Casi niño

 

El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares
El joven pálido, garabato de Adrián Gastón Fares

Sigamos con uno más de El joven pálido. Soy culpable del dibujo que verán arriba y también de lo que leerán tras este prólogo.

No se imaginan en qué devino el Joven pálido.

Hay una razón por la que dejé el poemario inconcluso, por lo menos por ahora, y es que terminó siendo algo mucho más amplio y más palpable.

La historia de este poema narrativo era demasiado buena para dejarla ahí (y créanme que sé cuando tengo una historia que se porta bien, de la que puedo tirar de esos hilos translúcidos que tienen ellas)

El joven pálido, y en especial este pasaje en particular, vino al mundo antes como novela con el nombre de ¡Suerte al zombi! Un mamotreto de trescientas páginas, que es más una novela gráfica por su estilo que una novela y que comencé a escribir cuando tenía dieciocho años. La terminé y se la entregué en mano, no se con qué ilusiones, a un director de cine que ahora también es un periodista muy conocido, que suele entrevistar al mismo Thor, bueno, al que los dioses nórdicos eligieron para que en este universo lo personifique, o mejor dicho en el universo Marvel (y que habrá pensado, este pibe está totalmente loco; qué voy a hacer yo con eso, pero tuvo la deferencia de tomarlo en sus manos y esconderlo o guardarlo en algún cajón en el siglo pasado)

Luego ¡Suerte al Zombi!, cuyas imágenes todavía siguen entusiasmando a mi hermana, aunque le diga que esa novela inicial ya no me interesa, transmutó en el Joven Pálido. Y hace poco volvió a metamorfosear.

Esta reescritura que hice de este poema de los tantos del Joven Pálido fue publicada en el primer número de la revista Palabras y Barbas, del J. V. G, en Mayo, 2015.

El tono es un poco subido al principio (y estimo que por eso no desentonó con el resto de los relatos y poemas de otras escritoras y de otros escritores publicados en la revista creada por varios estudiantes de la institución)

 

El joven pálido, 16.

 

Casi niño,

escucha a esta ciudad.

 

De trabajos semiacabados

y de acabadas monumentales

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La hora de los talveces….

Dibujo Adrian Gaston Fares para El Amancebador, el Joven Pálido
Este poema, o prosa cantada en silencio como me gusta llamar a los poemas narrativos, forma parte del work in progress del poemario El Joven Pálido.

El dibujo es mío también.

Dibujo bajo el seudónimo Cooonde así puedo garabatear bien pequeño a gusto.

Saludos, A.

El amancebador

Déjame,
corazón de las horas perdidas.

Lánzate al viento, capataz de las luciérnagas, y
aléjate del río de las sensaciones,
donde duermen los maestros.

Cede la bronca a las esclavas abejas,
abandona las grillas horarias,
aliviate de la busca de hidras en las zanjas,
acaricia las crines de tu caballo
aunque no tengas ninguno.

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Padrastro. Cuento

Ph: Paul Camponigro. Apple/Universe.
Este cuento se llama Padrastro. La fotografía que lo acompaña, de Paul Camponigro, fue una inspiración para un pasaje del guion de la fantástica Mr. Time.

Irineo contaba diecinueve años, cinco días, seis horas y veintidós segundos en el momento de su secuestro. Este el número 2084 de los posteos que escribí sobre él en esta red.

Necesitamos ayuda.

A las 24:33 de hoy cinco hombres entraron a nuestra casa, formaron un semicírculo delante de la cama con mosquitero de Ireneo, que no podía creer lo que ocurría, y lo señalaron con armas paralizantes. El único que no apuntaba era el jefe del grupo, su padrastro, con quien no se habla desde hace años. No es un pequeño pedazo de piel cerca de las uñas, sino un familiar que ejerce de padre sin serlo biológicamente.

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Viaje a lo inesperado: Mundo tributo

Gracias Radio Cantilo y Sybila!!!! Mundo tributo se emitió nuevamente en un cine en el ciclo Viaje a lo inesperado.

A.

“Hoy, continua el ciclo Viaje a lo inesperado en el cine Eco Select del Centro Cultural Islas Malvinas con la proyección de la película “Mundo Tributo” de Adrian Fares y Leonardo Rosales. A las 19:00 hs puntual. Entrada libre y gratuita.

