El pájaro de vuelo bajo

poemas

Cuando vuela bajo

porque las alas no dan para alto

se aleja de los demás pájaros

y un día algún pájaro lo arrastra

así nomás

a lo más alto

y él los reconoce

a los de vuelo alto

y hasta extraña lo que nunca conoció

y no debió conocer

porque un pájaro es un punto único

un desprendimiento

polvo de planeta viejo

pero así y todo es un pájaro de vuelo bajo

que conoce el viento que sopla en las hondonadas

en el giro de la montaña

en los valles más secos

en realidad

no es pájaro

es viento que empuja

no siente ser pájaro

aunque vuele con los pájaros de vuelo alto a veces

que bajo sus alas tienen tatuadas las palabras

pájaros

en mayúscula así:

PÁJAROS

y pueda brillar el sol grande desde más cerca en sus oscuros y pequeños ojos

pero también podía verlo desde abajo

donde parecía más distante

imaginarlo cercano

dar esas imprevistas vueltas alrededor de los árboles

Como hay tantas especies de pájaros

el pájaro de vuelo bajo sabe que también hay muchas especies de puntos negros

aunque esos puntos crean ser todos iguales

y él pueda aterrizar en las torres

cruzar el puente levadizo antes de que cierre

descansar en el bastidor de una ventana

conocer los misterios de los huesos y las membranas

conversar con los murciélagos

en la zona más oscura de los zoológicos

donde la salida cegadora está cercana y más vale no detenerse

un pájaro de vuelo bajo trasciende secretarias y secretarios

encara el vuelo a la montaña nevada

ese pico blanco que no es boca pero sí alimento y está

más arriba pero en otro mundo distinto

esa cabaña que guarda la flor de muchos

y de ningún

color

por Adrián Gastón Fares

Los tendederos, tercera parte de la reseña de Javier Burdalo de Los tendederos.

Cuentos

Aquí pueden leer en el blog de Javier Burdalo la tercera parte de la reseña de mi libro de cuentos Los tendederos, Adrián Gastón Fares (2019)

Reseña de Los tendederos

Sigue la reseña escrita por Javier Burdalo:

Aún están a tiempo de conseguir y degustar LOS TENDEDEROS, libro de relatos mínimos en su extensión pero grandes en sus propuestas, de Adrián Gastón (pronto pasarán por procesos editoriales y posiblemente salgan del circuito de lo gratis aquí).

Ciencia ficción, surrealismo, paranoias, asesinatos, orientalismo… Todo un universo original y curioso para el disfrute del lector. Sí, es ficción, no entren en pánico, ¿o sí? Porque por sus resquicios se escapan notas irónico-críticas a la frialdad de este nuestro siglo.

Una breve reseña de los relatos del 19 al 28:

LA EDAD DE ROBERTO (Page 80): no se sabe que es más terrorífico, si lo que no se cuenta –ese encierro al estilo La Habitación (LAbrahmson,2015)- o lo que se narra, esa lucha despiadada contra una sociedad conformista y, lo peor, conformada, que no entiende de historiales personales y que hace pasar a todo ser viviente por los esquemas estándares de la uniformidad. A tener en cuenta, la literatura, Neruda y otros valores, que salvan a nuestro protagonista de la locura total.

DESLIZATE EN EL FUEGO (Page 85): los misterios de la criogenización, donde todo lo que se despierta puede ser maligno, sirven para contar como, nosotros, los que recibiremos a los congelados, nos comportamos a veces más estúpidamente que los que dejan experimentar con sus vidas. Miedos infinitos al futuro, no asunción del papel liberalizador del pasado, y cierta ironía capitalista y pop impregnan el relato.

PADRE (Page 92): tanto la abuelita narradora, como los personajes del cuento que la anciana cuenta, dan pavor! Porque no sabemos nunca qué son, quienes son, qué pretenden… Y como contraste: ternura, porque la narración tiene el sabor añejo de los cuentos de toda la vida, con las abuelitas de siempre. ¡Cuidado! AGastón nunca dice todo a la primera, y en la sorpresa esta el riesgo del relato.

EL AGUANTE (Page 96): una monja exorcista y un púber ¿? Dejemos el misterio para el lector, porque aquí la bandera no es un trapo, el asta no es una sujeción de una bandera, y la perfección que se pretende mostrar al público presente, en este acto institucional o académico, es la metáfora perfecta de un estado político, si se me permite, demoníaco.

LAS APARECIDAS (Page 100): qué pasaría si los asesinados volvieran a la vida? A esta nuestra vida, presente de redes sociales y virilización de todo y todos, para clamar a veces venganza y a veces consuelo? Finísimo humor negro también en estas páginas de apariciones y vendettas.

LAS MIL GRULLAS (Page 104): es, quizás, con su orientalismo, el relato más dulce de todos hasta el momento. Pero no se dejen engañar: la bomba de Hiroshima y sus consecuencias silenciadas, la familia y sus rencillas por cuestiones monetarias, la mentira en las relaciones de adultos… hacen que los miedos sigan acompañándonos sí o sí, como a los protagonistas en cualquiera de sus actos.

TODO TERMINA QUE ES UN SUEÑO (Page 108): y así es, el autor no miente, pero: ¿Quién sueña? ¿Qué se sueña? ¿Cuándo? Son las cuestiones más importantes de este particular After Hours (MScorsese,1985) donde la lujuria, el sueño húmedo y los bajos ambientes se mezclan poéticamente por un lado y terroríficamente por otro (la mirada y el dolor vuelven a tener protagonismo).

LA CASA DE ORLANDO (Page 111): entre surrealismo, al estilo de Giorgio de Chirico, en cuanto a la escenografía, un pequeño homenaje a Dorian Gray (a huir de DGray para ser más exactos) y los avatares que la soledad trae consigo. Todo dentro de un estilo tan minimalista que es quizá lo que perturba: la escasez de elementos y como estos son tan dañinamente significativos (un enano, un espejo, un beso…).

TE ESPERO EN EL TECHO (Page 113): mini relato, de la sorpresa angustiante a las respuestas de una sociedad de consumo más perversa si cabe. Todo en una sola página.

LOS ENDOS (Page 114): podría funcionar como una brillante secuencia de inicio de serie tv o saga literaria. En un mundo donde “la conciencia finalmente había evolucionado”. Acción, futurismo, distopía, y esas notas de cotidianidad y de “aquí no pasa nada” propias del estilo de Adrián Gastón.

Continuará…

por Javier Burdalo

PD: Aquí pueden conocer la obra y el trabajo de guionista y escritor de Javier, en su propio sitio web:

https://burdalo-guiones.eu/acerca-de/

Sensor

Al Margen, ehh

Ayer, ya que tenía que pasar por un médico, y estaba cerca la clínica donde nací, se me dio por ir a buscar el acta de nacimiento (¿se le dirá así?) Pasaron muchos años. Sin embargo, parece que hay un procedimiento para verla. Espero. Lo que me queda de eso es un papelito donde dice dónde y en qué fecha nací, y que nací “deprimido neonatal” Tal vez el acta diga algo más para sondear los orígenes de mi sordera.

La clínica era bastante horrible. Limpia y todo, pero con lugares para rezar por todos lados, parecía un lugar para velar muertos (en algunas el nacimiento y la muerte están más a la vista, parece) Tenía en un vértice, un triángulo cóncavo de cemento con una virgen, que daba bastante claustrofobia, donde se supone que las personas se arrodillan a rezar cuando las cosas no están muy bien en una clínica. Y cuando las cosas no están muy bien en una clínica u hospital, se supone que las cosas están muy mal.

Luego, después de ir al INCAA, ¡cuándo no!, hoy también tuve que ir, para que no haya novedades muy promisorias, estuve caminando un rato.

Se me cruzó una persona en silla de ruedas empujada por una chica. El joven (debía ser más joven que yo, o al menos tener treinta y algos) me dijo que había sido Pirata del asfalto, que lo habían abatido me dio a entender, por eso estaba en silla de ruedas, y que necesitaba ayuda. Contra todos los pronósticos, le di unos pesos. Primero miré la cara de la que lo empujaba para ver si tenía que creer eso y parece que sí. Era un auténtico ex pirata del asfalto. En rehabilitación, parecía ser.

Me pareció más creíble que todo lo que vengo escuchando hace mucho tiempo para obtener dinero en la calle. Así que me pareció correcto darle dinero al ex pirata del asfalto. Le expliqué que yo tampoco tenía mucho trabajo, por no decir nada, y que era sordo, pero mi mano fue más rápida que mi mente (no suelo darle plata a cualquiera que me lo pida, más que nada porque no la tengo o porque a veces no tengo ganas; uno es un ser humano también y a veces se cansa de todo)

Hace unas semanas crucé a un ciego. No me suele pasar, aunque me ha pasado. El ciego se empecinó en cruzar para la derecha, porque el semáforo todavía tenía unos minutos para hacerlo, y sabía que tenía que ir para ese lugar. Yo insistí en esperar que cambiara el que teníamos enfrente. El ciego se molestó bastante. Nunca pensé que el tiempo fuera importante para un ciego pero para este hombre con ceguera lo era.

Ahí me di cuenta algo que ya he visto en los ciegos. Tienen una petulancia que no tenemos los sordos (los sordos, como la novela de David Lodge, La vida en sordina, damos risa) He visto reírse en mi cara a personas y no los culpo. A mí también a veces me da risa, pero otras me quiero matar.

Y mi conclusión fue que su capacidad diferente, la del ciego, digamos, es muy clara, y están acostumbrados a ser tratados con consideración. No así los sordos que somos como una especie de seres vulnerables cuya discapacidad depende de cuánto uno se esfuerza a veces o no (no sé qué depende, pero está mucho más escondida que la de un ciego) El ciego, que sabía que era mi obligación cruzarlo, creo que ni siquiera me agradeció y se fue con su cara de piedra y su voz mandona por su camino. Los ciegos han sido bastante maltratados por la literatura (dan miedo, respeto, temor según Sábato, Eco, Sófocles) No hace falta más que recordar el diario de Bioy Casares sobre Borges donde, en un rasgo de humanidad (Borges se quedó ciego de muy grande, aclaremos) Bioy cuenta que, claro, Borges se meaba los zapatos.

A veces, cuando mis amigos me llevan a algún boliche, de los que ya no soporto el ruido más que una hora con los audífonos, suelo encontrarme con un ciego. Es joven. Parece dormitar en las mesas. Le gusta tomar. A mí también me gusta tomar (pero está caro para emborracharse en un boliche)

El ciego a veces baila solo. A veces es guiado. Acompañado por algunas mujeres o hombres que se prestan. Es grandote y si te ponés en el medio cuando estás caminando, medio que te hace correr con alguna palabra certera (que yo no suelo entender, pero su expresión ya me da autoridad). La persona ciega que busca la felicidad en las burbujas y el trap (o los hits de los ochenta; aunque es joven o parece muy joven) Me parece bastante correcto.  Al principio parece un  borracho ensimismado, pero cuando te das cuenta que tiene ceguera, uno se dice: esto está muy bien (por lo menos mientras dura la cerveza que estoy tomando)

Hoy Lucrecia (Martel) dijo en Venecia que no podía separar la obra del hombre. Y que las mujeres filman poco y nada (que es verdad) Le escribí, creo que a su Facebook para decirle que también las mujeres discapacitadas y los hombres discapacitados filman o escriben poco y nada. Es algo que se sostiene en el tiempo. Y son miradas que se pierden. No voy a negar el interés de mi parte en que esto cambie. Tampoco voy a negar que soy diferente a los demás (ahora estoy escuchando Trap o no sé, en Spotify, una lista de Éxitos Argentinos, muy rara, ciertamente; entiendo poco y nada, más entiendo las canciones que conozco y en inglés; querido Trap, no te entiendo ni medio; bueno ahora sí entendí unas palabras dicen: Quedate conmigo. Dejé por un rato los soundtracks y el rock internacional)

Siguiendo las palabras de la directora de cine argentina Lucrecia, si no podemos separar las obras del hombre, entonces tampoco deberíamos separar las circunstancias del hombre por el esfuerzo de realizar esas obras. Del hombre o mujer. Con más razón, las circunstancias personales, deberían ser tenidas en cuenta (aunque no estoy de acuerdo en que se valore una obra en función de una discapacidad, por lo menos debería ser mirada dos veces antes de descartarla; quizá con un ojo cerrado y el otro abierto, no sé) Nunca declaré una discapacidad para que se evaluara una obra hasta ahora, sí he hecho hincapié en ella para obtener trabajo o para que se reponga un premio quitado sin justificación más que seguir la lógica del poder.

Lucrecia se refería igual en juzgar moralmente a un hombre y entonces sí descartar su obra. Pero si vamos a juzgar, hay que juzgar todo, ¿o no?

Me llamó mucho la atención lo de no separar la obra del hombre (o mujer, según lo entiendo yo por la inteligencia de Lucrecia). Parece que se usa cuando a la sociedad le conviene más (no voy a opinar de Polanski, no sé su caso legalmente, leí su biografía, leí que estuvo preso, sé que mataron a su madre, a su esposa embarazada, en fin; eso no justifica su caso punible; pero para no separar al hombre de la obra hay que hacerlos con todos, entonces) El feminismo tiene que ponerse de acuerdo, el machismo también. Y los que estamos entre medio, como nosotros, lo que tenemos algún tipo de discapacidad que hace que veamos el mundo o lo escuchemos de otra manera (las mujeres con algún tipo de discapacidad no se sienten representadas por el feminismo muchas veces, lo sé) y que por lo tanto pedimos una nueva identidad, más cuando uno es lo más funcional que pueda a lo que llamamos sociedad, también tenemos que ponernos de acuerdo en si vamos a separar las obras (edificios, jardines, árboles, películas, libros, ropa, cosechas, tabaco, sillas, mesas, por poner ejemplos) del hombre, mujer y lo que llamamos diversidad y nuevas identidades.

Y hay que tener en cuenta que no todos los crímenes son visibles, si sólo perseguimos los crímenes visibles, lo que vamos a hacer es ponernos del lado del poder y del control. No creo que es lo que haya querido expresar Lucrecia, en su apoyo bienintencionado a la lucha de la mujer argentina.

por Adrián Gastón Fares

 

 

Mini manifiesto sobre el cine

Al Margen, ehh

El cine nunca es ficción totalmente.  A diferencia de la literatura, que también conozco bastante bien, el cine siempre enfrenta la realidad y el acto de filmar mismo es modificado por la realidad. Por lo tanto, por más que la historia sea de lo más inverosímil, el cine nunca deja de ser más real que la literatura.

La literatura tiene lo suyo igual, siempre es más personal. Es otra cosa.

Me llama la atención que las familias se desmadran cuando una figura matriarcal desaparece. ¿Cómo relacionarlo con el cine? Si no hay estrellas femeninas, si no hay una musa, todo se viene abajo tal vez. No lo sé, pero me llama la atención como tantas familias se han venido abajo cuando incluso la matriarca que habla desde una cama final deja de existir. Los primeros que caen cuando pasa eso son los más débiles, los descendientes creativos o las descendientes creativas o con algún costado artístico. O no caen pero siguen luchando a pesar de todo, con muchas dificultades.

Los extremos siempre se tocan y lo femenino y lo masculino también.

