atrapa al pez dorado; lo esencial que hay que saber sobre él, más meditación trascendental, café oscuro y mucha azúcar para que funcione bien y rápido el cerebro zombie.

Aquí pueden leer un fragmento y también conseguirlo:

https://www.megustaleer.com.ar/libros/atrapa-el-pez-dorado/MES-013389/fragmento

por Adrián Gastón Fares. Alimenta tu zombi con Cerebros, 2019.

PD. No soy muy fan de Sherlock Holmes, pero el episodio 2 de la temporada 4, llamado El detective mentiroso es buenísimo. Y su score compuesto por David Arnold que me llevó a ella, impecable.

Alimenta tu Zombi con cerebros. II. Libros de Estrategia.

Los libros de estrategia tienen algo único. Confluyen en ese río tan grande que es El arte de la guerra de Sun Tzu y por eso recomiendan el no actuar, incluso los más inmorales.

También suelen ser menos útiles de lo que parecen ser. Por ejemplo, supongamos que luego de leer el libro del difuminado señor Tzu (o sus compiladores) tenemos que enfrentar a los humanos siendo zombis. Estamos en un aprieto. El zombi teóricamente no piensa. Los zombis que yo propongo en Alimenta tu Zombi con Cerebros sí piensan, pero usan el cerebro de otra manera, son una máquina de procesar información; desechar la irrelevante y aprovechar la buena es el objetivo. De eso se trata Alimenta tu Zombi con Cerebros.

Como la pregunta de cómo siendo zombis enfrentar a los humanos con El arte de la Guerra no tiene sentido, mejor concentrarnos en cómo enfrentar a los zombis siendo humanos. Tal vez a alguno le sirva.

Tzu dice que la mejor victoria es vencer sin combatir. Si nos van a atacar una horda de zombis, no combatir no tienen ningún sentido, pero sí podemos evitarlos lo más que se pueda, hasta que uno entra a un lugar donde no debería haber ningún muerto viviente pero bueno, está. Las casas abandonadas, los cementerios, los supermercados y los centros comerciales deben ser evitados.

En realidad, los que vencen con aparente psicología al enemigo, sin combatir demasiado, avanzando en grupos numerosos y arrojándose con alma y vida contra el enemigo son los muertos vivientes, por lo tanto, los que vencen sin combatir, ni saber que combaten, son ellos, solo quieren comer algunos, y ni siquiera saben por qué.

Conocer al enemigo es un poco difícil con los zombis tradicionales (no el excelso zombi  que come cerebros de papel al que me refiero en esta columna) No piensan; por lo tanto no hay manera de conocerlos. Podemos saber que en los ochenta avanzaban a paso de tortuga pero hoy en día son cada vez más rápidos. Eso es clave, saber la velocidad de un zombi.

De cualquier manera, la regla clave de Tzu es que un ejército debe primero haber ganado la batalla en su mente, con su estrategia o como sea, antes de librarla. Esto es útil contra los zombis, se puede tratar de contenerlos con artimañas prácticas como unos lanzafuegos, ametralladores, o lo que fuera que pueda desintegrarlos en masa. Incluso tener la bomba atómica es útil en el caso de que los zombis  tomen la tierra. Dios no lo permita, pero más de uno se verá tentado a tocar el botón rojo.  Como verán, eso también es ganar la batalla antes de librarla. Y de la manera más burda.

En fin, El arte de la guerra es un texto bastante bello, pero no tanto como Los Cinco Anillos del Poder de Musashi, o más todavía, un texto muy difícil de conseguir, que ha caído en mis manos en una edición que no se consigue en nuestro país: El amo (o el maestro) del valle del demonio. Es un libro de estrategia china posterior, por no mucho, a El arte de la guerra. Es elusivo. A los monjes oscuros que lo compilaron les gustaba al juego de arrojar la moneda blanca y negra del yin y el yang. De los libros de estrategia el que más recomiendo es la traducción de Thomas Cleary de El maestro del valle del demonio (que viene con otro texto que se llama El amo de la fuente oculta) La belleza de la estrategia en su máxima expresión. La incomprensión que hace pensar lo que a uno más le conviene. Lo oculto visible. Las frases son una especie de ko-an oriental cuyo aplauso desorienta y despierta.