“Mundo Tributo” es un documental musical desbordado de personajes y situaciones alocadas, referenciales y genuinas. A la vez, es una comedia dramática que nos hace conocer a Jorge Busetto (Doctor Queen), un médico argentino que se transforma en su ídolo, al dentista Alejandro “Ace” de Kissmanía, y a los integrantes de Dios salve a la reina, entre otros músicos que se dedican a homenajear a grandes bandas de rock.

Organizan: Radio Cantilo y Sybila Producciones”

Resumen de Críticas y Reseñas de Mundo tributo, película que dirigí y produje (junto a Leo Rosales, productor de Gualicho)

 

Críticas revista Rolling Stone:

 

Mundo Tributo es un hilarante y por momento conmovedor retrato de las bandas-tributo argentinas dedicadas a homenajear a Los Beatles, Kiss, Roxette, Queen, Genesis o Pink FloydHernán Ferreiros. Revista Rolling Stone.

…Mundo tributo acierta, entre otras cosas, porque sabe poner el foco en los dos ejes que cruzan y sostienen el boom de las bandas tributo…
Alejandro Seselovsky, Revista Rolling Stone.

Otras críticas en diferentes medios argentinos:

Los jóvenes Fares y Rosales se encargan en este film de seguir a los protagonistas y fanáticos de bandas que homenajean a The Beatles, Kiss, Génesis y Pink Floyd, entre otras. Simpática, sorpresiva y, aunque no sea el mejor término para definir a este film de “dobles”, muy original. Damián Damore (Revista Ñ), Imperdibles Cinemanía.

Un documental de Adrián Fares y Leo Rosales que retrata vidas de clones y grupos tributo, y de paso marca cuáles son de verdad los gustos populares argentinos. Mariana Enríquez, Radar, Página 12.

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Sobre el cortometraje “Cine”

Estreno aquí este cortometraje que he subido hace tiempo al canal de YouTube de Corso Films. Estuvo mucho tiempo como privado.

Pero ahora es público.

 

Ayer lo escuché con los auriculares y me di cuenta que hice un trabajo bastante aceptable de sonido para el mismo. Y que pude contar con muy poco lo que quería expresar. Los nombres que aparecen en la lista de los que ayudaron son todos seudónimos míos, salvo uno, claro. Pero esa es otra historia que no me interesa contar así como estoy contando esta.

Y en esta explico como realicé el cortometraje y qué paso con mi hipoacusia.

Empecemos. Y sigamos.

El cortometraje empieza con una logoaudiometría. Usé una habitación con paredes blancas y luego en posproducción le agregué el dibujo que verán detrás mío para simular que es una consulta al fonoaudiólogo.

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Muertos que gritan

En general, vivo en el hueco de la escalera. Cuando todos se van, cuando las cerraduras crujen, separo las revistas viejas, y las cajas grandes llenas de juguetes míos, y como una rata, salgo y recorro la casa.

Pero no soy una rata, las ratas se quedan ahí, en mi caja de zapatos agujereada compartiendo una hoja de potus. Después quedan pelados los potus. Y mamá se asusta. Se piensa que… hay fantasmas.

Los hay pero no son los que comen las plantas.

Hay otro fantasma como yo en el chalet de al lado. Es el de un hombre que era viejo rechoncho y así quedó. Todos saben que en nosotros la apariencia es lo único que importa.

Ignora la Ley.

Deambula por el pueblo raptando chicos. Ahora lo veo en el jardín, jugando con el perro y riendo hasta que el perro se enoja y lo quiere morder.

Para los mortales sería un perro ladrando al aire.

Como no puedo verme en el espejo, lo primero que hago cuando mis padres se van es correr hacia el armario y abrir la caja de fotografías.

Ahí está en la que sonrío con el vestido azul hasta las rodillas y el regalo de navidad en el regazo.

Cuando mis padres miran las fotos, Rodrigo pregunta en vano ¿quién es la chica que ahí aparece? 

Entonces, tiendo a creer que lloro en el hueco de la escalera y siento bronca por esas personas que no quieren reconocer que alguna vez tuvieron una hija —y que Rodrigo tiene una hermana, porque la tiene, y hasta me habla como si fuera un amigo invisible, ¡pero soy Yo!

María.

Ya ni me siento un fantasma decente, desde que mamá y papá simulan que nunca nací y que nunca morí. Además no morí así nomás. Me mataron.