Los ensueños de la literatura parecen unos ensueños justamente al lado del cine, en el que uno debe enfrentar la realidad y modificarla. Es el arte supremo hasta ahora. El otro, la literatura, es un arte menos engorroso, suplente, muy solitario, nada bueno para un sordo como yo que igual quiere contar historias a toda costa.

por Adrián Gastón Fares

PD: Recomiendo el libro de Leila Guerreiro, Los suicidas del fin del mundo, gran crónica, gran libro, gran prosa.

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Mis audífonos nuevos

Cronología del desastre

ehh

Cronología del desastre

2007-2011 Filmo Mundo tributo con Leo Rosales, realizamos todo, es una producción independiente. Nos va muy bien. Estoy varios años distribuyéndola y nos va mejor. La película estuvo en BAFICI, y se vio en canales argentinos, brasileños y en festivales de muchos países.

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Por primera vez con audífonos en ambos oídos (como verán). Año 2012

 

2011-2012 Un otorrino me envía a sacar certificado de discapacidad y me da audífonos por primera vez en ambos oídos. A la semana de entregado los audífonos me voy a Ushuaia a realizar un trabajo audiovisual. Voy con un camarógrafo que me dice que yo no quiero escucharlo. Me hace poner mal hasta las lágrimas en el hotel. Vuelvo, con dolores terribles en el oído en el avión, y edito el trabajo (que llevo meses) y lo termino.

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Yo en “el Fin del Mundo”, Tolhuin, Tierra del Fuego

 

2013-2014 Entre algún que otro videoclip, provistos por gente que me ayudó como pudo, con los audífonos mal adaptados y sin saberlo, me pongo a realizar Gualicho de manera independiente. Para eso pido una cámara, realizo el storyboard. La cámara, por decisión del gobierno de ese entonces de cerrar importaciones, una cámara muy barata y chiquita, pero que servía para filmar un largometraje independiente, queda afuera; quedo a merced de un estafador que vive en Miami. Mi pareja tiene que hablar con él porque yo no me animaba a hablar por teléfono por temor a no escuchar bien. Meses para solucionar la estafa. No puedo ir al campo donde iba a filmar la película, estoy solo tratando de salir adelante con lo que me apasiona y estudié. Hago un casting solo con mi pareja (nadie vino a ayudar).  Fue un casting peligroso… Trato de seguir adelante luego de la tensión de la estafa y la adaptación a los audífonos. Pruebo la cámara filmando Cine sordo y otro cortometraje. Incertidumbre. Falta de autoestima. Desastre total. Termino solo y arruinado. Crisis de identidad. Me voy a buscar la solución a algo que ya tenía; era sordo (pensé que podía ser autista o tener Meniere) El momento más horrible de mi vida.

 

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Scouting de Locación para Gualicho cuando quería hacerla independiente. Merlo, Buenos Aires

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Otro Scouting de Locación para Gualicho de esa época

2014-2016 Psicólogos por primera vez en mi vida, psiquiatras, luego de un trabajo en una Obra Social en el que no me daban ninguna tarea, en un entorno hostil, donde llegué a estar en una habitación oscura sin baño, termino yendo por las tardes a un Hospital de Día (del centro, el de la Clínica Banfield)

Estaba sufriendo pero bancándola en la Obra Social hasta que me llegó una carta terrible que me pintaba como un monstruo terrible de alguien que yo apreciaba. Caigo en el abismo que explico en el párrafo anterior. No debería haberme llegado esa carta como discapacitado nunca. No era la manera de actuar en ese momento y mi familia y cualquiera que me quisiera de verdad debería haber evitado esa forma de comunicación.

Sigamos. Algunos decían duelo prolongado. Otros estrés postraumático. Terminó empastillado, tomando medicación por primera vez en mi vida para dormir y estar sedado -y un poco de antidepresivo y clonazepam- que no pude dejar hasta el día de hoy (aunque ya no creo en psiquiatras en lo más mínimo; menos en psicólogos para discapacidad) Me voy de viaje solo al sur. Un día me despierto y toda la comitiva se había ido de excursión sin que me entere. Me anotó a cursos y carreras, voy a un taller de guión para perfeccionar Las órdenes, otro de mis guiones de largometraje que pienso dirigir.

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Cuando me sacaron de la oficina solitaria y oscura por lo menos me mandaban a llevar muertos al Correo.

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Mi trabajo en la Obra Social con la estimada zorra multiuso

 

2016-2017 Las órdenes queda seleccionada en Colombia, me voy a Colombia a un taller de guión internacional (la única alegría que tuve en estos diez años desde que me dieron discapacidad) Buena gente, comprensiva. Reescribo mis novelas mientras trabajo en la Obra Social. No duermo y reescribo Gualicho, largometraje La presentamos con Leo a Ópera Prima 2016. No gana. La volvemos a presentar con otra productora presentante, que no hizo nada más que lo que yo ya había hecho, meses después yo reescribo el guión otra vez sin dormir y yendo trabajar a la Obra Social, mientras luchaba hace cuatro años para que me den los audífonos con amplificador en el oído que había pedido Magalí Legari, la fonoaudióloga que se dio cuenta que de que no había sido tratado bien en mi falta de audición.

La misma Obra Social donde trabajaba me hizo recorrer cielo y tierra hasta que me dieron los nuevos audífonos más potentes bajo amenaza de una médica del Hospital Guemes de que si era no era así cuánto antes deberían darme implantes urgentes y de un amparo que yo escribí y envíe a la Superintentendencia de Salud (recién me los dan a fines de 2018)

2017 Me acusan en el trabajo de no ir a retirar un sello durante mis vacaciones (sic, sí es así) Me cargan por no escuchar el timbre de la puerta y volver a tocar para que me abran desde afuera cumpliendo mi trabajo de cadete administrativo (en algún momento por suerte, me empezaron a mandar a todos lados, Edesur, Correo, Panadería, pagar las cuentas personales de los mismos empleados, en fin… cosas que hacen la mayoría de los sindicalistas) Dejo el trabajo en la Obra Social, ante el maltrato recibido los cito a todos en el INADI donde los ponen en su lugar, mientras mi pareja de ese año llora como una niña adelante mío por primera vez porque nota que necesito los nuevos audífonos cuanto antes (no escucho nada cuando me quito los audífonos en la cama; es así, que le vamos a hacer; en la cama me tienen que mirar a la cara sin audífonos y si no no entiendo). Salgo bastante triste del INADI y pido que no se tenga en cuenta para un juicio y digo que sólo quería que el maltrato no se repita en otros discapacitados.

Un buen abogado me ayuda a zanjar la cuestión sin juicio ni nada (no quise hacer juicio y lo del INADI me pareció bien). Mi abogado igual creía, y lo respaldo aunque no lo hice para evitar malos tragos, que era para juicio.

Justo ganamos el premio Opera Prima Largometraje de Ficción 2017 por Gualicho con Leo Rosales como productor ejecutivo, yo como autor, guionista y Director (y la desastrosa productora presentante, Pamela Livia Delgado; pueden escuchar un audio de cómo nos trató ella en el sitio de YouTube de Corsologia)

Empiezan mis peregrinaciones al INCAA a pedir buen fin y justicia, mientras Pamela y el mismo INCAA me tratan a mí y a Leo Rosales de manera coercitiva. Me mandan a reescribir el guión para hacer todavía más barata una película barata (negligencia de la productora) Lo hago. Desastre personal otra vez. Pierdo calidad de vida, pierdo otra vez, incluso con un premio. Parece ser otro desastre del país, político también. Falta de un Ministerio de Cultura, falta de conciencia y sensibilización sobre la discapacidad (colaboro con el COPIDIS mientras estoy en la Obra Social, donde me ofrecen un trabajo nocturno de guía de tránsito, en fin) Pero lo del premio es otro desastre institucional del país, más o menos como lo de la estafa por querer comprar una cámara barata que no se conseguía acá y que se les ocurra cerrar las importaciones en 2012-13.

Escribo y desarrollo totalmente Mr. Time, un nuevo largometraje fantástico (2018-2019). Al concurso Blood Window que ganó Gualicho, mientras trabajaba en la Obra Social, había enviado también Embrión, otro largometraje en desarrollo, La venta un cortometraje largo. Tres guiones en los que trabajé día y noche mientras estaba de cadete en la Obra Social (ganó el largometraje; Gualicho, quién diría)

2019 Sigo sin inclusión, con el tinnitus, mis audífonos nuevos al cohete desde el 2018, luego de tanta lucha, sigo en el desamparo, yendo al INCAA a buscar justicia como este viernes que fui solo; hago público el destrato de mi familia y negación que justamente ocurre desde 2012 en adelante con más ferocidad (momento en que por primera vez en la vida llevo audífonos en ambos oídos luego de estar con una mala praxis de unos cuantos años al no ser tratado por mi sordera)

Sin futuro ahora, pensando qué hacer. Los diez años más duros de mi vida en todo sentido, algo que con un poco de justicia social, sentido común familiar y compresión del hostil círculo afectivo del momento más duro de mi vida se podría haber subsanado. Noto que pocos sordos tienen una historia tan tortuosa como la mía y me preguntó ¿por qué?

Tengo cuarenta y un años y la vida se me hizo justamente más difícil cuando me dieron el certificado de discapacidad en 2012, a los treinta y pocos. La gente fue durísima conmigo; todos. De los treinta y pocos en adelante mi vida fue una segunda sobreadaptación, la peor de todas. Ahora, mientras sigo tomando medicación que ni sé si debo tomar, pienso en la eutanasia como algo no tan horrible, más bien es algo que en Holanda y en otros países se puede conseguir con un poco de ahínco 🙂

por Adrián Gastón Fares (24 de Agosto de 2019)

 

 

Lista de películas Agosto 2019

Al Margen, ehh

Vuelvo a publicar esta lista con algunos agregados. Los que ya la leyeron vayan al final que hay algunos agregados, como Us, Once Upon a Time in Hollywood y First Reformed.

Desde la mirada de director, escritor y guionista, y no la de un crítico, claro, van mis opiniones de algunas de las películas y series que fui viendo y sus efectos inmediatos y a largo plazo (en algunos casos)

Dogman, de Mateo Garrone. No podía dormir luego de verla. Buscar aprobación…

The Beach Bum, de Harmony Korine. Me gustó mucho porque estaba medio borracho ese día y me sentí cercano al personaje principal. Además tiene buenas canciones.

Call me by your name de Luca Guadagnino Guadagnino pertenece a la sociedad secreta del buen gusto. Hay que llegar a la escena final. ¡Cuánta emoción!

La Odisea de los Giles, de Sebastián Borensztein. El terror se sentía en la sala. Recordar el 2001 argentino en esta época, por más humor que tenga la película de Sebastián, creo que recortó algunas risas y potenció otras. Es de esas películas que hay que ver con la sala llena.

La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel. Me hizo ponerme en la piel del protagonista. Película bastante triste.

At Eternity´s Gate, de Julian Schnabel. Entendí a Van Gogh un poco más. Creo más en la versión de su historia de Carriere que en las anteriores. No sé cómo termine escuchando en Spotify la canción Vincent, de Don Mclean, que me llevó a otra que grabó el mismo artista que usó David Lynch en Mullholland Drive (Crying, si no me equivoco)

Basquiat, de Julian Schnabel. Desde que la vi, a veces tengo ganas de decir que quiero irme a Maui.

Border, de Ali Abassi. Eh, ¿quiénes éramos?

Re loca, de Martino Zaidelis, esta remake argentina me gustó por varios motivos que no esconderé. Trabaja el actor de uno de los cortometrajes que escribí y dirigí Motorhome (aparece en una de las escenas; el siempre creativo Jonathan Jairo Nugnes) Fue producida por el buen productor argentino Sebastian Aloi (quien me ha dado algunos consejos sobre Gualicho y una atención que aprecio) y el personaje de Diego Torres me pareció muy risible, real y reconocible a kilómetros de distancia.

Rocketman, de Dexter Fletcher. Me gustan las canciones de Elton John y varios de sus discos. Raro que no me gustara esta película y me dejara un poco perplejo a la vez. Nunca vi cantar con burbujas bajo el agua. Admito que su comparación incomprable, la película sobre la vida del líder de Queen, tiene otra intensidad a nivel espectáculo. Pero también con esos ojos brillantes del final recuerda un poco a las películas de Zefirelli sobre Cristo que pasaban en Pascuas (lo que da bastante miedo; ese cristo sangrante con ojos azules brillantes siempre me dio terror) Además en Mundo tributo, el documental que produje y dirigí junto a Leo Rosales, no aparece ninguna banda tributo a Elton John.

Siguiendo con Guadagnino, su Suspiria. Su final me dio ganas de cambiar mi vida para siempre. El efecto duró bastante (tal vez persista) Recuerda un poco a los inicios del cine de terror, tiene esa fuerza explícita y elegante a la vez.

Okuribito (Departures), de Yojiro Takita. La última película japonesa que se llevó el Óscar a mejor película extranjera. No la había visto aún. No quedaba otra que me gustara. No soy de piedra. Ya verán en la película.

Io sonno il amore, de Luca Guadagnino (la volví a ver), como El desprecio de Godard. Las dos grandes películas sobre lo terrible, en el bueno y en el mal sentido, que es el amor.

John Wick 2, de Chad Stahelski. Me la recomendó la directora argentina Lucila Las Heras y de las tres es la que más me gustó. Me hizo acordar y extrañar al primer John Woo.

A Star is Born, de Bradley Cooper. Claro que salí con ganas de llorar de esta película y bastante triste. Fue la primera que vi con los audífonos nuevos (esas casualidades…) Empecé a escuchar a Lady Gaga y aprecié sus cualidades camaleónicas. Incluso me enteré del lupus que sobrelleva a través de un documental sobre su vida.

Toy Story 4, Josh Cooley. Me emocionó y me entretuvo.

Aterrados, de Demian Rugna. Demian supo captar cierta atmósfera del conurbano bonaerense en la que casi todos coincidimos en que es la mejor película argentina de terror argentina hasta el momemtum. No es perfecta en el guión pero mucho en la atmósfera, lo que no es poco decir.

Bridge of Spies, de Steven Spielberg. Así creo que deben ser los abogados y las personas, como el personaje que interpreta Tom Hanks (que existió en la vida real) No comulgo mucho con el ¿Serviría de algo?, como ya se nota en lo que escribo, salvo cuando medito, pero me parece una frase encantadora.

Mary Shelley, de Haifaa al-Mansour tengo que admitir que disfruté y me inspiró más esta película que la de mi querido Ken Russell (Gothic)

El Potro, de Lorena Muñoz. La vida es una lucha aunque seas exitoso y esa es una historia que se vuelve a contar cada tanto. Más allá de la banda sonora (no las canciones sino el score me pareció ajustado), la película tiene eso mortuorio, ya le encontraré el mejor adjetivo, tan argentino que casualmente puede encontrarse en otra, por ejemplo, de terror, como Aterrados (¿quién dijo que lo nuestro es el tango?; son los cajones de madera y la música acorde a la temática)

Esa película que llevo conmigo, de Lucía Ruiz. Fui a ver el estreno al Gaumont pero entendí menos de la mitad por el sonido de la sala, porque era un documental, y porque estaba detrás de todo (invitado por Leo Rosales) Tenemos que subtitular todas las películas, ponernos de acuerdo en eso en Argentina y en España si es posible.

Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar. Ese toque hitchockiano de las imágenes del principio es lo que más me gusta de él. Soy así. Es su ocho y medio, ¿no? No entendí bien al niño, lo que decía.