Pasaremos a Robert Greene, ese tipo que escribe libros sobre el poder, las estrategias, la seducción (escribió uno con el rapero 50 Cent; una paradoja: un libro de poder con un rapero) En fin, Green cuenta en uno de sus libros tan largos que se hacen pesados, que el jefe de un ejército chino ganó la guerra de una manera muy clara, más o menos como hacen los zombis (que asustamos a los seres humanos sólo con nuestra presencia), primero se labró una reputación de loco, peligroso e imbatible. Su reputación le sirvió porque cuando un ejército que lo triplicaba en número marchaba hacia su fortaleza ya diezmada para destruirlo y asesinarlo, lo que hizo es sentarse a meditar con unos sahumerios a los costados. Cuando el jefe del ejército contrario lo vio, la pensó dos veces, dijo este tipo no es tan boludo como para estar haciéndose el que medita; es una trampa, debe tener cientos de soldados ocultos: retrocedamos. De esta manera, el sabio y tremebundo guerrero chino superó al ejército contrario con sólo prender un sahumerio y sirviéndose de su temeridad previamente cultivada. El problema con los libros de Greene es que es más fácil ir a la guerra contra los humanos que leerlos; se hacen largos, Green parece ser un erudito bastante increíble, en el sentido en que usamos la palabra en la calle, pero tienen la virtud que cumplen con lo que prometen; al terminar de leer uno de esos libros es posible que ya la guerra haya pasado y uno la haya evitado bebiendo cerveza desde la cómoda reposera de su porche estadounidense.

Los libros de Robert Greene son un poco inmorales, pero eso no basta para que no lo nombre en esta columna de zombi. Después de todo, siempre ponderan la no acción, bebiendo en las fuente de Sun Tzu.

El libro de estrategia más interesante quizá para quienes escribimos o hacemos ficción es el de John Lewis Gaddis. Este estadounidense repite varias veces en su texto, On Grand Strategy, que la ficción es el mejor campo de experimentación para las situaciones que luego tenemos que enfrentar, más o menos duplicadas en el tiempo, por esa especie de entropía fácil que todos miman tratando de señalar lo que tal vez vuelva a ocurrir en la rueda del tiempo pero con ligeras alteraciones.

Lo que dice Gaddis es que la ficción es como un experimento para la vida y se sirve de La guerra y la paz del eminente ruso, y escritor ya sabrán, Tolstoi para dar un ejemplo de cómo se puede recrear una guerra y vivirla para aprender a través de los mecanismos hiperrealistas de la ficción. Hasta ahora no leí a ningún ensayista que piense que la ficción es tan útil como Gaddis; la sensación es que cree que la ficción es tan viva como la realidad. Shakespeare y Tolstoi son los maestros de la estrategia para Gaddis y leer ficción sería más efectivo que leer no ficción: más pragmático. El libro de Gaddis es largo, por momentos tedioso, pero vale la pena leerlo para encontrar este paralelo entre ficción y realidad. Es un libro más fresco que otros porque introduce ideas un poco más originales.

Entonces, recomendando que elijan el libro de estrategia que más le guste y lo lean como literatura más que como una  regla para la vida: la vida no es guerra, aunque a veces se parece, y la gente, tanto en la soledad como cuando se unen para formar ejércitos, como bien lo sabemos los zombis, no reacciona siempre igual.

No hay ningún libro de estrategia más eficaz y menos bello que el de mandar a todos a la mierda. Para eso la canción God, de John Lennon es ideal. Es un gran libro de estrategia, una declaración de principios, una negación de todo. Después de todo si la realidad no es más que apariencia; no creyendo en nada se llega muy lejos. Es la canción favorita de algun@s zombis que conozco.

Aquí tienen el link a los dos libros de estrategia que más me gustaron (aprecien el primero; es casi un secreto)

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Thunder in the Sky donde encontrarán la versión de Thomas Cleary de El maestro del valle del demonio, ese texto de la ancestral tradición china, de una secta budista que parece perdida en el tiempo, que es mejor que El arte de la guerra, y el más comprensible; El amo de la fuente oculta.

Aquí pueden conseguir La adquisición y el ejercicio del poder (perdonen a Thomas, este libro no tiene que ver mucho con la adquisición del poder, es más rico de lo que aparenta ese ingenuo nombre; La adquisición y el ejercicio del poder es El maestro del valle del demonio y El amo de la fuente oculta) Lo editó Editorial Estaciones. Creo que está tristemente fuera de catalogo. Pero circulan ediciones usadas por lugares insospechados.

Link para conseguir El Trueno en el Cielo en español (Editorial Estaciones)

Otro Link en Español:

Conseguir El Trueno en el Cielo en Casa del Libro.

