Los edificios

Años encerrado en una habitación de paredes ocres. A mediodía, un rayo de sol entraba por un agujero hasta asentarse en una esquina. Desde el principio, habían llegado personas, toleró a algunas, quiso a otras, venían a entregarle un mensaje, a instruirlo para las pruebas: eran las pruebas, hablaban con él, se hacían tolerar o querer, ya lo dijimos, y desaparecían. Por su situación habían pasado muchos, como los vecinos que vivían en los otros recintos y ahora trabajaban para los magos. Lo recibían, para aconsejarlo a veces, darle un talismán otras, o para castigarlo, cuando retornaba de las pruebas y era que había fallado.

Mete el dedo índice en el rayo de sol y dispersa las partículas de polvo. Pasos leves en el pasillo. Un trío de mujeres se asoma. Debe seguirlas. Significa que su estancia ha concluido. Las sigue por el pasillo hasta la luz cegadora. Fuera de la pirámide su iniciación es condecorada por la ovación de sus amigos.  Abajo, una mujer de espaldas con el pelo revuelto por el viento del río. Las tres mujeres lo animan a descender por las rocas.

por Adrián Fares

 

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El joven pálido 18

Junto al río Telodigoyo encontró el Joven Pálido a la calavera roja y blanca, en el centro de cuatro rocas caída vaya a saber cuándo, la calavera, y se adentró en el agua hasta las rodillas para observarla de adelante, entre los reflejos del sol en el más allá iridiscente. Qué cosa tan extraña, se dijo, una calavera que guiña un ojo. Hay que tener insistencia para hacer del hueso expresión. Pero no sería el primero ni el último. Entonces caminó derecho y sus pies abandonaron el agua y metió el dedo en el ojo bien abierto de la calavera, y levantándola en alto, vio proyectada en el cielo violeta su historia (la de la calavera) Un día, en ese mismo río, Palantonio Rodendola (el Sr. Ahora Calavera) quien tenía el poder de cambiar de piel como las serpientes, encontró su piel intacta erguida como estatua de museo y se animó a mirarla de cerca, y como que era él y no era él. Rodendola, con un manotazo dispersó en el aire su piel que ya había dispersado en otras oportunidades, y cansado de cambiar de piel, decidió convertirse en calavera ritual. Entonces, el estimado Joven Pálido le encajó un beso en la frente, hueso frontal, a Rodendola, Atte. retornándolo así a su santuario, y los mismos pasos torpes que lo trajeron lo llevaron lejos de la cabeza y guiño del tal Rodendola.   Cooonde