Us, de Jordan Peele. Después de Big, de Frank Marshall, es mi película preferida con un parque de atracciones. Trastorna un poco y no a través de griterío y dilaciones faciales a lo Babadook (ese cine de terror no me gusta: otro ejemplo de lo contrario de Us es Hereditary; no ví aún Midsommar)

En Netflix para ver ya mismo:

Una de mis pocas series preferidas es Mindhunter, con algunos capítulos dirigidos por David Fincher. La temporada 2, recién estrenada, está muy bien pensada y escrita. Juega con los personajes y con el espectador de manera magistral. También tiene capítulos dirigidos por el gran Carl Franklin, que hizo una película que me hizo feliz llamada Devil in a Blue Dress.

Una de mis últimos descubrimientos preferidos en el terror, mejor dicho corto, no se rían es: Toy Story: of Terror, de Angus Maclane. Gran narración. Dura veinte minutos y está en Netflix.

HBO:

La primera temporada de Westworld, creada por Jonathan Nolan, es notable por momentos y lo hace pensar a uno en qué está pensando y cómo lo piensa, justamente. El escritor de Jurassic Park debería tener una estatua en algún lugar. Aunque la serie supera a su versión de su propia historia que veíamos en Sábados de Super Acción.

Por último una reflexión, las buenas películas son esas que recordamos planos que al verlas otra vez nunca existieron.

por Adrián Gastón Fares

PD: nadie se puede quejar de la última de Tarantino, Once upon a time in Hollywood, ni los animales, ni los hombres, ni las mujeres; los únicos que se pueden quejar son los fanáticos y a esos Tarantino los iluminó con su propia medicina. Una película que parece gestada entre vinos y actores, sincera en casi todo. Terrible, como debe ser el cine (de melancólica no tiene nada, leí por ahí que decían eso algunos; no comprenden) Más: siempre me pareció que Tarantino iba a poner Summertime, la versión de Billy Stewart, aunque sea un poco, en alguna de sus películas.

Me falta ver Parasite (Gisaengchung) de Boon Joon Ho (Memories of Murders es su mejor película hasta el momento, no me terminó de convencer ni The Host, ni menos, Snowpiercer, no sé por qué)

Otra que quiero agregar es la implacable y notable, más con el tema Amazonas y todos esos árboles que derribamos y no plantamos (no debería hacerme cargo, yo planto árboles cuando puedo) First Reformed, de Paul Schrader.

El viejo guardaespaldas

Cuentos

 

Se sabe que en el terreno de la casa donde creció Glande, había vivido un tal Barrachetti, antes policía y guardaespaldas de Yrigoyen. El ex guardaespaldas tenía joyas y armas enterradas en algún lugar del lote. El abuelo italiano de Glande, que había trabajado como un bestia toda su vida de albañil (recién ahora Glande se da cuenta que sus abuelos compartían algo, el gusto por la construcción, aunque uno era albañil y el otro maestro de obra), terminó comprándole al hombre una parte del terreno para levantar una casa donde viviría su hija y su yerno. El viejo Barrachetti enfermó y murió. Nunca se supo qué fue de sus joyas.

Un día que los padres de Glande se fueron a la costa y lo dejaron cuidando la casa, sonó el timbre dos veces. Bajó a abrir la puerta y se encontró a un hombre de larga barba blanca y bigote amarillento. Edad muy difícil de precisar. El tipo le dijo si podía darle un poco de agua, con eso se conformaba. Glande le trajo un vaso y una vez saciada la sed del extraño, cerró la puerta y volvió a la computadora. Metió un casete y después de las líneas de colores apareció un juego de matar zombis.

A la noche se hizo revuelto de arvejas, tratando de incorporar los consejos que le había dado su abuela Delfina sin ningún éxito, no la pegaba con la mezcla, pero igual quedaba comestible. Sus primeros pasos en la cocina. De noche tenía miedo en la casa grande. De chico jugaba a las escondidas con sus amigas, su hermana y su madre. Cuando la descubría con el haz de la linterna, su madre ponía los ojos blancos. Glande se pegaba cada susto. La infancia de Glande parece no haber transcurrido en Lanús, sino en algún lugar cálido y mágico. Eso habrá sido hasta los ocho años, más o menos cuando Maradona metió el famoso gol y su abuelo se murió, Glande se sintió expulsado del habitual paraíso. De a poco sus amigos y amigas se mudaron del barrio. Todo cambió, aunque tal vez la felicidad siguió mucho tiempo más y Glande no se acuerda. Esa manía de anclar algunos momentos de la vida no tiene mucho sentido.

Resulta que el hombre volvió a aparecer al día siguiente y le preguntó si tenía alguna maquinita de afeitar para prestarle. Glande decidió que no servía hacer lo que hacía siempre ahora que no estaban sus padres para controlarlo. Dejó al hombre en la puerta, entró, dobló la punta de la página del libro que estaba leyendo y volvió a buscar al hombre. Lo hizo pasar y lo acompañó al baño, donde le dio su propia máquina de afeitar y una tijera. El hombre no le agradeció, usó la tijera para cortar la punta de la barba y después dirigió la hoja reluciente a su mejilla, como si todo ya estuviera pactado de antemano y lo que Glande hacía en ese momento fuera algo que debía haber hecho hace mucho tiempo. Luego fueron a sentarse en el sillón frente al ventanal del primer piso que da al jardín de la casa. Los dos se quedaron en silencio, disfrutando del sol de la tarde.

La madre de Glande le contó que el ex guardaespaldas vivía en una casa prefabricada, en la punta del terreno, al que ninguno de los chicos del barrio se acercaba demasiado porque en seguida salía a través de la ligustrina su escopeta. Varias veces el abuelo de Glande lo había denunciado a la policía sin que lograran cambiarle la costumbre.

Al atardecer, el hombre se levantó, se dirigió a la puerta de la casa, la abrió y fue dejando pasar a otros seis que llevaban cada uno una bolsa de plástico negro y una pala. Él se quedó mirando desde arriba, de pie frente a la ventana. Los hombres se distribuyeron por el terreno, cerca del olivo, y empezaron a cavar. Glande se concentró tanto en distinguir las siluetas oscurecidas, que cavaban y cavaban, que se quedó dormido de pie. Soñó que él también era una de las siluetas que cavaba. Se despertó en el sillón y era todavía de noche aunque cantaba un gallo. La casa estaba vacía.

Bajó la escalera hasta el jardín y vio que en un solo lugar la tierra estaba removida en vez de los seis que esperaba. Un círculo sin césped pero nivelado. Salió a la calle a buscar al hombre. Encontró a una perra abandonada. La hizo pasar, ya tenía la coartada para la tierra removida.

Se levantó al otro día y salió al jardín. La perra estaba sobre dos patas, guardiana, cerca del círculo donde habían escavado la noche anterior. Glande no le dio importancia, entró a su casa, se puso a hacer ejercicio con pesas, después se acordó de almorzar, después intentó tocar la guitarra, después retomó su lectura, desdoblando la punta de la hoja que había doblado el día anterior, después bajó al jardín. Se estaba haciendo de noche. La perra estaba esparciendo la tierra removida. Glande se acercó lentamente, dispuesto a apartarla con el pie, cuando vio que de la tierra removida surgía la cara afeitada del hombre que lo había visitado el día anterior. Estaba con los ojos abiertos, sin pupilas, solamente lo blanco. Glande estaba pensando si alguno de sus compañeros había traicionado al hombre y lo había asesinado para repartirse lo que hubieran encontrado, cuando el hombre abrió la boca para respirar y le dijo ¿Qué pasa? Ah, Roberto, gracias por ayudarme. Te voy a explicar. De ahora en más, cada vez que quiera decirte algo, la perra ésta, no sé qué nombre le habrás puesto, se va a acercar, me va a destapar, y te voy a hablar.  Glande: Justo la agarré de la calle para que mis viejos no protestaran por el agujero. El hombre pestañeó. No le prestó atención a lo que Glande decía. Lo habían enterrado parado y miraba hacia la copa del árbol.

-Sabés que a través de la tierra puedo ver las estrellas… Igual lo que te diga cada vez que esta perra se acerque y me destape, no te lo vas a acordar. A veces vas a sentir que tenés la certeza de algo y eso va a ser porque el hombre enterrado al lado del árbol te lo dijo, a través de la tierra negra, a través del pastito que pueda crecer.

El hombre alejó con la lengua una hormiga que le molestaba en la mejilla y empezó a hablarle de uno de los soldados de Napoleón. Glande no se acuerda más. Solamente a la perra echando otra vez la tierra sobre la cara del hombre. Con el tiempo, no hizo falta que la perra se acercara a destapar al hombre enterrado para que pudiera hablarle.

por Adrián Gastón Fares

Lista de películas, series y sus efectos a corto y largo plazo

Al Margen

Desde la mirada de director, escritor y guionista, y no la de un crítico, claro, van mis opiniones de algunas de las películas y series que fui viendo y sus efectos inmediatos y a largo plazo.

Dogman, de Mateo Garrone. No podía dormir luego de verla. Buscar aprobación…

The Beach Bum, de Harmony Korine. Me gustó mucho porque estaba medio borracho ese día y me sentí cercano al personaje principal. Además tiene buenas canciones.

Call me by your name de Luca Guadagnino Guadagnino pertenece a la sociedad secreta del buen gusto. Hay que llegar a la escena final. ¡Cuánta emoción!

La Odisea de los Giles, de Sebastián Borensztein. El terror se sentía en la sala. Recordar el 2001 argentino en esta época, por más humor que tenga la película de Sebastián, creo que recortó algunas risas y potenció otras. Es de esas películas que hay que ver con la sala llena.

La escafandra y la mariposa, de Julian Schnabel. Me hizo ponerme en la piel del protagonista. Película bastante triste.

At Eternity´s Gate, de Julian Schnabel. Entendí a Van Gogh un poco más. Creo más en la versión de su historia de Carriere que en las anteriores. No sé cómo termine escuchando en Spotify la canción Vincent, de Don Mclean, que me llevó a otra que grabó el mismo artista que usó David Lynch en Mullholland Drive (Crying, si no me equivoco)

Basquiat, de Julian Schnabel. Desde que la vi, a veces tengo ganas de decir que quiero irme a Maui.

Border, de Ali Abassi. Eh, ¿quiénes éramos?

Re loca, de Martino Zaidelis, esta remake argentina me gustó por varios motivos que no esconderé. Trabaja el actor de uno de los cortometrajes que escribí y dirigí Motorhome (aparece en una de las escenas; el siempre creativo Jonathan Jairo Nugnes) Fue producida por el buen productor argentino Sebastian Aloi (quien me ha dado algunos consejos sobre Gualicho y una atención que aprecio) y el personaje de Diego Torres me pareció muy risible, real y reconocible a kilómetros de distancia.

Rocketman, de Dexter Fletcher. Me gustan las canciones de Elton John y varios de sus discos. Raro que no me gustara esta película y me dejara un poco perplejo a la vez. Nunca vi cantar con burbujas bajo el agua. Admito que su comparación incomprable, la película sobre la vida del líder de Queen, tiene otra intensidad a nivel espectáculo. Pero también con esos ojos brillantes del final recuerda un poco a las películas de Zefirelli sobre Cristo que pasaban en Pascuas (lo que da bastante miedo; ese cristo sangrante con ojos azules brillantes siempre me dio terror) Además en Mundo tributo, el documental que produje y dirigí junto a Leo Rosales, no aparece ninguna banda tributo a Elton John.

Siguiendo con Guadagnino, su Suspiria. Su final me dio ganas de cambiar mi vida para siempre. El efecto duró bastante (tal vez persista) Recuerda un poco a los inicios del cine de terror, tiene esa fuerza explícita y elegante a la vez.

Okuribito (Departures), de Yojiro Takita. La última película japonesa que se llevó el Óscar a mejor película extranjera. No la había visto aún. No quedaba otra que me gustara. No soy de piedra. Ya verán en la película.

Io sonno il amore, de Luca Guadagnino (la volví a ver), como El desprecio de Godard. Las dos grandes películas sobre lo terrible, en el bueno y en el mal sentido, que es el amor.

John Wick 2, de Chad Stahelski. Me la recomendó la directora argentina Lucila Las Heras y de las tres es la que más me gustó. Me hizo acordar y extrañar al primer John Woo.

A Star is Born, de Bradley Cooper. Claro que salí con ganas de llorar de esta película y bastante triste. Fue la primera que vi con los audífonos nuevos (esas casualidades…) Empecé a escuchar a Lady Gaga y aprecié sus cualidades camaleónicas. Incluso me enteré del lupus que sobrelleva a través de un documental sobre su vida.

Toy Story 4, Josh Cooley. Me emocionó y me entretuvo.

Aterrados, de Demian Rugna. Demian supo captar cierta atmósfera del conurbano bonaerense en la que casi todos coincidimos en que es la mejor película argentina de terror argentina hasta el momemtum. No es perfecta en el guión pero mucho en la atmósfera, lo que no es poco decir.

Bridge of Spies, de Steven Spielberg. Así creo que deben ser los abogados y las personas, como el personaje que interpreta Tom Hanks (que existió en la vida real) No comulgo mucho con el ¿Serviría de algo?, como ya se nota en lo que escribo, salvo cuando medito, pero me parece una frase encantadora.

Mary Shelley, de Haifaa al-Mansour tengo que admitir que disfruté y me inspiró más esta película que la de mi querido Ken Russell (Gothic)

El Potro, de Lorena Muñoz. La vida es una lucha aunque seas exitoso y esa es una historia que se vuelve a contar cada tanto. Más allá de la banda sonora (no las canciones sino el score me pareció ajustado), la película tiene eso mortuorio, ya le encontraré el mejor adjetivo, tan argentino que casualmente puede encontrarse en otra, por ejemplo, de terror, como Aterrados (¿quién dijo que lo nuestro es el tango?; son los cajones de madera y la música acorde a la temática)

Esa película que llevo conmigo, de Lucía Ruiz. Fui a ver el estreno al Gaumont pero entendí menos de la mitad por el sonido de la sala, porque era un documental, y porque estaba detrás de todo (invitado por Leo Rosales) Tenemos que subtitular todas las películas, ponernos de acuerdo en eso en Argentina y en España si es posible.

Dolor y Gloria, de Pedro Almodóvar. Ese toque hitchockiano de las imágenes del principio es lo que más me gusta de él. Soy así. Es su ocho y medio, ¿no? No entendí bien al niño, lo que decía.

Us, de Jordan Peele. Después de Big, de Frank Marshall, es mi película preferida con un parque de atracciones. Trastorna un poco y no a través de gritos y dilaciones faciales a lo Babadook (ese cine de terror no me gusta: otro ejemplo de lo contrario de Us es Hereditary; no ví aún Midsommar y no me atrae por ahora)

En Netflix para ver ya mismo:

Una de mis pocas series preferidas es Mindhunter, con algunos capítulos dirigidos por David Fincher. La temporada 2, recién estrenada, está muy bien pensada y escrita. Juega con los personajes y con el espectador de manera magistral. También tiene capítulos dirigidos por el gran Carl Franklin, que hizo una película que me hizo feliz llamada Devil in a Blue Dress.

Una de mis últimos descubrimientos preferidos en el terror, mejor dicho corto, no se rían es: Toy Story: of Terror, de Angus Maclane. Gran narración. Dura veinte minutos y está en Netflix.

