Las Hermanas


Mientras cortaba el pasto en el fondo de una casita, cuando vivía y trabajaba en Adrogué, me empecé a acordar de Luciana, la chica que creía en cosas raras. En el fondo de ese chalet casi muerto, un esqueleto de casa con un esqueleto de habitante, que era esa viejita encorvada y con olor a arroz con leche, también me acordé de Cecilia, una chica que más de una vez me había desnudado en su dormitorio. Esas cosas me pasaban un poco porque yo hacía changas de jardinería en ese tiempo, era un tipo que sabía mantener los fondos y jardines bien, cortaba y podaba, y después, si tenía suerte, agasajaba de alguna manera a la dueña de casa.

Ese verano todos mis clientes se habían ido a la costa, a vaya saber qué costas, y peor todavía, se me habían llevado a las esposas y a las hijas. Me quedaron dos o tres, entre ellos la viejita con olor a arroz con leche. Ahí estaba cuando me acordé de esas dos chicas y conocí a las Hermanas.

La transpiración me nublaba la vista. El verde oscuro a mis pies me dio unas ganas inaguantables de tener cerca a una chica, de bajarla despacito hasta el pasto. Creo que me vi entre las piernas de una que se me hacía la difícil por esos tiempos; la poseía con la pollerita de tenis puesta y eso me calentó tanto que tuve que parar de cortar el pasto. Ahí pude sentir cómo tres miradas arañaban mi cuerpo desde una cercanía que yo no podía descifrar. Sentía sobre mi piel una caricia suave, que me impedía pasar la bordeadora como se debía.

Me saqué la remera y la tiré al piso, seguro que con lo sudada que estaba no me la volvería a poner, y mientras me pasaba la mano por la frente, mientras me enjugaba la mano en la frente mejor dicho, vi la mano de una de las Hermanas sobre la parecita de atrás que daba a otro terreno. En realidad, me pareció ver una mano fina y huesuda; sí escuché unos gemidos, como el de las crías de ratas.

Mi remera quedó al lado del montoncito de pasto, y cuando la quise agarrar se voló, como soplada por un viento fuerte, repentino, hacia la pared. Cuando la fui a buscar, los gemiditos recrudecieron y la remera se me escapó otra vez de las manos, ahora el viento la elevó en el aire hasta las macetas sobre la parecita y entonces fue sustraída por un aliento que parecía venir del otro lado. Enseguida vi dos manos color dulce de leche, apergaminadas, que se aferraban a los ladrillos para subir el resto, lo que hubiera abajo, y me di cuenta que esa cosa no tenía sangre o que la sangre no circulaba, sino que estaba como enterrada, encapsulada bajo la piel. Admito que la curiosidad sexual me impidió correr. La primera Hermana, la que usaba su mano para violarme, la que alguna vez creí que terminaría castrándome con sus tirones fuertes, apareció de un salto (después me di cuenta que no fue un salto sino que la otra, la que usaba la lengua, la había ayudado con sus manos) y quedó agazapada, como una gárgola, sobre la pared. Esa mezcla de gato enfermo y mujer (“¿hijas mogólicas de quién?”, me preguntaba) olía mi remera. Vestía un camisón rosa, al igual que las otras dos, que aparecieron al instante.

Pronto se me abalanzó, después la otra, y al rato la tercera, que al principio miraba con cierta timidez (era más alta que las demás, la última en saltar y en irse; sabía usar bien las manos y la lengua), y quedé tirado en un costado de ese fondo, sintiendo manos, lenguas, pies, labios (extrañamente suaves), sobre mí, hasta que, debo admitirlo, terminé desmayado, fresco y cansado como nunca. Esos demonios me violaron reiteradas veces. Sin embargo, no tuve contacto carnal con ellas; me guardaban para una mujer, una chica, una presencia que descubrí espiando por el paredón.