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Palabras

Hoy escribí un cuento que quedó en mi cuaderno. Decidí reescribir este poema que tiene unos años y que no es un poema, por qué lo sería si nunca escribí más que el poemario del Joven Pálido, que más que un poema es prosa desarreglada e inconclusa.  Pero me gustó escribir lo que sigue abajo. Un día me apaciguó hacerlo. Puede ser un buen prólogo para mi novela Intransparente.

 

Estas son las palabras que nunca te enseñaron

las que nunca se ponen ni jamás se dicen.

 

En una ciudad antigua las gritaban.

 

En Lanús una viejita las repetía,

murmurando,

mientras encendía la hornalla para tejer un cuento.

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La nena de los velorios

 

Me atiende un viejo moreno, bajito y con anteojos. ¿Por qué no usa él esas prótesis que me va a vender? Parece simpático. Al costado del mostrador hay unos asientos delante de un espejo que cubre toda la pared. Receta, dice mientras me señala uno de los asientos. Revisa la receta, revuelve unas cajas sobre una repisa y saca unos estuches de plástico. Mete un dedo y lo alza con una fina baba pegada. Lentes de contacto, lentillas, de la mejor calidad.

Ni se notan, dice y agrega que debo tener paciencia con el asunto. Paso número uno; abrir grande los ojos; dos, mirar fijo adelante; tres, prohibido el pestañeo. El último era el más importante. Se acerca y me dice que abra grande.

Listo. Pestañea ahora…, así…, muy bien. Me echa unas gotitas. Seguí pestañando. Ahora el otro. Se acerca y hunde su dedo en mi ojo izquierdo. Se me caen los mocos y el viejo me alcanza un pañuelo. Me deja un rato solo y vuelve. Se sienta y me dice cabeceando complaciente: acordate que es un objeto extraño en tu ojo. Mientras tanto mis lagrimales no dejan de chorrear y siento como si tuviera espinas clavadas en los ojos. Miro con cariño a mis anteojos sobre la mesita.

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Buenos días, Sr. Presidente

No se lo esperaba.  Martín se restregaba los ojos rojos frente al monitor. Era casi mediodía. La tarde del día anterior había terminado un trabajo para Canadá, hackeó una tienda de ropa virtual y después había estado jugando hasta las cinco de la mañana.  Warcraft, Gods and Devils, un shooter en primera persona que simulaba que eras un agente anti terrorista, el viejo Swat que amaba, otro juego en el que dirigías una panadería de proyección internacional. Los resultados habían sido buenos, sabía que había superado a sus oponentes sin hacer trampas, pero no había reparado por cuánto los había vencido.

Y ahora estaba frente a la pantalla azul que decía Buenos días, Presidente No tenía ganas de cambiarse, no tenía fuerzas para enfrentar lo que sabía que tenía que enfrentar, pero se alegró de haber ganado algo. Bajó el volumen porque estaba sonando el himno nacional y sus oídos eran sensibles.

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La más buena

 

Son muchas las conversaciones que oigo. La mayoría no las escucho porque el volumen de la música está alto y significa un esfuerzo para mí concentrarme en una en particular. En general estoy cruzado de brazos y miro el culo lindo de María al darse vuelta para buscar los vasos y servir la cerveza tirada. Por lo general, no tengo que arrastrar a nadie hasta la puerta. Por lo general: a veces dos imbéciles se empujan sin querer y empiezan una pelea de borrachos y ahí me tengo que despegar de mi lugar. También lo dejo para ayudar a levantar las sillas a las doce, es el horario en que dejan de servir comida los de la cocina y el bar se convierte en una pista de baile. Era un poco después de las doce cuando el grupo de tres chicas se detuvo cerca de mí para tomar sus tragos. Dos chicos estaban pidiendo pintas en la barra. Pude apreciar otra vez el culo de María. Los dos chicos se pararon cerca de las chicas, como centinelas, aunque había más lugar atrás. Uno de los pibes era alto, atlético, el otro bajo y atlético también. En cuanto a las chicas, dos eran morochas de la misma altura y la tercera era castaña, de ojos claros, cara afilada. Parecía no tener tetas. Las morochas, más que nada una, tenía un escote bien relleno. Estaba tranquilo, relajado, me suelo tomar dos miligramos de clona para aguantar más tiempo sin fumar.  Mientras un cliente esperaba, yo miraba el culo de María, en general miro el culo de María muchas veces por noche. El pibe alto se acercó a las chicas.

