El joven pálido 17


El amancebador.

Déjame,
corazón de las horas perdidas.

Lánzate al viento, capataz de las luciérnagas, y
aléjate del río de las sensaciones,
donde duermen los maestros.

Cede la bronca a las esclavas abejas,
abandona las grillas horarias,
aliviate de la busca de hidras en las zanjas,
acaricia las crines de tu caballo
aunque no tengas ninguno.

Egrésate del conteo de melenas
hay otra vez paz en tu reino,
donde semillas de amapolas.

Y encuentra en el suave declive,
el rostro de piedra de la flor,
luminosa es y cae como estas

ca

si

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ti

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das
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llan
tes

Ahí, fulgúrate un futuro
estribándote a la mariposa alada:
hacéte un pic-nic en su polvoriento lomo.

Desmonta, donde el declive del terreno
rejunta a las corrientes de humo
encontrarás un árbol de ramas quietas
a pesar del viento alrededor
con una puerta diminuta bañada en oro.

Golpea,
verás como te recibe,
un pequeño y lampiño ratón.

Oh, pequeño ratón fetíl,
entregado a las fauces de una araña
avicularia avicularia
en una ignota veterinaria
por un mago secreto
de los que tantos pululan en tu ciudad,
de ternura impuesta,
y renacido en este árbol
para bien de toda la humanidad.
Oh, pequeña laucha
tranquilizadora de mentes enojadas como la de mi nuevo amigo
quien me llegó como quien
llega a un árbol de copa generosa,
cuando el camino de luz que está hecho para cansar
cumple su cometido.

Poseso,
pasaré a hablarte con el idioma de las ratas, que bien crees
desconocer.

Joven,
la mañana no es la gruta
no hay que postrarse aquí en el quieto árbol,
y si no encuentras otra manera,
piensa en la tierra de Ontario
en el Kaniatarowanenneh
donde el silencio es
tan maravilloso que las risas de las marmotas
salpican
agua fría.

Si puedes, olvida tu tierra
es una trampa:
no sabes quiénes te trajeron de la mano
hasta el lugar donde nacistes
no debes ser confiado siempre, joven pálido.

No creas que el aire está vacío.

El amor no es ciego.
Nosotros somos.

O te pensas que mis ojos fueron siempre dos ombligos,
tócalos,
siéntelos, ellos no pueden ver. Mi verdadera fuerza reside en no saber nada.
Déjame de cosquillearme.
No soy solamente tu infiel daimón.

Déjame. Déjate.

Es tarde y es verano,
¿recuerdas?,
en los manicomios de las bestias,
es hora de los talveses.

Cooonde

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El joven pálido 16

Corregirán que nadie avanza por los caminos,
pero estos errores son claves:
sin ellos nada existe
o existe la nada.

Entonces diremos que El joven pálido
recontra avanza
por el camino,
como todos:
AVANZA,
no camina.

Avanza
como en el juego de la oca,
más vale que te corras
o te emboca,
porque descubrió que los sabios
deberían gobernar,
que los demás usan sus cargos para criar a sus hijos,
mientras él lo lleva en su mochila,
historia de verano,
aborto voluntario,
feto universal (uno son todos)

Avanza y piensa, que la vida es un flipper,
un plano inclinado hacia abajo
por donde rodás a gusto
del que tiene plata,
o espíritu,
para comprar la ficha
-y hace rato que la plata y el espíritu son lo mismo:
¡qué problema, che!-

Ya todo lo confunden.

Pero salís lanzado, y ¡qué lindo rebotar!,
multiplicarse en varias bolas.

¡Qué bueno!,
dar placer al jugador.

En la era del nepotismo
de la tiranía de todos
-todos de un lado de la soga, de la otra la palabra
humano-,
El joven pálido lleva el signo menos
en la mochila, los demás sólo quieren sumar,
a él le alcanza con el resto
de sus ilusiones.

A diferencia de las personas
el feto no refleja nada,
es un talismán contra los espejos
¡Oh, dulce talismán!
te quiero porque como los sabios
controlas lo que reflejas
porque reflejas lo que controlas,
o sea nada;
eres libre de futuro
como un recién nacido.

La primera respirada
sin llorar,
hay tiempo para llorar,
pero el feto nunca lloró porque
siguió de largo hasta el basurero
terminando de florero
en la morgue judicial,
ya lo sabemos.

Entonces cállense:
es hora de escuchar,
el joven pálido va a hablar.

Dicen que en los caminos de luz
acechan las sombras negras,
como en el agua clara, la mugre
y en la oscura, la luna.

Era cuestión de esperar la noche entonces
para refulgir,
¡Oh, Buenos Aires!,
olor a pizza y libros,
a gomina, camperas muy usadas,
como una vedette transpirada,
y el casi-niño en la mochila.

Casi niño,
escucha a esta ciudad.

De trabajos semiacabados
y de acabadas monumentales
como la que terminó en el feto
que El joven pálido lleva en su mochila,
plasticola de una noche de amor,
endurecida,
derrochada,
doblemente ocultada,
pero por lo menos impulsada
ahora otra vez en las calles gracias a él.

Las chispas,
no todas prenden.

Ese momento donde los tubos
se encienden y la mano
no se ve
(la futura acción)

Ahí ves
lo que se ve,
avanzando en el reino de las ilusiones.

Robó
(tomó lo que era suyo),
y huyó.

Que digan de mí que siempre robé,
huí,
y avancé.

Un pasito más, por favor.

No! (¡ya te aplastaron al nacer!)

Bajé al subte,
Subí al taxi.

Nohijo,
la ciudad está borrándose,
qué chiquitos se ven los edificios en el espejo retrovisor,
son como agujas
hilvanadas por las confusas calles grises.

Pinchan ilusiones débiles.

Casi niño,
-quédese con el cambio-,
acá estamos más cerca
de acá seguimos a pie
sin cemento
-¿para qué te crees que se inventó el cemento?
¿que solamente cementaron AL QUE YA SABES?-,
en la mafia del pensamiento
una pisada puede unir, flotando en el polvo,
a los viejos enemigos.

Acá es más fácil ver,
lo que un paso tras otro puede hacer.

Cooonde