HBO:

La primera temporada de Westworld, creada por Jonathan Nolan, es notable por momentos y lo hace pensar a uno en qué está pensando y cómo lo piensa, justamente. El escritor de Jurassic Park debería tener una estatua en algún lugar. Aunque la serie supera a su versión de su propia historia que veíamos en Sábados de Super Acción.

Por último una reflexión, las buenas películas son esas que recordamos planos que al verlas otra vez nunca existieron.

por Adrián Gastón Fares

PD: nadie se puede quejar de la última de Tarantino, Once upon a time in Hollywood, ni los animales, ni los hombres, ni las mujeres; los únicos que se pueden quejar son los fanáticos y a esos los iluminó con su propia medicina. Una película que parece gestada entre vinos y actores, sincera en casi todo. Terrible, como debe ser el cine (de melancólica no tiene nada, leí por ahí que decían eso algunos; no comprenden)

La sordera y la suerte familiar

Al Margen, ehh

 

Antes de leer lo que sigue me ayudaría que se empapen en el tema. Hay más estudios en España que en Argentina sobre cómo reaccionan las familias con un integrante con discapacidad adquirida. Como esta descripción simple que invito a leer.

Además de este texto me gustaría que estén al tanto de los trabajos de la terapeuta Alice Miller, que ya por finales de los 70 abogaba por un mundo donde podamos estar más cerca de nuestros sentimientos para evitar mayores males personales (de los que tal vez ella no puedo escapar) y sociales.

Las repercusiones principales de la discapacidad en la familia

La suerte familiar. 1 de Julio de 2019 (correcciones del 19 de agosto de 2019) 

Ayer mi hermana dijo enfrente de mi madre que, para no enfrentar mi discapacidad, pensé, quería llevarse a mi padre a otro país y abandonar a mi madre.

Hoy descubro que mi hermana tiene intenciones de internar sin su consentimiento a su madre porque ella reconoce mi discapacidad y mi hermana ayer me dijo que yo era un pelotudo, no un sordo. Un pelotudo que anda diciendo que tiene sordera. Lo que molesta muchísimo a este grupo familiar.

La negación que lleva adelante mi padre y mi hermana contra mi situación siempre me afligió.

No sentirse comprendido ni sentir ningún cariño a uno lo desarma y destruye psicológicamente.

Hace un año pedí ayuda a mi madre por la situación que estoy viviendo (dejé ir, o perdí, a una pareja por no tener dinero por dedicarme a trabajar para un premio que gané en el Instituto de Cine Argentino (INCAA) para filmar la película que escribí Gualicho, y tenía problemas serios con una psicópata ejemplar (¿será mejor decir esto que especuladora, negligente -no leyó nunca el guión de Gualicho según les dijo sin ningún reparo a los del propio INCAA y presentó un presupuesto falso, menospreciadora de directores y directoras, en fin: la productora presentante de mi película ante el Instituto de Cine Argentino)

Mis progenitores son buenos para ir a manosantas y curas barbudos, incluso traerme un vendehumo violador a la casa, pero no para ayudar porque no entienden que el contexto es algo que uno forma no algo que lo regala dios, la fuerza de la atracción o lo que fuera en que cada vez cree más esta sociedad que también en su conjunto mayor se dirige al oscurantismo (como ya lo expliqué bien en otro posteo)

Tampoco me conviene ir a visitarlos porque la negación que llevan a adelante hace tiempo ya es insalvable. No quieren ser tratados por psicólogos ni psiquiatras, no quieren acercarse a grupos de apoyo para entender; en fin, es una mala familia como hay tantas, pero como ya han dicho, cada mala familia es diferente.

Mi única hermana y mi padre, niegan mi discapacidad y niegan cómo nací (el otro día mi padre me dijo que cómo iba a tener sordera yo, si a pesar de no saber afinar un instrumento, en la adolescencia yo tocaba la guitarra eléctrica con amplificador)

Nací con hipoxia perinatal y tengo certificado de discapacidad por investigar por mi cuenta mi problema que no fue tratado hasta que yo fui grande.

Mi familia se desentendió del problema y ahora que lo hago visible pretenden que nunca pasó.

Especialmente mi hermana y mi padre que son causantes de que yo esté así, de que la tristeza y la desolación me haya cercado sin ningún tipo de miramiento familiar. Mi tratamiento llegó tarde por esta negación compulsiva marca Mi Familia Querida.

La actitud discriminatoria duele más en los familiares que en los demás.

Mi hermana, como otras veces, pretende internarme en un psiquiátrico si persisto en mi expresar mi identidad (acá había puesto tristeza, pero no es eso; yo para ellos no puedo haber nacido y vivido con sordera) y hacer lo mismo con mi madre, porque mi madre reconoce mi condición y es la única de la familia que sabe como nací (y ciertas cosas de cuando yo era chico que han ocultado)

Han ocultado como nací toda la vida, y ha sido un proceso de identidad descubrir mi condición y tratarla.

He luchado por mi cuenta por tener los audífonos porque nadie de mi familia me ayudó en eso. Es más, hubieran preferido que nunca los tuviera. Ahora, como pasó en las últimas fiestas, si los audífonos me acoplan, se entrecruzan miradas furtivas, que justamente por mi visión periférica adiestrada de sordera puedo ver, y son incapaces de decirme a mí que me están silbando los audífonos.

Vivo solo, con una gata, veo a algunos amigos, hablo con amigas, a veces veo a mi madre. No he podido reanudar conversaciones ni con mi padre (al que considero un psicópata moderado, casi como el Baldomero Ortiz de mi novela Intransparente; de hecho fue una gran inspiración para los costados más familiares de ese personaje) ni con mi hermana (que se ve que aprendió bien de él; nuestra relación es intermitente porque con ella yo tengo que ser alguien que no soy) Si no hay terceros presentes se me hace muy difícil hablar con ellos porque su verdadera personalidad sale a flote (especialmente la de mi padre)

Sé que esa relación a mí no me conviene porque tarde o temprano clavan el aguijón. Eso no quiere decir que no tenga deseos de estar con ellos, de hacer un asado, de que las cosas vayan bien (cosas tal vez imposibles)

Perdí a la gente que quería porque mi padre me ha hecho pasar por quien no soy, terceros llegaron a decir que estaba matando a mis progenitores (por dedicarme al cine, estudiar, no darles problemas con los estudios ni nada de eso; en fin, los sociópatas son hábiles en manipular en el entorno para quedar siempre ellos como víctimas), y siempre mis progenitores se hicieron la víctima para no aceptar mi situación. Siempre hubo alguna excusa.

Yo así como estaba y todo, siempre fui una especie de victimario y la razón no la puedo comprender. No lo fui para mis abuelas, no para mis tías (que veían con extraños ojos a mi padre) pero sí para mis progenitores, a los que nunca les traje ningún disgusto resonante (incluso mi padre, cuando yo estaba entre antropología y cine, me comentó que existía una carrera llamada Diseño de Imagen y Sonido, tampoco se opusieron a que estudiara eso ni a que yo terminara la carrera lo más rápido que pude como alguno de mis amigos y amigas para persistir en mi decisión de hacer cine, escribir y contar historias)

Todo indica que la negación es una defensa instintiva contra algo que debían aceptar y no podía ser aceptado.

Sin audífonos y gracias a la colaboración de mi abuela materna puede irme de mi casa a los veinticinco años. Viví con una sensación de que debía descubrir algo y enfrentarlo desde entonces. ¿Han tenido sueños de que siguen en la secundaria o en la universidad?No creo en casi nada, pero sí creo en los sueños.

En las reuniones sociales me iba a la cama temprano muchas veces (en la costa recuerdo, a los veinte, en la casa de un amigo, mientras los demás se quedaban jugando a las cartas, yo no podía, estaba exhausto, ya había hecho mucho esfuerzo durante el día para estar a la par de las voces)

Ahora a veces me voy a la cama esperando soñar, es una de las formas de la aventura o de la felicidad. La realidad es dura y la noche trae sueños en los que uno puede hamacarse hasta las estrellas o quitarse el pañuelo de seda de un traje que nunca compró para enjugarlo en inexistentes pero sentidas lágrimas.

Pero en la realidad, en el pasado, cuando llegó la verdad, un certificado de lo que ya venía diciendo, llegó también la incomprensión y los maltratos recrudecieron, incluso el hacerme pasar por otro que no soy delante del círculo afectivo que me sostenía.

Esta vez no quiero que me pase lo mismo.

Hace un tiempo a raíz de la situación que estaba ocurriendo con la productora presentante de mi película (que tiene de abogados a los mismos de la película La Odisea de Los Giles, para dar un ejemplo de la desigualdad social entre ella y yo), el INCAA con su negligencia y una pareja que como no pude filmar me abandonó porque esta vez decidí no seguir repartiendo empanadas en una Obra Social y aceptar un futuro porque la otra persona me pareció que me bancó cuando fui exitoso (daba resultados; ajenos a mí, un premio no es algo que uno pueda controlar) y después te da una patada en el culo (no das resultados, cuando otra cosa que sí no puedo controlar para nada como es el hecho de que una productora no acepte firmar un contrato o una institución te haga trabajar para un fraude; ahí se acaban los festejos de aniversarios en Million o las visitas a la falsa panadería francesa; no todas las mujeres lo aguantan), pedí ayuda a mi madre para que intervenga la familia (en vez de terminar solo encerrado en una habitación de una Obra Social oscura como me pasó en 2015 al pasar más o menos lo mismo pero mucho peor en esa ocasión, soledad y tristeza, sin trabajar de lo que me gusta, y recién con audífonos luego de no tenerlos nunca) prefería sentirme acompañado aunque sea los fines de semana para que me ayuden a filmar, aunque sea de manera independiente, lo que sea, algo que ellos supieran que podría hacerme feliz. Pero me equivoqué porque ellos no tienen ni idea ni nunca la tuvieron de que me puede gustar. Siempre fui yo el que piensa qué le puede gustar al otro y no ellos.

Puntualmente, le pedí a mi madre que armara una especie de red de ayuda para que yo no cayera en el desamparo y la desesperanza otra vez.

Porque ya me había caído una vez (con caer no estoy hablando de las adversidades comunes; hablo de la destrucción total de un ser humano) y me había levantado solo, pero dos veces ya es pedir demasiado. Más con lo dura (durísima) que fue la primera (la destrucción total de un ser humano)

No creo en la resiliencia eterna. No creo que nos haga mejores personas. La adversidad no siempre es buena. Un poco sí, mucho, no sabemos en qué puede terminar. Yo ya era sensible desde antes de los golpes más duros, no sé si recibirlos me ha hecho mejor. Hay que dar y no esperar nada a cambio, dicen. Tal vez sea así. Es una de las formas de ser dichoso algunos días y desdichado en otros. Pero uno no puede dar nada cuando siente opresión, no se siente útil, o está ovillado en el piso, como termina el protagonista de mi guión de largometraje Las órdenes.

Entonces, sigo, mi hermana contesta a mi pedido de ayuda diciendo que yo soy pelotudo, no sordo, que es lo mismo otra contingencia como no haber tenido hijos con su ex pareja en su caso, como dijo, que ser sordo o tener discapacidad, que yo no debería apoyarme en lo más mínimo en la familia a nivel afectivo. Que para eso están los psicólogos. Que yo ya soy un adulto con cuarenta años cumplidos y por lo tanto ahora que siga sonriendo en la estampita familiar. Esa donde uno tiene que ser quien no es, por conveniencia, pero que todos saben que es más divertido cuando uno era quien era (uno es o no es, lo feo es que no te dejen ser).

No se puede jugar con la identidad que no está formada sólo por las faltas si no también por los excesos. Con excesos me refiero que a no escuchar sigue el mirar mucho, leer mucho, curiosear mucho, pensar quizás, planear, jugar con la seriedad de cuando era niño. Uno se aleja de algunas costas y pedir que uno vuelva sin algas colgando es un poco difícil.

Mi hermana debería tener conciencia de la discriminación y el dolor que me está causando (como también debería haberla tenido mi padre)

Pero a la vez estoy luchando contra otro efecto colateral, estaba vez estatal. Mis intentos por integrarme en mi labor tienen que ver con mi objetivo final de no depender para nada de mi familia. Estos intentos han sido hasta el momento malogrados por razones ajenas a mí.

Cuando me pidieron el CUD (Certificado Único de Discapacidad por Hipoacusia Neurosensorial Bilateral), en 2012, solamente estaba mi madre el día que fui al Otorrino; no así el día que fui a las cinco de la mañana al Hospital a tramitarlo, ahí fui con un libro, solo, pero antes ese día que me lo pidieron tramitar a mi madre le dijeron que yo no podía hacer cualquier trabajo porque estaba sin tratar (sin audífonos adecuados; y podía meter preso a un inocente si era abogado; cosa que no soy, claro, por lo tanto no había problemas de ese nivel, digamos) lo que vino después fue increíble, no citaron a mi entorno (los médicos y/o terapeutas) para ponerlos al tanto de lo que yo iba a vivir, lo tuve que explicar yo, todo esto resulta en que hasta el día de hoy sigo tratando de explicarle a mi hermana, y ni hablar a mi padre, mi discapacidad (una hermana que en vez de al otorrino me había mandado en 2014 a un homeópata que me terminó diciendo que yo tenía Meniere, algo que no tengo), y tengo que aguantar que me diga que soy un pelotudo, uno que no se puede adaptar a la sociedad porque le gusta el cine, escribir y pretender haber sido sordo (yo estoy seguro de estar sobreadaptado; de haber hecho un sobreesfuerzo y que ese mismo sofreesfuerzo hizo que cosas que contentan a otros a mí no me despiertan la curiosidad ni me dan alegría para nada; a pesar de que me gustan las cosas simples como caminar y plantar un árbol, también me gusta esa palabra tan desusada llamada arte o creación artística) Dice que soy un pelotudo porque un día no oí que el agua en mi departamento fluía; pero que soy más pelotudo, me dijo ella, por haberlo publicado en mi Facebook y en este Blog (o sea, no quiere que se sepa que tengo estas dificultades; que tengo sordera y eso me afecta; porque escribir eso me hace quedar como un idiota)

Lo mismo ocurre con mi padre que me ha maltratado verbalmente (dice hasta el día de hoy que estoy poseído y me pone estampitas de santos; todo esto empezó cuando empecé decirle que era sordo, digamos, y un poco antes también; cualquier persistencia y expresión de descontento para él parece ser posesión, más cuando uno le falta el respeto que nunca se ganó o que hace mucho tiempo perdió significación para mí, el respeto familiar no significa nada para mí, el cariño, la comprensión, sí) y físicamente (golpes, los aguanté porque siempre fui de poner la otra mejilla, o porque tal vez esté acostumbrado a creer que en el fondo, los merezco; no hay otra manera de entender como he sido tan vulnerable a los demás en mi vida)

Mi hermana afirma que todos se ríen de mí porque puse en Internet que el agua caía en mi casa y yo no la escucho. No coincido con eso. A mí no me causa gracia. Y me molesta muchísimo.