Una de las maneras de conseguir Thunder in the Sky, de Thomas Cleary

Dato que podemos olvidar, salvo que Sun Bin se queje desde los tiempos ancestrales.

Entonces diremos que Sun Bin, descendiente de Sun Tzu, discípulo del estratega Wang Li, conocido como El maestro del valle del demonio (estrategas tan apreciados como von Clausewitz y Napoleón no fueron recordados con un apodo tan resonante como con el que llamaban al señor Wang Li) fue el que escribió el primer texto de El Trueno en el cielo, traducido por Thomas Cleary.

Y acá el libro de Gaddis, On Grand Strategy (tampoco en castellano, pero búsquenlo, debería estar…)

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Una de las maneras de conseguir On Grand Strategy, de John Lewis Gaddis

En la próxima entrega viajaremos al mundo de los libros de marketing, start-up y todas esas cosas tan poco interesantes y profusas que existen en el mundo literario y que así y todo pueden ser provechosas para alimentar nuestro cerebro zombi.

Un zombi debe estar dispuesto a todo hoy en día, incluso a leer cosas que escriben, o escribieron, los que sí mueren y no resucitan.

por Adrián Gastón Fares

 

Alimenta tu Zombi con Cerebros

Estreno nueva sección en este blog.

 

Alimenta su Zombi (interior) con Cerebros

Todos tenemos un zombi (o zombie como gusten) que está dentro nuestro. Diversos estudios científicos muy difusos sugieren que la meditación lo que en realidad hace es enviar sangre a otras partes del cuerpo que no sean el cerebro, por lo tanto, lo que estaría haciendo es ahogar un poco al cerebro para que no piense tanto. Eso me suena matar el cerebro. Me suena a zombi. Pero la idea aquí no es matar al cerebro si no alimentarlo para después usarlo como ustedes más quieran. Es lo que me resulta a mí por lo menos. Y lo que me ha hecho superar muchas situaciones difíciles, momentos tristes, melancólicos, aburridos, traumas, encrucijadas, desamores, senderismo de lo llano y lo alto, entre otras aventuras que viví.

No voy a citar estudios científicos como hacen los millones de libros que pueden encontrar en la web. Si leen mucho van a reconocer lo que digo pronto.

Esto que comienza aquí es un poco experiencia y mucha lectura. Iré directo al grano para ir sugiriéndoles qué libros para mí tienen valor de lo nuevo, sea ficción, divulgación, ensayo, autoayuda (tuve una columna hace años en una revista digital llamada Autoayuda para el suicidado; no seré irónico esta vez; esta es una columna práctica) lo que sea que esté bien escrito y sirva.

Tampoco seré tan meticuloso ni exigente conmigo mismo en la escritura como intentó ser en mis cuentos. Y mucho menos que en mis guiones y novelas. Estoy un poco cansado de eso. Quiero ser practico aquí y contribuir a organizar un poco los pensamientos y lecturas tanto para ustedes como para mí.

Así que así comienza Alimenta tu Zombi con Cerebros. Señalaré algunas lecturas. Libros. Trataré de citar libros nuevos (los más nuevos posibles) El único objetivo, siguiendo a la regla moral de Kant, es que estos libros no sean un medio, que sean un fin en sí mismos. Que la lectura de estos libros no sea un medio, si no que sea un fin en sí misma.

Por lo tanto, empecemos sin dar muchas más vueltas (otra estrategia para escribir libros de Cómo hacer esto y lo otro, es dar mi vueltas, como si se tratara de una película de suspenso, dosificando la información, para decir por ejemplo que comer palta hace bien; todos sabemos que comer aguacate o palta hace bien; no se necesitan cinco capítulos para llegar a eso)

De mis largas lecturas puedo decir que hay libros que están repitiendo (casi copiando y pegando) lo que escriben otros. Por ejemplo, el libro Alimenta tu cerebro de un tal Dr. Perlmutter, dice lo mismo que otro libro que se consigue en la web que escribió el hijo de una mujer con Alzheimer. Los dos libros recomiendan comer lo mismo, los dos textos tienen casi la misma información; dejo a ustedes la tarea de decidir si la repetición tiene que ver con la verdad o con la comodidad o el provecho)

Estos libros como los de Alimenta tu cerebro (o tu pene o vagina; hay de todo) parecen ser recopilaciones de otros libros y a la vez lo que hacen es citar cada dos por tres, repito, perdón, embolantes como decimos en Argentina, estudios científicos. Gran pecado de un texto de divulgación: en la era que estamos seguros que lo estudiado científicamente cambia al ser observado (soy más amigo de la ciencia que de la seudociencia, ya lo sabrán no niego la ciencia, sino que digo que obviamente no es bueno citar solamente un estudio científico que uno leyó en la web para escribir un libro)

