El joven pálido 3

el joven palido 3

el joven pálido
se erizó de sueños
y por las calles vagó
sorbiendo cemento
soleado

el que desayunó aires
por ahora no le preocupaba
mejor era bañarse
en las islas personales
que se separaban por el cemento
en esa mañana corriente

mujer era bañarse
en las islas personales

adónde vamos
quién soy
por qué
eran palabras que a él ya no le molestaban
y a las personas que se cruzaba
parecía que
tampoco

los caminos cruzados
caminos perdidos

i will write a story
about pain and glory

en la casa del conde
dónde estará?
dónde se esconde?

entonces piensa
las mentes deberían adaptarse
a cualquier felicidad
no importa de dónde venga
ni cuánto dure
la verdad

Cooonde

El joven pálido 2

Dibujo El Joven Pálido 2

en un páramo
de pétalos rosados
se erigió el joven pálido
y miró el horizonte
contó las tumbas
y les juró que volvería
con la mínima flor
y su Diana

las pútridas manos surgieron
y con el pulgar hacia arriba
aceptaron el reto

ni michael jackson
ni fulci
ni romero
ni hablar de shyamalan
imaginaron
este saludar

después
caminó en busca del ahogado
su primer enemigo

la laguna estaba mansa
y el ahogado flotaba
mirando
la grava parda
del fondo

cada tanto el ahogado saludaba
a los oscuros peces
creía que eran las mujeres
que en el mundo de las lombrices aéreas
había amado
las despedía
con ganas

el joven pálido llamó al ahogado
éste sopló burbujas
que como todas
reventaban en la superficie

amigo,
qué te pasó?

la burbuja reventó

nada, acá terminé

tus planes eran el arte
y el amor

el joven pálido esperó
que la burbuja
reventara

idiota

decime, contame, soplame
dónde está mi Diana
por la que dejé el mundo de la tierra
si mal no recuerdo
trabajaba con vos
en una oficina
de dos por dos

ella salía con su jefe
todos los sabían
para qué querés recuperar
lo que en vida
perdiste

quiero saber quién lo hizo
y encontrar los restos
y las palabras

buscá a uno que tiene raíces
frescas
en el mundo de las lombrices aéreas
no lo vas a encontrar
así nomás

quiero saber también
por qué me dejaste solo
en la cena del 2 del mayo
éramos amigos

vos querías todo y yo quería la nada
o sea lo mismo que vos

vos querías la nada pero de forma
que reventara
te gusta el ruido
y aparecer

mi cerebro ya perdió las células
bailan en el agua, fueron comidas
por los peces
preguntales a ellas
yo ya no soy

y por qué hablás

todavía me gusta
si querés encontrar a la que decís que es
tu diana
preparate
y buscá al que desayunó alturas
el aire le infló los pulmones
como un paracaída
todavía tenés tiempo
antes que lleguen los policías
juntá los pedazos de la cabeza
y hacelo hablar

tené cuidado porque rondan las
penas
que son gemelas sin manos
que te succionan el alma
y ahí olvidate
de lo que viniste a hacer
nadie es igual otra vez

también te espera
el raiz fresca
el joven pálido miró alrededor
la laguna
era un estanque
en una casa de olivos
atrás estaba sentada
una mujer rubia bikini
tomando sol

retrocedió
sin que lo vieran
acarició la frente de un nena
que con un portafolio de doctor
de juguete multicolor
iba al
estanque

Cooonde

El joven pálido 1

Dibujo El Joven Pálido 1

El joven pálido. I.

Qué mejor idea que salir a dar vueltas
por el mundo de las lombrices aéreas
las que simulan amistad
simular es un asco
fundacional
pateo los huesos de mi gata
y afianzado a mi polvo será bastón
paseo mi mirada
por este patio de tierra
plantado de sexos profanados
de enamorados todavía desencontrados
y busco a mi Diana
la que una vez me obligó
a pronunciar su nombre
hoy me escapo
a patear la tierra que hay arriba de la mía
a arrancar por los rincones
pedazos de corazones
para encontrar la rosa marchita
de la unión con mi Diana
los de los nichos
dicen que está en un recinto
-“sí, sí, sí, está en el museo”
donde se guardan las sobras
para que las lombrices aéreas más serias
-“sí, sí, en el museo forense, Joven”
aprendan a matar mejor y más rápido
en una pecera
el vástago flota
como ejemplo de derrota
de la vida terrenal
exuberante, inocente mínima flor
que quiero traer a mi regazo
junto a los disperos restos de mi Diana postrera
aquella quimera
de las tardes soleadas
entonces
gusanos
¡retrocedan!
que el joven pálido
ya quiebra las raíces
ya sale a la gris pradera
-“mírenlo, se va a buscar a su familia”
-“atrapen la imagen
en los coágulos secos en sus secas órbitas”
Que tal vez sean el mundo
-“tal vez”.