Con el beneplácito de un psicólogo mi familia me ha hecho quitar una entrada de mi novela corta online Kong donde contaba mi historia familiar paterna (mi madre me mandó un mensaje diciendo que me iban a asesinar; que si los habían matado en vez de suicidio a los familiares de mi padre -sigue la mentira- el posible asesino me buscaría para acabar conmigo también; me sorprende que así y todo no me haya vuelto nunca loco, ser demasiado cuerdo es quizá mi falta)

Entonces, mi hermana no entiende mi condición y me critica impunemente de la peor manera posible para mantener un lugar en la familia (una familia que casi no existe ya, somos cuatro) de privilegio.

Me gustaría que los manden a hacer tareas comunitarias en centros de discapacidad para que se empapen de las problemáticas que tenemos, y tuvimos, los que sobrellevamos alguna discapacidad. Hay unos cuantos y cuantas que deberían ir.

No hay manera de explicar el tinnitus a 7000hz o más. No hay manera de explicar que uno empezó la carrera dos cuadras atrás, si la vida fuera una carrera. Todo el trabajo hecho, de entes internacionales incluso, para neutralizar los efectos negativos de una discapacidad cae por el piso en tu familia primero y después a nivel institucional y social. Las dos cosas juntas es demasiado.

Es pedir que una persona aguante más de lo que debería aguantar (y aquí hago un punto y aparte, hablando sobre los derechos de las personas con discapacidad, una feminista me contestó por chat; y bueno salgan a la calle a lucharlos como nosotras; yo no estaba poniendo en tela de juicio los logros de las mujeres, pero le tuve que explicar que los discapacitados a veces no pueden salir a la calle tan fácilmente como otros; yo mismo no puedo estar en una manifestación con bombos, porque el ruido me molestaría tanto que no aguantaría; debería ir con tapones, que tengo, y sin los audífonos porque si los pierdo para ponerme los tapones estoy listo; además hay muchas diferencias entre esas luchas)

Volviendo a mi hermana tanto ella como mi padre tienen esa facilidad psicopática para mentir y decir que han hablado con personas, de manera amenazante, con las que nunca han hablado, para que uno crea que el problema es uno y no ellos. Cuando uno contacta a esas personas descubre que es mentira.

En 2014 tomé las riendas, llamé a mi primera ex novia, con la que salí ocho años y conviví para opine sobre cómo era yo y cómo era mi entorno. Me contó que estaba embarazada de su actual pareja, algo que me alegró, en cierta forma, y lo referente a mí dijo que mi sordera era muy notoria (la conocí cuando yo tenía 23 y nos separamos cuando tenía treinta años) que me cansaba muchísimo de escuchar y ya no lo hacía luego de un rato (en esa época no tenía audífonos pero sí había ya audiometrías desde los dieciocho; por qué no me dieron audífonos, y bueno; no hay que negar el poder de la negación de un entorno y de unos médicos que parecen estar demasiado ocupados con tantos otros pacientes) y me alertó que mi gran problema era mi padre que era muy cabezadura, duro, por decirlo de alguna manera.

Su viveza no la tuvo otra ex novia que creyó más a mi padre que a mí. Tal vez por tener otra sensibilidad (tal vez más aún; yo también fui sensible a mi padre; tal vez por algo fue una de las que más quise) Yo estaba débil y no debí exponerme de lleno a lo que iba a ocurrir una vez que me quedara solo y sin nada (más o menos como ahora, pero como dije en otro posteo, ahora me tengo a mí, en ese momento no estaba yo; me habían destruido totalmente)

Escribo esto porque de cualquier manera me siento en peligro. Hablo con muy poca gente, esto genera que tenga audífonos pero no los esté usando para practicar el escuchar. La soledad no es la mejor amiga del sordo. Un poco es maravillosa y mucho dañina como todo. Pero en este caso, hablar con la gente del supermercado, con el chino, la china, los vendedores, etc., y nunca hablar con nadie de lo que me gusta o muy poco encima, hace que mi rehabilitación auditiva esté detenida.

Mi familia sigue negando mi pasado, negar lo que ha ocurrido. No quiere brindar ayuda de comprensión ni resarcir con actos lo mal que han actuado.

La verdad de mi familia, la que quiere sostener mi hermana y mi padre, quienes me han maltratado y abandonado repetidas veces, incluso en los peores momentos, yéndose de vacaciones meses y dejándome aquí solo, sin nadie, apenas me habían dado audífonos, no tiene ningún resultado más que el de haberme maltratado desde su conducta psicopática sin haber sido nunca puestos en su lugar por nadie (para eso está el INADI pero estoy cansado ya con el otro tema de justicia que estoy luchando)

Que esta carta sirva para ponerlos en su lugar (incluso a cualquiera que se comporte de esta manera)

Debemos ser cada día más explícitos. Nunca comulgué con lo elusivo. Una cosa es ser grotesco y otra ser explícito. Una cosa es la brutalidad escondida y otra la honestidad.

Repito, en casos de discapacidad acreditada de mayor debe hacerse un esfuerzo para citar a la familia y  al círculo afectivo y ponerlos en su lugar. Médicos y terapeutas, especialistas en el tema, o gente sabia, lo que sea. 

Especialmente, cuando a uno mismo se lo hace saber que tuvo mala praxis o descuidado de los médicos anteriores.

Para colmo, ellos, mi familia, están en un entorno, en el que crecí, donde no se comprenden las cosas que me están pasando, bastante carenciado, en Lanús Oeste, con gente con poca o nula educación y un gusto por el oscurantismo y las creencias peligrosas muy marcado.

Mi familia es de ahí, los vecinos cada vez que se acercan a ayudar es para peor (por ejemplo, me mandan una fotografía de San Cayetano, y esas cosas; hasta me trajeron a una persona peligrosa a mi departamento como ya conté)

Mi hermana dice que no puede ayudar.

Esa carta de Change (sobre mi situación con la película y mi falta de inclusión) tuve que escribirla con ella, y estuve un año pidiendo que interceda porque yo veía brutal lo que me estaba haciendo la productora presentante y el INCAA, algo más que cualquier familiar normal sale con tapones de punta para defender (no hace falta que explique como mi familia nunca me ha defendido, lo saben bien varios conocidos, que han visto como me maltrataban en una Obra Social, y que yo se los contara a ellos, a mi familia, sin que la misma reaccione en lo más mínimo; no tienen empatía)

Cuando uno siente electricidad, emoción, porque otra persona le da una palmada en el hombro se da cuenta de qué es la comprensión y a compasión. Y tal vez incluso empiece a ser compasivo con uno mismo. Primera defensa contra la negación y contra la negligencia de los que deberían querer lo mejor para uno.

Todo esto lo único que puede causar es que yo caiga en la tristeza y desesperanza total, que tenga que exponer mi vida porque no soy un monje zen, que tenga que aguantar que los míos, digamos, me estigmaticen como “poseído”, como sigue diciendo mi padre, cualquier tipo de excusa para no hacerse cargo y aceptar que no tuve el tratamiento adecuado, y que la familia ha actuado de manera descuidada conmigo. Podría agregar que ya no puedo ver El exorcista, que es una película que detesto ahora; creo que, moralmente, nunca podría filmar algo así. Es más, El exorcista, me parece una película amoral.

Hablamos de discapacidad, hablamos de sobreadaptación, de invisibilización de una identidad y de un entorno familiar (falso self, dirían algunos psicólogos) totalmente peligroso y preocupante cuando uno no sabe cómo su vida va a seguir cuando tiene demasiadas cosas que resolver.

Siento que cualquier persona como yo debería estar preocupada en sobrellevar su sordera, su discapacidad, e incluso concentrada en otras cosas, pero dejar pasar esto otra vez no me parece una buena decisión. Documentarlo me parece la correcta.

No debería seguir sobre adaptándome toda la vida a los demás, especialmente cuando son gente insensible y peligrosa para la integridad moral de uno. Es muy importante saber quiénes son los otros para que uno pueda cuidarse. No saberlo antes es un acto de irresponsabilidad del que debo hacerme cargo.

La sobreadaptación lleva a la exhaustación, tanto física como mental.

Soy una persona con sordera, no un boludo ni un idiota. Lo siento mucho si los demás o las demás les molesta y les pesa.

He bajado mi propio cuadro de mi casa paterna, he hecho un esfuerzo por ser cada vez más comprensivo, me he enfrentado a mí mismo también, y espero lo mismo, o aunque sea un poco de eso, de los demás.

por Adrián Gastón Fares

Carta sobre la tremenda negligencia con un premio que he ganado.

ehh

Como sigo viviendo este agravio institucional y total negligencia de autoridades, quería publicar esto que he adjuntado al expediente de Gualicho para hacerlo publico. A la vez, como si este blog fuera un experimento, y ante el total desconocimiento de la ley de Cine y de los derechos de las personas con discapacidad que estoy padeciendo (que tiene un alcance internacional, según entiendo, adjunto aquí mi Certificado Único de Discapacidad) No puedo tolerar más los maltratos, las incomprensiones y la negligencia absoluta de las personas y las instituciones públicas argentinas. Y me parece un buen ejemplo para la o el que esté viviendo algo parecido, porque cuesta hacer valer estos razonamientos en cualquier país (y más en este) A estas alturas parezco el personaje Herzog, de la novela homónima de Saul Bellow, con estas cartas nefastas. Sepan disculpar, pero es ciertamente necesario.

14 de Agosto de 2019, Ciudad de Buenos Aires, Argentina

Gualicho Ganador Opera Prima Largometraje de Ficción

Expediente 8471/17

Estimados,

INCAA (Instituto de Cine Argentino y Artes Audiovisuales)

Presente

Gerencia Jurídicos y Presidencia INCAA

Dejo constancia, adjuntando mi Certificado de Discapacidad Único (CUD) de que consideramos un agravante que Gualicho, todo mi trabajo como Autor, Director y Guión para Gualicho (incluso el de desarrollador inicial y, por lo tanto, productor también) no llegue a buen fin con el descargo que presenté el 1 de abril de 2019 (Pedido de buen fin, cuanto antes, por mi falta de inclusión)

La manera en que fue tratado este premio Ópera Prima está en contra  de la ley 22.431    de Discapacidad, así como los artículos de la Ley 26.378 de la aplicación de la Convención Internacional de los Derechos de las personas con Discapacidad y su protección, inclusión, no discriminación e inclusión social. Lo que viví hasta el momento, con las dilaciones que el mismo INCAA puso en el camino, es totalmente negligente, por lo que considero las mismas, y a dilación aún corriente, como un grave perjuicio y daño moral y psicológico a través de los derechos nacionales e internacionales que me defienden.

Repito, es un daño y perjuicio tanto moral  como psicológico a mi persona lo que he vivido con INCAA hasta el momento (y las consecuencias que tuvo para mí, un ganador de un premio Opera Prima como Director; fui en que contestó al llamado que ustedes hicieron, por lo que considero como Fraude el accionar de los funcionarios involucrados en el mismo, más la actitud de no lograr un buen fin en trámites en que hemos sido asesorados por los mismos empleados del INCAA desde que salió el premio en 2017; incluso he expuesto a transparencia mi Discapacidad Auditiva solucionada con audífonos y también se la he explicado a la productora presentante, Pamela Livia Delgado, de que era delicado el tema de quitarme un premio y no dejarme crecer ni profesionalmente, laboralmente y creativamente, luego del gran esfuerzo que significó para mí escribir, desarrollar enteramente y trabajar en Gualicho)

Vuelvo a pedir con valor de URGENCIA que cuanto antes pueda seguir con la preproducción y producción de mi proyecto Ganador de Opera Prima Largometraje de Ficción BW INCAA.

Y si no se hará público el accionar, además de iniciar las acciones legales nacionales e internacionales, que se prestan a estos casos de mal asesoramiento, falta de transparencia, falta de decisión moral y ética en una institución pública como la que ustedes presiden.

Pido continuación URGENTE de la preproducción aún iniciada de mi película Gualicho, puesta en valor del premio como Autor, Guionista y Director, y el traspaso, según los ajustes necesarios más la actualización a mi persona, a Leo Rosales o productor responsable para la finalización del largometraje premiado. De otra manera, deberé iniciar las acciones requeridas para denunciar el delito que este expediente testifica.

Saludos cordiales,

Adrián Gastón Fares

Diseñador de Imagen y Sonido (UBA)

Autor, Guionista, Director y productor de Mundo tributo (con Leo Rosales) , Gualicho (Ganador como Guionista y Director Opera Prima Largometraje de Ficción) y Mr. Time

Certificado de Discapacidad Director de Cine Ganador Premio INCAA

CUD Certificado Único de Discapacidad Adrián Gastón Fares

 

Cine. Short Film by Adrian Gaston Fares / Cine Sordo – YouTube

ehh

Comparto un cortometraje que realice en 2013, si mal no recuerdo.

Tal vez lo hayan visto.

Varios amigos me dicen que grabe algo al respecto. Incluso que toque el tema de lleno de manera audiovisual o 360 (VR) Sería muy fácil para mí y por eso por ahora no hice una serie o una película sobre el tema.

Hay muchas cosas. Me aburre un poco algo que conozco tanto.

Sin embargo en ese momento sentí la necesidad de abordar mi sordera así. En realidad el principio y el final eran la idea de una película. El intermedio es lo que pude hacer en ese momento de manera independiente.

Puedo decir que a veces cuando no sabía era más fácil también. Cuando no entendía. Cuando pensaba que todos eran así. Cuando los audífonos no amplificaban todo sin discriminar.

También hice elecciones estúpidas. Esas elecciones son un agujero negro. La gente en la que confíe, incluso ayudé. Mi humanidad me engañó.

Ya no seré así.

Nunca olvidaré la prueba de audífonos. Ir a un bar con mis amigos y no animarme a acercarme a nadie.

La vida a veces es horrible. Tan fea que no vale la pena vivirla. Muchas veces pensé, más ahora con los inexplicables traspieses que tuve con mi trabajo audiovisual en este país, en la eutanasia. No creo que deba ser un tema tabú.

Pasa que soy demasiado curioso.

Y la balsa sigue navegando.

Por Adrián Gastón Fares

El costado familiar

Al Margen, Cuentos, ehh

Escribo echándole un vistazo cada tanto a un cementerio que tengo frente a mí. Uno que está lejos de los que conozco, los que más conocí. Está lejos de Lanús, donde crecí, de la zona donde fui al colegio, cuyos cementerios más cercanos son los de Avellaneda y el de Lomás de Zamora.

El de Lomás apenas lo entreví en una noche luego de un velatorio del padre de una compañera de colegio. Pero no estoy seguro si ese fue un sueño o fuimos en grupo con mis compañeros de colegio a ese cementerio a la noche. Sé que es uno de los cementerios más lóbregos que hay.

El de Avellaneda fue mi campo de juegos de chico. Mi padre me llevaba los fines de semana para visitar a su madre que había muerto cuando yo tenía un año de edad.

Así que nunca conocí a mi abuela materna, y si lo hice fue descansando en su regazo como pude ver en una fotografía.

Mi abuela paterna murió de un ataque (¿ACV?) a la mitad de sus cincuenta años. Supongo que fue la cantidad de cigarrillos que fumaba, pero otra manera de verlo es que se la llevaron la calidad y cantidad de los sufrimientos que tuvo. Era una persona alegre (me contó mi tía María, la enanita de Intransparente, donde ella es la única verdad; o la única no tergiversada) a la que nada le importaba, desinteresada.