Seguido volví al fondo de la vieja, que hacía que no se daba cuenta que yo hacía que cortaba el pasto o podaba alguna planta, y no tardaba en verme rodeado por los tres demonios que formaban un innecesario triángulo de cacería.

Un día, al doblar la esquina, vi una ambulancia estacionada en la casa y debí aplazar el encuentro con las Hermanas. Al otro día llegué temprano con la máquina, la reja estaba entreabierta y avancé hasta la puerta. Un cartelito invitaba al velorio de la vieja. Como yo, previsor, me había hecho una copia de la llave de la casa, porque no podía perder mi infierno así porque sí, no podía perder mi paraíso así porque sí, me fijé que nadie espiara enfrente, abrí y me metí. Vi el paragüero lleno de revistas, las mariposas en la heladera, las tacitas colgadas –parecieron temblar cuando pasó el tren–, llegué a la puerta que da al fondo, la abrí, empujé el mosquitero, estuve un rato parado. Nada. Me tiré en el pasto. Miraba el cielo nublado, mejor dicho miraba la nube, porque era grande y con matices de oscuridad, lo único que se veía en el cielo de ese fondo. De vez en cuando ojeaba la pared o giraba la cabeza. Pero nada.

Volví a la casa, se me dio por revisar, buscar si había algo valioso que a la vieja le hubiera gustado darme, entré en el baño, pasé por los dormitorios; uno casi vacío, con algunos juguetes estropeados (un león con bigotes larguísimos, un monigote rojo con orejas largas), el otro con una cama con un crucifijo grande encima; me tiré en la cama, después abrí la mesita de luz, encontré dibujos. Yo aparecía en el medio de una confusión de cuerpos flacos, de tres cuerpos.

Me levanté, abrí una puerta que daba a un pasillo oscuro y lo seguí hasta otra puerta que resultó estar entreabierta. Entré en una habitación, había una cocina con una ventana que daba a un fondo chiquito y cuadrado. El fondo del otro terreno, el lugar por donde aparecían las Hermanas. Me imaginé a la vieja espiándome por arriba o por algún agujero de la pared. Dibujando con dedos temblorosos. Soñando.

Otras veces volví a la casa; desde que murió la vieja jamás encontré a las Hermanas.

Adrián Fares

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Categorías:Cuentos

21 respuestas

  1. Hola Adrián.
    Inquietante cuento, que me recuerda los cuentos de King, de Comarc McCarthy (La Carretera) o incluso los de Flannery O’Connor. Puede visualizarse fácilmente, como en una película, lo que me lleva a ver tu sello de productor de imagen en él. Enhorabuena por tu blog, está muy bien estructurado y tiene muchas secciones. He visitado ésta y los poemas del “hombre pálido” que siguen el mismo estilo de desazón e inquietud. Me han gustado mucho.

    Placer leerte. Saludos.

    (Disculpa mi apreciación, pero tu nombre en uno de sus significados quiere decir “oscuro” o enigmático si así se quiere. Lo encuentro muy en consonancia con tu forma de escribir)

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  2. Intrigante esse conto. Carregado de mistério e um terror sutil. De um desenrolar muito peculiar, muito rico e enigmático. A leitura vai fluindo e vamos para o final sem contar com a surpresa. Gosto da maneira como você desenvolve o enredo, sem descrições desnecessárias, pontuando o que é essencial em uma história que, a princípio, nos parece despretensiosa. Parabéns pela excelente escrita! Como disse o comentarista anterior, sim, esse tipo de escrita lembra muito a maneira como Stephen King escreve, nos envolvendo em intrincadas e obscuras passagens da vida nada comum de pessoas que parecem comuns.