Cooonde

Asado y asesinos

Ese año detuvimos nuestro recorrido en Miramar, donde compartimos un asado nocturno con unos amigos. El departamento era en un edificio lejos del centro, recortado contra la nada. Nosotros llevamos tapa parrillera y asado americano, era lo único que encontramos en el supermercado y esperábamos que hubiera pan y ensalada, pero no había nada que no fuera vino Pecarí. El visitante encontraba en una de las paredes, clavado como una mariposa de cartón, un envase.

Uno tocaba la guitarra, muy bien porque era de conservatorio, primero nos mostró que había aprendido mucho, o mejor dicho los amigos le pidieron que nos muestre, y después tocó algo de Sumo, entre otras cosas.

Pronto, no sé cómo, salió el tema de la cantidad de policía que había en la noche de Miramar y uno de mis amigos lo relacionó con la violación y asesinato de una chica el año anterior. Entonces el Pocha, rapado, uno de nuestros anfitriones, un chico que se levantaba a la mañana y se hacía mates con vino, y una de las personas más agradables y simpáticas que se pueden encontrar a los veinte años, antes que dejara embarazada a una chica que conoció en ese u otro viaje y se retiró de una vez del rito de esas vacaciones compartidas con su amigo Esteban (de hecho, no mucho después, Esteban dejaba embarazada a la hermana del Pocha, así que se habrán retirado de común acuerdo o seguirán yendo juntos, con sus familias), El Pocha apuraba el tinto cerca de la ventana, comentó que habían conocido a esa chica, que eran bastante amigos porque hacía tiempo que venían a Miramar y la encontraban siempre.

Dejó claro que ver la foto en televisión lo había asombrado. Nosotros, tontos, quisimos saber cómo era la chica, si era fácil o no como para dejarse seducir por desconocidos. Esteban, que tenía bastante pinta y la dosis de gracia que a las mujeres les gusta, preguntó a sus amigos, como si nos estuviera perdonando la vida, si sabían cómo era él con las mujeres. Los amigos asintieron riéndose y Estaban afirmó que la chica era muy tranquila, nunca había aceptado ni siquiera un beso.

Afuera brillaban las estrellas y dilemas y cuestiones que nada tenían que ver con nosotros se nos cruzaron, es fácil encontrar la ensoñación y el miedo en la noche, más en el medio del campo y con una ventana abierta a la oscuridad, donde mucho más allá, se ven las luces de los autos como perdidas pero que avanzan con curiosa intermitencia.

Se comentaba que los asesinos de la chica eran policías. No sé si ya fueron enjuiciados o si el caso quedó impune. Ahí sentado, de repente, creí escuchar el murmullo lejano de los pensamientos del asesino o asesinos, un murmullo evasivo, distante, tal vez intemporal, pero tan real como los yuyos que crecen en el mismo lugar del vivero donde encontraron el cuerpo de la chica.

Más tarde nos olvidamos del tema, se contaron otras anécdotas (en una Esteban y el Pocha iban al amanecer con cuchillos y palos a vengarse de unos pájaros que los habían atacado en la ruta cuando volvían de un bar) y después salimos a dar una vuelta.

A.F

Pareja

Pareja

Empezó a laburar de barman a los catorce años, en un barcito que tenía el padre. A los dieciséis conoció a Mariana, una mujer casada que iba a tomar tragos livianos cuando el marido salía con los amigos. Mariana sabía que el marido la engañaba y quería devolvérsela. La primera vez de Juanjo fue con esa mujer, en un hotel alojamiento.

Cuando el padre murió de un infarto, la madre vendió el bar y Juanjo tuvo que buscarse un laburo para pagarse los estudios y mantener la casa.  De pura suerte, cayó en el bar X. Le pagaban muy bien y el bar se llenaba de chicas lindas y fáciles. Se acostó con muchas que conoció ahí.