—Son todas muy lindas —dijo—. Pero: ¿cuál será la más buena?

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La mujer que conocimos

 

El hermano mayor calla. No había ensuciado el auto tan temprano por una tirada de cartas a la gorra. Para saber el futuro estaba el horóscopo de las revistas del diario.

Entonces es el gran asunto, dice el viejo brujo, y el gran asunto, sabrán, requiere que antes desembolsen una buena suma de dinero. Luego corre los billetes del centro de la mesa como si el pago no le importara. En ese momento los hermanos escuchan un gemido de placer.

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De hoteles baratos

Usually, that’s the way it goes, but every once in awhile, it goes the other way too

Sube la escalera del hotel en que se hospeda. El Resplandor. Barton Fink. Pero no estamos en una película, es la vida de Gastón. En ese hotel los empapelados no se despegan de las paredes. Ni si quiera hay empapelado. Sí otras cosas que llaman su atención. Una vitrina de cristal repleta de muñecos de cerámica. Bailarinas de ballet, una pareja de ancianos con cestos repletos de verduras y un fauno con flauta adornan el camino que recorre el huésped hacia su aposento. También cuadros de mujeres desnudas y en un rincón una representación de Cupido y Psique. En buen lugar vine a caer, pensaba Gastón.

Antes de las películas nombradas, Spielberg y Robert Zemeckis evidentemente fueron una influencia a su imaginario. También esas comedias románticas como Quisiera ser grande o Tootsie. Goonies. E. T. Kathleen Kennedy debería aparecerse en sus sueños y decirle: vengo a producirte una película. Ajustaría las cuentas con sus ilusiones.

En sus inicios había intentado imitar a Tom Cruise. Le hicieron notar un parecido físico, para algunos lejano, para otros cercano. Sentado en su pupitre rotaba una lapicera entre sus dedos como Maverick.

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La madrastra

 

Bocetos de Sebastián Asato para Mr. Time.
Diseño de personajes. Bocetos Mr. Time, de Adrián Gastón Fares. Ilustración de Sebastián Asato.

 

Sí, patalea mucho, Fran.

¿Marta? Está bien. Bueno, no tan bien. Está en la habitación, meditando hace varios días. Tengo miedo de que se convierta en Leona justo ahora. No aguanta que papá esté internado.  El otro día me dijo que trate de abortarlo.  Está claro que cuando una conciencia llega a la familia otra debe partir. Estoy preocupada, creo que no quiere que lo tenga. Así va a conservar a papá. Eso es lo que pensaba. Después entró en sadhana, justo después que te fuiste. Le expliqué que papá está bien. Pero el miedo es más potente. Ella dice que no tiene miedo, que son hechos.

Esperá, sí, me tiembla la voz. Marta está levitando. Si sube un escalón en su jerarquía estoy lista. No estoy acostumbrada a ver a alguien flotar en posición de loto. Estoy muy nerviosa. Ahora apareció en la puerta. Sus ojos están azules. Es una Leona, Fran, estamos listas. Necesito tu ayuda. Viene hacia mí. No sé si voy a poder sostener mi prana para seguir comunicándome con vos. Venite. Venite cuanto antes. Se convirtió en una Leona, me mira con las fauces abiertas. Tiene colmillos, los lóbulos de las orejas le cuelgan, la piel color dulce de leche pegada a las mejillas. Estamos listas. Ahí viene.

Me está pegando, Fran. Si alguien llega, el otro se va, dice. Ese niño no puede nacer, dice. Ahora puede dominarnos. Pienso en los chicos, en los alumnos, la mayoría tiene problemas de atención, están por debajo de los Leones y de las Zorras como yo. Son Abejas, pero tienen mucho potencial. Chicos, no voy a poder leerles el cuento que tenía pensado para que trabajen en sus casas.

Me está arañando con sus uñas azules. Le crecieron. Es una Leona. Estamos listas. Dice que estar en Vilcabamba, beber agua de un río, la ayudó con la transformación. Pero a papá le hizo mal. Demasiado para él, ya está grande.