    Intrigante ese cuento. Cargado de misterio y un terror sutil. De un desenrollar muy peculiar, muy rico y enigmático. La lectura va fluyendo y vamos al final sin contar con la sorpresa. Me gusta la manera en que usted desarrolla la trama, sin descripciones innecesarias, puntuando lo que es esencial en una historia que, al principio, nos parece despretensiosa. ¡Congratulaciones por la excelente escrita! Como dijo el comentarista anterior, sí, ese tipo de escritura recuerda mucho la forma en que Stephen King escribe, envolviéndonos en intrincadas y oscuras pasadas de la vida nada común de personas que parecen comunes.

    Intriguing this tale. Loaded with mystery and a subtle terror. Of a very peculiar development, very rich and enigmatic. The reading is flowing and we are going to the end without counting the surprise. I like the way you develop the plot, without unnecessary descriptions, punctuating what is essential in a story that at first seems unpretentious. Congratulations on the excellent writing! As the previous commentator has said, yes, this type of writing resembles very much the way Stephen King writes, involving us in intricate and obscure passages of the uncommon life of people who seem ordinary.

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  3. As irmãs
    FEVEREIRO 13, 2007 / ADRIÁN GASTON FARES

    Vivia e trabalhava em Adrogué, cortando a grama de pequenas residências. Foi aí que comecei a concordar com Luciana, a menina que acreditava em coisas estranhas, sobrenaturais.
    Nos fundos de um chalé quase morto, um esqueleto de casa, morava uma velhinha corcunda, um esqueleto de habitante. Exalava cheiro de arroz com leite, e me lembrava de Cecilia, uma menina que, mais de uma vez, tinha me despido em seu quarto. Essas coisas me aconteceram, também, porque eu fazia biscates de jardinagem e, nesse tempo, eu era um cara entendido em manter os lotes e jardins bem cuidados, cortados e podados e, por fim, se tivesse sorte, conservava a anfitriã entretida de alguma maneira.
    Naquele verão, todos os meus clientes foram para o litoral, não sei para qual litoral. Mas o pior: levaram consigo suas esposas e filhas. Eu fiquei com duas ou três, incluindo a velha senhora com o cheiro de arroz doce. Eu estava naquela casa quando conheci As Irmãs.
    O suor nublava minha visão. O verde escuro, aos meus pés, fazia crescer em mim um desejo insuportável de ter uma garota qualquer por perto, para deitá-la lentamente na grama. Eu me vi entre as pernas de uma considerada difícil – eu a possuía. Ela, com a saia de tênis. E isso me deixou tão quente que precisei parar de cortar a grama. Naquele momento, eu pude sentir três olhares arranharem meu corpo com uma proximidade tanta e indecifrável. A carícia suave na minha pele impediu-me de passar o cortador como deveria.
    Eu tirei minha camisa e a joguei ao chão, com a certeza de, estando encharcada de suor, não a vestir de novo. E quando passei a mão na testa, enxugando-a outra vez, eu vi a mão de uma das Irmãs na parede dos fundos, que dava para outra área. Pensei ter visto uma mão magra e ossuda. E ouvi gemidos, como o de ratos recém-nascidos, ainda bebês.
    Minha camisa estava ao lado da pilha de grama. Ao querer pegá-la, ela voou em direção da parede, como se fosse soprada por um vento forte, súbito. Fui até ela. Os gemidos se intensificaram e a camisa escapou outra vez das minhas mãos. O vento levantou-a no ar, levando-a até os vasos dispostos na mureta e foi, então, roubada por uma respiração vinda, pensei, do outro lado. Nesse instante, vi duas mãos da cor do leite, enrugadas, agarrando-se aos tijolos para subir, ou para descer, e eu percebi que essa coisa era desprovida sangue ou o sangue não circulava, mas estava lá, enterrado, capturado sob a pele. Admito: a curiosidade sexual me impediu de correr. A primeira irmã apareceu de um salto e usou a mão para me estuprar. Eu pensei em acabar castrado com os puxões fortes recebidos. O que me pareceu um salto, na verdade não era. A outra garota, aquela a usar a língua em mim, ajudou a primeira com as mãos. Ela estava agachada como uma gárgula, presa à parede. Essa mistura de gato doente e mulher cheirou a minha camisa. Perguntei a mim mesmo de quem seriam filhas, essas infelizes! Ela usava uma camisola rosa, assim como as outras duas surgidas de uma só vez.
