Suerte al zombi. 31. En el cementerio de Mundo Viejo.

31. EN EL CEMENTERIO DE MUNDO VIEJO.

Luis Marte supo que había llegado el momento de detenerse. Lo hizo ante las herrumbradas rejas y se dijo que no había tardado en encontrar el lugar más adecuado para su situación. El cementerio lo sedujo. Luis se acercó a las rejas y empujó.

Se separaron lentamente, lanzando un chirrido que por unos segundos se convirtió en el único sonido de aquella tarde húmeda y nublada. Luis dio un paso y pisó la tierra sagrada del cementerio.

Mientras caminaba, rompiendo a su paso la triste atmósfera que se asentaba sobre la calle principal, miró hacia el cuartucho que estaba cerca de la entrada. La puerta estaba abierta. Sólo las sombras moraban el interior. Dejó atrás el cuartucho y se fijó en el banco de piedra, justo cuando la nube que tapaba el sol se deslizaba dejando que algunos de los débiles rayos rozara el cementerio. Ángeles, gárgolas y lápidas, así como los bancos de piedra, reflejaron la leve luz dorada y se volvieron maravillosos por unos irrepetibles segundos, luego de los cuales la nube volvió a dialogar de frente con el sol y todo lo gris y oscuro volvió a ser gris y oscuro. Luis se dio cuenta que había sentido deja vu; como si él fuera un surfista y una gran ola de emoción y recuerdo misterioso lo hubiera izado varios metros ignorando la gravedad por un segundo. Luego, su tabla se rompió y todo lo gris fue como la ola gigante rompiendo su alma. Recordó haber tenido una sensación parecida hacía mucho tiempo. Se dirigió al banco de piedra y se sentó.

Acomodó como pudo los auriculares del pequeño walkman en la parte con carne de sus orejas y escuchó las interferencias. Puteó al darse cuenta que la onda de la radio del pueblo no llegaba hasta el cementerio y le pareció extraño, ya que ahora se encontraba más cerca. Se dijo que con las nubes amenazando lluvia el día debía ser húmedo y concluyó que eso era lo que impedía que llegaran las frecuencias hasta su receptor.

“Se va a la mierda la música… ¿ahora qué hago?… Muerto en un cementerio… Solo, veo cómo me pudro… la puta madre… ¿Cómo estará la abuela?…Me mataron… ya no voy a poder tener una novia… esa novia nunca se va a convertir en esposa… tampoco voy a tener hijos… ninguna casa propia… ningún jardín al que cuidar… nada de sexo… mi pene está muerto… la chica que me miraba va a mirar a otro, será penetrada mil veces por otro… ¿El destino existirá?…

¿O será que los seres humanos se creen demasiado importantes y se piensan que hay cosas que los joden para verlos sufrir?… Si el destino existe en una de esas es un tipo… y así personificado lo podría encontrar… si me lo cruzo, lo mato… lo cago a trompadas…

El mundo estuvo en contra mía… pero no sé… ¿y si fui yo el pelotudo?…¿y si ese día me hubiera quedado en casa?…

No había ninguna clase importante en la facultad… quería ver a la chica sin nombre, sólo sentarme detrás de ella y mirarla… igual me hubieran matado… tarde o temprano… El viejo y la vieja también estaban muertos… No hubo opción… Ay, ay, ay… la puta madre… ”

por Adrián Gastón Fares.

Firmen y compartan esta petición para filmar Gualicho, si pueden: change.org/gualicho

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