Así nace este texto. Por eso Alimenta su Zombi con Cerebros. Somos todos zombis. Todos queremos nutrir lo que tenemos entre las dos cejas, todos queremos alimentarnos metafóricamente de lo que otros saben, en mi caso con el objetivo del placer de conocer, cotejar, pensar. Vivir así es hermoso y si siguiéramos la regla de Bertrand Russell que decía que el ser humano debía trabajar cuatro horas para servir a la comunidad y el resto tenía que ser ocio provechoso, seríamos todos (o todes) felices.

Así que empecemos con los dos libros que voy a recomendar que se compren ya mismo (nunca vendí nada, así que dejen que recomiende lecturas por las que tienen que pagar si es necesario; no son caros) Algunos de los libros se pueden comprar en Internet, otros también (broma, también se pueden comprar en las Librerías, pero no todos)

El otro día estaba en la librería Cúspide del Village Recoleta. Como es mi costumbre tomé cinco libros para leer a la vez y ver cuál me interesaba más. Vino un empleado y me dijo: No se pueden anotar los libros, señor. Le dije, pero claro, cómo voy a subrayar los libros. Me dice: no entendiste, no podés tomar notas en tu cuaderno de los libros. Ah, bueno, le dije, no hay problema, y con el índice me golpeé la frente, respondiéndole en lenguaje de señas que me iba a memorizar todos los libros como venganza. O sea, el empleado se habrá creído que yo era un escriba medieval que iba a copiar el libro entero en mi libreta de 5×5. Mis vecinos de mesa se alarmaron y uno, que le explicaba a otro cómo montar un negocio agrícola, remató; si yo fuera el dueño de esta librería, dejaría que todos tomen notas de los libros. Así atraería más gente. En fin.

Así que creo que por ahora pondré links a libros virtuales (si pueden conseguirlos impresos, mejor; como gusten, yo leo en la Tablet, en el Kindle, en el celular, en el Noblex Ebook -barato y bueno-, y en papel; no le hago asco a nada) Cuando se consiga el libro en castellano lo pondré, cuando se consiga en otro idioma nada más; también (siempre y cuando conozca el idioma, sé español, inglés y un poco de japonés, muy poco; no se preocupen que no pondré libros escritos en japonés)

Empezaremos por recomendar uno de los mejores libros que leí en lo que va del año.

Es de Carlo Rovelli. Es un físico teórico italiano. No voy a copiar su biografía porque pueden encontrarla ya saben donde.

Rovelli trata de redefinir el tiempo. Explica que el tiempo no tiene la misma duración en la cima de una montaña que cerca del suelo. Una persona que vive en una montaña tiene menos tiempo que una que vive en la llanura de la pampa, por ejemplo. La culpable es la gravedad que curva el tiempo. Es un libro muy feliz.

Divulgación científica muy poética (literalmente, cita a las Elegías de Duino de Rainer Maria Rilke más de una vez, Rovelli). Rovelli también se mete con la entropía, una ley que a mí me gusta más que el helado. El resultado es una lectura imprescindible para cualquier zombi que quiera alimentarse de materia gris. Alguien como yo, por ejemplo (y espero que ustedes, este texto trata de enaltecer la figura del zombi que después de todo es alguien que no tiene mala intención, sólo quiere comer; además recordemos que la meditación es amiga del concepto de un zombi por lo expuesto más arriba, también me caen simpáticos los yoguis)

Los libros de Carlo Rovelli que recomiendo son:

El orden del tiempo (2017)

Pueden comprarlo aquí en español (Kindle)

Link para comprarlo en Amazon

Y aquí en inglés:

https://www.amazon.es/Order-Time-Rovelli-Carlo/dp/0241292522

Y pueden también conseguirlo en librerías argentinas y españolas (es de Anagrama)

El segundo libro de Rovelli que recomiendo es:

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Link para comprarlo en Amazon

Se llama La realidad no es lo que parece (es mi traducción de Reality is not what it seems) No lo conseguí en castellano, por lo que pongo el link para obtenerlo en inglés. Traten de encontrarlo, en especial los que saben inglés.

Luego seguiré con el próximo texto de Alimenta tu Zombi con Cerebros donde iremos al mundo de la ficción a través de los libros más pragmáticos de ensayos escritos en estos últimos años.

Saludos,

Adrián Gastón Fares, zombie