La verdad parcial

Se puede relacionar la útil y necesaria verdad parcial que propuso el filósofo Hans Vaihinger (discípulo de Kant), la katharsis de Aristóteles y las revelaciones que ofrecen algunos momentos de las obras artísticas.

También para los propósitos de la creación, es necesario sacar a luz una verdad parcial o construcción útil, una imagen mental que tiene el germen de la futura obra pero también el de nuestro supuesto genio. Vaihinger llama a estas construcciones parciales ficciones. El psicólogo Alfred Adler se basa en este concepto para crear su particular teoría de la personalidad.

Tal vez a esta verdad parcial, de la que partimos para crear, la podemos encontrar como observadores sólo en algún momento de la obra terminada, alimentada por el proceso de construcción. Tal vez la creación no sea más que el procedimiento que sirve para mostrar en algún punto esta verdad parcial que encontramos en una eufórica visión (sí, visión). En el cine, por ejemplo, una secuencia, como la cámara frente a la ventana de la habitación en que un músico enclaustrado le da duro a la guitarra en Last Days (la película de Gus Van Sant), es un buen ejemplo de expulsión de significados. A la vez es todo, y a la vez, nada. Una secuencia central.

Hans Vaihinger ejemplifica las verdades parciales a través de los conceptos científicos de ondas electromagnéticas, de protones y electrones y otras creaciones útiles jamás demostradas, pero que sirvieron como puentes a los científicos para encontrar mejores verdades.

Me gustan las películas, o los libros o las pinturas, que son grandes o pequeñas verdades parciales. Las demás puedo disfrutarlas, pero no me hacen falta. La verdad parcial nunca deja de lado la belleza.

A. F.

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El joven pálido 7.

Chau flashback pedorro.
El que no lo entendió,
se embroma.

Jóvenes poetas
Jóvenes amantes
Dejen de escribir en los telos
historias de medio pelo
Ayúdenme a olvidar
que alguna vez te dejé
en manos
ajenas.

Fantasmas de la noche costera
Amigos del pasado urbano
Dadas en adopción: mascotas de futuros condominios,
que remuevo en el basural
donde maúllan los cartoneros
Tres vagabundos de la calle Paraná,
que acabo de cruzar de reojo
¡Ronronen
en mi pecho!
Todavía puedo inflar mis pulmones
Y que salten al aire
los perdones
Todavía puedo enfrentar
mi propio desdén.

El Joven pálido estaba acodado
en la barra de un bar
tomando champán,
tomando champán.

Y el líquido salía
por los putrefactos orificios.
Pero las burbujas subían
igual,
y lo alcanzaban de lleno
como las balas en los
noticieros.

Una noche,
después de ver a su Diana
postrera aquella quimera
bla, bla,
escribió:

A veces me gustaría
vestirme de furia.
Arrastrar el polvo de largos pasillos
con la cola de un largo traje
y asomarme a los majestuosos
ventanales,
a las mujeres
que dejamos pasar.
Que pasan
por la calle en un inexplicable
desfile fortuito
Y si alguna me ve,
saludar.
Y arremangarme las ilusiones.
Debajo
no soy más que eso,
que pensó,
que pensaba.

por Cooonde

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