Casi niño

 

El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares
El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares

Sigamos con uno más de El joven pálido. Soy culpable del dibujo que verán arriba y también de lo que leerán tras este prólogo.

No se imaginan en qué devino el Joven pálido.

Hay una razón por la que dejé el poemario inconcluso, por lo menos por ahora, y es que terminó siendo algo mucho más amplio y más palpable.

La historia de este poema narrativo era demasiado buena para dejarla ahí (y créanme que sé cuando tengo una historia que se porta bien, de la que puedo tirar de esos hilos translúcidos que tienen ellas)

El joven pálido, y en especial este pasaje en particular, vino al mundo antes como novela con el nombre de ¡Suerte al zombi! Un mamotreto de trescientas páginas, que es más una novela gráfica por su estilo que una novela y que comencé a escribir cuando tenía dieciocho años. La terminé y se la entregué en mano, no se con qué ilusiones, a un director de cine que ahora también es un periodista muy conocido, que suele entrevistar al mismo Thor, bueno, al que los dioses nórdicos eligieron para que en este universo lo personifique, o mejor dicho en el universo Marvel (y que habrá pensado, este pibe está totalmente loco; qué voy a hacer yo con eso, pero tuvo la deferencia de tomarlo en sus manos y esconderlo o guardarlo en algún cajón en el siglo pasado)

Luego ¡Suerte al Zombi!, cuyas imágenes todavía siguen entusiasmando a mi hermana, aunque le diga que esa novela inicial ya no me interesa, transmutó en el Joven Pálido. Y hace poco volvió a metamorfosear.

Esta reescritura que hice de este poema de los tantos del Joven Pálido fue publicada en el primer número de la revista Palabras y Barbas, del J. V. G, en Mayo, 2015.

El tono es un poco subido al principio (y estimo que por eso no desentonó con el resto de los relatos y poemas de otras escritoras y de otros escritores publicados en la revista creada por varios estudiantes de la institución)

 

El joven pálido, 16.

 

Casi niño,

escucha a esta ciudad.

 

De trabajos semiacabados

y de acabadas monumentales

como la que terminó en el feto

que el Joven Pálido lleva en su

mochila,

plasticola de una noche de amor,

moldeada,

derrochada,

doblemente ocultada,

pero por lo menos impulsada

ahora a las calles gracias a él.

 

Las chispas,

no todas prenden.

 

Ese momento donde los tubos

se encienden y la mano

no se ve

(la futura acción)

 

 

Robó

(tomó lo que era suyo),

y huyó.

 

Un pasito más, por favor.

 

¡No! (¡ya te aplastaron al nacer!)

 

Subí al taxi.

 

No-hijo,

la ciudad está borrándose,

qué chiquitos se ven los edificios

en el espejo retrovisor,

son como agujas

hilvanadas por las confusas calles

grises.

 

Pinchan ilusiones débiles.

 

Casi niño,

—quédese con el cambio—

acá estamos más cerca

de acá seguimos a pie,

sin cemento,

—¿para qué te crees que se inventó

el cemento?—

en la mafia del pensamiento

una pisada puede unir,

flotando en el

polvo,

a los viejos enemigos.

 

Acá es más fácil ver,

lo que un paso tras otro

puede hacer.

 

por Adrián Gastón Fares

 

 

 

 

 

 

 

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7 respuestas a “Casi niño

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