Kong 2

Adrián, otra vez desde Futurlandia.

Los equinos pacen en el verde como si fuera una pradera interminable. Está bueno verlos resoplar separados en bandos por el rayo de sol tenue que entra por mi ventana. Parece que se viene una, según Taka.

Ahora algunos se echan al galope. Otros se quedan rondando una yegua. De sexo mucho no entienden, el caballo se acerca a la minita sin animarse a montarla. Mucho cortejo al pedo. Tal vez sospecha que hay cosas que no coinciden con lo que debería ser, porque la huele por todos lados y después se pone a respirar fuerte por las narices.

Hay una potranca que es hermosa, blanca, y mueve las crines como si fuera una publicidad de shampoo caballeril. A ésta ni el líder se le acerca. En lo demás, coincidimos con Taka en que la imitación es perfecta. Cuando llegan al borde de la alfombra se detienen, olfatean el parquet, le dan algún golpecito con las patas, pero ahí se quedan, un poco insatisfechos con el resultado de la corrida, calculo. Con la ponja nos sentimos como nenes de antes ubicándolos en hilera y soltándolos a la vez. Entienden nuestras intenciones y corren a más no poder. Estaría bueno armar apuestas con los pibes (mis amigos) Pero no puedo mostrárselos.

Los encontramos en la casa de un viejito que pasó a mejor vida. El cuerpo estaba tirado en la cocina y los caballitos formaban en el borde de esta misma alfombra (también me la traje), una guardia perfecta. Taka los persiguió a cada uno, y los embolsó.

Cerca un enorme sillón de cuero resquebrajado y una pipa de agua en una mesita ratona.

Como nota de color, algo que te puede interesar: te cuento que el viejo era descendiente del dueño del primer cinematógrafo de Buenos Aires. Encontré un viejo proyector en esa especie de palacio rodeado de cactus.

Los caballos le están dando la espalda en la ventana. Corre un viento cálido.  Se larga. Taka siempre la pega. Aunque el tiempo cambia rápido.

¿Por ahí todo bien? ¿En qué andás?

No hace falta que me respondas por escrito,

Un abrazo,

Von Kong.

 

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El joven pálido 12

Hálito vital,
qué maravilla.

De una bikini se lanza en picada

Y sube con el viento.

Se clava en el oído el sagaz

Cupido

De espaldas al mar

Charlando

De una mirada se desprende

Y tu estomago se convierte

En una pecera casi vacía

Como si estuvieran succionando

De ese precipicio

Donde tantos cayeron

Y jamás volvieron

Qué desconcierto.

Hálito vital.

Cordón umbilical.

Nací para encontrarte,

leyó en una pared.

Nenito,

hay gente que nace para encontrarse

Y otras para matarse

Es la ley de la vida

La de los suicidas

Y la de los salvavidas

Vos flotabas en una panza de fuego

Allá lejos ,

Hace tiempo.

Salud.

Por quien brinda?, pregunta el mozo

Por mi hijo, esta en la mochila, lo quiere ver?, dice el Joven pálido.

Usted si que es ingenioso

Y rasposo, dice el mochilero.

El Joven pálido se miraba las falanges
a la luz de la luna,
el viento soplaba entre los huesitos,
se movían sin querer.

Reformulaba,

aunque no le importaba la cuenta:

La cerveza te hace entender
la falta de tu ayer.

Todas las cosas son por algo;
ahora caigo.

Así y todo,
hay que cacarear dos horas,
para poner un huevo.

El pez macho hace temblar el agua
como el viento las falanges
del Joven Pálido
para que la pececita suelte los óvulos
que se traga,
ahí en seguida busca los ocelos del pez macho
los círculos naranjas en la aleta anal
y el macho le suelta lo suyo en la boca,
y los pececitos se forman ahí
cabecitas del futuro
después a esconderse entre las piedras,
palabras del futuro,
¿son?

También el caballo se coge a la caballa
y nadie dice ni mu
cuando a la vaca el toro se la pone

Es un señuelo.

Para que pique la nada.

Nadie supo nunca
dónde empieza ese fuego
ni se acuerda siempre
cuál fue la primera llama que vio

Hoy en día es
como la muesca que te hacían los ancestros en un hueso
cuando la luna se llenaba;
pero ahora en cuanto se vacía,
borramos la marquita:
con nosotros no hubiera existido
la matemática

Y el frío,
o el calor,
la locura
o el amor
dirían las estaciones.

El Joven Pálido
se sopla el polvo de las falanges.

En un bar tipo irlandés
te digo todo al revés:
el poeta es un príncipe
no es un vampiro.

Chicas,
Bustrofedon potenciado:
oripmav nu se ateop le
no es un príncipe.

por Cooonde

 

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