Sangro, Fran. Logró reducirme en el piso, metió la mano debajo de mi vestido. Me siento toda babosa. El vestido se está manchando de rojo. Rebusca con la mano. Me lo está sacando. Puedo escuchar como llora. Está llorando. Sí. Me lo sacó, Fran. Lo tiene en la mano. Cortó el cordón umbilical con sus uñas. Me desmayo. Se está alejando, camina hacia la puerta mi madrastra con el bebé envuelto en la manta incaica del sillón.

Hay que tirarlo a la basura, dice. Por papá, por tú papá, dice. No debe vivir. El va a dejar la clínica ni bien este ser nuevo desaparezca. No hay lugar para todos. Repite, si uno viene el otro se va. Tu papá no se va  a ir.

Se lo lleva, Fran. Se lleva a nuestro hijo. Es puro como nosotras dos. Con lo que nos costó. Estás lejos. ¡Necesito que vengas urgente. Fran! No puedo escucharte. Mi pranaestá bajo. No me puedo concentrar. La escuchó a ella, es un ser andrógino ahora, ya la vejez lo había hecho, la había convertido en un ser andrógino, pero ahora se le nota mucho más. Es una Leona y puede decidir sobre nuestras vidas. Está en su derecho, dice. Ella manda. Va a salir, se va a llevar al bebé. Llora. Qué lindo, qué terrible escucharlo llorar.

Me levanté y caminé hasta la puerta para detenerla. Pero me di contra un campo de energía. Lo creó ella, claro. Una pared invisible. No sé si me estás escuchando, Fran o estás en modo contestador. Casi no te escucho. ¿Va a quedar grabado todo esto? Quería decirte que te quiero. Fue un error separarnos justo cuando Marta daba señales de ascender un peldaño sobre nosotras. No puedo pasar. Está abriendo la puerta.

Están los nenes, mis alumnos. Todos con los ojos azules. Sabía que tenían mucho potencial. Se ve que me escucharon, Fran. No la dejan salir, son seis. Apenas caben en el pasillo. Pero están contrarrestando el poder de Marta.

Me caigo, la pared de energía se desintegró. Gracias a ellos. Estoy en el suelo, sangrando. Sin fuerzas. Marta salió volando. Ellos lo lograron. Está aprisionada contra la pared. Tiene la lengua afuera, es larga, es afilada. Quiere atacar pero no puede. Los nenes me están rodeando. Pero Marta se está por escapar. Es un hija de puta, tiene mucho poder ahora. Los nenes me rodean. Escucho sus mentes. Maestra. Maestra me dicen. Lo lograron. No tenían déficit de atención. Nuestro bebé está en el suelo, arropado. Los nenes lo hicieron.

Marta ya no está contra la pared, Fran. Desapareció. Veo las caras de los nenes, todavía tienen los ojos azules, tal vez pasaron de Abejas a Leones sin escalas. Es único. Pero están… están congelados ahora. No pueden moverse. Escucho que sus mentes repiten la palabra Maestra, Maestra. Hicimos lo que pudimos, dice la nena.

Marta está suelta. Dios mío, cae desde el techo, como una rata o un vampiro. Escupió sangre. Los nenes pétreos, bañados en sangre.

La tengo enfrente, con los ojos bien abiertos, la lengua larga, abre la boca cada vez más. Se los va a tragar, uno a uno a los nenes y después…

Mis alumnos serán su cena, nuestro bebé el postre. Todo sea por papá, yo no puedo hacer nada, Fran.

Si uno llega, el otro parte, trasmite Marta.

 

Por Adrián Gastón Fares

El animal sumergido

 

Este cuento fue publicado con el nombre: Agua en movimiento.  Creo que el título El animal sumergido, le hace más justicia al cuento. Salpica una gota de ironía.

El animal sumergido

Cuando la sombra gigante llega, Lucía despega el dedo índice del vidrio y retrocede. Gira la cabeza para ofrecerle a él, cruzado de brazos, una sonrisa temerosa. Una empleada la agarra de la mano y se la lleva a recorrer el parque.

Ahora Guillermo está  sólo con Juana, la sombra. Piensa que en unas horas tiene que dejar a Lucía en la casa de su ex esposa. Nunca en la vida se le había ocurrido que una serie de situaciones desafortunadas iban a terminar en la separación. El golpe del sinsentido, de la suma de hechos que deshacen algo, era como recibir una piedra en la cabeza. ¿De dónde había caído? Produce la nada por un tiempo largo. Y la nada pesa.