Gran persona la enanita. No existen ya así; no había estudiado ella pero leía todos los libros de Agatha Christie que les llevaba. Hasta los de Stephen King. Ella se iba al final, los ojeaba ahí y los leía de atrás para adelante. Tenía creo que setenta años o más. Para ese entonces (los ochenta) era grande. Josefa Alvarez, agradezco tu presencia y tus cuentos (o tus historias)

En fin.

Mi abuela paterna había tomado mates con mi tía María (que no era María, ni tía; se llamaba Josefa Alvarez, como dije, y llegó a mi vida más o menos de casualidad, y fue una de las que alegró mi infancia; tenía una discapacidad, digamos, su mano estaba recluida, doblada; tenía una mano inutilizable; había sido fosforera de una fábrica)

En la época de las bombas, de la Revolución Libertadora, el esposo de mi abuela materna, A., mi abuelo, que es difícil imaginarlo abuelo porque tenía veintiséis años, apareció muerto en un apartamento. Suicidio. Dejó una carta escrita a máquina. Supongo que habrán encontrado el revólver. No lo sé. Un momento: apareció muerto en su apartamento es totalmente ficción. Yo siempre pienso, mi abuelo que se mató, que se disparó, que se suicidó.

A. era maestro de obras y trabajaba en un estudio de arquitectura.

Así, a los veintiséis años, alejándose de dos niños, mi padre y su hermana, mi tía paterna V., mi abuelo desapareció del mundo, antes de que yo naciera. Los Fares eran muchos hermanos que deben saber más que yo sobre lo que estoy escribiendo. Pero la verdad es que la vida se ha llevado a unos cuantos. Y otra es que nunca los conocí. O los conocí muy poco.

Acá hago un paréntesis porque la historia se bifurca.

Hay algunas dudas y se cree que a mi abuelo lo han asesinado (la carta está escrita a máquina) y por lo tanto que la muerte que sucede a la de mi abuelo es una consecuencia más o menos tangible, más o menos, dudosa; tal vez otro asesinato. La ficción que puede tener la realidad me supera, si es así, yo no sé cómo contar esto, no creo en tantas casualidades, y uno sabe que la vida es tan dura como el más entrenado de los asesinos. Así que sigamos sin más alteraciones. Los inventos paternos son más que sospechosos y no parecen coincidir con la realidad.

A los pocos años, V., la hermana de mi padre y la que hubiera sido mi tía, o es mi tía, porque la he hecho mi tía, decidió quitarse la vida. Desconozco las causas. En mi familia las dos muertes están rodeadas de esos secretos que forma el dolor, el miedo, y el utilitarismo.

Los médicos, siempre tan doctos y tan errados, recomendaron a mis padres que no me contaran nada hasta que fuera adulto. Así que siempre creí que mi tía se había muerto en un accidente (que es lo que los médicos recomendaron que me contaran) y mucho no sabía del destino de mi abuelo, al que, como dije, hasta decían que habían asesinado. Más o menos a los dieciocho años yo me enteré. No me quedaron muchas dudas. Leí cuentos de detectives desde chico.

Una día, un día gris, observé una urna en el cementerio de Avellaneda que contenía los huesos de mi tía. Eso causa una especie de mareo muy extraño.

Ahora sus restos están próximos a los cajones donde descansan los cuerpos de los italianos por los que fui querido y, que quise, y que ya no están. A veces las familias terminan de unirse en la madera y la piedra, como todo.

Mi familia tal vez hubiera sido distinta con mi abuela materna, con mi abuelo, con mi tía. Pero el destino no puede cambiarse.

Mi padre jamás quiso hablar del tema; él dice que es un extraterrestre si le pregunto y niega más o menos los hechos, o se pone a hablar de otras familias y sus faltas.

Mi familia se fundó sobre ese duelo, ese suelo mejor dicho, nunca aceptado. Por lo menos la parte paterna. La materna es otra historia. Italianos.

Y tal vez por esa historia estoy aquí. Tal vez también mi padre se pudo escapar de la suya también por lo mismo.

Son dos cosas distintas igual.

Mi hermana, la actual, no quiere saber nada con el tema, prefiere ocultarlo también. ¿Qué puedo decir sobre eso? Es bastante perturbador todo.

Mi padre nunca quiso hablar del tema, pero es la víctima eterna en mi familia.

Será por ese secreto tan nocivo que me molestan los secretos. Y que los creo tan peligrosos.

Los muertos de una familia son más duros, compactos, pesados, y sostenidos, y más inenarrables, que los de un estado o de una nación. Cuando no hay un instigador claro, o un asesino, uno puede imaginar a miles. La víctima se multiplica y las causas victimarias también. Siempre es peor no saber que saber.

Volemos un poco en el tiempo.

La noche en que me avisaron que el proyecto de mi película Gualicho había obtenido un premio yo venía caminando por la calle Paraná con esa alegría que uno tiene cuando no sabe lo que ganó.

Crucé Lavalle, caminando por Paraná, donde había trabajado tres años en una Obra Social, justo en diagonal al apartamento donde mi abuelo paterno se había quitado la vida, donde también pensé en quitarme la mía o por lo menos en que tenía que escapar de manera urgente, y escapar ya, no había otra, y luego crucé la avenida Córdoba para acercarme más al edificio donde vivo.

Y ahí me quedé, a mitad de cuadra, sorprendido.

Un coche, un taxi, estaba cruzado en diagonal en la calle con las luces delanteras rotas y el capó hundido. Enfrente, con el torso en la vereda y la cabeza en la calle, yacía el cuerpo de una joven. Se había arrojado del sexto piso, decían. El taxista estaba en shock porque el cuerpo de la joven había caído sobre su vehículo. Un hombre culpaba a las publicidades , su “mundo perfecto”, y una psiquiatra, que justo pasaba por ahí también, murmuraba que ella trabajaba para que esas cosas no ocurrieran.

No supe qué decir.

Comenzaron a pelearse porque uno le echaba la culpa a la sociedad y la otra era la que se ocupaba de que la sociedad siguiera funcionando con reglas nefastas. Esto no quiere decir que yo esté a favor del hombre, del vecino, porque creo que los jóvenes no miran publicidades tan estúpidas como las que pasan en las salas de cine y en la televisión. Pero sí miran Facebook e Instagram lugares donde se cocinan mentiras muy hermosas y perniciosas y comparaciones ciertamente nefastas.

Reconocí algo de verdad en los dos. Pero más en el vecino porque fue el que se quedó.

No creo en las terapias porque no suelen hacer nada sobre el entorno. Por ejemplo, uno puedo contar que fue abusado y el psicoanalista decir que es uno el que tiene que cambiar. No da eso. No son curas, y los curas ya eran nefastos.

En fin, sigamos con ese día peculiar.

Hasta la dueña del supermercado, la china, había mandado señales a sus facciones: muévanse; formen una mueca de desconcierto. Había un cuerpo frente a ella. Su gesto impertérrito ya no parecía tan duro. Hay otras chinas  muy agradables, pero la china esta era incorrupta por la felicidad y por la amabilidad, se limitaba a ser con esa cara de piedra y de bronca, de estar atendiendo un supermercado a la que ella nunca perteneció ni debió pertenecer, aunque la mayor parte del tiempo sus ojos estaban clavados en un smartphone del que extraía pegajosas canciones. El chino, su pareja y padre de su hijo estaba visiblemente más consternado.

Prefería verlos a ellos, su reacción, que escuchar a la psicóloga de la calle (o la psiquiatra) compadecerse porque su profesión no servía para nada.

Yo le contestaría ahora que no pueden estar tratando los síntomas por siempre, que deben hacer algo por el contexto. Sus profesiones son muy cómodas. La agente de la salud mental es la primera que se fue, dejando al viejo todavía preocupado (ahora ya no está más la china, hay un chino que es mi gran amigo; hablo con él, no entiende mucho para hablar, pero habla igual de una manera muy graciosa y muy bondadosa también; el día del amigo le dije; feliz día, pero no le dio importancia, supongo)

Mi opinión con el tema de la terapia es que un poco de cabeza y bondad sirve en cualquier ámbito y en cualquier profesión. Pero nunca se sabe.

Caminé los metros que faltaban hasta mi apartamento, subí las escaleras o el ascensor, no recuerdo, y me largué a llorar en mi dormitorio.

Un poco por la chica tirada en la calle, otro por las vueltas de la vida que hacían posible que Gualicho tal vez se pudiera filmar después de haber perdido tanto por hacerla de manera independiente, de haber sacrificado tanto. No era que yo hubiera sacrificado tanto o supiera eso, pero los demás me lo habían hecho saber. Y además, sé de lo que es Gualicho, en parte, ¿cómo pasaba esa casualidad?

No conocía a la chica tirada en la calle, como tampoco llegué a conocer a mi tía, una belleza rubia, de ojos verdes. En la terraza de la casa de mis padres en Lanús, en un cuarto de la terraza, hay un cuadro en la que está pintada mi tía, V. Ya adolescente.

Parecía ser muy inteligente mi tía paterna, han caído en mis manos algunos cuadernos de cuando ella estudiaba.

¿De mi abuelo paterno? ¿Qué puedo decir?

Sólo vi una fotografía muy pequeña, en una ¿pileta?.

Me parezco tanto a él como a mi abuelo materno, ese que sí llegué a conocer, y que se fue del mundo por una enfermedad demasiado pronto, y que dijo a mi abuela materna cuando se lo llevaban en una ambulancia y se ve que sabía que no iba a retornar a su casa: cuiden a los nietos.

Así son los abuelos, o ¿no? Mi abuelo materno construía casas. Sin haber estudiado, la tenía muy clara con lo de levantar una casa o construir algo. Los dos estaban secretamente conectados.

Pero del lado de mi padre, mi tía V, y mi abuelo A, son dos agujeros en el tiempo. Las personas que entran y salen de nuestras vidas suelen marcar el tiempo; los muertos, y menos los que murieron antes de que naciéramos, no. No sé qué hacen; pero no lo marcan. No hay un antes y un después de ellos.

Son intemporales, reaparecen, se transforman, viven en el futuro, en el pasado, en el presente, en los sueños; nunca aparecen del todo. A veces creo que están más vivos que yo.

A mi tía y a mi abuelo, en general los imagino valientes y abnegados, otras veces trato de salvarlos aunque sé que imposible.

Son el símbolo perfecto y donde deposito todas mis ficciones, tal vez las que nunca escribo; esa donde salgo a la ciudad un determinado día a evitar, como en Volver al Futuro, que mi abuelo se lleve el arma en la cabeza, y para encontrar a mi tía adolescente antes de que sea demasiado tarde. Pero estas ficciones se desdibujan ante el peso de la realidad. Sus consecuencias en mi vida son mucho más nefastas de lo que aparentan (por mi entorno familiar)

Una familia siempre sufre con estos precedentes. En realidad las familias siempre sufren, lo importante es cómo sufren, ¿no?; ya lo dijeron de otra manera.

La trama que los alejó a los dos es desconocida para mí y sólo supuesta.

Somos y dejamos de ser. Y casi siempre hay una o dos razones y no mucho más.

Las novelas y las ficciones son un juego que muchos aman y pocos juegan. Nada tiene que ver una película con la realidad, como nada tiene que ver una montaña con una persona (salvo que las montañas están formadas por los sedimentos de humanos que han vivido y muerto antes, en parte). Arrastrando de los pelos este paréntesis: no vamos a pensar que las personas son sedimentos; no lo son. Sí sus restos, la mesa en la que estan leyendo esto puedo o no contener algún que otro resto de nuestros antepasados.

No es tan malo, ¿no?

Por lo tanto, los que se van como mi tía y mi abuelo siguen vivos en su época y todavía no han muerto.

Tal vez es demasiado exigirlos, pedirles que hubieran pensado lo que estaban haciendo a los que quedaban en el futoro, porque seguramente algo o alguien les estaba haciendo mucho a ellos. Y el tiempo pasa y todos vamos a desaparecer, tarde o temprano. Y también los cuerpos se desarman de muchas formas.

Dicen que las almas existen, pero yo no estoy seguro. Es más fácil, y más inteligente, pellizcarse el cuerpo para despertar, que el alma. A veces creo que eso habrán pensado ellos.

También creo que hay un debate sobre la eutanasia que toda sociedad debe tener. Esa isla más o menos inefable no puede estar prohibida. Evitaría secretos; por lo menos serían menos. Un secreto es válido en la ficción; en la vida está de más.

por Adrián Gastón Fares

La historia de mis oídos (poema)

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A veces tomo la forma de una bola de cristal

Que refleja el pasado

Como si me agitaran

La nieve empieza a caer.

Lo bueno es que puedo lanzar la bola de cristal

Tan lejos como se me antoje

He creído ser oyente

Uno más de la manada.

Pero no lo era.

Nunca olvido.

Que en el año dos mil doce

Me dieron el certificado

Porque nunca escuche bien.

Seguía tocando el timbre de aquel

edificio, cuando ya me habían abierto la puerta desde arriba.

Entonces, recién en el año dos mil doce, con mis queridos audífonos, esas lombrices tan preciadas, tuve que adaptarme al rugido del mundo.

Me daba vergüenza acercarme a las chicas en un bar.

Me daba vergüenza que descubrieran mis putridos oídos.

Cómo un cadáver vivo que mira sus falanges descarnarse.

Nunca olvidaré, la distancia autoimpuesta de la prueba.

Nunca la palabra prueba significó nada para mí hasta ese día de 2011 o 2012, que más da.

Y la zozobra del ser o ya no ser.

Igual.

Así y todo elegí usarlos.

Era eso o no entender.

El sol se pone, pero el ruido se impone.

Los seres humanos cerramos los ojos, nunca los oídos.

Tan vitales son que permanecen atentos, aún cuando la alarma resuena y los tapamos con las manos.

Mis oídos eran como viejos caracoles que retumbaban con el viento.

Mi alma joven quería escucharlo todo. Incluso lo inexcuchable.

Antes de los audífonos, para la risa ajena; subtítulos, por favor.

Todavía no sé lenguaje de señas, pero conozco las marcas que deja la creciente
sensación de no comprender.

Aunque lo que no se dice a veces lo entiendo bien.

Pagué el precio de la incomprensión y de los que saben pero se hacen que no saben, de los que querían que fuera otro que no podía ser.

He sido abandonado: en los peores momentos.

Empujado al abismo: En los peores momentos.

Es un fundido lento como en las películas.

A otro ser, devenir.

Entusiasmo, renovado.

Tirité descalzo en el vacío.

Y un día apareció la casa, la rosa y, ay, la gran montaña blanca.

Yo que le temía a lo desproporcionado

a las imágenes grandes de animales

a la boca abierta del elefante marino

a la trompa de la orca encostrada en la diapositiva

Descubrí que no somos cámaras si no proyectores que apaga un dios ignoto por las noches.

Miedo hasta a los restos flacos de las ballenas que ya no nadan en los pisos de madera de esas feas instituciones.

Pero las ballenas eran animales,

¿quién era yo?

El que seguía algunas reglas,escritas por seres que tenían un sentido distinto al mío.

He sido ingenuo.

Y tan seguro para afuera como mis orejas me han permitido ser.

Lo sé.

No hay piedad en el mundo,

Ni camino recorrido,

Para la historia de mis oídos.

por Adrián Gastón Fares

22 enero de 2019 (reescrito 10 de Agosto de 2019)

En la que vuelvo a contar mi historia de vida mejor para que se sepa

ehh

Mi historia de vida

Nací en una clínica del barrio porteño de Once. Al otro día, mis progenitores me llevaron a Lanús, Villa Caraza, donde viví hasta los veinticuatro años.