    Ela avançou sobre mim, depois a outra, e logo a terceira, que, a princípio, parecia tímida e era a mais alta delas, foi a última a saltar e ir, e sabia como usar as mãos e a língua muito bem. Fui deitado em uma parte desse quintal de fundo, sentindo as mãos, línguas, pés, lábios – estranhamente macios –, sobre mim, até eu ter desmaiado, creio, lívido e cansado como sempre. Aqueles demônios me estupraram repetidamente. No entanto, não tive contato carnal com eles; fui mantido para uma mulher, uma garota, uma presença descoberta, espiando pela parede.
    Eu voltei outras vezes para os fundos da morada da velha. Ela fazia de conta não me ver chegar para cortar a grama ou podar alguma planta, e me observava cercado pelos três demônios a formarem uma jaula triangular desnecessária.
    Um dia, quando virei a esquina, vi uma ambulância estacionada em frente ao chalé e precisei adiar a reunião com as Irmãs. No dia seguinte, cheguei cedo com a máquina, o portão estava entreaberto e avancei até a porta. Um pequeno aviso preso à porta convidava para o velório da velha senhora. Como eu, sempre previdente, tinha feito uma cópia da chave – porque eu não poderia perder meu inferno, e não poderia perder meu paraíso – observei não ter sido notado, abri a porta e entrei.
    Eu vi o porta guarda-chuvas cheio de revistas, as borboletas na geladeira, as pequenas xícaras penduradas – elas pareciam tremer quando o trem passava –, cheguei à porta dos fundos, abri, afastei a cortina, fiquei parado por um tempo. Nada. Eu me joguei sobre a grama. Eu olhei para o céu nublado, diretamente para a nuvem, porque era grande e com sombras de escuridão – a única coisa vista no céu daquele pano de fundo. De vez em quando eu olhava para a parede ou virava a cabeça. Mas nada.
    Voltei para dentro da casa e verifiquei se havia alguma coisa valiosa a qual a velha pudesse querer presentear a mim. Depois, fui ao banheiro, passei pelos quartos; um quase vazio, com alguns brinquedos quebrados – um leão com longos bigodes, um boneco vermelho com orelhas compridas –, o outro com uma cama com um grande crucifixo por cima. Eu me joguei nela. Depois, abri a mesinha de luz, encontrei desenhos. Eu aparecia no meio de uma confusão de corpos magros. Três corpos…
    Levantei-me, abri uma porta que dava para um corredor escuro e segui para outra, entreaberta. No quarto onde entrei, havia uma cozinha com uma janela para o pequeno terreno quadrangular dos fundos, o lugar onde As Irmãs apareceram. Imaginei a velha me espionando de cima ou através de algum buraco na parede. Desenhando com os dedos trêmulos. Sonhando.
    Voltei ao pequeno chalé outras vezes, mas desde a morte da idosa, nunca mais encontrei As Irmãs.

    *** *** ***
    Eis, então, a tradução desse intrigante conto.
    Eu precisei ajustar algumas expressões, reorganizar algumas sentenças e retirar algumas palavras repetidas. Espero que goste!
    Publicarei no blog e passarei o link para você.
    Obrigada pela oportunidade.
    Um grande e carinhoso abraço!

    Entonces, aquí está la traducción de ese intrigante cuento.
    Necesité ajustar algunas expresiones, reorganizar algunas oraciones y sacar algunas palabras repetidas. ¡Espero que te guste!
    Publico en el blog y paso el link para usted.
    ¡Gracias por la oportunidad!
    ¡Un gran y cariñoso abrazo!

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  1. As Irmãs | Tudo que se prende no olhar

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