Era como si la anduviera arrastrando por toda la ciudad. Nada por aquí. Nada por allá. La nada en sus ojos. La nada reflejada en los ojos de los demás. Reconocemos tu nada. Otra cosa era detenerse y ponerse a juntar los pedazos del derrumbe. Se volaban. Algunos se los alcanzaban, pero él sabía que no eran los suyos. Pertenecían a otra destrucción.

Lo único real que Guillermo veía, además de la lucha con su nada, era esa orca, maciza y resbalosa. Siempre había extraído de su trabajo las fuerzas para aguantar este tipo de contienda. Observar a estos animales que en la antigüedad eran, probablemente, los seres fabulosos de otras culturas extintas: sirenas, krakenes, leviatanes.  Conversar con ellos en su idioma oculto. ¡Qué privilegio! Ser invitado, con todo pago, al castillo del rey Ryujin.  Pocos pueden tolerar que otros tengan una profesión tan maravillosa, pensaba Guillermo.

Tenía que descubrir por qué ese animal, cuyo ojo pétreo lo observaba embutido en un cuerpo suspendido como por hilos transparentes desde la superficie, había matado a una entrenadora.

Había ido a la casa de los padres de la joven fallecida. Averiguó que era soltera, sin hijos, egresada de varias carreras, que incluían las artes circenses, los arreglos florales, la cerámica, fotografía, la administración hotelera y el turismo, y finalmente la escuela de entrenamiento de mamíferos marinos. Había nacido ciega de un ojo. Su madre dijo que siempre la trataron como si tuviera los dos sanos. Hacía diez años que la chica no tenía novio, para su hija habían terminado de común acuerdo, pero él se había alejado. Era un buen muchacho, fueron las últimas palabras de la madre, antes de largarse a llorar.

En estos momentos donde los derechos y las necesidades físicas y psicológicas de los animales se defienden en las redes sociales más que las de los seres humanos, a Guillermo le sorprendía que las medidas reglamentarias del tanque que contenía al animal no se hubieran respetado. Era la única explicación posible, mensurable. Eso, y el detalle de que un entrenador anterior la había sobre exigido. No la premiaba por las piruetas simples y demandaba que hiciera saltos imposibles.

El gerente del parque le había asegurado que los tiempos del entrenamiento del animal habían sido respetados. Juana sobresalía en inteligencia. Habían comprobado que su memoria era superior a la de otras orcas encerradas en parques marinos. En los atardeceres era un placer verla jugar con los perros.  En su tanque flotaban varias pelotas pero ella le lanzaba a cada uno la misma. Al dogo, la roja; al mestizo, la azul; a Cande, la ovejera, la naranja. También era sinéstata, si un entrenador le mostraba un número, el animal se sumergía para tocar en el piso del piletón una lámina de un determinado color. Por ejemplo:  7-naranja, 10-azul, 3 verde.

Ahora él, como perito psicológico de animales en cautiverio, debía decidir si la sacrificarían. Siente que le tiran de la manga de la remera, se da vuelta y descubre a su hija.

–¿Dónde está?

–En la otra punta de la pileta… la vez…ahí… al final del pasillo…

Lucía sale corriendo por el pasillo gris para ir a encontrarse con Juana. Aparece una terapeuta holística, una de las precursoras en el uso de esta práctica para la terapia con animales. Lo saluda y camina hasta el fondo del pasillo, hasta situarse al lado de su hija, a la que da un beso. La alza y la deja a la altura de la flotante Juana. Lucía grita, no se sabe si de alegría o de terror.  Con los compases de la La belle Hélène de Offenbach inundando el parque desde los parlantes del subsuelo, la profesora posa las palmas de sus manos sobre el vidrio, como si estuviera empujando un camión, pero sin esfuerzo.

Al minuto, la orca se aleja del vidrio, pega un salto en la mitad del tanque, que deja entrar un rayo de sol al romper el agua, y luego nada velozmente hacia Guillermo, que pensaba en la madre de Lucía, y ahora no puede creer que le hubieran encargado juzgar a ese animal.

Lucía lo llama. Guillermo camina por el pasillo hasta la otra punta del mirador del tanque. La bestia negra vuelve para dejarse imponer las manos de la terapeuta. Su hija sale corriendo, y estirando los brazos, posa las palmas de sus manos contra el vidrio como si fuera una ventosa. Pega una mejilla. Cierra y aprieta los ojos.

 

por Adrián Gastón Fares