Nací mal. Debí nacer el 20 de octubre de 1977, pero por un retraso sin solucionar en el embarazo, salí al mundo con parto asistido por fórceps el 28 de octubre (del mismo año, por suerte)

En la ficha de mi nacimiento dice: Depresión Neonatal.

Esto quiere decir que nací con un problema congénito. La hipoacusia (sordera) congénita significa que fueron por causas no hereditarias sino por problemas en el momento de nacer. Eso es lo que tengo ahora y lo que siempre tuve: Hipoacusia (sordera) congénita bilateral. Así, por lo menos la llaman los médicos. Pero el camino a obtener un cuidado, una identidad acorde a mi nacimiento y un certificado de discapacidad fue largo: recién a los 36 años pude poner en orden ese aspecto médico. Costó bastante.

En el nacimiento tuve asfixia, condición que se llama hipoxia isquémica perinatal. La neonatóloga le dijo a mi madre que podía ser que su hijo, o sea yo, escribiera por debajo del renglón en el colegio. Eso no pasó, pero sí tuve una de las consecuencias de ese tipo de nacimiento que es: alteraciones auditivas (sordera, se mueren las células ciliadas del oído por lo que se sabe hasta ahora, o por lo que sé y me dijeron)

Nunca escribí por debajo del renglón y, cómo verán, la escritura siempre fue uno de mis fuertes.

Siempre escuché mal y me apoyé en gestos, el pizarrón, otros de al lado, lo que fuera, para estar a la par de los demás.

Nací mal, sin llorar. No sé cuántos segundos fueron.

De chico, recuerdo imágenes de los dibujos de la televisión, pero cuando me junto con amigos de mi edad, ellos pueden recordar nombres de los personajes y otros detalles auditivos que yo no recuerdo ni nunca supe. De hecho, mi programa favorito era La Pantera Rosa. Desde chico que me fascinan las imágenes.

Ya en el colegio secundario, bromeaban de que yo era como Forrest Gump (Run Fares, Run; me decían, no los juzgo, me causa gracia) y compañeros de otros cursos me preguntaban por qué me acercaba tanto para hablar y giraba mi cabeza en un ángulo de 45 grados. Solía evitar el recreo, la reverberación de ese techo de chapa hacía que escuchara peor a los demás.

Igual, nunca entendí bien lo que decían los demás. Un cincuenta por ciento llegaba a mis oídos. Y ese cincuenta por ciento o menos, es lo que me permitió ser hipoacúsico poslocutivo. Nunca escuché bien mi voz. Siempre fue como estar en una caja (como pueden ver en los videos de El hombre lámpara que hice en YouTube; soy yo con una lámpara en la cabeza; así era yo)

Y las condiciones de adaptación se complican mientras crecés. Esto es CLAVE (ténganlo en cuentan los que estudian estas cosas; creo que ya lo saben por lo que aprendí)

Así y todo nunca me llevé una materia, fui abanderado, esas cosas que no sirven para nada ni tampoco deberían porqué servir. Estudié inglés. Sé leer muy bien y escribir bastante bien en inglés. Pronunciar se me complica un poco (menos ahora gracias a los audífonos), como saben mis amigos. Ahora, a los 41 años, con audífonos adecuados por primera vez, me las arregló bastante bien. Pero llevó más años y pesares de los que debería haber llevado. Es como nacer de nuevo, o algo así. Y esta vez me di el lujo de nacer llorando mucho, primero de alegría, luego de bronca por lo que veía que me estaba pasando (y me había pasado)

Pero para entender mi historia hay que seguir en Lanús. Y ser un niño ahí en los ochenta. Los médicos de Lanús, Caraza, les decían a mis progenitores que a su hijo “le faltaba calle”, por ejemplo. Aunque de chico tenía mi grupo y jugaba en la calle. No sé a qué tipo de calle se referían. Tenía ocho años o menos. La responsabilidad es de los supuestos “profesionales” no de mi familia. Esas cosas son nefastas.

Nunca me hicieron un potencial evocado antes de los 19 años. Ni seguimiento por cómo nací. Si me agarraba un berrinche o algo, mis progenitores pensaban que estaba poseído o que era caprichoso. Aunque siempre me porté muy bien en todos lados y nunca tuve problemas de conducta.

A los dieciocho años (19 según dice en las audiometrías), comencé a hacerme logoaudiometrías y estudios audiológicos porque algo andaba mal. Potencial evocado también. Para los suspicaces (que siempre hay) el potencial evocado no depende de responder a nada; te ponen unos electrodos en la cabeza y el cerebro responde a los estímulos auditivos mientras no hacés nada. La cara de la médica y los resultados dieron por sentado lo que ya estaba claro. En una logoaudiometría, en vez de coser, dije coger (de agarrar para mí; no lo decía como lo decimos los argentinos) La fonoaudióloga salió a entregarme el estudio riéndose. He contado alguna vez riéndome esto.

Me egresé, terminé en cuatro años la carrera de Diseño de Imagen y Sonido, en la Universidad de Buenos Aires, así que en los 21 años ya estaba egresado; quería filmar. Para eso entré ahí. Quería hacer películas. En la facultad seguía viendo que todos entendían a Los Simpson y yo no, que no entendí la mayor parte de las conversaciones grupales. Terminé la facultad extenuado, muy flaco; lo recuerdo.

En ese tiempo trabajé de meritorio en una productora y luego en otra, un trabajo extenuante en el que a veces no dormía (no había horarios, ni paga correcta, nos explotaban) Por lo menos era un entorno donde se hablaba de hacer cine. Y ahí conocí a un gran amigo y compañero de trabajo, Leo Rosales.

También a los 25 empecé a escuchar más el tinnitus (zumbidos), así que definitivamente fui a pedir alguna solución a mi problema. Me dieron un audífono por primera vez en mi vida, que no servía para perdida (era un médico de tinnitus, no de sordera, así y todo dejó asentado la hipoxia perinatal) Luego, un compañero de universidad me hizo notar cómo me cambiaba la cara cuando usaba el audífono.

Trabajé en una película como compositor de efectos visuales y luego dejé todo para filmar lo mío, me puse a crear, producir y dirigir Mundo tributo, un documental que siguen emitiendo en televisión (y cuya repercusión va más allá de mí, como debe ser con todo lo que vale). Lo dirigí con Leo Rosales, hice el diseño de producción y la fotografía.

De ahí en más, mi vida fue una lucha constante para seguir filmando y hacer que los demás, no yo, entendieran lo que me pasaba con la audición.

A los treinta años estaba distribuyendo sólo mi película Mundo tributo, terminé un noviazgo de ocho años, una buena relación.

Dejé entrar a otras personas en mi vida.

Una de esas personas una vez vio por su cuenta Mundo tributo. Vio que yo no podía seguir filmando por falta de medios y estímulos. Se puso a llorar. Me afectó eso. Me dijo que me iba a ayudar. Ella también estaba buscando su camino y estudiando algo que no tenía nada que ver con el cine.

Me puse a trabajar con ella en la ficción que tenía lista desde antes de Mundo tributo, una por la que luego gané un premio (Gualicho), y en el ínterin, me entregaron el certificado de discapacidad (CUD) que ya había tramitado, por hipoacusia bilateral de moderada a severa, dos audífonos, y me empecé a adaptar a eso, mientras era feliz porque estaba con alguien que quería y apreciaba y estaba trabajando en lo único que me hace feliz. También sentí que estaba rodeado por primera vez por una familia comprensiva que no era la mía (que comprendían por lo menos al cineasta, no al sordo) El día que me entregaron el certificado de discapacidad estaba con mi pareja y jugué, creo que por primera o segunda vez a esas máquinas en las que se puede ganar un muñequito. Pude capturar a un martillo de pelucho con un mono dibujado en la parte de arriba de la T. Al golpearlo contra la cabeza de uno, el martillo de peluche reproducía el chillido de un mono. Todavía anda por algun lugar de mi departamento.

Pero esa persona con la que fui a sacar el certificado de discapacidad me terminó diciendo que filmara casamientos, algo que para mí (sin tener en cuenta otros detalles de mi condición, digamos) es como decirme que escale el Everest para encontrar el Santo Grial en la cima.

Poco antes de que este cambio en las relaciones de mi vida ocurriera, había ido a pasar la junta para el certificado de discapacidad auditiva a las cinco de la mañana, solo, recuerdo que leyendo un libro de William Burroughs (Ciudades de la noche roja). Volví y tuve ganas de llorar.

Luego seguí con esa relación amorosa y aprendiendo sobre cine, filmando como podía, y superé de alguna manera ese momento clave en mi vida.

Agradezco igual que esa persona me haya acompañado en ese momento, tal vez la vida hubiera sido más horrible si no. Puede ser que hubiera sufrido menos luego también.

Ese tránsito a mi vida con audífonos y a ser persona con discapacidad (el certificado afecta) no fue supervisado por nadie. Me dieron la discapacidad, los audífonos y a la calle. El entorno no caía. Y mis esfuerzos porque entendieran si caían: en una bolsa oscura sin fondo. Por eso será que en esa época hice un cortometraje llamado Cine (Cine sordo)

Lo que pasó después entra al terreno de la incomprensión familiar, el maltrato y de cómo una bola de nieve armada entre pareja y familias te puede llevar puesto y arrastrar un largo camino.

Por primera vez, estaba con dos audífonos y certificaban, digamos, mi problema auditivo. El certificado sirve para obtener los audífonos (que salen como 200 mil pesos hoy en día). Para no mucho más.

Pero hubo un problema grave. Como dije, en el fondo estaba solo en mi identidad nueva, los que me dieron certificado de discapacidad y audífonos no citaron a mi familia para hablar de lo que yo iba a vivir. No citaron a mis seres queridos tampoco. Seguí solo, con esa novia joven que me ayudaba como podía.

En 2014, perdí todo eso. Novia, Trabajo (cine) e Identidad (¿No entendían que era sordo? ¿Era sordo? ¿Recién me habían dado audífonos y discapacidad auditiva como todos sabían pero eso no significaba nada?)

Mis progenitores, no asesorados, negaban mi problema auditivo (duelo, negación, es de manual, más cuando hay historial de duelos familiares mal llevados), mi ex novia de ese entonces no entendió lo que eso me hacía.

Quedé solo. Pero esta vez era estar solo sin mí.

Tuve que salir a descubrir y a luchar todo de nuevo. Mi sordera casi se convierte en Meniere (no tenía Meniere, algo que sugirió un homeópata -ocupación peligrosa si las hay- no tenía autismo, a los profesionales les causó muchísima gracia lo que ocurrió; en mi búsqueda un profesional descuidado me mandó a ver The Big One Theory, porque pensaba que yo era como Sheldon; no quiero ridiculizar más a alguien que piensa que ceguera y autismo o sordera y autismo son compatibles; tengo mis pensamientos sobre algo que he investigado hasta el fondo, acompañado con gente que sabe más que yo del tema; es sólo un ejemplo de confundir una identidad con otra, una patología con otra por simplemente no saber bien o por una conveniencia económica)

Sigamos. Me fui a trabajar de cadete a una Obra Social, porque mi familia decía que yo no trabajaba (para ellos el cine no es trabajo, es una ilusión; para ellos todo lo que trabajé en cine y audiovisuales no era trabajo) Poco antes, mi pareja apareció llorando para decirme que su padrastro se había enterado por mi padre que yo nunca había trabajado (?) y le dijo que me dejara.

Fui a trabajar de cualquier cosa con la esperanza de recuperar a una mujer. Ahí los que antes hablaban del trabajo formal me decían: los pelos de una concha (vagina, para ser más claros) tiran más que una yunta de bueyes. Yo digo que lo que tira más que una concha y una yunta de bueyes es la identidad. Y pensar. Además las vaginas a veces están rasuradas, para buena suerte de algunos y algunas y malas de otros. Son elecciones esas. En otras cosas es más difícil elegir.

Estuve encerrado en una habitación oscura, sin nadie, en un trabajo donde luego llevaba empanadas, levantaba bidones de agua, llevaba cochecitos de bebé al correo (bastante tiempo después se me ocurrió otra película), hacía trámites, y era maltratado por no escuchar la chicharra de que te están abriendo la puerta (y tocar timbre otra vez para que te abran; aunque uno lo expliqué cincuenta veces; no entienden: no pueden o no quieren entender) Cuando salía del trabajo, al atardecer, miraba el banco de cemento que había en la puerta. Por mucho tiempo pensé que alguien me iba estar esperando ahí.

Pero claro, no pasó eso. Y casi termino mal.

Terminar mal es relativo, pero cada uno sabe lo que significa terminar mal en algún momento de la vida.

Pero mientras trabajaba en la Obra Social, me llegó una carta terrible de esa ex novia que obviaba totalmente el momento que yo estaba pasando y me trataba como un desconocido (cuando esa persona se fue riendo de mi vida) Y lo peor es que estigmatizaba mi manera de actuar y ser como un problema ajeno al auditivo. Eso me destruyó totalmente.

Llegaba llorando a mi casa, caminaba el largo pasillo hasta la puerta de mi casa, mi apartamento, y luego me tiraba al piso a enrollarme como un feto. Nunca lloré tanto en mi vida.

Perdido, terminé en un Hospital de Día (entrás a las dos de la tarde salías a las seis), para dejar ese trabajo al que había ido con esperanzas de que el futuro cambiara. No toleraba más la habitación oscura sin baño y la soledad de 9 AM a 18 PM. Y encima no había tareas para hacer. En fin, no aguanté más y se lo dije a mi psicólogo de ese entonces.

Fumaba cigarrillos toda la mañana, luego entraba a ese lugar. No hablaba. Mis compañeros podían reír. Eran muy graciosos. Los recuerdo con mucho cariño. Pero lo negro nunca fue tan negro. Un mes y bastó para que pidiera volver al lugar oscuro y sin baño. Tenía que salir de ahí. Un psiquiatra dijo depresión. Estrés postraumatico. Pero uno a veces tiene que estar triste porque pasan cosas. Tres duelos juntos es demasiado. No creo en la depresión porque hay una dicha que nunca me deja. Y la tristeza siempre existió hasta en los poetas más felices.

Hay que pasar por eso. Y a veces hay que llorar, no importa cuánto tiempo. Así que por favor, nunca acerquen a un sordo o hipoacúsico que no sepa del tema a un psiquiatra (ni psicólogo que no esté preparado) porque es como darle un mexicano a Trump o llevarle un judío a Hitler para ver qué opina.

Un ejemplo es que mi escritura, mi manera de textear, en vez de hablar, pasaba a ser una patología, me medicaron, me hicieron perder tiempo (no todos los terapetuas son malos, algunos ayudaron con su paciencia e inteligencia; aprecio la piedad de algunas) Fui muy detallista con mis aciertos pero más con mis errores.

Pasó mucho tiempo para que yo torciera todo eso. Y todavía no sé cómo lo hice. Creo que con voluntad. Pero entendí muchas más cosas en el camino.