Una noche vio otra vez a Mariana. Juanjo pensó que era un encuentro casual, pero ella no perdió tiempo; le confesó que sabía que trabajaba en ese lugar porque lo había visto entrar una noche al volver del gimnasio y que estaba ahí porque se le había dado por contarle todo al marido con lujo de detalle y tenía miedo que fuera a buscarlo. Por eso había ido al bar. La mujer dijo que no aguantaba quedarse esa noche en su casa; que después de la confesión el marido se había ido muy tranquilo y eso era lo que más la asustaba.

Juanjo de vez en cuando le servía algo. A las tres de la mañana, un tipo de bigotes blancos y gorra con visera entró muy desenvuelto acompañado de una chica joven. El hombre miró a Mariana y pareció sorprendido, aunque no tanto. Mariana se quedó helada al ver a la pareja. Al rato, le pidió a Juanjo que le diera un beso.

Estuvo trabajando, y a cada rato atendía los pedidos de besos de Mariana. Claro que siempre veía cómo se besaba el tipo de gorra y la chica. Al mirarla bien notó que si tenía dieciocho era mucho.

A las tres de la mañana la parejita desapareció. Juanjo sirvió tragos livianos y convidó cigarrillos a Mariana hasta las cinco y media, hora en la que entró el hombre de gorra, lo saludó con una inclinación de cabeza, y se la llevó.

A.F

De caza

De caza.

Es de noche. Una casa grande se eleva tras un jardín. Las habitaciones están sumidas en la oscuridad. Salvo dos: una repleta de personas divididas en pequeños grupos, y otra que tiene un suave resplandor que titila.

El living está en penumbras, sólo el árbol de Navidad brilla intermitente en el lado de la habitación opuesto a la puerta. Es un árbol grande y está repleto de luces. Se escucha el tic-tac del reloj de péndulo.

La puerta se abre; una pequeña silueta entra, la cierra suavemente, y empieza a caminar hacia el árbol de navidad. Se tropieza en el camino con la pata de una mesita y casi pierde el equilibrio. Llega al lado del árbol. Busca entre sus ropas. Saca un cable, fino y largo. Mira el árbol, se agacha un poco y estira los brazos, porque el pesebre le impide acercarse más. Mueve las ramas inferiores, con cuidado de que no se caiga ningún adorno, y agarra uno de los cables de las luces del árbol. Atrae hacia sí una luz rojiza. La desenrosca. Después, conecta la punta pelada del cable anaranjado que tiene en la mano en el agujero donde estaba la lucecita. Pasa el cable por atrás del árbol. Lleva la ficha del cable anaranjado unos metros a la derecha y, todavía agachada, la silueta trata de embocarla en el tomacorriente. Lo logra. Mira el reloj de péndulo a sus espaldas. Se queda agazapada detrás de un sillón. Mira el reloj. Mira hacia la puerta. La sonrisa de la pequeña silueta se convierte en una mueca de desilusión. Mira el reloj. Mira hacia la puerta. El árbol. El reloj. La puerta.

Alguien maldice al tropezar detrás de la puerta, y la silueta se agita. Una sombra larga irrumpe en la habitación. La poca luz deja ver una barba blanca y un capirote rojo con un pompón en la punta.

Papá Noel trata de acomodarse el capirote, que casi pierde en el tropezón. El reloj de péndulo da la primera de las doce campanadas. Papá Noel está de pie, mira hacia todos lados y pregunta con voz grave si Julieta, Tomás o Nando están por ahí. Cuando termina de sonar el reloj, se agacha para agarrar un regalo. La silueta detrás del sillón cierra los ojos. Papá Noel mete ese regalo y todos los demás en su bolsa, y cada vez que se agacha, la silueta cierra y aprieta los ojos.

Papá Noel camina hacia la puerta, va a salir y se detiene. Escucha un zumbido eléctrico. Se da vuelta. Una de las lucecitas está largando chispas.

Camina hasta el árbol y nota que las chispas provienen de un cable que está conectado en el lugar de la lucecita. Papá Noel estira su mano para tocar el cable. La silueta se asoma de su escondite.

Papá Noel se estremece frenéticamente sin poder soltar el cable. Cae al piso. El árbol de navidad se apaga. Pasos en la oscuridad. Se prenden las luces.

La nena corre hasta el cuerpo en el piso. Le saca el gorro y la barba. Por un momento, lo mira triunfante.

La puerta se abre. Dos viejas empiezan a gritar.

Por Adrián Gastón Fares