Suerte al zombi. 40. La verdadera fiesta.

40. LA VERDADERA FIESTA

La poderosa luz era propiedad de los ojos de los dos sepultureros, que no veían ante sí más que la oportunidad de terminar un día aburrido con una anécdota nueva, vaciar su furia contenida por mucho tiempo y tener una nueva razón para emborracharse de por vida. No caminaban ni hablaban como borrachos porque se habían despabilado al ver a Luis. Garrafa llegó empuñando la pala. Y todo lo que sucedió después fue rápido como la muerte.

López logró arrancar de los brazos de Luis a Fernanda y la dejó tirada en el suelo, en un costado, desnudada por el manoseo, con el vestido blanco cubriendo sólo las extremidades inferiores del pálido cuerpo.

Garrafa se enfrentó con Luis, que se había parado con la cabeza totalmente colgando sobre sus hombros y movía sus manos en el aire haciendo inofensivas cabriolas mientras gruñía. La mole descargó la pala cuando el ser le dio la espalda y le quebró la columna vertebral.

Luis cayó al piso y se ovillo como un feto. López se acercó y descargó una patada en el estómago del joven muerto. Éste apenas se movió. Luego le dio con el filo de la pala en la mano derecha. Ésta se separó del resto del cuerpo.

Los dos miraron extrañados la mano cuando vieron que los huesudos dedos seguían moviéndose. “¡Éste ser está poseído!”, pensó Garrafa. “¡Es el demonio!”, se dijo López y aplastó la mano con su zapato. Los huesos crujieron. Garrafa gruñó y tiró la linterna hacia atrás.

Ahí fue cuando empezó la verdadera fiesta.

 

por Adrián Gastón Fares.

 

 

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