Siempre creí en la ciencia, me molestan las otras creencias, me molesta lo irracional. En ese interín, gente que quiero, para solucionar con la magia lo triste que yo estaba, me trajeron a un especie de manosanta a mi casa. Evité una violación. Ese es el peligro de creer en estupideces en las que yo nunca creí (y las que toda la vida me molestaron profundamente y me llevaron a tener diferencias con otras personas)

Mientras tanto, una de las mejores fonoaudiólogas de acá, con la que di en mi búsqueda, me dijo que los audífonos de 2012 estaban mal calibrados, mal adaptados y que todo era un ruido insoportable para mí; no sólo no podía escuchar bien si no que todo era más ruidoso e inentendible. Me reguló los audífonos y cambió las puntas (ese día que volví y vi la televisión y entendí por primara vez sin subtítulos lo que decían) y pidió nuevos audífonos porque la potencia de los que tenía ya no alcanzaba. Ese momento y no otro (2014) es el que recién me sentí mejorado auditivamente; podía escuchar mejor, los audífonos por primera vez bien, las puntas que me servían descubiertas. Cualquiera que use auriculares se puede dar cuenta de la diferencia entre usar un tapón u otro. Pero algunos fonoaudiólogos tienen tantos pacientes que se pierden con eso. Si te dan unas puntas aireadas y eso no te sirve, vas a sufrir más en vez de escuchar mejor tu voz y y a los demás.

Faltaba potencia. Con certificado de discapacidad pedí los audífonos con amplificadores intraauditivos a la Obra Social y llevó cinco años que me lo otorgaran. Tuve que pedir amparo porque no había manera de obtenerlos. Recién me los dieron cuando una otorrinolaringola del Sanatorio Guemes certificó que si no tenían que pagar implantes cocleares.

Perdí más tiempo yendo de un lado a otro, sin que me dieran audífonos hasta que el amparo surtió efecto. Desde el año pasado (2018) que tengo audífonos nuevos con moldes personalizados a mis oídos.

No sirve de nada porque más o menos desde que me los dieron la productora de mi película (Gualicho) decidió no hacerla (a la que el INCAA le dio todo el poder), me dejó sin trabajo, sin película, sin carrera, sin paga, en la calle prácticamente. No los uso para trabajar porque no me dejan filmar; el INCAA utilizó el dinero de mi premio en otra cosa, parece ser.

Trato de escuchar música con auriculares, algo que nunca hice en mi vida, para tolerar el tinnitus (en mi caso se llama, por la intensidad tinnitus catastrófico o severo) Es durísimo aguantar a esos grillos en mis oídos, el zumbido constante, especialmente cuando estoy solo y me quito los audífonos. Es mucho peor que no escuchar bien y si no existiera la música creería que es mucho peor que no escuchar nada. Tengo perdida de audicion severa y tinnitus catastrófico.

Lo que no tengo ahora es inclusión. Con inclusión me refiero a poder trabajar en lo que tanto esfuerzo puse en mi vida y lo que me sacrifiqué y demostré que sé hacer. Los otros caminos llevan siempre a la brutalidad.

Quiero estar con la gente que elegí estar. Por no tener dinero, tuve que dejar ir otra relación (otra persona que se alejó porque me dijo que yo “no daba resultados”) Es fácil dejar ir a personas así.

Pasa, igual, la sociedad es así; la vida social no es simple. Y del aire no se puede vivir. La gente pide cosas, y ahora yo también.

No quiero ocultar estas cosas, porque lo que me pasó a mí, puede pasarle a otros y a otras.

Cada uno sabe lo que se merece y lo que no, y es nuestra responsabilidad luchar por eso.

Tal vez, sin darme cuenta, lo que estoy dejando ir ahora, es a este país. O a una manera de pensar y de actuar que debe, sí o sí, cambiar.

En este siglo XXI, ya no hay verdades parciales. Hay gente que actúa bien y gente que actúa mal. Hemos recorrido un largo camino para que estas injusticias, negligencias, agravios e incomprensiones a las personas con discapacidad no vuelvan a repetirse. La invisibilización, la in-transparencia de las personas hacia la discapacidad auditiva, incluso las del entorno más cercano, familiar (manipulación patriarcal de la realidad, por decirlo de una manera suave, cosas que uno descubre con el tiempo y que han sido terribles en mi vida) a veces duelen mucho.

Ha sido un largo camino. Duele el desamparo. Duele la incomprensión. Duele la injusticia.

por Adrián Gastón Fares, 7 de Agosto de 2019

 

La convicción de la Convención sobre los Derechos de Personas con discapacidad.

Al Margen, ehh

En 16 de Marzo de 1981 se promulgó la Ley 22.431 en Argentina. SANCIONA Y PROMULGA CON FUERZA DE LEY un Sistema de Protección Integral de los Discapacitados.

Entre otros puntos asegura la atención médica, la educación, la seguridad social. Así como sanciona franquicias y estímulos que permitan en lo posible neutralizar la desventaja que la discapacidad provoca y les den oportunidad, mediante su esfuerzo, de desempeñar un rol en la comunidad equivalente al de una persona normal.

Estoy parafraseando pero más o menos dice eso.

Para esta ley, un discapacitado, es una persona que padece una alteración funcional permanente o prolongada, física o mental, que en relación a su edad y medio social implique desventajas considerables en su integración familiar, social, educacional o laboral. Afirma servicios de rehabilitación integral, además, así como préstamos y subsidios destinados a facilitar su actividad laboral o intelectual. También propone la orientación o promoción familiar, social y e individual.

En el año 1981 yo era muy chico. No lo recuerdo a ese año. O recordaré un atardecer de ese año pero nunca sabré si ese recuerdo fue de ese año con certeza.

Pero ahora sé que estaban al mando de Argentina los militares y que la ley, aunque duela decirlo, o parezca raro, fue sancionada por Videla y el resto de su equipo.

Hay una historia de un hijo discapacitado del dictador argentino, pero aparentemente no fue bien tratado por nadie, ni por el mismo Videla, como cabría de esperar o no, pero la ley calculo tendrá su antecedente en la ley de Estados Unidos de 1973 (Ley de Rehabilitación de América Caduca) y las repercusiones del Fondo Voluntario de la ONU de los años ochenta.

En fin, una buena ley sancionada por una dictadura nefasta, y creo que la primera de ley de Discapacidad de Latinoamérica.

Ya en 2006, bajo otro gobierno, se aprueba y decreta la ley 26.378, con el Anexo de la Convención Internacional sobre los derechos de las personas con discapacidad. Las Naciones Unidas crean un comité de dieciocho personas de distintas nacionalidades que se ocuparán del tema y de un ente regulador con sede en Suiza.

Aquí es mucho más alegre el asunto.

Por ejemplo, además de proteger la integridad psicológica del discapacitado, de acompañarlo desde el diagnóstico, tiene párrafos de este tenor. No ocultaré que copio los que más me interesan y que me llaman más la atención porque no se cumplen casi nunca.

Por ejemplo:

Promover el reconocimiento de las capacidades, los méritos y las habilidades de las personas con discapacidad y de sus aportaciones en relación con el lugar de trabajo y el mercado laboral;

Promover programas de formación sobre sensibilización que tengan en cuenta a las personas con discapacidad y los derechos de estas personas.

Los Estados Partes adoptarán todas las medidas de carácter legislativo, administrativo, social, educativo y de otra índole que sean pertinentes para proteger a las personas con discapacidad, tanto en el seno del hogar como fuera de él, contra todas las formas de explotación, violencia y abuso, incluidos los aspectos relacionados con el género.

Los Estados Partes tomarán todas las medidas pertinentes para promover la recuperación física, cognitiva y psicológica, la rehabilitación y la reintegración social de las personas con discapacidad que sean víctimas de cualquier forma de explotación, violencia o abuso, incluso mediante la prestación de servicios de protección. Dicha recuperación e integración tendrán lugar en un entorno que sea favorable para la salud, el bienestar, la autoestima, la dignidad y la autonomía de la persona y que tenga en cuenta las necesidades específicas del género y la edad.

Los Estados Partes adoptarán legislación y políticas efectivas, incluidas legislación y políticas centradas en la mujer y en la infancia, para asegurar que los casos de explotación, violencia y abuso contra personas con discapacidad sean detectados, investigados y, en su caso, juzgados.

Alentar las oportunidades de empleo y la promoción profesional de las personas con discapacidad en el mercado laboral, y apoyarlas para la búsqueda, obtención, mantenimiento del empleo y retorno al mismo. Promover oportunidades empresariales, de empleo por cuenta propia, de constitución de cooperativas y de inicio de empresas propias; Los Estados Partes adoptarán las medidas pertinentes para que las personas con discapacidad puedan desarrollar y utilizar su potencial creativo, artístico e intelectual, no sólo en su propio beneficio sino también para el enriquecimiento de la sociedad.

Pero no se puede promover nada si nadie se mueve y en Argentina, metafóricamente, nadie se mueve, las cosas no se mueven. Los expedientes no se mueven. La gente no coopera. Un abogado puede no estar al tanto de esta Convención por ejemplo que tal vez lo más importante que subraya es que una persona con discapacidad puede ejercer libremente su identidad.

Algo tan simple como eso.

Lo demás nos cambiaría la vida a unas cuantas y a unos cuantos y espero que pronto nuestros esfuerzos por adaptarnos a una sociedad las más de las veces hostil e indiferente e incluso enriquecer esa sociedad de alguna manera, como estipula la convención de 2006, incluso con nuestras más raras fantasías, nuestros mundos nuevos, nuestra visión, sea valorado de aquí en más.

por Adrián Gastón Fares

PD: Si no se cumplen estas cosas el comité evaluador de la Convención de los Estados Partes de las Naciones Unidas (donde se puede reportar los deslices en los derechos humanos de los discapacitados) está en Suiza. Y se puede escribir aquí, a la División de Procedimientos Especiales:

Postal address:
Special Procedures Division
c/o OHCHR-UNOG
8-14 Avenue de la Paix
1211 Geneva 10
Switzerland

O incluso mandar un Fax:

Fax : +41 22 917 90 08

PD 2: Anduve actualizando el Acerca de mí

Para el que quiera saber quién escribe:

Adrián Gastón Fares

Escritor, Director de Cine, Guionista, Productor de Cine.

Bio:

Fares, Adrián Gastón (28 de octubre de 1977, Buenos Aires, Argentina) Egresado de la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires. Creció en Lanús Oeste, Buenos Aires, donde escribió su primer novela influenciada por el cine y el terror fantástico: ¡Suerte al zombi!
Luego fue crítico de cine de la pionera revista online Cineismo y fue seleccionado para una Clínica de Obra literaria en la Universidad de Buenos Aires por su novela corta El sabañon. Esta novela inauguró un blog de cuentos, notas y poemas que lleva más de doce años en línea, primero llamado El sabanón y luego adriangastonfares.com
En 2016 fue seleccionado por su guión de película, Las órdenes, para el Laboratorio Internacional de Guión (Labguión, Programa Ibermedia)
Escribió Gualicho (Walichu), que ganó el concurso Internacional de Cine Fantástico Blood Window Película de Ficción INCAA, con un jurado conformado por los directores de los festivales de Sitges, San Sebastián y periodistas de medios como SeriesMania y Variety. Acaba de desarrollar su segundo guión de película de terror fantástico llamada El señor del tiempo (Mr. Time)

También es reconocido por crear y dirigir el cortometraje de terror Motorhome y ser el guionista, productor y director (junto a Leo Rosales) de la película rockumental argentina Mundo tributo. Este film fue programado en festivales de cine de todo el mundo y adquirido y exhibido por Cine.ar, Canal Encuentro, In Edit, Mtv Brasil, entre otros medios.

Por otro lado, Adrián tiene pérdida de audición, sordera de origen congénito. Fue diagnosticada tardíamente y tratada con audífonos recién a sus 34 años de edad; en el año 2012.

Más información sobre su actividad cinematográfica:

http://www.corsofilms.com/press

Publicaciones literarias:

Novelas:
Intransparente (2011)
El nombre del pueblo (2016)

Libro de Cuentos:
Los tendederos (2019)

Guiones de largometraje:

Mr. Time (nuevo)

Gualicho (premiado)

Las órdenes (premiado)

Embrión (título tentativo)

La venta (título tentativo)

Ojalá (título tentativo)

 

El hombre sin tacto

poemas

Algunos dicen que no se puede cambiar,

que hay cosas que nunca van a pasar,

pero las cosas que

auguran

que nunca van a pasar

pasan seguido

y los que decían eso no saben ya

qué decir.

No es imposible.

Uno se puede ir y puede

volver

esto es posible

En el mundo.

Hoy.

Siempre pasó,

pero hay pocos testimonios

porque lo que cambia se va,

se ausenta de un día para el otro,

como aquel hombre del que Josep Pla escribió

que dejó su pueblo,

solo,

con los reveses en su espalda,

pesando toneladas,

con la gente murmurando,

pero aquel hombre

simple

dejó su pueblo

no tan simple como él

pasó por la fuente del pueblo

bebió el agua por última vez

y partió

para nunca volver.

Esto es sobre el chico,

el muchacho

cambiador

No podía sentir

El sentido del tacto lo tenía muerto

como otras ilusiones

Pero un día descubrieron como hacérselo funcionar

Un científico lo hizo

Un científico loco quizás

No lo sabemos

Pero logró que el chico sintiera

Y entonces el chico rozó las palmeras con las manos

Frotó naranjas contra su piel

Sintió su propio cuerpo y el de los demás

El respirar de su perro en su cara

Lo despertó

Y la felicidad que sentía era tan grande que el chico

Que en realidad no era tan chico

Se sintió joven otra vez

Se descontó años

Multiplicó los suyos por

Cero

Coma

Siete

Y pensó

Que ahora que sentía al pasto doblarse cuando se recostaba sobre él

con la espalda

desnuda

A sus propias lágrimas derramarse sobre su cara hasta llegar

a su nariz

Pensó que si alguien podía devolverle el tacto,

entonces el podía pensar hasta llegar a lo impensado

y lo hizo.

Llegó.

Y me dijo

Que había cosas que ya no podía volver a sentir

Porque ya no estaban

Las que sólo sentía en los sueños

Y esto lo enfrentó con una pared

Una pared de sentimientos hechos con ladrillos

como las que levantaba su abuelo

cuando era chico y la vida parecía

larga

insensible

y había otras paredes

de colores de luces de ciudades ya descubiertas pero desaparecidas de bichos bolitas y de animales que corrían en el claroscuro de algún bosque que no era bosque pero que para él lo había sido

Ojo con los bosques que no son bosques pero que para uno lo son

porque cuando desaparecen y sus árboles se secan

uno cree haber estado ahí

en lo imposible

Punto.

Entonces yo le dije

Que era como un Úlises

Un Úlises que volvía a Ítaca

Sin una Penélope que lo esperara

Y eso le dolió

le dolió como las cosas que son simples y reales

Como un Quijote sin caballo

Como un río sin cauce

Y se calmó y sonrió

Nunca entendí por qué

El chico ahora sensible se calmó

Cuando le dije algunas cosas terribles.

Y se lo dije.

Te dije cosas terribles para que entendieras

Que yo siempre sentí todo pero que era y soy como vos.

Lo que te pasa.

Lo sé.

Lo sé muy bien.

Lo que te pasa, querido.

Y me contestó que él quería ser terrible también.

Que era su derecho

Y que lo ejercería a gusto.

Y jamás lo volví a ver

pero en la noches que no llueve

pero que debería llover

a veces creo que el chico está cerca

bañándose en la agua

que debería caer.

por Adrián Gastón Fares

PD:

Índice de mis poemas en este blog.

Poemas